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viernes, 12 de mayo de 2017

Información manipulada (o manipulativa)

Foto vía Visual Hunt
Desde hace un par de semanas, cuando se publicaron los resultados de ventas de la asociación de editores ingleses para el año pasado, me he ido encontrando con artículos en la prensa inglesa, que terminan llegando también a los medios españoles, sobre una rimbombante subida del libro de papel frente a la estrepitosa caída del libro electrónico. Para empezar, me vuelvo a poner de los nervios con esa pelea absurda y totalmente estéril entre formatos, como si el crecimiento de uno solo pudiera significar el hundimiento del otro o viceversa. Yo, particularmente, estoy esperando leer un titular que diga que cada vez se venden más libros, punto, y otro mejor aún, que cada vez se lee más, punto y final.

Pero es casi tan enervante la manipulación grosera de los datos para defender esa guerra y su supuesto ganador actual, el libro impreso, y casi de risa los motivos esgrimidos para justificarlo.

Sobre lo primero, podéis leer el artículo de Javier Celaya, en el que desgrana los resultados del estudio, que no son exactamente como los titulares los pintan; una muestra más de cómo algunos prefieren ignorar y maquillar la realidad a ver si desaparece eso que, por lo que parece, les da miedo.

Y sobre lo segundo, The Guardian afirma que el Kindle no es guay y El País que los lectores acusan la fatiga visual, os recomiendo un artículo en epubsecrets.com que, con mucho humor, desmonta las teorías del periódico inglés.

No sé cuántas veces habrá que decirlo, o quién tendría que hacerlo: ¿podemos ponernos todos de acuerdo de una vez en que lo que importa es la lectura y no el formato y dejarnos de peleas estúpidas?

jueves, 16 de febrero de 2017

Braibook, el dispositivo de lectura que "traduce" al braille

Creo que no sorprendo a nadie si afirmo que, en el caso de la adopción como algo cotidiano del libro electrónico hay una gran resistencia que no hemos visto, por ejemplo, con los soportes digitales de la música o el cine; soportes que cambian a una velocidad vertiginosa.

Las causas son múltiples, y van desde lo insólitamente perfecto que es un libro impreso para cumplir su función, hasta la falta de confianza de algunos lectores, pero sobre todo se debe a las reticencias de la industria editorial, tanto grandes como pequeños diría yo, que ven en el libro electrónico un enemigo, cuando solo es un formato de lectura más. Entiendo que hay problemas, como el de la piratería, que existe, aunque siempre se sobredimensione, que crean incertidumbre sobre los modelos de negocio en torno al libro electrónico, una vez que (casi) todos tenemos claro que el DRM más que una solución era otro problema.

Pero, ¿por qué casi nunca se habla de las ventajas del libro electrónico?, porque existen, y de variada naturaleza. Existen ventajas para los lectores, como el hecho de llevar cientos de lecturas en un solo dispositivo; existen ventajas, aunque parezca mentira, para la industria editorial, como la eliminación de excedentes, de invendidos, y lo sencillo que, en teoría, es distribuir tus textos por todo el mundo; y existen lo que yo llamaría ventajas para la sociedad, como el caso que hoy os traigo.



He encontrado la información sobre el Braibook en lo que parece ser la web de un concurso de emprendedores, en el que el proyecto ha obtenido una ayuda para salir adelante. En dicha web lo definen como un libro electrónico para personas ciegas. Yo me he decantado por una palabra mucho más genérica, dispositivo, ya que este aparato se aleja mucho de la típica idea que nos viene a la mente al pensar en un lector electrónico. No tiene pantalla, ni de tinta electrónica ni de otro tipo, ya que su función es, como explican en el vídeo, traducir de cualquier formato al braille.

De todas formas, ya hemos hablado en alguna ocasión de que una función tan sencilla como la que en los lectores electrónicos permite cambiar a nuestro antojo el tamaño y el tipo de letra, tiene considerables ventajas no solo para personas con problemas leves de visión, también para lectores con dislexia.

¿Por qué no hablamos un poquito más de estas cosas?

jueves, 29 de septiembre de 2016

IDEAS BOX, la idea, la solidaridad y el libro electrónico

Siempre estamos, desde sinerrata, pregonando, me temo que en el desierto, que aunque somos digitales, lo que amamos son los libros, y lo que nos importa es su contenido, y ayer, gracias a un artículo que subí a la página de Facebook de la editorial, se me ocurrió que podríamos poner un ejemplo de alguien, una ONG en este caso, que tuviera una iniciativa en marcha en la que el libro en papel y el e-book sumaran. Algún proyecto en el que nadie se planteara si un formato es mejor que el otro, sino que aprovechara las virtudes que, sin duda, ambos tienen para, como decía, sumar, aportar lo máximo posible a los lectores potenciales.

El artículo que os decía es este, firmado por el escritor Jorge Carrión en El País. Se titula El ‘e-book’ quiere ser como el libro de papel, y comienza hablando un poco por encima de libros eletrónicos, tabletas y su auge. Me gustaría hacer alguna consideración sobre los lectores electrónicos, que no sé si mete bajo el paraguas "libro electrónico" o simplemente no los cita, pero no es algo relevante hoy.


Para mí lo más interesante del texto es, al tratar del concepto de biblioteca y su evolución, que nos habla del trabajo de una ONG, Bibliotecas sin Fronteras, que a raíz de sus experiencias sobre el terreno, intentando llevar los libros y el conocimiento, han desarrollado un proyecto que han denominado Ideas Box.

La reflexión que esta ONG hace en su web es que hay situaciones de emergencia social, como los campamentos de refugiados, en las que una persona pasa, como media, la friolera de 17 largos años de su vida. Aparcar la cultura, los libros, durante tanto tiempo prácticamente supone renunciar de por vida, y aquí es donde surge la necesidad de crear una mediateca en kit estándar, que se puede transportar fácilmente y desplegarse en el terreno.

Diseñada por el famoso Philippe Starck cuenta con una fuente de energía autónomo, y su contenido se adapta a las circunstancias del lugar donde va a necesitarse: diferentes idiomas, diferentes culturas,..

Se monta en 20 minutos, y su contenido, respecto a la parte que nos interesa es: 250 libros de papel, 50 lectores electrónicos y miles de libros electrónicos. Como ves, le dan importancia al papel, porque la tiene, a que todos los niños y adultos que usen Ideas Box puedan acariciar los lomos de un buen libro, pero también son conscientes de que una vez tienes 50 e-readers los libros digitales ya no van a ocupar especio, y quien dice miles, dice cientos de miles, porque sí, si hablamos de 17 años la cantidad también cuenta.

Hablamos de una mediateca, así que también cuenta con televisión, cámaras de vídeo, conexión a Internet, juegos de mesa, y otras posibilidades que podéis conocer visitando el site del proyecto, donde también os podéis informar sobre cómo apoyarlo.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Un día dedicado a la lectura digital... en Estados Unidos

Tampoco es que la noticia tenga una importancia extraordinaria, ya que estamos hablando simplemente de una iniciativa que propone una empresa privada, OverDrive, aunque eso sí, lo hace ya por tercer año consecutivo.

La pregunta que me pide el cuerpo hacer es cómo reaccionaría en España más de uno ante una iniciativa así, ya fuera promovida por la iniciativa privada o por algún ente público.

Por no dejar la información inicial coja un par de apuntes. El primero explicaros que OverDrive es una empresa estadounidense que distribuye e-books, audiolibros, música y vídeos. Vamos, todos esos productos que más de uno considera productos culturales de segunda categoría.

La noticia le he encontrado, (bueno, me la pasa Amalia, editora de esta casa), en el site del Observatorio del Libro y la Lectura, dentro de la web de del Ministerio de Cultura. Y celebro, y mucho sus palabras cuando dicen "...el soporte no importa, que lo maravilloso de leer es que nos traslada a otros mundos ya sea pasando las páginas de un libro impreso o encendiendo un dispositivo, esta jornada quiere reivindicar la lectura digital y animar a leer libros electrónicos a aquellas personas que todavía no lo hayan hecho. No se trata de elegir entre uno u otro formato, simplemente de recordar algunas de las bondades de la lectura digital...".

Porque la propuesta que hace OverDrive es muy sencilla: promover mañana día 16 el Read an eBook Day, es decir, el Día de la Lectura de libros electrónicos, o si lo preferís, el "día de leer un ebook". Básicamente porque no muerden, pero sobre todo porque también son libros, ni más, ni menos, mismas obras, otros formatos.

Además de sugerir, obviamente, la lectura de algunos de los libros que ellos distribuyen, la idea es compartir en redes sociales o en la web de su campaña usando un hashtag concreto. Nos resulta imposible sumarnos a esta iniciativa desde la distancia, no solo geográfica, pero aportamos nuestro granito de arena, para aquellos que tenéis tablet o lector electrónico, pero no habéis usado el dispositivo para leer. Os regalamos un cuento de Carlos Laredo, para que conozcáis a su personaje, el cabo Holmes. Lo podéis descargar de forma gratuita, en Amazon (para Kindle o tablet con la app) o en Lektu (tanto mobi para Kindle como epub para casi todos los e-readers y tabletas).

¡Feliz lectura!

jueves, 11 de febrero de 2016

El precio de los libros o la mercantilización de la lectura

Ayer me encontraba con este breve en la web sobre libros y lectores electrónicos Todo eReaders, en el que se comenta y opina sobre unas declaraciones de Jeff Bezos, el mandamás de Amazon, acerca del precio de los libros. Dice Bezos que los libros en general y los ebooks en particular son caros y que si los editores quieren competir con otras formas de entretenimiento, como los juegos o las redes sociales o la televisión, tienen que poner precios más bajos. (He estado buscando la entrevista original a Bezos para poder valorar mejor sus afirmaciones y os dejo aquí este artículo en la web Venture Beat donde se mencionan, por si os interesa [en inglés]).

Es, en mi opinión, innegable que hay algo de cierto en esa aseveración. Hoy en día, la lectura compite con variadas formas de entretenimiento y los editores, entre otros actores, debemos pelear con todas nuestras armas para que siga siendo una de ellas. Y el precio es una herramienta nada desdeñable para conseguirlo. Pero, ¿es la única? O, yendo un poco más allá en mi reflexión, ¿es realmente el precio de los libros lo que relega la lectura a un segundo plano por detrás del Candy Crash, Facebook o Netflix, como se afirma en la entrada de Todo eReaders? Sinceramente, yo opino que no.

Para empezar, siempre ha habido y sigue habiendo opciones gratuitas para leer; estoy hablando de las bibliotecas, por supuesto, que ya ofrecen libros electrónicos. En el caso particular de los ebooks, también se pueden conseguir gratis o muy baratos, gracias, por ejemplo, a las ofertas de algunos puntos de venta. Además, tenemos a nuestra disposición varios servicios de lectura digital por suscripción, al estilo Netflix y a precios similares, como Nubico, 24symbols, skoobe, readify o scribd. Y no me vale el argumento de que para leer en digital hace falta comprarse un dispositivo que también es caro, porque se puede usar para ello el mismo aparato en el que se está jugando.

Lo que yo creo es que leer, por regla general, supone una actitud quizá más activa que estar sentado delante de una pantalla, es decir, que puede requerir de un mayor esfuerzo (escribo esta frase con muchísima precaución porque ni me refiero ni quiero entrar en el debate “intelectual”, menos aún cuando la participación en las redes sociales implica, entre otras cosas, leer), y que estamos fracasando garrafalmente en la promoción de la lectura, como sociedad. Hay muchas cosas que hacer a este respecto, entre otras trabajar para que el acceso a la lectura sea lo más fácil posible, lo que incluye por supuesto precios asequibles, pero no solo. Identificar el descenso en los índices de lectura con precios altos creo que nos impide ver el problema en toda su dimensión y además solo favorece a los agentes que pretenden simplemente mercantilizarla.

jueves, 4 de febrero de 2016

¿Cuál crees que puede ser el aporte de la tecnología a la literatura?

Pasa el tiempo y empiezo a tener la sensación que desde Sinerrata os hemos lanzado este mensaje en infinidad de ocasiones. Pero también creo que no vamos a dejar de hacerlo: lo que importa es la literatura, y si hay algo que ofrezca la tecnología para llevar buenos libros a cuanta más gente mejor, lo inteligente es usarlo. Si algo va en detrimento de esta tarea, lo mejor es prescindir de ello, pero pienso que la forma interesante de ver las cosas es sentarse a pensar qué cosas positivas podemos hacer gracias a la tecnología. 

Llegaba ayer a un artículo interesante en Lecturalia, sobre un tema de bastante actualidad: los datos que la industria editorial puede recoger de los lectores de e-readers conectados a Internet. Al final la conclusión del articulista, Alfredo Álamo, es más bien pesimista. Sobre este tema en concreto considero que no le falta razón, aunque tampoco tiene por qué ser así. Lo sé, soy un poco críptico, pero leed el artículo y formaros vuestra propia opinión. Aunque al que le preocupe este tema simplemente le sugeriría que compre e-books en tiendas que no le “obliguen a leer en la nube”.

De todas formas la reflexión que quiero hacer hoy es que al leer el título del post de Alfredo me esperaba otra cosa. Cómo la tecnología puede cambiar el futuro de la literatura es una frase que promete algo, que a mí personalmente me motiva a pensar en multitud de cosas positivas: desde el trabajo que se está haciendo para que la lectura sea accesible a personas con problemas de visión, hasta lo interesante que es una pequeña editorial de cualquier país del mundo pueda distribuir con facilidad una obra por todo el globo. 

Vivimos tiempos de cambio; que coincida una profunda crisis económica con la fricción entre la apuesta por la literatura digital de unos y la renuencia de otros, hace que tengamos delante una ecuación con demasiadas incógnitas. Nos gustaría, desde sinerrata, lanzaros una pregunta: ¿cuál crees que puede ser el aporte de la tecnología a la literatura? Responded como os guste, pero yo os animaría a ser positivos, a ver más oportunidades y menos crisis, a pensar que la literatura siempre va a estar ahí, a pesar de competir con más formas de ocio que nunca, a confiar es que tendremos más variedad de libros, y todos ellos a nuestro alcance.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Contraargumentos para convencer a los reticentes al libro digital

Antes de empezar con esta entrada, quiero aclarar que no pretendo otra cosa que responder a algunos de los argumentos que he podido escuchar en contra de los libros digitales, en las típicas discusiones que los enfrentan con los libros de papel. Lo que desde luego NO es esta entrada es una afirmación de que los ebooks son mejores que los libros impreso o que hay que elegir el formato digital en detrimento del papel. Como siempre digo, lo importante es leer; el qué, el cómo y el cuándo dependen de la persona, el momento, el género y otras cosas más. Pero vamos a por los alegatos:
  • Leer en una pantalla no es nada placentero. Y estoy en parte de acuerdo, como tampoco es lo más agradable leer en folios sueltos o si tuviéramos que hacerlo en un rollo de papiro que ir desplegando y girando. Pero leer en formato digital no es, al menos exclusivamente, leer en el ordenador y cuando pruebas un lector electrónico —los hay de todas las marcas, colores y precios— la experiencia cambia totalmente (conozco mucha gente que lee en tableta o incluso en el móvil y cantan las bondades de estos dispositivos, pero yo sigo prefiriendo la tinta electrónica).
  •  Hay que acordarse de recargar la batería. Muy cierto, pero también hay que hacerlo con el teléfono móvil y no recuerdo haber oído a nadie esgrimir ese argumento para no usarlo. En mi humilde opinión, el resto de ventajas del aparatito (diccionario, capacidad de almacenamiento, portabilidad…) compensan el tener que enchufarlo de vez en cuando.
  • Es difícil concentrarse en la lectura y se distrae uno/a con facilidad. Esto puede ocurrir si leemos en una tableta, desde luego (los lectores de tinta electrónica no suelen servir para nada más que para leer), pero también es posible que suceda leyendo un libro de papel con el teléfono al lado (sobre todo si no se han desactivado las notificaciones). Si lo que leemos nos atrapa, no habrá nada que nos pueda distraer, independientemente de cómo lo estemos leyendo.
  • No se puede presumir de los libros que tenemos. No, definitivamente no se puede. Sin embargo, ¿no es una maravilla poder llevar contigo un buen trozo de tu biblioteca a un viaje, la cola del banco o el transporte público, sin tener que cargar más que con un pequeño dispositivo? Aunque nadie más pueda ver lo que hay en ella.
Esta no es, al menos para mí, una cuestión de competencia. No se trata de elegir uno de los dos formatos y defenderlo hasta la muerte, olvidando al otro, sino de escoger el que mejor se ajusta a tu estilo de lector y necesidades, lo que puede cambiar con la hora o el día. Lo que sí tengo claro es que todos los argumentos, en una dirección y en otra, son rebatibles y a menudo subjetivos, y que la radicalidad, como en casi todo, no hace ningún favor a esto que nos ocupa, que es básicamente la lectura.

jueves, 19 de febrero de 2015

El ebook está acabado, las librerías tradicionales cierran, ¡hala, todos para casa!

Desconozco si lo que voy a comentar es algo propio de la cultura hispana, o si pasa en cualquier país del mundo, pero es algo que yo no acabo de entender. Por desgracia, para los que estamos interesados en "el asunto este de los libros", cada vez que abrimos el navegador nos encontramos con alguna mala noticia relativa a nuestro sector: si no son las ventas de libros electrónicos que se estancan, es esa librería mítica de toda la vida que acaba de echar el cierre.

La parte que yo no entiendo es que, si todo el mundo se dedica a lo mismo, a crear obras literarias y hacérselas llegar a la gente, por qué tengo la impresión de que unos actores esgrimen este tipo de noticias contra otros. Algunos de los que dicen amar el libro en papel al parecer se alegran si el libro electrónico no avanza con brío, y los "guruses" del cambio de paradigma parecen esperar agazapados a que cierre algún templo de la venta de libros en papel.

A mí esto me da cierta pena, porque a mí por encima de todo lo que me apasiona es leer, (y de forma secundaria escribir, y arrimar el hombro para que las editoriales vendan). Algunos adoramos los libros en papel con los que hemos crecido, y a la vez sabemos ver las ventajas que en algunos ámbitos tiene el ebook.

He hablado de sensaciones. Pero también podemos hablar de datos que por si solos, fuera de contexto o incompletos, no valen nada. A veces, cuando se habla del estancamiento en las ventas de ebooks, ni siquiera dejan claro si hablan de contenidos, o de dispositivos. Si hablamos de los lectores de tinta electrónica, lo extraño sería que un dispositivo que, bien cuidado, tiene una vida útil muy larga, cuyo comprador potencial es un gran-lector, y que no puede competir de tú a tú con dispositivos multimedia, siguiera aumentando sus ventas de forma exponencial.

Y si hablamos de contenidos, de su venta, sí que tenemos un problema, está claro, pero el listado de sus causas se me antoja largo, variado, y complejo. Aunque yo haría dos incisos: decir que se editan menos libros electrónicos, y fijarse únicamente en el dato del ISBN, empieza a ser peligrosamente inexacto, ya que gran parte de la autopublicación prescinde de esta herramienta. El segundo inciso es que podemos hablar de poca venta de contenidos, pero el que diga que el libro electrónico está acabado, que monte en el metro y mire a su alrededor.

La otra cara de la moneda. El libro en papel, estoy convencido, tiene por delante una vida muy larga. Las librerías deberían ser una apuesta de cualquier amante de la lectura, y precisamente hay gente que publica en digital, pero no está dando la espalda a las librerías, todo lo contrario. Algunos se apresuraron a decir que el libro de toda la vida iba a pasar a la historia, cuando la realidad es que, en su sencillez, es un objeto maravilloso, que nos acompañará mucho tiempo aún.

Algunos pensamos, aunque me empieza a preocupar que seamos pocos, que lo que hay que hacer es publicar buenos libros, y después hacérselos llegar a cada lector en el formato que demande, ya sea papel o digital. Y que probablemente cada historia acabe funcionando mejor en un soporte u otro, y que algunas de ellas darán el salto al audiolibro, a una aplicación enriquecida con otros contenidos, o a una nueva edición en papel más cuidada. ¿Por qué nos gusta poner puertas al campo? Y lo que es peor, ¿por qué a veces me da la impresión de que nos alegramos si alguien se cae y no se puede levantar?

viernes, 19 de septiembre de 2014

Las bibliotecas del futuro: demasiadas incógnitas

Me encantaría dedicar un artículo a hacer vaticinios, a aportar algo de claridad sobre cuál puede ser el futuro de las bibliotecas. Pero me temo que como casi todo el mundo, no tengo más que dudas. A esta sensación hay que sumar una endeble certeza: la de que las decisiones que se tomen "desde arriba" pueden hacer que, digitales o no, las bibliotecas del futuro mantengan más o menos su propósito actual, que no lo hagan, o que desaparezcan. Estoy pensando, reconozco, más en las bibliotecas de ciudades y barrios, que en las de las universidades, institutos tecnológicos u otros centros del saber, de cuyo futuro no tengo dudas. La primera pregunta que me hago es si hay gente interesada en fulminar el modelo actual, las bibliotecas de barrio tal y como las conocemos, basado en el préstamo de libros en papel. El nuevo canon a las bibliotecas públicas, que al parecer no apoya casi nadie, supone, de facto, que las bibliotecas tengan que pagar dos veces por cada libro, al adquirirlo, y esta tasa, que sería mayor cuantos más socios tenga la biblioteca. Bueno, un inciso, algunos como CEDRO no lo apoyan simple y llanamente porque pensaban sacar una mayor tajada de este asunto. Yo considero que es una de esas medidas pan-para-hoy-hambre-para-mañana.

La segunda pregunta se la hace mucha gente: ¿las bibliotecas del futuro serán digitales? En este caso pienso que es una pregunta innnecesaria. La realidad, las necesidades, (y me temo que las decisiones arbitrarias de unos y otros), irán marcando el ritmo de esta hipotética transformación. Si he de mojarme diría que en las bibliotecas "normales", que se nutren de todo tipo de libros, el cambio será lento, con predominio del papel durante muchos años, y la introducción paulatina de las nuevas tecnologías. Mientras que en las librería universitarias, que se nutren de libro técnico, creo, intuyo, que la transformación se irá acelerando, y que se tenderá a trabajar en red, a compartir materiales y conocimiento, y a que haya más espacio para la consulta y el estudio, y menos para el papel. Estos días ha circulado por la red la noticia de la inauguración de una biblioteca (técnica) sin libros. Se ha dicho que es la primera, cuando no lo es, y se ha jugado al despiste con la redacción de las noticias, ya que en algunos casos daba la impresión de que el hecho de que no tuviera libros de debía a un error de Calatrava, que bueno, no es que piense demasiado en los usuarios de los edificios que diseña, pero no creo que llegue hasta ese punto.

No acaban aquí ni las noticias, ni las preguntas. En Xataka nos cuentan una polémica que llega desde Alemania. El Tribunal Europeo de Justicia ha dictaminado que las bibliotecas podrán digitalizar obras sin el permiso de los editores; eso sí, remiten al cumplimiento de las legislaciones locales. Aunque la polémica, aclara el artículo de Xataka, estriba más en el hipotético derecho de copia que en el de consulta: ¿puedes llevarte toda la obra en un pendrive?, ¿puedes imprimirla? Simplemente hay cosas que están pendientes de ser reguladas, como en su momento se reguló qué porcentaje de un libro en papel puedes fotocopiar (ignoro cómo está ahora mismo ese tema).

La cuarta y última pregunta es para mí la más importante. De acuerdo, las bibliotecas van a ser, al menos en parte, digitales, ¿cómo regulamos el derecho a lectura o consulta? En Diario Turing nos hablan de EBiblio, la plataforma que va a gestionar el préstamo de e-books en España. Nos cuentan que va a haber dispositivos que se van a quedar fuera, los Kindle de Amazon, por incompatibilidad del DRM. Nos cuentan que la gestión de la plataforma recae en Libranda, (era bastante previsible). Y sobre todo nos cuentan que hablamos tan solo de 200.000 licencias pagadas, y de 1.500 títulos a disposición de los lectores en formato e-book. El número de libros está claro que es pequeño, y el de las licencias también lo es, si nos paramos a analizar que tienen limitaciones de diversos tipos (20 meses de duración o 28 lecturas cada una de ellas). Yo entiendo que las plataformas y las editoriales busquen rentabilizar su trabajo, en ello estamos todos, pero creo que poner en marcha un sistema de bibliotecas públicas, y que la primera piedra sea cómo rentabilizamos cada lectura, me parece que ya de entrada lastra todo el modelo y el desarrollo, y que nos llevará a un servicio muy deficiente, o a unos costes para mejorar el sistema inasumibles por las administraciones. De nuevo, como en la primera pregunta, pan-para-hoy-hambre-para-mañana.

jueves, 4 de septiembre de 2014

¿Está muerto el e-reader?


Desde hace ya algún tiempo venimos escuchando sobre la posible y probable desaparición del lector de tinta electrónica. Ya desde el inicio del reinado de las tabletas (ahora ligeramente amenazado por una estabilización en sus ventas) se empezó a especular con que estas “matarían” al ereader, y el fracaso de los dispositivos Nook y la retirada total del mercado de los ebooks de Sony han intensificado esa impresión.

Sin embargo, Kobo no opina lo mismo, presentando la semana pasada su flamante nuevo lector, incluso resistente al agua. Obviamente, eso no significa nada en sí mismo, salvo que la compañía sigue apostando por la tinta electrónica y cree que todavía tiene futuro, pero me ha llamado la atención una de las afirmaciones que hacen en su nota de prensa [traducción libre]: “Estamos sobre todo interesados en la gente que pone los libros en el centro de sus vidas, qué es lo que quieren ver a continuación, qué es lo que les apasiona”. Lo que me transmite esta frase es que ellos, como yo, piensan que los lectores “de intensidad” prefieren los ereaders a las tabletas y quieren ofrecerles mejores opciones. Y también que estos lectores están dispuestos a invertir en aparatos que mejoren su expriencia de lectura, no tanto que le permitan desarrollar otras actividades.

En cualquier caso, como concluyen en esta entrada en el blog de nimbooks, sea cual sea la tecnología que prevalezca los lectores no tenemos de qué preocuparnos, los libros electrónicos seguirán estando aquí y tenemos lectura digital para rato.

Precisamente a raíz de este artículo se desencadenó un pequeño debate en nuestra página de Google+ que, aunque no es ni mucho menos representativo, refleja los distintos hábitos de los lectores y cómo cada uno leemos a nuestra manera dependiendo de nuestro estilo de vida y preferencias lectoras. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, que cada uno lea cómo y dónde quiera, pero que lea.

miércoles, 16 de abril de 2014

Y llegó Lektu

Seguramente la mayoría de los que estáis leyendo esto ya sabéis que ayer abrió sus puertas virtuales Lektu, una plataforma de venta de libros digitales que, como ellos mismo dicen “pretende convertirse en un punto de encuentro entre autores, editores y lectores para la difusión de la cultura digital”. Ante esta declaración de intenciones, ya desde que oímos hablar por primera vez del proyecto, no tuvimos ninguna duda de que sinerrata estaría allí, a ser posible desde el principio.

La filosofía de Lektu se acerca mucho a la nuestra, apostando por el formato digital, de calidad y a buen precio, y planteándose como la verdadera alternativa a sistemas cerrados, que no dudo que sean cómodos y fáciles de usar para los lectores, pero que al fin y al cabo son eso, cerrados. A cambio, ofrecen lectura sin limitaciones, a una descarga inmediata de distancia y para el dispositivo que uno quiera.

Además, nos ha cautivado su entusiasmo, sus ganas de intermediar entre lectores, autores y editores, su pasión por innovar y encontrar otra forma de hacer las cosas. Y, para rematar, no podríamos estar en mejor compañía: en Lektu nos encontramos con editoriales amigas como 2709 Books y de prestigio sobrado como Trama Editorial. ¡Allí nos vemos!

jueves, 20 de febrero de 2014

2014, trabajando a pesar de la incertidumbre

Supongo que he de aclarar que yo solo soy un colaborador, de este blog y de la editorial, y que la firme decisión de seguir trabajando contra viento y marea, únicamente corresponde a Amalia López, editora de sinerrata, pero ya nos vamos conociendo, así que estoy seguro de que seguirá remando en la única dirección que existe, hacia delante, cuando te embarcas en una aventura tan complicada como llevar el timón de una editorial única y exclusivamente digital, pero sujeta a los estándares que dicta la búsqueda de la calidad en todo lo que haces.

Las incertidumbres son muchas, muchísimas:
  • El IVA del libro electrónico. Hay quien se queja de las subidas al IVA cultural, mientras que las editoriales digitales directamente estamos fuera de él. Actualmente tenemos que grabar un e-book con un IVA del 21%, mientras que los libros en papel van con un 4%. Si hacemos caso a los rumores esto puede cambiar un poco, pero solo gracias a perjudicar a los editores que publican en papel. Se verá.
  • El futuro de los readers. Ya está hablado y más que hablado. Yo personalmente temo por el futuro de la tinta electrónica, a pesar de ser mi apuesta personal para la lectura, debido a la gran avalancha de tabletas y smartphones de gran tamaño, (phablets), artilugios todos ellos, mucho peores para leer, pero que sirven para más cosas. Se verá.
  • Modelos de venta. Con DRM, sin DRM, en la nube con un DRM más llevadero, compra individual... ¿Se impondrá algún modelo? Nosotros solo tenemos claro que vamos a trabajar sin DRM, por respeto a quienes nos compran, pero obviamente nos afecta si un modelo u otro se impone con claridad. Se verá.
  • Papel versus Digital. Como ya ha dicho Amalia en alguna ocasión casi cansa el debate. Porque sinerrata ha elegido un camino, sí, pero un camino que sobre todo consiste en publicar libros. El soporte no debería ser el centro del debate, aunque lo seguirá siendo mucho tiempo. Se verá.

Bueno, y esto es tan solo una parte. Sumen ustedes la crisis económica, de la que va a costar salir, la competencia con cada vez más formas de ocio, digitales o no, y cualquier otra cosa que se les ocurra. Se verá, se verá..., ¿qué puede hacer una editorial como sinerrata? Pues no esperar a ver qué es lo que se ve y seguir trabajando, codo con codo con los escritores, y escuchando a los lectores. Esperamos seguir caminando, y hacerlo bien acompañados, como hasta ahora.

jueves, 30 de enero de 2014

El e-reader busca su hueco, en USA y aquí

Una de mis lecturas de esta mañana ha sido un artículo de Paula Corroto, en Diario Turing, el magazine sobre tecnología de El Diario, hablando sobre el panorama de ventas de tabletas y e-readers en los Estados Unidos; un país en el que siempre hay que fijarse porque lo que ocurre allí indefectiblemente acaba por trasladarse a España.

Realmente no da ningún dato que chirríe, ya que ya desde el propio titular constata lo que todos vemos a diario: las tabletas se venden muchísimo, pero a la gente que le apasiona leer le gusta hacerlo en e-reader; cuando no lo hace en papel, claro.

Un dato que me tranquiliza es que, aunque sea moderadamente, el número de hogares que tiene un lector electrónico sigue aumentando en USA, ya que realmente a veces temo por el futuro de este tipo de dispositivos.

Realmente los gadgets juegan su propio juego de las sillas: los ordenadores portátiles desplazan a los de sobremesa, empiezan a verse tabletas lo suficientemente potentes, y con teclados como periférico que pueden llegar a desplazar a los portátiles, las tabletas, (de nuevo), han arrinconado en parte a los e-readers, porque aunque sean peores para leer sirven para más cosas, y los smartphones son una especie de plaga bíblica que podrían llegar a desplazar, por ejemplo, a las tabletas de gama media-baja.

En todo este maremagnum, los e-readers buscan su hueco.