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jueves, 6 de febrero de 2014

Los verdaderos creyentes

A raíz de una conversación que vi ayer de pasada en Twitter (y en la que yo no participaba, aclaro) me estuve replanteando la forma en la que los defensores de la edición digital nos presentamos a nosotros mismos, o en la que los demás nos ven. En dicha conversación, que, repito, solo vi de pasada y no pretendo analizar, se hablaba de creyentes digitales, de los que lo eran desde un principio (y, en contraposición, de los que se han convertido a posteriori).

Me pregunto si esta es una buena denominación para los que abogamos por el formato digital, no como redentor del libro o único dios posible en el mundo de la lectura, sino como una evolución lógica y positiva de una actividad con unos cuantos siglos de existencia y a la que le queda aún carrera por delante. Yo no me siento creyente ni tengo la necesidad de evangelizar, más que a veces para defender que los libros que publicamos en sinerrata lo son por sí mismos aunque sean digitales, frente a la teoría extendida, a veces incluso de forma involuntaria mediante acciones no muy inteligentes de la propia industria, de que son un subproducto del formato impreso. Tampoco creo que sea mejor creer en el formato desde el día cero o haberse dado cuenta con el tiempo de que es una enorme oportunidad (de lectura, no de negocio, aunque también) y no una amenaza.

Lo que sí creo sinceramente, y desde hace mucho tiempo, es que el libro electrónico ha venido para quedarse (que no para ganar ninguna guerra, como ya hemos hablado en otras ocasiones), aunque también es cierto que la industria se empeña en no ponerlo fácil y aún quedan obstáculos por salvar, como el tema del DRM (y el previsible desastre que acecha tras la actualización que acaba de anunciar Adobe) y la estandarización de los formatos.

jueves, 23 de enero de 2014

El crecimiento (o no) de los lectores digitales

No es la primera vez que hago esta afirmación, e imagino que no será la última, pero estoy un poco cansada de esta guerra entre papel y digital en el mundo del libro. Día sí y día también nos encontramos con un nuevo estudio/encuesta/análisis/opinión sobre si el libro de papel está a punto de extinguirse o el digital está predestinado a morir antes casi de haber nacido. No me cabe ninguna duda de que detrás de cada afirmación, más o menos justificada, en un sentido o en otro, suele haber algún tipo de interés, por cierto.

La semana pasada se hizo público uno de estos estudios, el último del Pew Research Center, sobre hábitos y posesión de dispositivos electrónicos de lectura en Estados Unidos, cuyas conclusiones refuerzan mi opinión de que la guerra de formatos no es tal sino que ambos pueden y muy probablemente vayan a cohabitar pacíficamente durante un buen tiempo.

Dice el estudio que la mitad de los norteamericanos tienen ahora al menos una tableta o un lector electrónico y que la posesión de ambos tipos de dispositivos sigue experimentando un aumento (es decir, por ahora el dispositivo electrónico exclusivo para lectura no se está muriendo, como también se ha augurado en algún momento). También afirma que el número de estadounidenses que lee en formato digital sigue creciendo, aunque no de la forma exponencial que algunas voces proclamaban, pero la lectura de libros impresos también, sin que pueda evidenciarse por los datos recolectados para este estudio que uno de los formatos esté sustituyendo al otro.

No solo me parecen unas conclusiones razonables, sino que además se ajustan a mi propia experiencia y a lo que veo a mi alrededor (que ya sé que no tienen ninguna validez a nivel estadísitico): los lectores habituales puede que tengamos una tableta pero para leer utilizamos un dispositivo de tinta electrónica, que proporciona una mejor experiencia de lectura, y aunque leamos en formato digital, en mayor o menor medida, seguimos comprando y leyendo libros de papel, y lo seguiremos haciendo.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Depósito Legal Digital


Aunque la ley es de julio de 2011, y desde entonces se establecía la obligatoriedad de solicitar depósito legal para las publicaciones electrónicas, no ha sido hasta ahora que se empieza a trabajar el Real Decreto que habrá de regular su procedimiento. El ministerio de Educación ha publicado una nota en su web con el texto del borrador del Real Decreto y, aquí viene lo interesante, una dirección de correo electrónico donde enviar opiniones y sugerencias al respecto hasta el 21 de diciembre.

A mí la principal duda que me surge es qué incluye exactamente la propia definición de publicación electrónica: “La Ley 23/2011, de 29 de julio, utiliza la expresión publicaciones ‘sin soporte físico tangible’ contraponiéndolas a aquellas ‘con soporte tangible’. Este real decreto utiliza la expresión ‘en línea’ para referirse a las publicaciones sin soporte físico tangible, empleando así el término más común en el mundo de las publicaciones electrónicas”. Según esta descripción, los libros digitales son contenido “en línea”, sin embargo la propia denominación me resulta cuanto menos confusa, más cuando leo en el blog de la Biblioteca Nacional: “Por otra parte, hay un aspecto muy nuevo en este real Decreto: el sujeto depositante, el obligado al depósito legal, no tiene que depositar nada. Serán los centros conservadores (los designados como tales por las Comunidades Autónomas y la Biblioteca Nacional de España) los responsables de rastrear los sitios web y archivarlos. Los responsables de esos contenidos en línea sólo deberán dejarse rastrear”. ¿Están regulados por este decreto los libros electrónicos? Si es así, ¿cómo accederán a estos contenidos?

Además de estas se me ocurren otras preguntas, que enviaré al buzón de sugerencias, aprovechando la oportunidad. Seguro que a vosotros también, como las que nos deja Manuel Gil en su entrada de ayer, de recomendada lectura.