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jueves, 28 de septiembre de 2017

Negando lo evidente

©Ros
Confieso que no siempre entiendo las viñetas de Ros y esta, aunque la entiendo, no consigo ponerla en contexto. ¿Es una crítica o una alabanza? La conclusión a la que he llegado es que es tan buena que puede ser las dos cosas, dependiendo de los ojos que la miran. Para mí es claramente una alabanza, pero puedo entender cómo para otra persona sea una crítica: el libro electrónico, una vez más, como hermano pobre del papel, como símbolo de una pérdida (ese precioso edificio y todo el contenido de la biblioteca nacional, aunque el contenido no desaparece solo cambia de formato y en consecuencia ocupa un espacio, y un volumen, distinto).

Si este fuera el caso, el de la crítica, se me ocurre argumentar que el edificio no se pierde, si se necesita menos espacio para almacenamiento tendremos más para realizar otras actividades relacionadas con el libro la lectura, y, sin embargo, a cambio conseguimos que todo el saber, la literatura y entretenimiento que antes se encontraba entre esos muros ahora esté disponible para cualquier persona en cualquier parte del mundo y no solo para los que tuvieran la suerte de vivir en sus proximidades.

Tengo la sospecha de que muy probablemente se trate de una crítica, quizás porque me he malacostumbrado a que a los libros digitales les lluevan de esas por todas partes, principalmente desde el propio mundo editorial. Y precisamente por eso, me sentí muy identificada con algunos párrafos de este artículo de The Digital Reader de hace unos días. Dice Nate Hoffelder, su autor: 

“The major publishers are dead because they bet against digital, which is the future.
The thing about the major publishers is that they thought they could make the market go where they wanted”.

O, en una traducción libre: “Las grandes editoriales están muertas porque apostaron en contra del formato digital, que es el futuro. El problema de las grandes editoriales es que pensaron que podrían hacer que su mercado fuese en la dirección que ellas querían”.

Lo que más me preocupa (y a veces me enfada) es que para justificar esta decisión de no apostar por el libro electrónico, se maquillan los datos de ventas, y los de las descargas ilegales, y se publicitan ampliamente para convencernos de que el libro impreso no solo sobrevivirá, cosa que por otra parte nunca he dudado, sino que está creciendo en ventas y terminará acabando con el formato digital, que cada vez vende menos. Además, los libros electrónicos no solo nos hacen cada vez más tontos, sino que están acabando con los ingresos de editoriales y autores...

No es la primera vez que hablamos de esto aquí y puede que no sea la última. No llego a ser tan drástica como Hoffelder y realmente no creo que las grandes editoriales, o cualquiera que no apueste por la edición digital, estén muertas, pero sí estoy convencida de que están perdiendo un tiempo valiosísimo en mantener el statu quo, peleando con un monstruo que no va a desaparecer y que, si se pararan a pensarlo, no es en absoluto su enemigo. Pero, como decía mi abuela, no hay peor sordo que el que no quiere oír.

viernes, 12 de mayo de 2017

Información manipulada (o manipulativa)

Foto vía Visual Hunt
Desde hace un par de semanas, cuando se publicaron los resultados de ventas de la asociación de editores ingleses para el año pasado, me he ido encontrando con artículos en la prensa inglesa, que terminan llegando también a los medios españoles, sobre una rimbombante subida del libro de papel frente a la estrepitosa caída del libro electrónico. Para empezar, me vuelvo a poner de los nervios con esa pelea absurda y totalmente estéril entre formatos, como si el crecimiento de uno solo pudiera significar el hundimiento del otro o viceversa. Yo, particularmente, estoy esperando leer un titular que diga que cada vez se venden más libros, punto, y otro mejor aún, que cada vez se lee más, punto y final.

Pero es casi tan enervante la manipulación grosera de los datos para defender esa guerra y su supuesto ganador actual, el libro impreso, y casi de risa los motivos esgrimidos para justificarlo.

Sobre lo primero, podéis leer el artículo de Javier Celaya, en el que desgrana los resultados del estudio, que no son exactamente como los titulares los pintan; una muestra más de cómo algunos prefieren ignorar y maquillar la realidad a ver si desaparece eso que, por lo que parece, les da miedo.

Y sobre lo segundo, The Guardian afirma que el Kindle no es guay y El País que los lectores acusan la fatiga visual, os recomiendo un artículo en epubsecrets.com que, con mucho humor, desmonta las teorías del periódico inglés.

No sé cuántas veces habrá que decirlo, o quién tendría que hacerlo: ¿podemos ponernos todos de acuerdo de una vez en que lo que importa es la lectura y no el formato y dejarnos de peleas estúpidas?

jueves, 29 de diciembre de 2016

Mis deseos para 2016, digo, 2017

Andaba yo pensando en la mejor forma de cerrar el año en el blog y, más que un repaso del año que acaba, prefería echar la mirada al que está por empezar, así que se me ocurrió hacer una de esas listitas de las que tanto me quejo en mis entradas pero a las que parece que les estoy cogiendo el gusto últimamente: lo que querría ver en 2017 con respecto a la edición digital. Entonces he recordado que el año pasado ya escribí algo parecido (a principios de 2016, de hecho) y cuando lo he revisado he descubierto con horror que la gran mayoría de mis deseos siguen estando por cumplir. Me resisto a recopilarlos de nuevo, los podéis encontrar en esta entrada, y simplemente os deseo un muy feliz y, sí, libresco, año nuevo (mientras me pregunto si 2016 nos salió rana, por este y otros motivos que no vienen al caso en este blog, o yo me pasé de ambiciosa).

jueves, 15 de diciembre de 2016

Ocho cosas que he aprendido como editora en una microeditorial

En estas fechas, a apenas 15 días para que se acabe el año, es muy habitual encontrarse con lo que yo llamo típicos listados navideños: listas-resumen de lo sucedido/publicado/estrenado… en el año a punto de finalizar. Aunque yo voy a extenderme algunos, bastantes, meses más, pues comenzamos nuestra andadura allá por 2012, estos días me ha dado por reflexionar acerca de lo que he aprendido y los retos que me he encontrado en este tiempo al frente de una editorial minúscula como sinerrata.
 
Antes de empezar a detallaros mi particular listado, quiero dejar claro que, como decía, es particular y se basa únicamente en mi experiencia personal. En ningún momento pretendo generalizar ni extender esta lista a otras editoriales, sean del tamaño que sean, ni implicar que otros editores vayan a encontrarse con las mismas, o siquiera parecidas, circunstancias. Otra aclaración: el orden es aleatorio.
 
  1. El significado de la palabra multitarea adquiere una nueva dimensión. Sobre todo si, como en muchas microeditoriales, el editor es también lector de manuscritos, corrector, coordinador editorial, responsable de marketing, contable, asesor fiscal, responsable de derechos, de relación con autores…
  2. El valor de tu tiempo se devalúa de forma inversamente proporcional a la cantidad que empleas en tu trabajo. En una editorial, más en una modesta, modestísima, como sinerrata, los números por regla general no salen con facilidad, por lo que el recurso más barato (tu propio tiempo y trabajo) es el que más usas. Y, además, siempre eres el último en cobrar: primero van los autores, colaboradores, suministros varios, impuestos…
  3. Los autores son nuestro bien más preciado. Para mí es como los productos de base en un buen restaurante, da igual que las luces del cartel sean las más luminosas, hagan anuncios en todas las guías del ocio y agencias de viaje y el cocinero jefe tenga más fama que Arguiñano, si los tomates no son buenos ningún cliente querrá repetir gazpacho.
  4. Cuanto mejor es la relación con el autor, y en sinerrata nos enorgullecemos de considerarlos parte activa de la familia, mejores son los resultados. El proceso de edición en sí mismo es más fácil y más eficiente, y el libro publicado, consecuencia de un trabajo en equipo coordinado y feliz, mantiene esas buenas vibraciones.
  5. Cuanto más se implica un autor en la publicación y, sobre todo, en la promoción de su libro, mejor funciona. No se trata de echar balones fuera ni de reducir gastos o esfuerzos de marketing por parte de la editorial, sino de una realidad: los lectores quieren conocer al autor de esa novela que les hizo o puede hacer soñar, no a su editor.
  6. Los manuscritos nunca paran de llegar, independientemente de si son de géneros que nunca hemos publicado, si tenemos abierta o no la recepción de originales o si hemos solicitado una temática en específico. Esto no es una queja, o no del todo, simplemente no deja de sorprenderme a pesar de los años pasados.
  7. Cuanto más pequeña es la editorial más alto hay que gritar y menos apoyo se recibe. Excepto contadas excepciones, te ignoran los medios, el gremio, los distribuidores, las plataformas, las tiendas. Los únicos que en este tiempo no nos han ignorado, y de hecho nos han ayudado siempre sin reservas, son los blogueros literarios, a los que estoy profundamente agradecida.
  8. Esto es un maratón, no un esprint. O, mejor dicho, un ultramaratón. Si hay alguien ahí que pretenda hacerse rico publicando libros, le recomiendo humilde y sinceramente que explore otras opciones. Las grandes editoriales se financian con los bestsellers, las pequeñas o muy pequeñas, con una resistencia fuera de todo criterio sensato. Y mucha, mucha ilusión.

jueves, 25 de agosto de 2016

El debate eterno

Volvemos a recuperar el ritmo en el blog cuando el verano ha traspasado ya su ecuador y el mes clásico de las vacaciones, agosto, se va acabando, pero a pesar de la escasez de noticias y novedades típica de estas fechas el eterno debate del libro de papel frente al digital sigue sin agotarse (sí se agota, en cambio, mi interés por seguir leyendo/oyendo/escribiendo sobre lo mismo).

Esta misma semana compartíamos en Facebook el enésimo artículo sobre si es mejor leer en un formato o en otro (nuestra opinión: lo mejor es leer), sin ir más lejos, pero la pieza que más me ha hecho pensar sobre el tema es esta publicada en el diario Bez, escrita por Txetxu Barandiarán, a quien admiramos y seguimos en su excelente blog Cambiando de tercio.

Me ha gustado que en el artículo se desmitifica ese gran cambio que, según el autor, anunciaban los gurús de lo digital, aunque creo que difiero en el punto de vista. En mi opinión, ese cambio ha sucedido, en el ámbito de los libros al igual que en muchos otros, lo que no ha ocurrido es la debacle augurada por una parte del sector. Coincido también en que el futuro de lo digital es aún incierto y múltiple, lo que no me parece ni bueno ni malo. Seguimos en el proceso de cambio y todavía no es fácil prever cómo seguirá evolucionando. No creo, sin embargo, que el creador (escritor) piense en papel o en digital sino que puede que su obra sea creada como un texto adaptable al formato papel o al electrónico indistintamente o que incluya recursos multimedia más propios del medio digital. Y tampoco comulgo con la idea de que el libro digital termine dejando paso a la gamificación; es sin duda una posibilidad que con certeza será aprovechada, del mismo modo que artistas de la imagen pueden utilizar el vídeo o quedarse en la fotografía para desarrollar su trabajo.

Es esta última afirmación, la del juego como destino último probable de la evolución del ebook, la que incluso me enfurece, lo admito, pues una vez más me parece que se pretende defender un formato, el papel, simplemente ninguneando al otro, el digital.

viernes, 1 de julio de 2016

Mujeres y el mundo del libro

©Tom Gauld via The Casual Optimist
Aunque en teoría este es un tema que ya deberíamos tener superado, es también una realidad que aún tenemos mucho por resolver en relación a la discriminación de la mujer en nuestra sociedad. Esta cuestión aparece recurrentemente en los medios y el mundo del libro tampoco es ajeno a ella, por supuesto. De hecho, durante este año me he ido encontrando con diferentes artículos y noticias acerca del trato desigual que reciben las mujeres, independientemente de que sean autoras, críticas o editoras; ya escribí aquí mismo sobre ello por primera vez a cuenta de una infografía sobre la diversidad en el sector editorial en Estados Unidos en 2015.

Solo un par de meses más tarde estalló la polémica en nuestro país cuando en el que posiblemente sea el festival dedicado al género con más solera, la Semana Negra de Gijón, no hubo ni una sola mujer entre los finalistas a los premios que otorga. Y hace poco nos llegaba un estudio realizado en Australia que concluía que la crítica especializada presta mucha más atención, y por tanto beneficia, a los autores que a las autoras. Al mismo tiempo, también nos podemos encontrar con artículos en los que se destaca la enorme calidad de las escritoras de novela negra, por ejemplo. 

Este género, el de la novela negra, nos interesa especialmente puesto que es al que está dedicado una de las colecciones que más estamos desarrollando en la editorial, y sin querer ser tan agresiva como para afirmar que las mujeres escriben mejores obras que los hombres, sí que me atrevo a asegurar sin ninguna duda que al menos tienen la misma calidad que ellos, y sin embargo nos está costando trabajo encontrar autoras que quieran publicar con nosotros. Como seguramente ya sabéis, no hace mucho abrimos la recepción de manuscritos de género negro y me sorprende comprobar que recibimos muchas menos propuestas escritas por mujeres.

Ahora mismo, nosotros mismos podríamos ser acusados de discriminación, porque en novela negra solo hemos publicado a hombres (concretamente a Carlos Laredo con su serie sobre el cabo Holmes y a Fernando Roye con la suya del sargento Carmelo Domínguez) y si estoy escribiendo esta entrada es precisamente porque no hay nada más lejos de nuestras intenciones. Así que desde aquí os digo: mujeres escritoras de género negro, ¡os estamos esperando!*

*Aquí tenéis la información para enviarnos vuestros manuscritos, por si estáis interesadas o interesados.

jueves, 19 de mayo de 2016

Titulares que me gustaría leer sobre el libro electrónico

Desde que el ebook empezó a ser una realidad en el mundo editorial, y en el de los lectores, aunque por aquel entonces en muchos de los medios y blogs especializados, y no tan especializados, todo esto de lo digital era en el mejor de los casos un futuro lejano y en el peor, mera ciencia ficción, me desayuno, como, meriendo y ceno con todo tipo de artículos tremendistas que, o bien anuncian el fin de todo lo escrito y escribible, o denuncian el daño irreparable que el ebook hace a todos los que vivimos y amamos al libro y todo lo que lo rodea. Vale, igual estoy exagerando un poco, pero estoy algo cansada (y algo es un eufemismo) de tanto drama y tanta acusación muchas veces con dudoso fundamento.

Se me ha ocurrido entonces hacer una relación no exhaustiva ni ordenada de los titulares que me gustaría leer sobre el libro electrónico, en lugar de los que me sigo encontrando día sí y día también:

  • El libro de papel y el digital seguirán vivitos y coleando.
  • Las ventas de libros, sumando todos los formatos, siguen aumentando otro año más.
  • Los préstamos en las bibliotecas, ya sean en formato impreso o en digital, siguen en aumento.
  • Los editores se focalizan en encontrar nuevos y buenos textos y publicarlos en todos los formatos.
  • La lectura, sea en el formato que sea, nos hace más libres, más imaginativos y más inteligentes.
  • Los lectores afirman que cuando tienen mayor libertad de elegir el formato y modo de lectura, leen más.
  • El libro digital consigue llevar la literatura y el aprendizaje a todas las escuelas, universidades y lectores del globo.
Y que conste que esto que escribo no es estrictamente un alegato a favor del libro digital ni mucho menos en contra del de papel, sino un modesto pataleo ante esa guerra artificiosa, inútil y en mi opinión hasta dañina entre ambos formatos.

jueves, 31 de marzo de 2016

La subjetividad y la falibilidad del editor

Este es un tema en el que pienso a menudo, que en cierto modo me preocupa porque es una parte fundamental de mi trabajo: la capacidad de mantener la subjetividad bajo control al editar un texto que no es de mi autoría. Lo traigo hoy aquí por un estupendo artículo que leí ayer sobre un test realizado por varios editores a partir de un mismo texto [en inglés], que os recomiendo si os interesa el tema.

No hace falta que diga que esta es una tarea imposible, editar de forma cien por cien objetiva, porque al fin y al cabo la tarea requiere una cierta dosis de creatividad, que no existiría sin la subjetividad particular de cada uno. Pero sobre todo porque no conozco a nadie, y desde luego no es mi caso, que sea capaz de mantener una objetividad absoluta, pues somos personas y no máquinas. Y lo mismo ocurre con la infalibilidad, que hasta donde yo sé es prácticamente inexistente en cualquier actividad, incluida la edición.

Como decía al principio, es este un tema que me preocupa; cuando trabajo un texto que no es mío me esfuerzo lo indecible para poner en primer lugar el estilo particular del autor o autora y conservarlo durante las correcciones y posibles cambios. Precisamente por esa subjetividad de la que hablaba, no estoy segura de conseguirlo, o incluso de poder valorarlo, pero a veces también me planteo si no estaré yéndome demasiado al otro extremo.

El proceso editorial empieza con la selección del manuscrito, acto en su gran parte subjetivo, así que, ¿por qué no seguir confiando en ese instinto del editor en las siguientes etapas de edición? Indudablemente, hay una serie de aspectos que no admiten discusión: ortografía, continuidad, coherencia. Pero también hay una amplia gama de grises en las que tanto los autores como yo volcamos nuestro tono personal.

Mi conclusión final es que mi prioridad seguirá siendo respetar al máximo el estilo del autor o autora del texto, pero también aspiro a que mi contribución particular enriquezca y mejore la obra. Como he dicho aquí mismo en otras ocasiones, el proceso de edición es una de las partes de mi trabajo que más disfruto, precisamente por esa labor de equipo que estrecha aún más mi relación con los autores. Y no creo que fuera posible sin subjetividad.

En cuanto a la falibilidad, mucho me gustaría no sufrirla, pero hace ya tiempo que me resigné a vivir con ella. 

jueves, 25 de febrero de 2016

¿Escribes novela negra? Te esperamos en sinerrata

En este tiempo que llevamos publicando hemos ido forjando un catálogo del que estamos extremadamente orgullosos, plagado de historias que de una forma u otra nos han tocado el alma, y esperamos que también a vosotros, los lectores. Hemos crecido con los autores, apostando por una edición de calidad en la que ellos también están involucrados, y hemos aprovechando al máximo nuestro carácter cien por cien digital para que nuestros libros estén disponibles en las principales librerías online aquí y al otro lado del Atlántico, en las plataformas de lectura por suscripción y hasta en formato papel a través de la impresión bajo demanda.

A estas alturas, y conscientes de lo mucho que nos queda y queremos hacer, nos gustaría invitar a nuevos autores a formar parte de esta casa.

De nuestras tres colecciones, sintemporánea, sinlímite y sinrastro, es esta última, dedicada a la novela negra, la que más está creciendo, empujada por los lectores y por talentosos escritores. Y queremos que crezca aún más, por lo que, después de más de un año con la recepción de nuevos originales cerrada, lanzamos este anuncio para pediros que, si tenéis un manuscrito de género negro inédito y queréis publicar con nosotros, nos enviéis vuestra propuesta editorial y estaremos encantados (y muy agradecidos) de poder leerla y evaluar su posible inclusión en el catálogo de sinerrata.

Podéis encontrar la información acerca de dónde y cómo enviarlo en nuestra web.

jueves, 22 de octubre de 2015

Libros enriquecidos


Hoy tenía otro tema para esta entrada, pero un artículo que he leído esta misma mañana del siempre interesante Manuel Gil, me ha hecho recordar que hace tiempo que quería compartir aquí mis particulares opiniones sobre los llamados libros enriquecidos.

Ya desde el principio de la revolución digital en el mundo del libro, muchos de sus defensores incluían entre sus argumentos la posibilidad de enriquecer los ebooks. Esto es, básicamente, añadir a los libros contenido multimedia, como vídeo y audio, además de aprovechar las enormes posibilidades del nuevo formato para crear vínculos y enlaces que permitan la interacción por parte del lector, saltos en el texto, finales alternativos, añadir materiales extra y mil cosas más. No hace falta imaginar demasiado para darse cuenta de las ventajas que esto supone para casi cualquier tipo de libro, pero en concreto para el libro de texto y divulgativo, campo en el que ya hay varios ejemplos espectaculares, o para el libro infantil.

Transcurridos unos cuantos años, el libro digital es ya el presente y sin embargo es cierto que los libros enriquecidos no han llegado aún a explotar, al menos desde el punto de vista de la cantidad de títulos presentes en el mercado, aunque las prediciones anteriores parecían indicar lo contrario. En este tiempo han aparecido también algunos artículos en los que se revisan los posibles motivos de este hecho, que en mi opinión se pueden resumir en un par de puntos:
  • El coste de producción. Que la tecnología permita añadir estos enriquecimientos a los libros electrónicos no quiere decir que sea barato. De hecho, en muchos casos es todo lo contrario, si tenemos en cuenta los gastos de producir los materiales multimedia, por ejemplo, o que los costes de composición/maquetación aumentan. En unas condiciones en las que las ventas de libros en general han disminuido y los editores están pasando por una situación económica más apretada, no siempre es fácil afrontar proyectos que requieren una mayor financiación.
  • El precio de los libros electrónicos y aplicaciones. Rentabilizar la inversión (del punto anterior) manteniendo los precios que el mercado admite, que en la edición digital son sensiblemente menores, puede resultar complicado.
  • Géneros y temáticas. Hay cierto tipo de libro que se beneficia claramente de estas características especiales, como comentaba unos párrafos más arriba, pero sin embargo otros, como la ficción pura y dura, no tanto. Admito que este argumento es puramente personal, pero a mí, como lectora, no me resulta del todo confortable cuando hay algo que me rompe el ritmo de lectura, si tengo que ir siguiendo enlaces, yendo y viniendo por el texto o viendo vídeos.
A pesar de todo ello, también opino que los editores (y por supuesto también me incluyo) hemos incorporado la edición digital a nuestros hábitos de papel y muchas veces nos olvidamos de todas estas posibilidades.

jueves, 15 de octubre de 2015

Mercado digital europeo

Este año, por diversos motivos que ahora no vienen a cuento, no he podido asistir a Liber. Tras leer las crónicas de Manuel Gil y Bernat Ruiz, me quedo con la sensación de que no me he perdido demasiado, pero lo cierto es que me hubiera gustado ver amigos y colegas (o amigos-colegas) y haber escuchado alguna que otra charla que prometía ser interesante. Una de ellas es una mesa redonda sobre el impacto del mercado único digital europeo en el modelo de negocio del sector editorial, de la que hacen una previa en la web cultural Dosdoce.com

Puede sonar contradictorio, por innecesario, que en un escenario digital en el que todo parece estar a nuestro alcance, la Unión Europea se plantee tomar una serie de medidas para potenciar un mercado digital europeo. Al fin y al cabo, a golpe de click podemos comprar casi cualquier cosa de cualquier parte del planeta, ¿o no? Sí y no, o sí pero con limitaciones, ya que hay una serie de aspectos que no nos lo pone tan fácil o que hace que nuestros derechos como consumidores no sean respetados de la misma manera que en el mercado físico, ya regulado en ese sentido desde hace tiempo.

Obviamente, este proyecto de la Comisión Europea tiene en su punto de mira todo el ámbito del mercado digital e incluye todo tipo de bienes y servicios, pero dejadme que arrime el ascua a mi sardina y me centre en la parte que le toca al libro electrónico. Desde mi punto de vista, los aspectos específicos que habría que considerar en cuanto a los libros digitales son los siguientes (la lista no pretende ser exhaustiva y el orden es absolutamente arbitrario):

  • Copyright. En un ámbito más general, no solo en el digital, sería interesante unificar la legislación en cuanto a los derechos de autor en todos los países europeos, de forma que todos los editores nos ubiquemos en un mismo marco legal.
  • DRM. Aunque parece que los sistemas de protección de los libros electrónicos van derivando hacia versiones menos rígidas y más amables para los usuarios-lectores, en mi opinión es imprescindible renunciar de forma global a cualquier método que limite el uso de los ebooks por quienes los compran.
  • Formatos. El uso generalizado de un formato estándar y abierto para los libros digitales es el camino a seguir en este mercado común. Considero fundamental que cualquier ebook comprado en cualquier tienda digital pueda ser leído en cualquier aplicación y dispositivo.
  • Impuestos. No me voy a repetir ahora con la necesidad de igualar el IVA de los libros digitales a los impresos, pero además, este impuesto debería ser el mismo en todos los países y así nos evitaríamos fugas de impuestos y competencias no del todo leales.
  • Bloqueo geográfico. En un mercado global como el digital cada vez tiene menos sentido la limitación geográfica en los contratos de cesión de derechos de autor, que tanto editores como autores y agentes literarios deberíamos trabajar para eliminar definitivamente.
Al margen de estas peculiaridades, me gustaría añadir un factor que no por más generalista es menos importante: el acceso a internet de calidad y a precio razonable. Si queremos un mercado digital funcional y exitoso necesitamos que el público en general pueda acceder a él de forma lo más fácil posible.

Todo esto sería un gran empuje para la Unión Europea, sus empresas digitales y sus ciudadanos, pero además, volviendo a nuestro sector, creo que podría proporcionar una posición de ventaja a los editores frente a las plataformas digitales con un ecosistema cerrado al unificar formatos, impuestos, condiciones, etc.

viernes, 9 de octubre de 2015

¿Y qué demonios es una editorial digital?

Si nos seguís en las redes sociales ya nos habréis oído hablar de la encuesta que ha puesto en marcha en su blog Razonamiento de un editor, Aharón Quincoces. Han pasado los días, y aunque nos comenta que la participación ha sido baja, acaba de publicar un análisis de los resultados.

La pregunta era la siguiente: ¿Qué es una editorial digital? Y la respuesta mayoritaria, con casi un 44% de los votos ha sido la que define a una editorial digital como aquella que maneja un flujo de trabajo digital.

He de decir que realmente esta es la respuesta adecuada, a tenor de lo que comenta Aharón sobre los resultados de la encuesta, y de la definición sobre nuestro trabajo en sinerrata que le he pedido a Amalia López, editora de esta santa casa:
Aunque reconozco que no tengo cien por cien clara la definición de editorial digital, creo que es un concepto muy amplio y también difuso, entre las opciones de la encuesta la que más se acerca a mi concepción particular es "la que tiene un flujo de trabajo digital". Y en ese flujo de trabajo incluyo la distribución, aunque el producto final, el libro, no sea digital, como en el caso de sinerrata con la impresión bajo demanda, aunque tampoco creo que sea imprescindible. Quiero decir, que también podemos pensar que la distribución sale del ámbito de la editorial en sí misma. En mi opinión, una editorial digital es aquella que tiene un proceso totalmente digital,  aunque a final de la línea de producción el resultado pueda ser tanto un libro impreso como uno electrónico (y siempre teniendo en cuenta que para cada uno de los formatos se pueden necesitar distintos caminos).
Obviamente estoy de acuerdo  con ambos editores, sobre todo teniendo en cuenta que ellos son los que conocen a fondo los entresijos del mundo editorial. Pero no me resisto a hacer una matizaciones poniéndome más en la piel del lector, del comprador de libros, a pesar de trabajar codo con codo con los profesionales de la edición.

Yo no me llevaría, por ejemplo, las manos a la cabeza, por ese 25% de personas que responden que una editorial digital es la que publica sólo e-books. ¿Por qué hacerlo? Es absolutamente normal que un lector intente definir más a una editorial por el producto que le hace llegar a sus manos, que por un flujo de trabajo interno que no tiene por qué conocer. No es "su trabajo" conocerlo, sino disfrutar de sus libros.

Por otro lado, ¿no tiene flecos que se escapan el hecho de decir que una editorial digital tiene un flujo de trabajo digital? ¿Qué empresa, de lo que sea, hoy en día, no ha ido transformando parte de su flujo de trabajo, sino todo, a digital? ¿No puede haber editoriales cuyo único "producto" sea el libro en papel pero su flujo de trabajo sea principalmente digital? Entonces, en cierto modo todas las editoriales son digitales, ¿o no?

Así que, de nuevo, aunque creo que están equivocados, entiendo a la perfección a ese 25% de respuestas. En definitiva, según el prisma me parecen válidas todas las respuestas de la encuesta, excepto aquellas editoriales gestionadas por androides que implantan historias digitales en nuestro cortex cerebral. Pero, !aich!, esa no estaba.

jueves, 1 de octubre de 2015

La distribución digital para una pequeña editorial

Parece que fue ayer, sobre todo porque muchos debates siguen estando abiertos y se repiten periódicamente, cuando empezamos a hablar sobre la edición digital y los cambios que introducía en la cadena del libro, hace ya unos cuantos años, y uno de los elementos que sufrieron los primeros ataques fueron las distribuidoras.

Es muy cierto que el trabajo de las distribuidoras tradicionales está vinculado principalmente al transporte de los libros desde la editorial a las librerías y vuelta, con las devoluciones, y ese transporte simplemente no existe en el caso de la edición digital, donde lo que tenemos es un envío electrónico de archivos a las distintas plataformas y puntos de venta online.

Tampoco ayudó la llegada de Libranda, un monstruo (lo siento, es la primera palabra que me ha venido a la mente) creado por los principales grupos editoriales con un mensaje, no tan subliminal, monopolista y un tanto prepotente. [Muy interesante a este respecto el artículo que publicó José Antonio Millán en su blog ante la noticia de su desembarco, especialmente los comentarios (artículo que recupero gracias a la entrada de Mariana Eguaras también mencionada un poco más abajo en este texto)]. En este punto, muchos (incluida yo misma) vimos la distribución digital como un mero calco de su equivalente para el libro impreso, que poco aportaba en un mundo digital y sin embargo pretendía quedarse con una parte del pastel. A modo informativo, en esta entrada de Mariana Eguaras en su excelente blog, se muestra el reparto de porcentajes del libro digital (en contraposición al impreso) y lo que suelen cargar las distribuidoras.

Ha pasado ya algún tiempo y las distribuidoras digitales siguen sin ser un elemento imprescindible en este nuevo (o ya no tanto) paradigma. Hay una buena cantidad de autores que se encargan ellos mismos de la distribución, como parte de la autopublicación, como también hacen algunas pequeñas e incluso medianas editoriales. Nosotros, sin ir más lejos, empezamos trabajando directamente con casi todas las librerías digitales. Sin embargo, una vez que los procesos y ciclos digitales se han asentado y cada agente ha ido encontrando su sitio, las distribuidoras digitales, o al menos algunas, están sabiendo aportar valor a la cadena y convertirse en un elemento fundamental para las editoriales que, como sinerrata, no tienen un catálogo muy extenso ni grandes recursos.

En este mundo digital donde cada vez hay más libros y más dificultades para conseguir visibilidad (como ya comentábamos aquí hace algún tiempo), es verdaderamente importante la relación con el punto de venta y conseguir entrar en sus promociones y eventos destacados, y eso, para pequeños editores como nosotros, prácticamente solo es posible gracias un intermediario fuerte que no solo lleve nuestros libros allí donde tienen que estar, sino que además los presente, los promocione y los defienda. En realidad, prácticamente lo mismo que hacen las buenas distribuidoras de papel pero que ha tardado un poco más en llegar al mundo digital.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Autores, editores y editoriales: combinaciones varias

Esta semana me he encontrado con dos artículos muy interesantes que valoran la relación entre autores, editores y editoriales, aunque cada uno con una perspectiva bien distinta. Sobre la relación entre autores y editores ya había escrito aquí mismo en alguna ocasión, pero me ha parecido que en la confluencia de estos dos escritos se explicaban bien las nuevas formas de publicación y su evolución.

El primer texto del que os hablada es este de José Antonio Millán, en el que comenta otro interesantísimo artículo sobre las posibles formas en las que los autores primerizos encuentran editor (en el sentido de publicador) y los distintos profesionales que pueden intermediar en ese proceso, desde agentes literarios hasta críticos o incluso otros autores. Este es un viaje que muchos autores emprenden, y que no tantos consiguen seguir hasta el destino, y que normalmente comienza con un manuscrito que se envía directamente a la editorial o a alguno de esos intermediarios (por cierto, que también en este blog publicamos unas sencillas recomendaciones para presentar una propuesta editorial). Me ha parecido especialmente interesante cómo los datos que se comentan, sobre el número de agentes, la cantidad de originales, el total de publicaciones y otros, reflejan claramente el cuello de botella, desesperante para los autores y difícil de gestionar para las pequeñas editoriales, que se produce en este recorrido tradicional.

Y esto me lleva hasta el siguiente artículo, en esta ocasión de Bernat Ruiz y titulado Hacia la edición con editores y sin editoriales. Como consecuencia de ese difícil tránsito hacia las editoriales que sufren muchos escritores y por otros motivos que Bernat Ruiz expone en su entrada, además de por la mayor facilidad de acceso gracias al libro electrónico y otras tecnologías, cada vez hay más autores que optan por prescindir de una casa editorial. Cualquiera que sea el motivo, la autopublicación es una opción tan válida como cualquier otra e incluso puede ser más ventajosa para el autor, pero otra cosa es la autoedición. De hecho, si hay algo que se le reprocha de forma recurrente a muchos libros autoeditados es la ausencia de una edición profesional. Afortunadamente en este aspecto también creo que estamos evolucionando, y me da la impresión, como a Bernat, de que cada vez más los escritores que se autopublican solicitan la ayuda de profesionales de la edición para conseguir mayor calidad en sus libros.

Sea cual sea la combinación elegida, autores y editores hacemos un buen equipo y, aunque puedan cambiar las formas en las que nos relacionemos, creo que aún nos queda por delante mucho recorrido.

jueves, 3 de septiembre de 2015

El placer de editar, la ilusión de publicar

Recién empezado el nuevo curso, estamos ya manos a la obra con la edición del que será nuestro lanzamiento de otoño: el nuevo caso del sargento hechizado, Carmelo Domínguez, ese peculiar sargento de la Guardia Civil que con su especial mirada nos lleva a un pueblo serrano en la España de los años cincuenta y sus crímenes y misterios, surgido de la pluma de Fernando Roye.

Como editora, publicar un nuevo libro me hace una ilusión indescriptible; una mezcla de emoción, nervios e impaciencia por mostrar a los lectores esa historia que ya ha pasado a formar parte de tu memoria, de tu sensibilidad lectora, y que crees, confías, atrapará de la misma forma a los demás.

Pero toda publicación empieza con un enamoramiento, el que surge la primera vez que lees un manuscrito. El origen de la chispa inicial puede ser el personaje principal o algún secundario, una trama redonda y cautivadora, los diálogos, llenos de ingenio y sabiduría, una ambientación evocadora, la habilidad del autor en la conjunción de las letras, o una combinación de varios de estos elementos. En ciertas novelas hay algo que de repente nos hacer ver las líneas como un camino sin retorno hacia ese nuevo mundo que nos presenta, y ese momento es para mí, simplemente delicioso.

Si la primera lectura es el flechazo, el proceso de edición es, sin duda, la más bonita historia de amor correspondido. Durante ese tiempo de pulido y preparación del original, con sus varias y consecutivas fases, el editor bucea en todas las costuras del texto y establece una nueva relación con él y con su autor. Y en una editorial modesta como sinerrata, en la que prácticamente todo se hace en casa y por un número reducido de personas, este trabajo es todavía más intenso. Y en consecuencia, en mi opinión, más satisfactorio. Durante esta etapa nos conocemos el uno al otro (editor-manuscrito-autor-editor) y nuestra relación se desarrolla y afianza. A estas alturas no hace falta que diga cuánto me gusta esta parte de mi trabajo, ¿verdad?

Pues en eso estamos ahora, en el disfrute de conocernos y mejorarnos, dando forma a lo que, no tardando mucho, os presentaremos con toda la ilusión del mundo. La ilusión de que también vosotros os enamoréis perdidamente.

jueves, 4 de junio de 2015

Sobreabundancia frente a bibliodiversidad


El hecho de que en España se publica demasiado es algo que ya hace tiempo que escuchamos, y con lo que creo que todos estaremos de acuerdo. Tradicionalmente, las grandes editoriales adoptaron la estrategia de inundar las librerías con su novedades y así copar cualquier rincón visible de las mesas y los escaparates, desterrando los títulos de la competencia. La víctima directa de esta táctica es la bibliodiversidad y las perdedoras las pequeñas editoriales, que no pueden (ni quieren, añadiría yo) competir al peso y cuyos pocos títulos nuevos difícilmente obtienen alguna visibilidad.

Es cierto que con estos años de crisis y de caída sostenida en las ventas de libros, el cinturón de los recortes también ha llegado a las editoriales y, empezando por las grandes, se ha empezado a reducir el número de novedades que se publican. Sin embargo, con la llegada de la edición digital, los escaparates digitales están ahora más llenos que nunca gracias a una nueva hornada de pequeñas editoriales y autores autopublicados, lo que ha generado también un nuevo set de retos resumidos en un también nuevo término: la encontrabilidad.

Pero mi intención con esta entrada no es reflexionar sobre este término, del que ya hemos hablado aquí mismo en otras ocasiones, sino de cómo el libro digital ha hecho maravillas por la bibliodiversidad, facilitando el acceso a autores y editores a la publicación, aunque a la vez la afecta por la sobreabundancia de nuevos títulos que llegan a las librerías online y que amenazan con no dejarnos ver el bosque.

Todo esto surge gracias a un artículo sobre una de las ponencias en la conferencia de este año del IDPF Digital Book, sobre la curación de contenidos [en inglés]. Según el artículo, esta curación, o selección, es verdaderamente importante para las editoriales, porque permite que nuestros libros sean visibles en un grupo más limitado de títulos, pero también para los lectores, que de otra manera se ven abrumados por una oferta cada vez más ingente. Y hasta aquí coincido plenamente, pero me preocupa especialmente quién y cómo se encarga de esta selección, para que se pueda proteger la bibliodiversidad. Y es que si nos regimos por los criterios de siempre, el poder de las grandes maquinarias de producción y promoción, corremos el riesgo de encontrarnos de nuevo en el primer párrafo.

Afortunadamente, esta revolución digital ha traído también mucho más protagonismo para los propios lectores, que hacen y comparten su propia selección a través de blogs y redes sociales. Y ellos sí que son bibliodiversos.

jueves, 19 de marzo de 2015

La editorial como marca

En un muy recomendable artículo en The scholarly kitchen (en inglés) leía hace poco que el mundo de la edición es un negocio de intermediarios. Esta afirmación, con la que estoy de acuerdo, se basa en el hecho de que los libros que las editoriales publican en la mayoría de los casos llegan a su consumidor final, el lector, a través de al menos otro elemento de la red, como la librería.

Con la irrupción de la edición digital y la venta online, este paisaje se ha visto ligeramente alterado y cada vez hay más editoriales que venden directamente al lector, aunque raramente de forma exclusiva. Aunque es cierto que en esta nueva realidad algunos intermediarios están sufriendo cambios importantes, como los distribuidores, estos siguen y seguirán existiendo.

En la misma línea, la semana pasada hablaba con los amigos de Entreescritores.com en su blog sobre la distribución online, y ya afirmaba que en sinerrata seguimos creyendo en el papel fundamental del librero y por eso no contemplamos por ahora la opción de la venta directa. Esto no quiere decir que desdeñemos el contacto directo con los lectores, justo cuando los editores lo tenemos más fácil que nunca para conocer y comunicarnos con ellos; todo lo contrario, es una de nuestras responsabilidades conseguir llevar los libros que publicamos hasta todos ellos, pero estamos convencidos de que es la librería, de calle u online, el lugar natural para encontrarlos. Es cierto que al hacerlo de este modo las editoriales pierden buena parte de control sobre el proceso y que los libros corren el grandísimo riesgo de diluirse en una oferta cada vez más extensa y variada, y es ahí donde cobra especial importancia nuestra labor de comunicación y esa relación especial y cada vez más cercana con los lectores.

Como decía en el artículo que mencionaba en el párrafo anterior, la verdadera marca de una editorial es su catálogo y es fundamental, y esta es nuestra prioridad, ser capaz de darle consistencia, calidad y credibilidad, y mostrarlo de la mejor forma posible a los lectores.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Presenta tu manuscrito: consejos simples para escritores


No es ningún secreto que las editoriales recibimos una gran cantidad de propuestas editoriales por parte de los autores. Nosotros, sin ir más lejos, debido a nuestro pequeño tamaño y escasez de recursos, tenemos problemas para la adecuada gestión de todo lo que nos llega, lo que incluye entre otras cosas el registro de los originales, su lectura y evaluación, y la comunicación con los propios autores. Por este motivo, por ahora tenemos cerrada la admisión de manuscritos, pero lo cierto es que a pesar de ello diariamente seguimos recibiendo nuevas propuestas, por las que igualmente estamos agradecidos.

El escritor Javier Pellicer tiene una fantástica guía en varios artículos sobre cómo publicar una novela, de muy recomendable lectura para todos aquellos que buscan su camino a la publicación, en la que aporta valiosos consejos sobre cómo presentar la obra ante una editorial y que, en mi opinión, compila bastante bien los pasos a seguir para preparar y enviar una buena propuesta. Pero quería también aportar mi particular visión sobre el tema y dejaros aquí una lista nada sofisticada sobre lo que creo puede facilitar que en una editorial se interesen por tu manuscrito.

Previamente:
  • Haz un listado de editoriales que puedan estar interesadas en tu trabajo por su género o temática.
  • Busca información más detallada sobre cada editorial y échale un vistazo a su catálogo para comprobar que tu obra encaja en él.
  • Comprueba si piden activamente originales y sigue las instrucciones que especifiquen para enviarlos, si es el caso.
En tu mensaje:
  • Sé sincero y creíble. Por ejemplo, no alabes el trabajo de la editorial si no conoces lo que publica.
  • Si la editorial no está aceptando nuevas propuestas pero aún así quieres enviar la tuya, manda solo una presentación, lo más completa posible (ver más sobre esto en el siguiente punto), y espera a que te lo soliciten para enviar el manuscrito.
  • Una presentación no tiene por qué ser algo complicado o muy extensa, pero al menos debería contener el género de la novela, la sinopsis, y algo de información sobre ti (no hace falta que sea un currículum ni una lista de publicaciones, puedes simplemente contar tu relación con la escritura o con este trabajo concreto).
Y para terminar:
  • Siempre, siempre, siempre escribe una presentación, por simple que sea, con una propuesta concreta. Por muy bueno que sea tu trabajo si solamente dices algo así como pásate por mi blog y mira mis escritos, o échale un vistazo a mis libros publicados en Amazon, es muy posible que el editor nunca lo haga. De lo que se trata es de que alguien con tiempo limitado y muchas otras ofertas se interese por tu manuscrito, pónselo fácil. Peor aún es enviar un mensaje en blanco con un adjunto; si no te presentas puedes pasar por spam.
Como decía, es solo una lista simple con los aspectos que creo fundamentales para captar la atención de la editorial. Espero que pueda ser de utilidad.

jueves, 16 de octubre de 2014

El siguiente paso


La semana pasada comentaba de pasada aquí mismo la última edición de Liber y, a través de lo que ya se había escrito sobre ella, la decepción generalizada con la feria y su trayectoria en los últimos años.

En mi caso, uno de los motivos de esta decepción es el escaso, o nulo, avance en el ámbito digital. Las grandes y medianas editoriales se han puesto la careta de “nosotros también somos digitales” pero no hacen el menor esfuerzo, no ya por innovar sino simplemente por realmente creer en el formato y apostar por él. Por ejemplo, hace un par de días me desayunaba con la noticia de que Planeta se está planteando vender conjuntamente las versiones digitales y en papel de sus libros, lo que, en mi opinión, no se sostiene por ninguna parte. No solo transmite el mensaje de que el libro electrónico no tiene valor por sí mismo sino que resulta innecesario para una buena cantidad de lectores que ya leen en un formato o el otro. El mensaje que yo capto es que Planeta no tiene ningún interés en su negocio digital, como, por otro lado, ya ha demostrado en otras ocasiones, pero el resto de grandes editoriales y grupos tampoco van muy por delante.

Me tenéis que perdonar porque una vez más no tengo respuesta, pero me pregunto cuál es el siguiente paso que tenemos que dar para normalizar el formato digital en nuestro país. A estas alturas casi todo el mundo ha oído hablar de los ebooks y muchos lectores han tenido alguna experiencia digital, sin embargo los que nos dedicamos a esto seguimos hablando de los mismos temas y teniendo las mismas discusiones, dando la impresión de que apenas nos hemos movido en los últimos tres o cuatro años.

Encuentros, charlas, congresos, son todos muy bienvenidos y necesarios, como también nuevas iniciativas e ideas, es imprescindible que busquemos y consigamos dar ese paso hacia delante que nos saque de este eterno nuevo-pero-no-todavía paradigma, como se comentaba en los momentos finales de la charla #ebookspain de hoy mismo en Twitter.

jueves, 9 de octubre de 2014

¿Para qué sirve la FGEE?


La entrada de hoy iba a versar sobre mis impresiones de la recién finalizada feria Liber pero revisando lo que otros han escrito sobre ella (como por ejemplo Manuel Gil, en su blog Antinomias Libro), mucho mejor que lo que yo podría hacerlo y contando prácticamente lo mismo que ya tenía pensado decir, me ha surgido la pregunta que títula esta breve reflexión y para la que no tengo respuesta: ¿para qué sirve la FGEE?

Nosotros no pertenecemos a ningún gremio oficial de editores (sí, en cambio, a una pequeña, como nosotros, asociación de editores independientes de la que ya he hablado en alguna ocasión, APEI, y cuyo objetivo es la colaboración entre nosotros para así ser un poco menos pequeños), porque el gasto que nos supone afiliarnos es difícilmente rentabilizable para una editorial de nuestro tamaño y recursos, pero también porque hemos creído que estas grandes organizaciones difícilmente van a representarnos, menos aún en nuestros comienzos como editores digitales, momento en que la federación estaba en su punto álgido antidigital.

Con el tiempo, siguiendo ya más de cerca su trayectoria, nos hemos reafirmado en nuestra decisión, a la que nos consta se han sumado más editoriales (o nosotros nos sumamos a ellas), y cada vez notamos más y más quejas, como la de Manuel Gil en el post que antes mencionábamos sobre Liber, o la de Bernat Ruiz en su blog verba volant, scripta manent en una entrada a cuenta de Editrain que termina exactamente con la misma pregunta con la que yo empezaba esta: ¿para qué sirven?

Si alguien tiene respuesta, te esperamos en los comentarios.