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viernes, 12 de mayo de 2017

Información manipulada (o manipulativa)

Foto vía Visual Hunt
Desde hace un par de semanas, cuando se publicaron los resultados de ventas de la asociación de editores ingleses para el año pasado, me he ido encontrando con artículos en la prensa inglesa, que terminan llegando también a los medios españoles, sobre una rimbombante subida del libro de papel frente a la estrepitosa caída del libro electrónico. Para empezar, me vuelvo a poner de los nervios con esa pelea absurda y totalmente estéril entre formatos, como si el crecimiento de uno solo pudiera significar el hundimiento del otro o viceversa. Yo, particularmente, estoy esperando leer un titular que diga que cada vez se venden más libros, punto, y otro mejor aún, que cada vez se lee más, punto y final.

Pero es casi tan enervante la manipulación grosera de los datos para defender esa guerra y su supuesto ganador actual, el libro impreso, y casi de risa los motivos esgrimidos para justificarlo.

Sobre lo primero, podéis leer el artículo de Javier Celaya, en el que desgrana los resultados del estudio, que no son exactamente como los titulares los pintan; una muestra más de cómo algunos prefieren ignorar y maquillar la realidad a ver si desaparece eso que, por lo que parece, les da miedo.

Y sobre lo segundo, The Guardian afirma que el Kindle no es guay y El País que los lectores acusan la fatiga visual, os recomiendo un artículo en epubsecrets.com que, con mucho humor, desmonta las teorías del periódico inglés.

No sé cuántas veces habrá que decirlo, o quién tendría que hacerlo: ¿podemos ponernos todos de acuerdo de una vez en que lo que importa es la lectura y no el formato y dejarnos de peleas estúpidas?

jueves, 4 de septiembre de 2014

¿Está muerto el e-reader?


Desde hace ya algún tiempo venimos escuchando sobre la posible y probable desaparición del lector de tinta electrónica. Ya desde el inicio del reinado de las tabletas (ahora ligeramente amenazado por una estabilización en sus ventas) se empezó a especular con que estas “matarían” al ereader, y el fracaso de los dispositivos Nook y la retirada total del mercado de los ebooks de Sony han intensificado esa impresión.

Sin embargo, Kobo no opina lo mismo, presentando la semana pasada su flamante nuevo lector, incluso resistente al agua. Obviamente, eso no significa nada en sí mismo, salvo que la compañía sigue apostando por la tinta electrónica y cree que todavía tiene futuro, pero me ha llamado la atención una de las afirmaciones que hacen en su nota de prensa [traducción libre]: “Estamos sobre todo interesados en la gente que pone los libros en el centro de sus vidas, qué es lo que quieren ver a continuación, qué es lo que les apasiona”. Lo que me transmite esta frase es que ellos, como yo, piensan que los lectores “de intensidad” prefieren los ereaders a las tabletas y quieren ofrecerles mejores opciones. Y también que estos lectores están dispuestos a invertir en aparatos que mejoren su expriencia de lectura, no tanto que le permitan desarrollar otras actividades.

En cualquier caso, como concluyen en esta entrada en el blog de nimbooks, sea cual sea la tecnología que prevalezca los lectores no tenemos de qué preocuparnos, los libros electrónicos seguirán estando aquí y tenemos lectura digital para rato.

Precisamente a raíz de este artículo se desencadenó un pequeño debate en nuestra página de Google+ que, aunque no es ni mucho menos representativo, refleja los distintos hábitos de los lectores y cómo cada uno leemos a nuestra manera dependiendo de nuestro estilo de vida y preferencias lectoras. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, que cada uno lea cómo y dónde quiera, pero que lea.

jueves, 17 de julio de 2014

Malos tiempos para la industria editorial


O eso leemos esta semana en los múltiples y variados artículos sobre el informe de la Federación de Gremios de Editores de España, según el cual las ventas de libros durante 2013 han descendido un 9,7%, mucho más que en nuestros vecinos europeos y, lo que es peor, acumulando una caída en los últimos diez años del 19%. El único que se salva, aparentemente, es el libro electrónico, que aumenta sus ventas un 8,1%, aunque su contribución a la facturación total sigue siendo prácticamente testimonial, apenas un 3,7%.

No voy a negar que las cifras son malas, que hay que ser muy iluso para no preocuparse por la situación estando dentro del sector y aspirando a poder seguir haciéndolo, pero me niego a contagiarme del discurso victimista de aquellos que, en teoría, nos representan. Este es un descenso en las ventas que también refleja la crisis generalizada que estamos viviendo en nuestro país, en la que comprar libros no es una prioridad para muchas familias que ahora tienen otras necesidades. Y sabiendo esto desde hace tiempo, quizá habría habido que plantearse reducir la producción y buscar sistemas de distribución más efectivos que permitieran bajar costes y precios. Pero no, llevamos años de publicación desmedida, inundando librerías con novedades que a veces ni salen de las cajas (tan solo en 2013 ha habido un descenso considerable del número de títulos publicados). En cuanto a los libros digitales, la piratería nos afecta, sin duda, pero ya basta de utilizarla como excusa-comodín. Que los lectores se hayan acostumbrado a conseguir el contenido gratis es en buena parte culpa de esta industria, que no supo ver la oportunidad sino solo la amenaza y así llegó tarde, mal y caro a la realidad digital. Y ahora se esconde detrás de su propio fracaso, pidiendo medidas legales, que difícilmente servirán y seguirán convirtiendo a nuestros lectores en enemigos, en lugar de buscar soluciones que se acerque a lo que estos piden.

Llegados a este punto, en el que ya estamos y que no es ni mucho menos propicio, creo que es necesario hacer un verdadero giro dentro del sector: innovar, mejorar, cambiar y, sobre todo, hacerlo como conjunto. Colaboraremos entre los distintos agentes y trabajemos juntos, como bien propone Aharon Quiconces en su blog razonamiento de un editor. Hay que pensar en otras estrategías y alianzas, como esta que nos cuenta Mariana Eguaras entre librerías y bibliotecas.

Como cuentan que el mismo Einstein llegó a decir: "Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados". Llevamos diez años de malos resultados, cambiemos la forma de hacer las cosas para que estos puedan ser distintos.