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jueves, 8 de junio de 2017

La lectura nos hace más...

Foto vía Visual hunt
En un día cualquiera, no es difícil encontrarse algún artículo o entrada en redes sociales sobre las infinitas bondades de la lectura: que si nos hace más listos, más empáticos o incluso mejores personas. Estoy de acuerdo con todas estas afirmaciones, pero hoy me encuentro con un escrito en Letras libres que parte una premisa completamente opuesta, y que me consta también es cierta al menos en determinadas personas: leer nos hace (a algunos) más arrogantes.

Llegados a este punto, me pregunto si ir al cine o al parque o dedicarse al macramé también puede tener el mismo rango de efectos secundarios, desde lo mejor a lo peor, aunque en el fondo creo que la actitud de cada uno con respecto a sus aficiones y las de los demás tiene más que ver con nuestro carácter o forma de ser que con la afición en sí misma. Pero esa es otra cuestión.

Sí tengo la sensación de que cuando nos convertimos en evangelizadores de la lectura —y como lectora y, sobre todo, editora, mal iría si no lo fuera— de alguna manera estamos diciendo que si lees eres mejor que si no lo haces. Pero, al menos en mi caso, lo que pretendo es que todo el mundo disfrute tanto como yo lo hago con un libro, que nadie se prive de aprender, viajar, vivir aventuras, suspense o incluso miedo, de una forma tan placentera como a través de la lectura. Mi mensaje, y el de muchos, es “no te pierdas la pasada que es leer” y no “leyendo serás más guay”. Al fin y al cabo, esto puede ser una competición que no se acaba nunca: ¿es mejor leer ficción o ensayo o biografía? ¿Clásicos o novedades? ¿Juvenil, novela negra, ciencia ficción...?

Pero, en todo caso, si alguna vez has tenido la tentación de mirar por encima del hombro a alguien que no lee, te recomiendo el artículo de Letras Libres, para recuperar un poco de humildad (lectora).

jueves, 2 de febrero de 2017

Promoviendo la literatura a golpe de hashtag

Por mucho que a algunos nos apasione este mundo, hay que reconocer que en ocasiones las redes sociales se convierten en un magma indigerible de posturas enconadas, información que no nos interesa, bulos... Y tengamos en cuenta que además de las grandes marcas ya han desembarcado en ellas todo tipo de famosos, políticos e instituciones. Algo en principio lógico e interesante, pero que nos obliga a seleccionar con quién interactuamos de forma más rigurosa, si queremos que la experiencia en Internet sea positiva.

Por eso, cada vez que en redes vemos una campaña promoviendo la literatura es una pequeña alegría, especialmente si son interesantes y están bien hechas, y en algunos casos es así. Aclarar que la piedra de toque para una campaña suele ser un hashtag bien escogido, que se convierte en un vínculo que le lleva a una búsqueda de la palabra. Matizar también que donde mejor funciona esta herramienta es en Twitter, pero aunque menos gente lo use en otras redes como Facebook también pueden resultar de utilidad. 

Vamos con algunos ejemplos de campañas:
  • #100lecturasafricanas: Una campaña puesta en marcha desde el blog LitERaFRicAs, de Sonia FQ. He tenido la suerte de participar y realmente hay mucha gente siguiéndolo. Durante 100 días otras tantas personas hacen su recomendación personal, un título que quieran recomendar a la comunidad internetera interesada en la literatura africana.
  • #AdoptaUnaAutora: Según las palabras de la propia impulsora de la idea se trata de un "proyecto para dar a conocer la vida y obra de escritoras de cualquier época, país, lengua, religión, raza, cultura…" El tema va más allá de hacer una recomendación, sino que realmente tienes que ejercer de progenitor de la autora, hablar de ella durante tiempo indefinido y compartir en redes aspectos interesante sobre su vida y su obra. Si os interesa el tema aquí tenéis las condiciones para participar.
  • #PríncipeRana: Como más de uno habrá intuido, esta iniciativa las las tuiteras @nosololeo y @lecturinalove va de literatura romántica. O no, ya que como bien explican aquí se trata de recomendar, durante el mes de febrero, mes romántico por excelencia, libros que tengan una bonita historia de amor, independientemente de su género. Aquí lo cuentan.
Hay muchísimos hashtag literarios más, pero algunos quizás nos los podríamos encajar en el concepto "campaña", y no estoy diciendo que no sean, que en un momento dado alguien no propusiera ponerlo en marcha, pero el caso es que estoy seguro de que, por ejemplo #estoyleyendo o #leoycomparto ahora se usan en cualquier momento, cuando apetece hablar de la última lectura que se tiene entre manos, y no parecen tener unas condiciones específicas para participar.

Como siempre tenéis los comentarios abiertos para comentar campañas o hashtag literarios que conocéis.

jueves, 7 de julio de 2016

Las recomendaciones literarias para el verano en el horno

Están en el horno, quiero decir, que no me cabía el titular.

Tampoco es que la gente se haya echado a las calles en masivas manifestaciones, pancarta en mano, pero puede que algún lector de este blog haya echado de menos el post que, desde sinerrata, dedicamos por estas fechas a recomendaros algunas lecturas para la época estival.

Este año lo vamos a hacer de forma un poco diferente, las recomendaciones irán incluidas en nuestro boletín, donde además de enteraros los primeros de nuestras novedades editoriales, promociones y sorteos, esperamos poder ofreceros, como en esta ocasión, contenido de valor, complementario a lo publicado en este blog y en las redes sociales.


Para las recomendaciones literarias, además de con Amalia, editora de esta casa, y de un servidor, contamos con varios de nuestros autores, y estoy intentando liar a los siguientes bloggers: Rubén Soriano, de Mucha Más Literatura, José Luis Benavente, de 30 de diferencia, Patricia Millán, de Relatos en Construcción, Cristina, de Abrir un Libro, y Mónica Gutiérrez, de Serendipia.

La lista no es cerrada, por supuesto, si algún blogger quiere aportar sus recomendaciones, que lo diga en los comentarios.

jueves, 19 de mayo de 2016

Titulares que me gustaría leer sobre el libro electrónico

Desde que el ebook empezó a ser una realidad en el mundo editorial, y en el de los lectores, aunque por aquel entonces en muchos de los medios y blogs especializados, y no tan especializados, todo esto de lo digital era en el mejor de los casos un futuro lejano y en el peor, mera ciencia ficción, me desayuno, como, meriendo y ceno con todo tipo de artículos tremendistas que, o bien anuncian el fin de todo lo escrito y escribible, o denuncian el daño irreparable que el ebook hace a todos los que vivimos y amamos al libro y todo lo que lo rodea. Vale, igual estoy exagerando un poco, pero estoy algo cansada (y algo es un eufemismo) de tanto drama y tanta acusación muchas veces con dudoso fundamento.

Se me ha ocurrido entonces hacer una relación no exhaustiva ni ordenada de los titulares que me gustaría leer sobre el libro electrónico, en lugar de los que me sigo encontrando día sí y día también:

  • El libro de papel y el digital seguirán vivitos y coleando.
  • Las ventas de libros, sumando todos los formatos, siguen aumentando otro año más.
  • Los préstamos en las bibliotecas, ya sean en formato impreso o en digital, siguen en aumento.
  • Los editores se focalizan en encontrar nuevos y buenos textos y publicarlos en todos los formatos.
  • La lectura, sea en el formato que sea, nos hace más libres, más imaginativos y más inteligentes.
  • Los lectores afirman que cuando tienen mayor libertad de elegir el formato y modo de lectura, leen más.
  • El libro digital consigue llevar la literatura y el aprendizaje a todas las escuelas, universidades y lectores del globo.
Y que conste que esto que escribo no es estrictamente un alegato a favor del libro digital ni mucho menos en contra del de papel, sino un modesto pataleo ante esa guerra artificiosa, inútil y en mi opinión hasta dañina entre ambos formatos.

miércoles, 8 de julio de 2015

Lecturas de verano

A estas alturas del año, muchos de vosotros (o eso esperamos) estáis ya de vacaciones o soñando hasta despiertos con ellas. Os podemos asegurar que en nuestro caso es lo segundo, mientras vamos preparando la lista de lecturas para estos días de asueto y de, ¡por fin!, unas cuantas horas libres que dedicar a leer perezosamente... Lo que os decía, soñando hasta despiertos.

No sé si también os pasa, pero una de las partes que más me gusta de las vacaciones, o de un viaje, es el mero hecho de prepararlas. Mientras pienso en dónde voy a ir o lo que voy a hacer o simplemente en qué voy a emplear ese tiempo libre, ya empiezo a disfrutarlo. Y lo mismo me ocurre con la lista de lecturas; me resulta de lo más placentero ir revisando y recopilando los libros que no he podido leer durante el año por falta de tiempo, esos que me he ido apuntando para precisamente este momento y también los que me han saltado desde otras listas que en estas fechas encontramos en medios y blogs o que nos proporcionan amigos y colegas. Llegados a este punto, creo que os podéis imaginar que me resulta imposible leer ni la mitad de lo que me propongo, pero eso es también parte de la diversión.

Hemos preguntado a los autores y colaboradores de sinerrata por sus recomendaciones o propósitos de lectura de verano, esperando que os puedan servir de inspiración o incluso daros una o varias ideas.

Maia Losch, la autora de Allí donde el viento espera, nos recomienda a Patrick Modiano, a quien ha conocido recientemente, dice, gracias al premio Nobel de Literatura que recibió el año pasado. Maia está leyendo ahora mismo, y disfrutando, Expiación, de Ian McEwan, y, aunque confiesa que sus lecturas son más de invierno que de verano, pone en su lista a Amos Oz y El ruido de las cosas al caer, de Juan Gabriel Vásquez.

Carlos Laredo, el escritor detrás de la serie del cabo Holmes, nos cuenta que él cada verano relee a Proust, particularmente El mundo de Guermantes (la tercera parte de En busca del tiempo perdido). Este verano piensa leer también Hombres buenos de Arturo Pérez Reverte y recomienda Enterrado en vida, de Arnold Bennet, El marciano, de Andy Weir, La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker, y cualquier título del divertido P.G Wodehouse, como Omnibus Jeeves. Otra vuelta de tuerca.

En la lista de lecturas de verano de Fernando Roye, el autor de El caso de la mano perdida, están: El tango de la vieja guardia, de Arturo Pérez Reverte, para hacer un viaje en el pasado y visitar Argentina, la Riviera francesa y Sorrento; Carreteras secundarias, de Ignacio Martínez Pisón, para recuperar las playas de invierno; El señor Malaussène, de Daniel Pennac, para vivir e integrarse en el barrio de Belleville de París; La interpretación del asesinato, de Jed Rubenfeld, para conocer a Sigmund Freud y las calles de Nueva York en 1909; y, por último, cualquier álbum de Tintín, de Hergé, para volver a la infancia.

José Morand, el autor de Devuélveme mi noche rota, nos recomienda para este verano: 
Dogma, de Lars Iyer. Es la segunda parte de una trilogía iniciada con Magma. En ella se narran las chanzas, los absurdos dictámenes, los desvergonzados discernimientos de un par de colegas escritores y filósofos, uno ligeramente más exitoso que el otro; pero, ambos, igualmente aficionados a la bebida. Se trata de un par de inútiles; auténticos damnificados de la ineficacia de su propio esnobismo. En esta segunda parte, viajan al Sur. La novela reproduce situaciones hilarantes derivadas de poner a este par de sofisticadísimos esnobs en el contexto rudo y ceñudo del Sur de los Estados Unidos.
Los Living, de Martín Caparrós. Esta novela fue Premio Herralde en 2011. A mi modo de ver, siempre vale la pena leer a Caparrós. Tanto si el libro es de ficción como si no lo es. (Este año ha editado un libro de no-ficción igualmente recomendable, titulado El hambre). La novela que le dio el Premio Herralde está provista de un humor negro absolutamente imbatible. Trata de un proyecto artístico completamente disparatado. En el que las obras de arte son cadáveres embalsamados expuestos en lugares públicos. Aparte del tema artístico (el arte como cosa inerte, sin vida), la novela trata de contextualizar la compleja situación política de Argentina, con el fallecimiento de Perón como punto de partida. Sin embargo, lo que más merece la pena es el curiosísimo estilo de Martín Caparrós, y su uso de los signos ortográficos un poco a la manera de Sterne.
Ni puedo ni quiero, de Lydia Davis. Lydia Davis escribe cuentos sobre casi cualquier cosa. Es más, hace que casi cualquier cosa se convierta en una pequeña pieza narrativa. Reflexiones aparentemente banales. Anécdotas. Reinterpretaciones de lecturas ajenas. Cartas nunca enviadas a personajes imaginarios. Como Borges, en el caso de que Borges no estuviese permanentemente instalado en lo exquisito. Davis a veces es ingenua. Otras veces resulta incisiva. A mi modo de ver, una lectura fresca, en el buen sentido. Además, estuvo casada con Paul Auster y ha escrito una excelente novela (El final de la historia) como desquite de su relación fallida.
Sin embargo, nos dice también, lo que lo que se ha propuesto realmente para este verano es leerse de cabo a rabo Anna Karenina.

Lucía Solaz, la autora de Manuscrito en el tiempo, El retorno de los bardos, y Entre sombras, se plantea este verano “atacar” unos cuantos de los libros que tiene pendientes. Algunos, como Rayuela, de Julio Cortázar, llevan años en espera y de estos meses de estío no pasa, nos dice. Entre el resto se encuentran: Creative Schools, el último ensayo del magnífico Ken Robinson, Feeding your demons, de Tsultrim Allione, Crematorio, de Rafael Chirbes, Natural grace, de Rupert Sheldrake y Matthew Fox y El mago, de John Fowles. Y, desde luego, añade, como buena lectora está abierta a cualquier sorpresa literaria que la vida ponga en su camino.

Javi de Ríos, colaborador de la casa en materia de prensa, medios y blogs, nos ha enviado sus propuestas de lecturas para sus vacaciones:
Una cosa pendiente: Cristina, de Abrir un Libro, habla en redes sociales de un escritor de CF al que nunca he leído: Robert Heinlein; voy a intentar buscar algo de este autor.
Una relectura en papel: Por tercera vez voy a releer los microrrelatos de Manu Espada en Personajes secundarios.
Lecturas en digital: De pequeñas editoriales, independientes como sinerrata, y digitales, voy a leer Homo homini lupus, de Robert Shearman, publicado por Fata Libelli, y El todopoderoso Shikaku, de Naoko Tanigawa, publicado por Chidori Books.
Lecturas en papel: Son dos libros que nos han ido regalando en casa, bastante conocidos, que quiero, al menos catar, y casi seguro leer: Cabaret Biarritz, de José C. Vales, y Charlotte, de David Foenkinos.

Otra de las fantásticas colaboradoras de la editorial, Judit Rodríguez Carmona, nos recomienda un título y nos deja otro todavía pendiente:
Ya leído: Incendios, de Wajdi Mouawad (KRK a Escena). Breve y maravillosa obra de teatro, un género que siempre me ha gustado porque me permite, mejor que muchas novelas, aproximarme al máximo al escenario de la narración, traspasando las palabras; y sobre todo porque da al lector solo lo justo para pensar e interpretar la obra. Esta, Incendios, va si cabe un paso más allá. Ya no es solo el género y el mensaje, es también la forma de transmitirlo, el juego de voces y flashbacks que Mouawad hace para contar algo que, irónicamente, nos deja helados. Recomendada no, recomendadísima lectura para una de estas tórridas tardes de verano.
No leído. Stoner, de John Williams (Baile del Sol). Yo, como casi todos, me dejo guiar muchas veces por las sugerencias de mis amigos (y no tan amigos) lectores. Apenas he leído comentarios ni reseñas, y poco sé de su argumento más allá de lo que pone en su contra cubierta, pero no puedo pasar por alto un libro que me han recomendado tantas veces, así que Stoner será una de mis próximas lecturas. La verdad es que promete...

Y, ya para terminar esta entrada cargada de literatura y horas de agradable lectura veraniega, os contaré que en mi lista de vacaciones, entre otros muchos títulos, están los tres últimos casos del inspector Montalbano, creado por el inimitable Andrea Camilleri, El marciano, de Andy Weir (y no solo porque sea una recomendación de Carlos Laredo), La casa de las miniaturas, de Jessie Burton, algún libro de la serie de Harry Hole, de Jo Nesbø, y la relectura anual de Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell, que nunca falla en hacerme reír y en trasladarme a esos maravillosos y largos veranos de la infancia.

En cuanto a recomendaciones, dejadme que me despida diciendoos que cualquiera de nuestros libros será una excelente compañía para unos días de caluroso descanso.

jueves, 5 de febrero de 2015

Crónica de una presentación


Foto de @BernatRuiz
Espero que me perdonéis por seguir escribiendo sobre algo en lo que llevamos insistiendo desde hace un par de semanas, pero tras lo que ya han escrito sobre la presentación de El caso de la mano perdida, que tuvo lugar el pasado viernes 30 de enero en la biblioteca La Bòbila, Javier Selin en su blog Susurros, Mónica Gutiérrez en su blog Serendipia y el propio autor, Fernando Roye, en su bitácora Puntos suspensivos, no he podido resistirme a dejaros aquí mis propias impresiones.

Este evento, como ya comentaba en una entrada anterior, era muy importante para nosotros porque no solo era un estreno a nivel presencial (dado nuestro carácter digital, nuestro fuerte son las redes) sino que era la ocasión perfecta para encontrarnos autores, colaboradores, amigos y lectores. Y, por supuesto, no defraudó.

Carlos Laredo, autor de las aventuras del cabo Holmes, nos divirtió mientras presentaba y contaba las innumerables virtudes de El caso de la mano perdida, cuyos detalles nos desgranaría luego el propio Fernando Roye. Todo ante la presencia, entre el numeroso público, de colaboradores de la editorial como Mariana Eguaras y Pablo Barrio (echamos de menos a otros, que no pudieron asistir por motivos varios: Javi de Ríos y Judit Carmona), y blogueros amigos que no solo nos llenaron de felicidad al venir a acompañarnos sino que no dejaron de mostrarnos su cariño y pasión por la lectura y la buena literatura: los ya mencionados Mónica de Serendipia y Selin de Susurros, Cristina de Abrir un libro y Rosa de Mucho más que un libro. No tengo palabras para agradecerles a todos su asistencia.

Para terminar, quería dejaros aquí la idea clave que intenté transmitir en mi breve introducción, antes de dar la palabra a los verdaderos protagonistas de la presentación, Carlos y, sobre todo, Fernando: sinerrata es una modesta editorial digital con el propósito de ofrecer literatura de calidad y la misión de llevarla a los lectores para que lean dónde y cómo quieran. Así, nuestros libros cada vez se pueden encontrar en más sitios: librerías de calle, bibliotecas e incluso ¡en papel!

martes, 23 de diciembre de 2014

Nuestras lecturas recomendadas


Llegadas estas fechas, cualquier medio que se precie publica su particular lista de mejores títulos del año o sus recomendaciones de lectura para estos días de asueto. Nosotros no queríamos ser menos y hemos preguntado a los autores de sinerrata por sus libros favoritos de todos los tiempos, para que así tengáis todavía más opciones entre las que escoger ese (auto) regalo que seguro que no falla.

Carlos Laredo ha disfrutado especialmente estos cinco títulos, todos leídos, nos dice, después del verano:
El jilguero, de Donna Tartt.
La liebre con ojos de ambar, de Edmund de Waal.
Postguerra, de Tony Judt.
Dimanches d’août, de Patrick Modiano.
El hotel New Hamshire, de John Yrving.

Maia Losch nos ofrece sus recomendaciones en varios géneros:
Una historia de amor y oscuridad, de Amos Oz, dentro del género autobiográfico e histórico.
Cumbres borrascosas, de Emile Bronte, en representación de los clásicos.
Pregúntale al polvo, de John Fante, escrita por un ex-convicto.
La vida ante sí, de Romain Gary, una novela fabulosa.
Una habitación propia, de Virginia Wolf, un ensayo para mujeres que desean ser escritoras.
La conciencia de las palabras, de Elías Canetti, otro ensayo, sobre la escritura en general.
El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, un ensayo filosófico-histórico sobre el hombre y la guerra.

José Morand, además, acompaña la lista con sus comentarios:
Canadá, de Richard Ford. Magnífica novela realista, muy bien contada; con esa manera de incidir en los detalles aparentemente insignificantes, tan típica de Ford, magnificándolos hasta niveles casi paradójicos.
Niveles de vida, de Julian Barnes. Un texto diverso, mitad ensayo histórico, mitad autobiografía; en el que para hablar de lo mismo (la pérdida de los seres amados) el autor recurre a reflexiones alegóricas, acerca de la necesidad del ser humano de elevarse para poder observarse en la distancia.
Botchan, de Natsume Soseki. Un libro muy divertido sobre un profesor torpe y despistado, un poco necio; un personaje quijotesco con el que no me ha costado sentirme identificado; contado con una extraordinaria economía de recursos y con la sensibilidad sutilísima de Soseki.
Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Un libro que habría que leer veinte veces antes de morirse; a mi modo de ver, parangonable, únicamente, con El proceso de Kafka... Si en El proceso aprendemos que todos estamos irremediablemente perdidos, en Pedro Páramo aprendemos que todos somos irremediablemente mezquinos y ruines, y difundimos de manera necesaria el infierno a nuestro alrededor.
Cegador, de Mircea Cartarescu. Un texto ilegible; como un mal sueño de quinientas páginas, en el que lo onírico lo impregna todo... Leerlo es como penetrar en un bosque espeso en el que las leyes son otras, desconocidas, misteriosas, absolutamente ilógicas. 

Las sugerencias de Fernando Roye son igual de atractivas aunque, como toca, algo inclinadas hacia la novela negra:
Tom Ripley, de Patricia Highsmith.
Cabaret Pompeya, de Andreu Martín.
Nuestros antepasados, de Italo Calvino.
Los incógnitos, de Carlos Ardohain.
El sombrero del cura, de Emilio de Marchi.

Lucía Solaz nos ofrece un listado muy completo y justificado:
Sputnik, mi amor, de Haruki Murakami. Llevaba al menos un par de años esperando en mi estantería. Cuando un autor es tan famoso, a veces soy reacia a leer sus obras. A pensar de los temas que toca, como la soledad y la imposibilidad de conectar de un modo profundo con otros seres, me resultó más intrigante que depresiva y me llamó la atención el empleo del lenguaje.
El principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Publicado en 1943, más que un clásico infantil, se trata de un texto imprescindible para todas las edades. Es un placer volver a visitarlo y comprobar que siempre aporta algo nuevo y valioso.
Memorias de Idhún, de Laura Gallego. Le voy a regalar a mi sobrina de diez años el primer volumen de esta trilogía con la esperanza de que se enganche para siempre jamás a la lectura. Como dijo Albert Einstein, “Si quieres que un niño sea inteligente, léele cuentos de hadas. Si quieres que sea más inteligente, léele más cuentos de hadas”.
El caso de la mano perdida, de Fernando Roye. A pesar de no ser aficionada al género, de vez en cuando es saludable transitar otros pastos. He pasado un buen rato con una investigación que me llevó a sonreír por la dialéctica entre lo racional y lo irracional al modo del agente Ichabod Crane en el Sleepy Hollow de Tim Burton, además de revelarme un entorno tan desconocido como la vida en una casa cuartel a mediados del siglo veinte.
Tao Te King, atribuido a Lao Tse. El clásico chico que funda el taoísmo filosófico es breve, paradójico y lleno de sabiduría, un texto deliberadamente ambiguo que nunca falla a la hora de hacernos reflexionar.

Por si esto os parece poco, Javi de Ríos, articulista habitual de este blog, enlace especial con los medios y gestor de redes en la editorial, también ha querido aportar su granito de arena:
Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi.
Jim Botón y Lucas el Maquinista, de Michael Ende.
Cuentos escritos a máquina, de Gianni Rodari.
Relatos de lo inesperado, de Roald Dhal, (aunque incluyo más el autor que el libro).
1984 (también representando, en este caso, distopías como Fahrenheit 451 o Un mundo feliz).

Y ya para terminar, aquí van mis lecturas recomendas:
Mi familia y otros animales, de Gerard Durrell, porque ningún otro libro me ha hecho reír tanto, fuera la primera o la vigésima vez que lo leía.
La vieja sirena, de José Luís Sampedro, una de mis primeras lecturas “adultas”.
Cuando Hitler robó el conejo rosa, de Judith Kerr, el primer libro-libro que recuerdo haber leído y que nunca me ha abandonado.
Ébano, de Ryszard Kapuściński, un ensayo imprescindible para conocer algo de África y sus complejidades.
La trilogía del Baztán, de Dolores Redondo, por su combinación de mitología vasco-navarra y novela negra de calidad en español.

¿No os han entrado unas ganas tremendas de haceros con alguno de ellos (o varios, o todos) y poneros a leer inmediatamente? Porque a mí sí...

jueves, 6 de noviembre de 2014

Presentamos El caso de la mano perdida

http://www.sinerrata.com/component/k2/item/10-el-caso-de-la-mano-perdida

Es posible que ya lo sepáis porque nos hace mucha ilusión y lo vamos gritando a los cuatro vientos: mañana sale a la venta El caso de la mano perdida, la última incorporación a nuestra colección sinrastro, dedicada al género policíaco.

Con esta novela no solo queremos seguir contribuyendo al magnífico panorama del género negro en español, sino que nos adentramos una vez más, aunque desde una perspectiva distinta, en ese mundo tan particular de la Guardia Civil. Y además, damos la bienvenida a la familia a Fernando Roye, un joven y talentoso autor que nos ha cautivado con su primera incursión en el género.

En esta ocasión nos desplazamos a Andalucía, en plena Sierra Morena, y en la época de la posguerra española, los años cincuenta. En un pequeño pueblo de la serranía aparece una mano seccionada y el sargento de la Guardia Civil responsable de la demarcación, Carmelo Domínguez, se hará cargo de la investigación. Pero Carmelo no es un guardia al uso y sus peculiares métodos deductivos no dejarán a nadie indiferente. Tampoco ayudará que al mismo tiempo, todo el pueblo y los poderes locales están más interesados en la próxima visita del Caudillo.

En El caso de la mano perdida podréis encontrar intriga, secretos, conspiración, humor, muchas referencias a la literatura policíaca clásica y también una especial mirada a la vida en los pueblos en un tiempo no tan lejano pero ya casi aparcado en el olvido.

Como siempre, podéis encontrar toda la información sobre el libro en nuestra web, incluyendo el primer capítulo para descarga o lectura en línea, y saber más del especial universo de la novela, sus personajes y sus futuras aventuras en el blog La mirada azul y negra.

jueves, 5 de junio de 2014

Proyectos nuevos v.s. lo mismo de siempre


La entrada de hoy iba a versar sobre la Feria del Libro de Madrid, que se está celebrando ahora mismo y hasta el 15 de junio y en la que, un año más, siguen sin tener cabida los libros electrónicos. Ya en su edición anterior escribimos en este blog sobre lo absurdo que nos parecía excluir de forma explícita y rotunda a un simple formato, cuando de lo que se trata es de festejar la lectura y reunir a los lectores con los libros y los autores. Aún no he conseguido entender por qué un ebook no puede formar parte de eso, menos aún cuando desde hace ya algún tiempo, y cada vez con más protagonismo, forma parte indiscutible del universo lector.

Reflexionando sobre lo difícil que parece resultarles a algunas organizaciones innovar e introducir cambios, a pesar de que sería algo de lo más natural cuando se supone que su prioridad es la difusión de la cultura en general y la lectura en particular, me vino a la cabeza un proyecto que conozco y sigo desde hace algún tiempo y que es todo lo contrario a ese más de lo mismo. Estoy hablando de Casa Tía Julia, un refugio literario y de ideas, soñado, imaginado y en proceso de ser llevado a la práctica por Nuria Rita Sebastián, también conocida como Editora con carrito y directora de Revista Iguazú. Nuria lleva años trabajando por la cultura y la literatura y ahora da un paso más haciendo posible un espacio para fomentar la creatividad, la colaboración y el intercambio de ideas, con el enorme añadido social de la reactivación de las áreas rurales.

Quería hablar sobre las ferias del libro, sobre lo importante que es ese encuentro entre lectores y escritores y llevar los libros, en cualquier formato, a la calle, pero no lo es menos apoyar iniciativas como Casa Tía Julia, que con recursos limitados pero mucha más ilusión y vocación contribuyen a que el mundo de la cultura siga evolucionando.

miércoles, 14 de mayo de 2014

¿Quién reseña ebooks?

La semana pasada, y a raíz de este artículo en The future book [en inglés] , participamos en una breve pero muy interesante conversación en Twitter sobre por qué los ebooks no aparecen en las reseñas literarias de los grandes medios. Esto es una realidad, como el propio artículo indica; los profesionales de la crítica literaria se enfocan en los libros de tapa dura, en bastante menor medida reseñan libros de bolsillo, y al libro electrónico simplemente lo ignoran.

De hecho, ya nos hemos encontrado en más de una ocasión con que alguno de estos críticos, contactados desde nuestro departamento de prensa, indican más o menos amablemente que no aceptan ejemplares de prensa en formato digital. Ahí queda eso. Ya desde un punto de vista totalmente personal, me llama poderosamente la atención cómo alguien que se dedica a leer profesionalmente prefiere ir cargado de libros en vez de utilizar un lector electrónico. Como lectora de "intensidad", agradezco inmensamente poder viajar con la maleta llena de ropa y no de libros, como me ocurría hasta hace unos años, y lo mismo como editora.

Pero, volviendo al tema que nos ocupa, sigo sin saber el porqué de esa omisión intencionada de un formato en bloque y dudo si se trata de simple ignorancia, miedo a lo desconocido (¡a estas alturas!) o negación de la realidad. En mi opinión, la crítica literaria debería ser independiente del formato, pues ¿qué tiene que ver lo escrito, su calidad, su capacidad de entretenimiento, de enseñar, de abrirnos a otros mundos y otras perspectivas, con el soporte que lo contiene? Es cierto que tradicionalmente la gran mayoría de títulos se publicaban primero en tapa dura y transcurrido un tiempo en bolsillo, pero hoy en día es raro el libro que no sale a la vez en papel y digital y cada vez hay más que se lanzan primero o únicamente como ebook, como es nuestro caso. Qué ocurre con estos últimos, me pregunto. A ojos de los críticos literiarios, no existirán jamás o hasta que no lleguen al mágico mundo de las páginas impresas. Y luego se quejarán de que pierden público y que los blogs literarios les estan arrebatando “mercado”.

Como nota anecdótica, no quiero dejar de mencionar a encubierta, revista literaria especializada en libros digitales, aunque me resulta curioso que la abrumadora mayoría de reseñas que aparecen en ella son de títulos publicados por las grandes editoriales, los mismos que, en su versión de papel, por supuesto, ya aparecen en los medios tradicionales.