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viernes, 6 de octubre de 2017

El libro electrónico pisa la moqueta del LIBER

Tengo que reconocer que en la edición de este año en el LIBER, que en el momento de redactar estas líneas vive su última jornada, (6 de octubre), se han propuesto seriamentes modernizarse, y han abierto sus puertas, permitiendo que ocupen espacios propios, al libro electrónico y a la autoedición.

No queda ahí la cosa, sino que tal y como podemos leer en prensa, en las mesas redondas se han tocado, o se están tocando, temas tan interesantes como Nuevas Tecnologías y el fomento de la lectura, Nuevos proyectos digitales para niños, o Videojuegos y literatura. Eso sí, me temo que no podemos seguir adelante con nuestras vidas si no hay también una mesa dedicada a Piratería y edición.

La presencia del libro electrónico en LIBER se concreta, lo explican muy bien en este artículo de Ritmo21, como os decía, en un espacio propio, que ha sido denominado Zona Digital, (lo criticaría, pero no se me ocurre un nombre mejor ahora mismo). Este espacio lo han compartido, y comparten aún durante el día de hoy, por un lado las empresas que dan servicio a las editoriales, como empresas de software de gestión de metadatos, o distribuidores, y por otro, empresas al servicio del usuario final, el lector, como servicios de streaming de audiolibros, tiendas de e-books o redes sociales para lectores. El espacio ha acogido también diversas charlas de temas relacionados con la venta de libros electrónicos.

Sé que hay gente que es muy escéptica a la hora de valorar este tipo de eventos. Por supuesto, hay vida al margen de ellos, pero es en estos foros donde se da la posibilidad del cierre de acuerdos importantes, porque siempre será mejor estar, que no estar.

Eso sí, algunos periodistas se empeñan en seguir resaltando las fricciones que ha causado la irrupción del libro digital, y ninguna de sus virtudes. Pero insisto, se ha pisado moqueta y eso es importante. Estar, donde hay que estar, con el resto de los libros.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Negando lo evidente

©Ros
Confieso que no siempre entiendo las viñetas de Ros y esta, aunque la entiendo, no consigo ponerla en contexto. ¿Es una crítica o una alabanza? La conclusión a la que he llegado es que es tan buena que puede ser las dos cosas, dependiendo de los ojos que la miran. Para mí es claramente una alabanza, pero puedo entender cómo para otra persona sea una crítica: el libro electrónico, una vez más, como hermano pobre del papel, como símbolo de una pérdida (ese precioso edificio y todo el contenido de la biblioteca nacional, aunque el contenido no desaparece solo cambia de formato y en consecuencia ocupa un espacio, y un volumen, distinto).

Si este fuera el caso, el de la crítica, se me ocurre argumentar que el edificio no se pierde, si se necesita menos espacio para almacenamiento tendremos más para realizar otras actividades relacionadas con el libro la lectura, y, sin embargo, a cambio conseguimos que todo el saber, la literatura y entretenimiento que antes se encontraba entre esos muros ahora esté disponible para cualquier persona en cualquier parte del mundo y no solo para los que tuvieran la suerte de vivir en sus proximidades.

Tengo la sospecha de que muy probablemente se trate de una crítica, quizás porque me he malacostumbrado a que a los libros digitales les lluevan de esas por todas partes, principalmente desde el propio mundo editorial. Y precisamente por eso, me sentí muy identificada con algunos párrafos de este artículo de The Digital Reader de hace unos días. Dice Nate Hoffelder, su autor: 

“The major publishers are dead because they bet against digital, which is the future.
The thing about the major publishers is that they thought they could make the market go where they wanted”.

O, en una traducción libre: “Las grandes editoriales están muertas porque apostaron en contra del formato digital, que es el futuro. El problema de las grandes editoriales es que pensaron que podrían hacer que su mercado fuese en la dirección que ellas querían”.

Lo que más me preocupa (y a veces me enfada) es que para justificar esta decisión de no apostar por el libro electrónico, se maquillan los datos de ventas, y los de las descargas ilegales, y se publicitan ampliamente para convencernos de que el libro impreso no solo sobrevivirá, cosa que por otra parte nunca he dudado, sino que está creciendo en ventas y terminará acabando con el formato digital, que cada vez vende menos. Además, los libros electrónicos no solo nos hacen cada vez más tontos, sino que están acabando con los ingresos de editoriales y autores...

No es la primera vez que hablamos de esto aquí y puede que no sea la última. No llego a ser tan drástica como Hoffelder y realmente no creo que las grandes editoriales, o cualquiera que no apueste por la edición digital, estén muertas, pero sí estoy convencida de que están perdiendo un tiempo valiosísimo en mantener el statu quo, peleando con un monstruo que no va a desaparecer y que, si se pararan a pensarlo, no es en absoluto su enemigo. Pero, como decía mi abuela, no hay peor sordo que el que no quiere oír.

jueves, 27 de julio de 2017

Verano, lectura y vacaciones

Derechos de la imagen: mac.rj via Visualhunt / CC BY
En cualquiera de sus combinaciones estas tres palabras consiguen ponerme inmediatamente de buen humor y apuesto a que a vosotros también. Incluso si alguna de ellas falla, ¿verdad? Que podáis disfrutar de unas vacaciones, lamentablemente no podemos garantizarlo, pero el verano está efectivamente aquí (vale, esto no es mérito nuestro) y en lo que definitivamente podemos contribuir es en el apartado de las lecturas.

No solo tenemos un catálogo de lo más completito para amenizar este tiempo de descanso o de ritmo más lento, incluyendo la última aventura de nuestro querido cabo Holmes, sino que además ya os propusimos en una entrada anterior una estupenda selección de lecturas recomendadas por nuestros blogueros literarios de cabecera y otros amigos de la editorial.

Pero como no solo de libros viven los lectores —y como ya sabéis somos firmes defensores de que lo importante es leer independientemente del contenido o el continente— aquí os dejamos ahora una breve selección de lecturas ligeras relacionadas con la literatura y las vacaciones, para disfrutar a la sombra o al sol:

Sea cual sea el formato, género y destino elegido, ¡qué tengáis un feliz verano y muy buenas lecturas!

viernes, 7 de julio de 2017

La trampa de los números (y los titulares)

La semana pasada me topé con este artículo en El Periódico sobre los resultados de un estudio de la Generalitat de Catalunya sobre los hábitos de lectura de los catalanes en 2016 a través de un buen número de entrevistas. Las conclusiones son de lo más interesante, como que el porcentaje de catalanes mayores de catorce años que lee en algún momento y en cualquier tipo de soporte crece cada año y ya alcanza más del 95%, con un casi 68% que lee libros, y ¡el 90% lee al menos una vez a la semana! Aquí se incluyen libros, periódicos, revistas, cómics y webs, blogs y foros de internet pero, como ya hemos dicho en otras ocasiones, para nosotros leer es leer es leer, independientemente del formato y el tipo de contenido.

Es verdad que esa cifra, la de los lectores frecuentes, desciende este año casi tres puntos con respecto al anterior, aunque la bajada se centra en la lectura de periódicos y cómics, mientras que sí crece en libros, casi seis puntos, y en internet.

 
A pesar de estas buenas noticias, en general, para todos los que nos dedicamos a esto de los libros, con una subida también en el número de lectores que leen libros por placer, el artículo decide destacar en su titular que el 85% de los libros electrónicos que se descargan son piratas. Así, literalmente. Obviamente, la primera reacción es llevarse las manos a la cabeza; es un porcentaje bastante alto pero, quizá también por eso, digamos que resulta sospechoso (llamadme desconfiada). Y, curiosamente, solo hay que ir al informe original del estudio, publicado por la Generalitat, para darse cuenta de que las sospechas resultan ser ciertas. En la página 93 de dicho informe se especifica que el 65% de los lectores digitales solo consume libros GRATUITOS y casi el 25% tanto de pago como GRATUITOS, mientras que prácticamente el 10% solo descarga libros electrónicos de pago. Nótense las mayúsculas: el informe, y por tanto la pregunta que se hizo a los entrevistados, era si leían contenido de pago o GRATUITO, no de descarga ilegal (o "pirateado").


Solo en Amazon hay más de sesenta mil libros gratis, y el número de páginas web que ofrecen contenido gratuito y absolutamente legal es prácticamente incontable. ¿De verdad que a estas alturas de la película todavía hay que seguir criminalizando al lector digital y por tanto al formato electrónico? Y, ¿es necesario hacerlo de forma tan burda?

  

jueves, 22 de junio de 2017

A vueltas con el IVA (de los libros electrónicos)

Derechos de la imagen: fdecomite vía Visual hunt / CC BY
No es la primera vez que hablamos de esto y probablemente no será la última, el asunto de la equiparación del IVA que se aplica a los libros de papel, reducido del 4%, al IVA de los libros digitales, el normal del 21%, más que un asunto fiscal parece un culebrón analógico.

Si a finales del año pasado, en esta entrada de Javi de Ríos, nos congratulábamos con lo que parecía el fin de un sinsentido (que los libros electrónicos tributen a un tipo más alto, basándose en una diferencia de formato, no de contenido, que es exactamente igual de cultural que el del libro impreso), solo unos meses más tarde el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, en un alarde de modernidad y de estar a la altura de los tiempos que corren, sentenció que los ebooks, porque se comercializan sin un soporte físico sino de forma electrónica, se consideran servicios y por tanto no pueden beneficiarse de un IVA reducido. Ahí queda eso, una lógica aplastante, ¿verdad?

Afortunadamente, en mi opinión, los eurodiputados (o al menos algunos) tienen una mente más abierta y, sobre todo, más al día, y votaron por mayoría este mismo mes en la Eurocámara una propuesta para igualar, a la baja, el IVA de los dos formatos. Pero con este historial, cuando leí la noticia me guardé mucho de cantar victoria aún y, efectivamente, apenas esta semana conocemos que los titulares de economía y finanzas de la Unión Europea no han sido capaces de llegar a un acuerdo para esta equiparación, por vaya usted a saber qué motivos.

Cualquiera diría que estamos hablando de perdonar la deuda de los bancos o de amnistiar fiscalmente a defraudadores millonarios, temas controvertidos y sin duda generadores de conflictos morales entre los que nos gobiernan y regulan. Pero no, simplemente es una cuestión de tratar fiscalmente con el mismo criterio a un mismo contenido que se comercializa en formatos diferentes. O eso me parece a mí, claro

viernes, 26 de mayo de 2017

Los “piratas” también cambian de hábitos

Créditos de la imagen priittammets vía VisualHunt.com / CC BY
Aunque es una información que ha pasado prácticamente inadvertida, o al menos yo no he visto mucha discusión sobre el tema, el mes pasado se presentaron los resultados del Observatorio de la Piratería correspondientes al 2016 (no puedo evitar comentarlo: vaya tela con el nombre).

Estos datos normalmente me los tomo con mucha cautela, porque tanto por cómo se calculan como por las conclusiones que la industria saca de ellos, en mi opinión son tremendistas, exagerados, poco realistas y, lo más importante, poco productivos. Se obtienen, muestran y publicitan con el objetivo de criminalizar y obtener beneficios laterales (cánones y acciones del estilo) que poco sirven para resolver una situación que sí existe, nos preocupa y que de alguna forma tendremos que afrontar: la descarga de contenido de forma no legal. Pero, a lo que iba, resulta que, aunque aún de forma no demasiado significativa, la cantidad de contenido descargado y no comprado ha descendido el año pasado con respecto a 2015 en prácticamente todos los sectores. Concretamente en el del libro un cuatro y poco por ciento.

A mí me parece buena noticia, no solo por el descenso de la mal llamada piratería en sí misma, sino porque podría indicar que por fin estamos empezando a hacer alguna cosa bien, y no solo nos dedicamos a clamar al viento, pedir medidas punitivas y compensaciones económicas, que hasta ahora no habían parecido servir de mucho. ¿Es posible que el aumento del contenido disponible y la mayor oferta y consumo en plataformas de “tarifa plana”, entre otros motivos, tenga algo que ver con ello?

Yo me atrevo a decir que sí, más después de echarle un vistazo a un estudio muy interesante sobre el tipo de persona que descarga contenido ilegal, que aunque no se ha realizado en nuestro país creo que puede ser en cierto modo extrapolable. Según este estudio, los mal llamados piratas son sobre todo hombres, de mediana edad y con ingresos medios-altos. Según ellos mismos declaran en la encuesta si descargan ilegalmente en lugar de comprar es mayoritariamente porque les resulta más fácil, en segundo lugar porque el contenido legal es demasiado caro y en tercero porque no está disponible de forma legal. Y ahí, creo yo, está la clave: pongámoslo fácil, olvidémonos del DRM y trabas de este estilo, de tiendas que piden hasta el NIF para hacer una venta, de universos cerrados y precios astronómicos. Si es más fácil comprar que descargar podemos ganar la batalla.

viernes, 19 de mayo de 2017

Así va el libro digital en España y América Latina según Libranda

Antes de empezar con lo prometido, un pequeño preámbulo, yo creo que positivo, y es tan solo comentar que por fin tenemos casi todos claro lo que es Libranda, ni más ni menos que una, la más importante en español, distribuidora de libros digitales, que entre sus cometidos tiene, como ahora, proporcionarnos lecturas sobre lo que está ocurriendo en el sector. Me acuerdo lo que comentaba, hace ya más de seis años, sobre esta plataforma cuando nació:
Para empezar ni siquiera deberíamos estar hablando de Libranda. Quiero decir, Libranda es tan sólo una distribuidora, hasta ahora nunca nos hemos preguntado quién se encargaba de distribuir los libros de nuestras editoriales y autores favoritos. Lo que habría que valorar son las otras dos patas de este taburete. Por una lado, habría que valorar qué políticas de precios están siguiendo todas y cada una de las editoriales integradas en Libranda y por qué todas optan por usar un DRM nefasto para la experiencia de compra, y por otro lado, habría que valorar, una a una, qué servicio nos están dando las diversas librerías online que se van asociando a Libranda para vender su catálogo.
Y vamos con el tema de hoy. Han presentado muy recientemente un estudio sobre la evolución del mercado del libro digital en español durante el año 2016, como ya hicieron sobre lo acaecido en 2015, así que cada vez tenemos más datos para opinar sobre ellos. Lo ideal sería sumergirse en el informe original, pero nos podemos quedar con el resumen que hacen en El Diario.es, bastante completo y expuesto de forma muy sencilla. Algunos datos interesantes, muy brevemente:
  • La venta de libros digitales ha subido durante el año 2016 un 5,4% (un 4,8% si hablamos de pasta). Siempre he pensado que en el caso del libro esto no iba a ser una revolución, sino una evolución. Yo personalmente me conformo con que esto siga así, y solo pido que suba también la venta de libros sumando todos los formatos, porque al final hablamos de libros.
  • Las tarifas planas crecen un 94%. Ya os hemos hablado aquí muchas veces de este tipo de plataformas, así que no me voy a liar a dar nombres. Me parece un crecimiento muy interesante, sobre todo teniendo en cuenta que a diferencia del contenido audiovisual, poca gente lee lo suficiente como para que el precio sea "un chollo". Pero a nada que compres tres o cuatro libros al mes te puede empezar a interesar. Curiosamente no logro entender como en el diario El Mundo titulan, hoy en día, En busca del netflix de los libros, cuando existe, desde hace tiempo, y hay muchas opciones.
  • Las grandes plataformas internacionales se quedan con casi el 80% del mercado. En España estábamos ocupados protestando y el sector se empezó a mover tarde. Hay pequeñas plataformas tan interesantes como Lektu, editoriales que venden sus propios libros, o las empresas españolas "de toda la vida", pero la fuerza de Google, Amazon y algún otro actor fuerte, como Kobo, dejan pocos resquicios.
  • Terrible caída de las compras en bibliotecas para préstamo digital. En este caso se debe a la dejadez del Ministerio de Cultura; daría para una reflexión aparte.
  • Los precios de venta ya no son excusa. Para mí un precio medio de 6,4 euros es más que razonable, y se parece a lo que pedía hace años. Es una media, habrá libros demasiado caros, de editoriales que publican digital a regañadientes o de libros que lo merezcan por la razón que sea, pero eso también significa que hay infinidad de ebooks más baratos.
Y en esencia esto es todo. ¿Opiniones?

P.D.: Algunos datos más, en este caso de un artículo en El Periódico. Parece ser que el crecimiento del libro digital donde sí se ha estancado es en Estados Unidos y en Gran Bretaña, aunque como explica Ernest Alós habría que tomarse las cifras con calma, debido al crecimiento del libro autopublicado, donde los e-books tiene un gran peso.

Otro aporte de este artículo es desmontar un mito: a día de hoy el precio medio del e-book es menor en España que en Estados Unidos. Y abundando en lo que decía antes, estoy seguro que el precio medio del libro digital en España bajaría mucho si el estudio incluyera de forma exhaustiva la autopublicación.

jueves, 16 de febrero de 2017

Braibook, el dispositivo de lectura que "traduce" al braille

Creo que no sorprendo a nadie si afirmo que, en el caso de la adopción como algo cotidiano del libro electrónico hay una gran resistencia que no hemos visto, por ejemplo, con los soportes digitales de la música o el cine; soportes que cambian a una velocidad vertiginosa.

Las causas son múltiples, y van desde lo insólitamente perfecto que es un libro impreso para cumplir su función, hasta la falta de confianza de algunos lectores, pero sobre todo se debe a las reticencias de la industria editorial, tanto grandes como pequeños diría yo, que ven en el libro electrónico un enemigo, cuando solo es un formato de lectura más. Entiendo que hay problemas, como el de la piratería, que existe, aunque siempre se sobredimensione, que crean incertidumbre sobre los modelos de negocio en torno al libro electrónico, una vez que (casi) todos tenemos claro que el DRM más que una solución era otro problema.

Pero, ¿por qué casi nunca se habla de las ventajas del libro electrónico?, porque existen, y de variada naturaleza. Existen ventajas para los lectores, como el hecho de llevar cientos de lecturas en un solo dispositivo; existen ventajas, aunque parezca mentira, para la industria editorial, como la eliminación de excedentes, de invendidos, y lo sencillo que, en teoría, es distribuir tus textos por todo el mundo; y existen lo que yo llamaría ventajas para la sociedad, como el caso que hoy os traigo.



He encontrado la información sobre el Braibook en lo que parece ser la web de un concurso de emprendedores, en el que el proyecto ha obtenido una ayuda para salir adelante. En dicha web lo definen como un libro electrónico para personas ciegas. Yo me he decantado por una palabra mucho más genérica, dispositivo, ya que este aparato se aleja mucho de la típica idea que nos viene a la mente al pensar en un lector electrónico. No tiene pantalla, ni de tinta electrónica ni de otro tipo, ya que su función es, como explican en el vídeo, traducir de cualquier formato al braille.

De todas formas, ya hemos hablado en alguna ocasión de que una función tan sencilla como la que en los lectores electrónicos permite cambiar a nuestro antojo el tamaño y el tipo de letra, tiene considerables ventajas no solo para personas con problemas leves de visión, también para lectores con dislexia.

¿Por qué no hablamos un poquito más de estas cosas?

viernes, 10 de febrero de 2017

Titulares alarmistas o cómo “vender” un artículo

Créditos de la foto: KatJaTo via VisualHunt / CC BY
Hace unos días casi me atraganto con un artículo de El Diario, que empecé a leer pensando, inocentemente, que se limitaría a enumerar, por enésima vez, los problemas de privacidad a los que los "terroríficos" libros electrónicos nos someten. Pero no, esta vez todavía era peor: utilizando una explicación técnica que ni si quiera los que nos dedicamos a esto podemos seguir muy fácilmente, afirmaba que los libros digitales son vulnerables a ataques de hackers que podrían robar nuestros datos a través de la wifi. Lo que nos faltaba.

Gracias a este otro artículo de The Digital Reader [en inglés], y tras otra explicación técnica, descubro que el problema no solo ya está solucionado sino que es bastante improbable que haya generado ningún ataque efectivo. Pero, ¿dice algo de esto el artículo de El Diario? No; en cambio, nos deja con la impresión de que si hemos comprado libros electrónicos en Amazon, Google o Apple, ya podemos dar por pirateados nuestros datos.

Y, por enésima vez, yo me pregunto: ¿es realmente necesario usar cualquier argumento para atacar a los ebooks? ¿O quizás es solo un recurso para conseguir más lectores gracias a un titular alarmista? O puede que el objetivo en esta ocasión sean las grandes plataformas. En cualquiera de los casos, no podía estar más de acuerdo con el último artículo de Manuel Gil en su blog @ntinomias libro: hay mucha desinformación (y yo me inclino por la segunda acepción del término, la que incluye intención) con respecto a la edición digital

jueves, 12 de enero de 2017

Lo que aún se puede mejorar en los libros electrónicos

Si cuando digo que me he aficionado a las listas… En fin, esta entrada viene a cuento de un par de artículos que he leído en las últimas semanas. En uno de ellos [en inglés], el autor se define como lector digital decepcionado por una serie de malas prácticas en los libros electrónicos. En el otro, más reciente, se enumeran las desventajas de los ebooks, algo que, textualmente, “se abrió paso como una espléndida invención sin pensar en los riesgos que entraña”. Aunque hay varias cosas en las que no estoy de acuerdo, básicamente en el segundo artículo, sí que es cierto que no todo son ventajas en la lectura electrónica y que aún tenemos varios aspectos que mejorar. Sin olvidar que no se trata de conseguir la perfección —imposible, por otro lado— ni de superar al libro de papel —esto no es una competición—, sino de conseguir una experiencia de lectura, sea en el formato que sea, lo mejor posible.
  • Encontrabilidad. Ya había escrito sobre esto hace algún tiempo y creo que seguimos sin dar con una manera razonable de superar la sobreoferta, entre novedades editoriales, fondo que nunca se agota y autopublicados. Y no, no me valen los tan manidos algoritmos, que pueden saber mucho de tendencias, gustos masivos, etcétera, pero no de lo que me gusta específicamente a mí como lectora ni de cuán buenas son nuestras novelas a pesar de que seamos una microeditorial.
  • Precio. Me resulta inconcebible que aún haya editoriales que vendan las ediciones digitales a un precio mayor que las de bolsillo, o que un libro electrónico de ficción pura y dura cueste 15€ o más, pero ocurre, y con frecuencia
  • DRM, y todo lo que conlleva: limitación de dispositivos, limitación de la lectura, imposibilidad (o elevada dificultad) de préstamo, limitación en la propiedad del libro. Hemos hablado de esto aquí en numerosas ocasiones y, si sois habituales del blog o conocidos de la editorial, ya estaréis al tanto de nuestra opinión. Nosotros, como cada vez más editoriales, publicamos sin ningún tipo de DRM.
  • Extra: Privacidad. Esta es, en mi opinión, una práctica que cada día estará más presente en nuestra vida como consumidores, promovida por las grandes plataformas y más allá del ámbito digital. En la librería de la esquina también saben qué libros compramos, nuestros géneros favoritos y nuestros hábitos de compra, y no por eso nos hemos quejado nunca. El truco, creo, es poder elegir qué información queremos compartir y cuál no.
Lo mejor de esta lista es que estos problemas ya se han solucionado y se evitan en ciertas editoriales/librerías/plataformas, luego no es imposible eliminarlos. Pero mientras no lo hagamos todos los que nos dedicamos a esto, el libro digital seguirá llevando la etiqueta de “malo”, aunque algunos seamos “buenos”.

jueves, 5 de enero de 2017

Nuestra carta a los Reyes Magos

Como los malos estudiantes, a última hora, pero espero que llegue a tiempo, me animo a escribir esta carta a los Reyes Magos para expresar una pequeña serie de deseos que estoy seguro que la editora de esta casa va a compartir.

A ver si hay suerte. Hemos sido buenos, eso seguro. Sabemos que corren malos tiempos para todos en general y para la cultura en particular. Que es tiempo más de smartphones y de videoconsolas que de libros, pero nosotros seguimos en la brecha.
  • La primera que cosa que espero, que esperamos, es que este sea el año en el que definitivamente se equiparen los impuestos indirectos de las publicaciones impresas y de las digitales, es decir, que el IVA de un libro digital sea el mismo que el de la misma obra en papel, porque como he dicho alguna vez "Un libro electrónico es un libro, estúpido".
  • Los que nos seguís la pista lo sabréis que tenemos abierta la recepción de manuscritos de género negro. Es decir, nos encantaría publicar a algún nuevo autor de novela negra. Todas las obras son bienvenidas, pero nuestro catálogo está pidiendo a gritos una buena escritora de género negro.
  • Sería deseable también que las editoriales digitales, como sinerrata, pudieran estar en pie de igualdad con el resto en cualquier Feria del Libro, ya que, de nuevo, un libro electrónico es un libro,... Sí, también en cierta feria muy importante.
  • Puestos a pedir, no estaría de más que alguno de nuestros escritores fuera invitado a alguna de las múltiples "citas negras" que existen
Pediría más cosas, pero ya se sabe que si te pasas luego no te traen nada. Así que milagros como que todo el mundo del libro pelee por la literatura, y deje de ver el libro electrónico como un problema, cuando solo es un formato más para ofrecer a los lectores, lo dejo para el año que viene.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Un libro electrónico es un libro, estúpido

Si doy por hecho que es cierta y definitiva la noticia que bajo el título Europa acaba con la discriminación del IVA electrónico publican en el magazine CTXT, puede suponer, de una vez por todas, el fin de la que es, para mí, una discriminación flagrante: la diferencia entre el IVA que el consumidor tiene que pagar al adquirir una misma obra literaria en formato papel (4%) o en formato digital (21%, el tipo máximo).

Cuenta el redactor de la noticia que España se va a ver abocada a equiparar los impuestos indirectos de las publicaciones impresas y de las digitales. Ahora está por ver si algún lumbreras decide que la forma de hacerlo es subiendo el IVA "al papel", que ya estamos aquí todos curados de espanto. De hecho, cada país de la UE podrá seguir fijando el IVA que quiera, ya que lo que se regula es la eliminación de esta absurda diferencia.

Está claro que para la editoriales, y los grupos de prensa también, que trabajan en formatos digitales, este tema ha supuesto un perjuicio económico, pero en el caso del mundo del libro, por decirlo de un modo rimbombante, ha supuesto un ninguneo a la calidad del trabajo de mucha gente. Hablo de trabajo bien hecho, en el caso de editoriales como sinerrata, que funcionan en todos los aspectos, menos en el del formato elegido, de forma convencional: apostando por la obra de un autor y defendiéndola contra viento y marea. Y añadiría yo, sin dejar nunca atrás a un libro anteriormente publicado, ya que en nuestro caso "no se agotan las ediciones", y un libro no se tiene que "apartar para dejar paso a otro".

Mucha gente ha jugado en este tema al despiste, intentando que se confunda publicar en digital con autopublicación, sin que tengan necesariamente que ser dos cosas que van de la mano. (Puede haber mucha calidad en la autopublicación, pero no hay filtros, y hay de todo). De algún modo muchos consideran un libro digital una especie de obra de tercera categoría, mientras que en los casos del cine y de la música ya todo el mundo ha asumido el vertiginoso paso de unos formatos a otros.

Para los amantes de las batallas cuando no debería haberlas, los que agitan contentos las estadísticas cuando al parecer dicen que el libro electrónico no crece todo lo rápido que debería, (su cuota de mercado, claro), decirles únicamente que lo que importa es la literatura, lo que importa es el contenido, y eso es lo que algunos amamos, venga en el soporte que venga. Leemos lo que nos cae en las manos, en digital o en papel según las circunstancias, porque lo que nos pierde no son los bits de información ni la celulosa: son los libros.

jueves, 29 de septiembre de 2016

IDEAS BOX, la idea, la solidaridad y el libro electrónico

Siempre estamos, desde sinerrata, pregonando, me temo que en el desierto, que aunque somos digitales, lo que amamos son los libros, y lo que nos importa es su contenido, y ayer, gracias a un artículo que subí a la página de Facebook de la editorial, se me ocurrió que podríamos poner un ejemplo de alguien, una ONG en este caso, que tuviera una iniciativa en marcha en la que el libro en papel y el e-book sumaran. Algún proyecto en el que nadie se planteara si un formato es mejor que el otro, sino que aprovechara las virtudes que, sin duda, ambos tienen para, como decía, sumar, aportar lo máximo posible a los lectores potenciales.

El artículo que os decía es este, firmado por el escritor Jorge Carrión en El País. Se titula El ‘e-book’ quiere ser como el libro de papel, y comienza hablando un poco por encima de libros eletrónicos, tabletas y su auge. Me gustaría hacer alguna consideración sobre los lectores electrónicos, que no sé si mete bajo el paraguas "libro electrónico" o simplemente no los cita, pero no es algo relevante hoy.


Para mí lo más interesante del texto es, al tratar del concepto de biblioteca y su evolución, que nos habla del trabajo de una ONG, Bibliotecas sin Fronteras, que a raíz de sus experiencias sobre el terreno, intentando llevar los libros y el conocimiento, han desarrollado un proyecto que han denominado Ideas Box.

La reflexión que esta ONG hace en su web es que hay situaciones de emergencia social, como los campamentos de refugiados, en las que una persona pasa, como media, la friolera de 17 largos años de su vida. Aparcar la cultura, los libros, durante tanto tiempo prácticamente supone renunciar de por vida, y aquí es donde surge la necesidad de crear una mediateca en kit estándar, que se puede transportar fácilmente y desplegarse en el terreno.

Diseñada por el famoso Philippe Starck cuenta con una fuente de energía autónomo, y su contenido se adapta a las circunstancias del lugar donde va a necesitarse: diferentes idiomas, diferentes culturas,..

Se monta en 20 minutos, y su contenido, respecto a la parte que nos interesa es: 250 libros de papel, 50 lectores electrónicos y miles de libros electrónicos. Como ves, le dan importancia al papel, porque la tiene, a que todos los niños y adultos que usen Ideas Box puedan acariciar los lomos de un buen libro, pero también son conscientes de que una vez tienes 50 e-readers los libros digitales ya no van a ocupar especio, y quien dice miles, dice cientos de miles, porque sí, si hablamos de 17 años la cantidad también cuenta.

Hablamos de una mediateca, así que también cuenta con televisión, cámaras de vídeo, conexión a Internet, juegos de mesa, y otras posibilidades que podéis conocer visitando el site del proyecto, donde también os podéis informar sobre cómo apoyarlo.

jueves, 25 de agosto de 2016

El debate eterno

Volvemos a recuperar el ritmo en el blog cuando el verano ha traspasado ya su ecuador y el mes clásico de las vacaciones, agosto, se va acabando, pero a pesar de la escasez de noticias y novedades típica de estas fechas el eterno debate del libro de papel frente al digital sigue sin agotarse (sí se agota, en cambio, mi interés por seguir leyendo/oyendo/escribiendo sobre lo mismo).

Esta misma semana compartíamos en Facebook el enésimo artículo sobre si es mejor leer en un formato o en otro (nuestra opinión: lo mejor es leer), sin ir más lejos, pero la pieza que más me ha hecho pensar sobre el tema es esta publicada en el diario Bez, escrita por Txetxu Barandiarán, a quien admiramos y seguimos en su excelente blog Cambiando de tercio.

Me ha gustado que en el artículo se desmitifica ese gran cambio que, según el autor, anunciaban los gurús de lo digital, aunque creo que difiero en el punto de vista. En mi opinión, ese cambio ha sucedido, en el ámbito de los libros al igual que en muchos otros, lo que no ha ocurrido es la debacle augurada por una parte del sector. Coincido también en que el futuro de lo digital es aún incierto y múltiple, lo que no me parece ni bueno ni malo. Seguimos en el proceso de cambio y todavía no es fácil prever cómo seguirá evolucionando. No creo, sin embargo, que el creador (escritor) piense en papel o en digital sino que puede que su obra sea creada como un texto adaptable al formato papel o al electrónico indistintamente o que incluya recursos multimedia más propios del medio digital. Y tampoco comulgo con la idea de que el libro digital termine dejando paso a la gamificación; es sin duda una posibilidad que con certeza será aprovechada, del mismo modo que artistas de la imagen pueden utilizar el vídeo o quedarse en la fotografía para desarrollar su trabajo.

Es esta última afirmación, la del juego como destino último probable de la evolución del ebook, la que incluso me enfurece, lo admito, pues una vez más me parece que se pretende defender un formato, el papel, simplemente ninguneando al otro, el digital.

jueves, 19 de mayo de 2016

Titulares que me gustaría leer sobre el libro electrónico

Desde que el ebook empezó a ser una realidad en el mundo editorial, y en el de los lectores, aunque por aquel entonces en muchos de los medios y blogs especializados, y no tan especializados, todo esto de lo digital era en el mejor de los casos un futuro lejano y en el peor, mera ciencia ficción, me desayuno, como, meriendo y ceno con todo tipo de artículos tremendistas que, o bien anuncian el fin de todo lo escrito y escribible, o denuncian el daño irreparable que el ebook hace a todos los que vivimos y amamos al libro y todo lo que lo rodea. Vale, igual estoy exagerando un poco, pero estoy algo cansada (y algo es un eufemismo) de tanto drama y tanta acusación muchas veces con dudoso fundamento.

Se me ha ocurrido entonces hacer una relación no exhaustiva ni ordenada de los titulares que me gustaría leer sobre el libro electrónico, en lugar de los que me sigo encontrando día sí y día también:

  • El libro de papel y el digital seguirán vivitos y coleando.
  • Las ventas de libros, sumando todos los formatos, siguen aumentando otro año más.
  • Los préstamos en las bibliotecas, ya sean en formato impreso o en digital, siguen en aumento.
  • Los editores se focalizan en encontrar nuevos y buenos textos y publicarlos en todos los formatos.
  • La lectura, sea en el formato que sea, nos hace más libres, más imaginativos y más inteligentes.
  • Los lectores afirman que cuando tienen mayor libertad de elegir el formato y modo de lectura, leen más.
  • El libro digital consigue llevar la literatura y el aprendizaje a todas las escuelas, universidades y lectores del globo.
Y que conste que esto que escribo no es estrictamente un alegato a favor del libro digital ni mucho menos en contra del de papel, sino un modesto pataleo ante esa guerra artificiosa, inútil y en mi opinión hasta dañina entre ambos formatos.

jueves, 11 de febrero de 2016

El precio de los libros o la mercantilización de la lectura

Ayer me encontraba con este breve en la web sobre libros y lectores electrónicos Todo eReaders, en el que se comenta y opina sobre unas declaraciones de Jeff Bezos, el mandamás de Amazon, acerca del precio de los libros. Dice Bezos que los libros en general y los ebooks en particular son caros y que si los editores quieren competir con otras formas de entretenimiento, como los juegos o las redes sociales o la televisión, tienen que poner precios más bajos. (He estado buscando la entrevista original a Bezos para poder valorar mejor sus afirmaciones y os dejo aquí este artículo en la web Venture Beat donde se mencionan, por si os interesa [en inglés]).

Es, en mi opinión, innegable que hay algo de cierto en esa aseveración. Hoy en día, la lectura compite con variadas formas de entretenimiento y los editores, entre otros actores, debemos pelear con todas nuestras armas para que siga siendo una de ellas. Y el precio es una herramienta nada desdeñable para conseguirlo. Pero, ¿es la única? O, yendo un poco más allá en mi reflexión, ¿es realmente el precio de los libros lo que relega la lectura a un segundo plano por detrás del Candy Crash, Facebook o Netflix, como se afirma en la entrada de Todo eReaders? Sinceramente, yo opino que no.

Para empezar, siempre ha habido y sigue habiendo opciones gratuitas para leer; estoy hablando de las bibliotecas, por supuesto, que ya ofrecen libros electrónicos. En el caso particular de los ebooks, también se pueden conseguir gratis o muy baratos, gracias, por ejemplo, a las ofertas de algunos puntos de venta. Además, tenemos a nuestra disposición varios servicios de lectura digital por suscripción, al estilo Netflix y a precios similares, como Nubico, 24symbols, skoobe, readify o scribd. Y no me vale el argumento de que para leer en digital hace falta comprarse un dispositivo que también es caro, porque se puede usar para ello el mismo aparato en el que se está jugando.

Lo que yo creo es que leer, por regla general, supone una actitud quizá más activa que estar sentado delante de una pantalla, es decir, que puede requerir de un mayor esfuerzo (escribo esta frase con muchísima precaución porque ni me refiero ni quiero entrar en el debate “intelectual”, menos aún cuando la participación en las redes sociales implica, entre otras cosas, leer), y que estamos fracasando garrafalmente en la promoción de la lectura, como sociedad. Hay muchas cosas que hacer a este respecto, entre otras trabajar para que el acceso a la lectura sea lo más fácil posible, lo que incluye por supuesto precios asequibles, pero no solo. Identificar el descenso en los índices de lectura con precios altos creo que nos impide ver el problema en toda su dimensión y además solo favorece a los agentes que pretenden simplemente mercantilizarla.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Contraargumentos para convencer a los reticentes al libro digital

Antes de empezar con esta entrada, quiero aclarar que no pretendo otra cosa que responder a algunos de los argumentos que he podido escuchar en contra de los libros digitales, en las típicas discusiones que los enfrentan con los libros de papel. Lo que desde luego NO es esta entrada es una afirmación de que los ebooks son mejores que los libros impreso o que hay que elegir el formato digital en detrimento del papel. Como siempre digo, lo importante es leer; el qué, el cómo y el cuándo dependen de la persona, el momento, el género y otras cosas más. Pero vamos a por los alegatos:
  • Leer en una pantalla no es nada placentero. Y estoy en parte de acuerdo, como tampoco es lo más agradable leer en folios sueltos o si tuviéramos que hacerlo en un rollo de papiro que ir desplegando y girando. Pero leer en formato digital no es, al menos exclusivamente, leer en el ordenador y cuando pruebas un lector electrónico —los hay de todas las marcas, colores y precios— la experiencia cambia totalmente (conozco mucha gente que lee en tableta o incluso en el móvil y cantan las bondades de estos dispositivos, pero yo sigo prefiriendo la tinta electrónica).
  •  Hay que acordarse de recargar la batería. Muy cierto, pero también hay que hacerlo con el teléfono móvil y no recuerdo haber oído a nadie esgrimir ese argumento para no usarlo. En mi humilde opinión, el resto de ventajas del aparatito (diccionario, capacidad de almacenamiento, portabilidad…) compensan el tener que enchufarlo de vez en cuando.
  • Es difícil concentrarse en la lectura y se distrae uno/a con facilidad. Esto puede ocurrir si leemos en una tableta, desde luego (los lectores de tinta electrónica no suelen servir para nada más que para leer), pero también es posible que suceda leyendo un libro de papel con el teléfono al lado (sobre todo si no se han desactivado las notificaciones). Si lo que leemos nos atrapa, no habrá nada que nos pueda distraer, independientemente de cómo lo estemos leyendo.
  • No se puede presumir de los libros que tenemos. No, definitivamente no se puede. Sin embargo, ¿no es una maravilla poder llevar contigo un buen trozo de tu biblioteca a un viaje, la cola del banco o el transporte público, sin tener que cargar más que con un pequeño dispositivo? Aunque nadie más pueda ver lo que hay en ella.
Esta no es, al menos para mí, una cuestión de competencia. No se trata de elegir uno de los dos formatos y defenderlo hasta la muerte, olvidando al otro, sino de escoger el que mejor se ajusta a tu estilo de lector y necesidades, lo que puede cambiar con la hora o el día. Lo que sí tengo claro es que todos los argumentos, en una dirección y en otra, son rebatibles y a menudo subjetivos, y que la radicalidad, como en casi todo, no hace ningún favor a esto que nos ocupa, que es básicamente la lectura.

jueves, 22 de octubre de 2015

Libros enriquecidos


Hoy tenía otro tema para esta entrada, pero un artículo que he leído esta misma mañana del siempre interesante Manuel Gil, me ha hecho recordar que hace tiempo que quería compartir aquí mis particulares opiniones sobre los llamados libros enriquecidos.

Ya desde el principio de la revolución digital en el mundo del libro, muchos de sus defensores incluían entre sus argumentos la posibilidad de enriquecer los ebooks. Esto es, básicamente, añadir a los libros contenido multimedia, como vídeo y audio, además de aprovechar las enormes posibilidades del nuevo formato para crear vínculos y enlaces que permitan la interacción por parte del lector, saltos en el texto, finales alternativos, añadir materiales extra y mil cosas más. No hace falta imaginar demasiado para darse cuenta de las ventajas que esto supone para casi cualquier tipo de libro, pero en concreto para el libro de texto y divulgativo, campo en el que ya hay varios ejemplos espectaculares, o para el libro infantil.

Transcurridos unos cuantos años, el libro digital es ya el presente y sin embargo es cierto que los libros enriquecidos no han llegado aún a explotar, al menos desde el punto de vista de la cantidad de títulos presentes en el mercado, aunque las prediciones anteriores parecían indicar lo contrario. En este tiempo han aparecido también algunos artículos en los que se revisan los posibles motivos de este hecho, que en mi opinión se pueden resumir en un par de puntos:
  • El coste de producción. Que la tecnología permita añadir estos enriquecimientos a los libros electrónicos no quiere decir que sea barato. De hecho, en muchos casos es todo lo contrario, si tenemos en cuenta los gastos de producir los materiales multimedia, por ejemplo, o que los costes de composición/maquetación aumentan. En unas condiciones en las que las ventas de libros en general han disminuido y los editores están pasando por una situación económica más apretada, no siempre es fácil afrontar proyectos que requieren una mayor financiación.
  • El precio de los libros electrónicos y aplicaciones. Rentabilizar la inversión (del punto anterior) manteniendo los precios que el mercado admite, que en la edición digital son sensiblemente menores, puede resultar complicado.
  • Géneros y temáticas. Hay cierto tipo de libro que se beneficia claramente de estas características especiales, como comentaba unos párrafos más arriba, pero sin embargo otros, como la ficción pura y dura, no tanto. Admito que este argumento es puramente personal, pero a mí, como lectora, no me resulta del todo confortable cuando hay algo que me rompe el ritmo de lectura, si tengo que ir siguiendo enlaces, yendo y viniendo por el texto o viendo vídeos.
A pesar de todo ello, también opino que los editores (y por supuesto también me incluyo) hemos incorporado la edición digital a nuestros hábitos de papel y muchas veces nos olvidamos de todas estas posibilidades.

jueves, 15 de octubre de 2015

Mercado digital europeo

Este año, por diversos motivos que ahora no vienen a cuento, no he podido asistir a Liber. Tras leer las crónicas de Manuel Gil y Bernat Ruiz, me quedo con la sensación de que no me he perdido demasiado, pero lo cierto es que me hubiera gustado ver amigos y colegas (o amigos-colegas) y haber escuchado alguna que otra charla que prometía ser interesante. Una de ellas es una mesa redonda sobre el impacto del mercado único digital europeo en el modelo de negocio del sector editorial, de la que hacen una previa en la web cultural Dosdoce.com

Puede sonar contradictorio, por innecesario, que en un escenario digital en el que todo parece estar a nuestro alcance, la Unión Europea se plantee tomar una serie de medidas para potenciar un mercado digital europeo. Al fin y al cabo, a golpe de click podemos comprar casi cualquier cosa de cualquier parte del planeta, ¿o no? Sí y no, o sí pero con limitaciones, ya que hay una serie de aspectos que no nos lo pone tan fácil o que hace que nuestros derechos como consumidores no sean respetados de la misma manera que en el mercado físico, ya regulado en ese sentido desde hace tiempo.

Obviamente, este proyecto de la Comisión Europea tiene en su punto de mira todo el ámbito del mercado digital e incluye todo tipo de bienes y servicios, pero dejadme que arrime el ascua a mi sardina y me centre en la parte que le toca al libro electrónico. Desde mi punto de vista, los aspectos específicos que habría que considerar en cuanto a los libros digitales son los siguientes (la lista no pretende ser exhaustiva y el orden es absolutamente arbitrario):

  • Copyright. En un ámbito más general, no solo en el digital, sería interesante unificar la legislación en cuanto a los derechos de autor en todos los países europeos, de forma que todos los editores nos ubiquemos en un mismo marco legal.
  • DRM. Aunque parece que los sistemas de protección de los libros electrónicos van derivando hacia versiones menos rígidas y más amables para los usuarios-lectores, en mi opinión es imprescindible renunciar de forma global a cualquier método que limite el uso de los ebooks por quienes los compran.
  • Formatos. El uso generalizado de un formato estándar y abierto para los libros digitales es el camino a seguir en este mercado común. Considero fundamental que cualquier ebook comprado en cualquier tienda digital pueda ser leído en cualquier aplicación y dispositivo.
  • Impuestos. No me voy a repetir ahora con la necesidad de igualar el IVA de los libros digitales a los impresos, pero además, este impuesto debería ser el mismo en todos los países y así nos evitaríamos fugas de impuestos y competencias no del todo leales.
  • Bloqueo geográfico. En un mercado global como el digital cada vez tiene menos sentido la limitación geográfica en los contratos de cesión de derechos de autor, que tanto editores como autores y agentes literarios deberíamos trabajar para eliminar definitivamente.
Al margen de estas peculiaridades, me gustaría añadir un factor que no por más generalista es menos importante: el acceso a internet de calidad y a precio razonable. Si queremos un mercado digital funcional y exitoso necesitamos que el público en general pueda acceder a él de forma lo más fácil posible.

Todo esto sería un gran empuje para la Unión Europea, sus empresas digitales y sus ciudadanos, pero además, volviendo a nuestro sector, creo que podría proporcionar una posición de ventaja a los editores frente a las plataformas digitales con un ecosistema cerrado al unificar formatos, impuestos, condiciones, etc.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Editoriales digitales: pequeñas, especializadas y muy interesantes

Es bonito ver, cuando tienes una idea clara, e intentas ponerla en práctica, que no estás solo. Desde sinerrata hemos dicho en multitud de ocasiones que no renegamos del papel, todo lo contrario: somos lectores de libros, independientemente de su formato, y como editorial también ofrecemos el libro en papel, aunque en nuestro caso es "un complemento".

Nosotros, inicialmente, publicamos narrativa contemporánea, aunque la colección de novela negra es la que crece a mejor ritmo. Hoy nos gustaría hablaros de tres editoriales que consideramos amigas, y que comparten con nosotros la condición de ser nativos digitales. Compartimos también una filosofía de respeto al lector, que implica, por ejemplo el evitar el uso de DRMs que supongan dar datos personales a terceras empresas, o la descarga de programas. En definitiva, no molestar a la persona que se ha comprado uno de nuestros libros. Entre ellas comparten, además, el hecho de ser especializadas en un tipo de literatura.

Empezamos presentando a 2709 books, que como ellos mismos nos cuentan comienza publicando narrativa africana para dar voz a un continente que cuenta con 55 países y casi 1000 millones de habitantes, pero del que tenemos una visión incompleta y bastante estereotipada.

Ellos, o mejor debería decir ella, ya que Marina M. Mangado es el alma mater de este proyecto, miman las obras, a los autores, y también a los traductores, que son uno de los puntales de la editorial.


La segunda editorial que os queremos presentar se llama Chidori Books. También les cedemos la palabra para que nos cuenten que nacen de la unión de dos grandes pasiones: los libros y Japón. Es por este motivo que nos hemos fijado como objetivo primordial aproximar el País del Sol Naciente a los lectores en lengua española, no solo a través de las más consagradas figuras literarias japonesas, sino también mediante autores desconocidos para el gran público occidental.

Detrás de esta editorial está Margarita Adobes, apostando por escritores japoneses, pero también por autores occidentales que nos ayuden a entender mejor la cultura nipona.

Por último, pero no menos importante, toca hablar, de Fata Libelli. De nuevo, al parecer la literatura digital está en manos femeninas, dos mujeres, Silvia Schettin y Susana Arroyo, que han puesto en marcha una editorial especializada en fantasía y ciencia-ficción.

Nos cuentan que se centran en la publicación de relatos y novelas cortas, sobre todo de autores extranjeros hasta ahora inéditos en español. Al parecer su principal objetivo es dominar el mundo, pero mientras tanto sus publicaciones se centrarán en la literatura fantástica contemporánea y ya podemos confirmar la presencia en nuestro naciente catálogo de autores como Peter Watts, China Miéville, Tim Pratt o Elizabeth Bear.

¿Y por qué somos todos digitales? Las razones que podemos entresacar de una y otra web, también las compartimos. En principio la intención es llegar a los lectores, independientemente del país en el que vivan, porque creemos que el libro electrónico tiene futuro, y como una clara apuesta por las nuevas formas de lectura, sin que esto suponga en ningún momento renunciar a lo que ya conocemos.