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jueves, 7 de septiembre de 2017

Fomentar la lectura y otras dinámicas familiares

Hace ya unos días que me encuentro una y otra vez en redes sociales con la curiosa nota de una madre italiana a sus hijos, pidiendo que busquen la contraseña de la wifi en Anna Karenina (ojo, en el libro, no en la película).
Confieso que la primera que la vi me pareció tremendamente simpática e ingeniosa, no tanto por el reto en sí que plantea, sino por el humor que destila la redacción de la misma (incluyendo la postdata) y por mezclar dos actividades de ocio según algunos contrapuestas: internet y lectura.

No le había vuelto a dar más importancia ni valor hasta que hace un par días me topé con este artículo en la revista Verne, en el que cuestionan la nota como método de fomento de la lectura y se hacen eco de la supuesta controversia que ha generado en Twitter.

Partiendo de que la nota en sí misma ya está totalmente fuera de contexto, y de que no tengo (tenemos) ni idea de cuál fue el planteamiento original de esa madre, ni la reacción de sus hijos, ni cuánto tiempo llevan con esa dinámica, ni siquiera si los hijos son lectores asiduos o solo cogen un libro para encontrar la susodicha contraseña, intentar convertir lo que parece simplemente un juego (relacionado con la literatura, eso sí) con un método para fomentar la lectura, creo que es algo aventurado.

Está claro que la mejor forma, que no la única o en solitario, de que nuestros hijos lean es dando ejemplo claro y sostenido y, por otro lado, soy consciente de que hoy en día cualquier tema en redes sociales puede ser objeto de alabanza, burla o crítica extrema, pero, qué ha pasado con esa teoría tan extendida últimamente de las bondades de la gamificación con respecto a la educación en general y el fomento de la lectura en particular.

La llamada gamificación, o uso del juego como estimulo para una actividad o aprendizaje concreto, se está aplicando ya en colegios y bibliotecas. Si hasta la última campaña gubernamental de fomento de la lectura pretende utilizarla (de aquella manera, pero esto es otra cuestión que merece una entrada por sí misma). Y sin embargo ante algo tan aparentemente inocente como un juego relacionado con la lectura dentro del ámbito familiar, se pone en cuestión todo un método educativo que simplemente desconocemos si se está aplicando tal cual o no.


Repito, estoy convencida de que si los padres leen de forma habitual y los niños crecen en un ambiente con libros y en el que la lectura es parte de las actividades diarias, es muy probable que ellos también lean. Sin embargo, conozco algunos muy buenos lectores, uno de ellos incluso librero, que nunca vieron un libro en su casa y se aficionaron a esta sana actividad bien pasada la adolescencia. Y, aunque creo no conocer a nadie en esas circunstancias, estoy segura de que lo contrario también ocurre. Está claro que la madre de esa nota lee, a los clásicos ni más ni menos, así que una vez superado el primer punto del fomento lector, ¿es realmente tan malo añadir un poco de juego al cuento?

jueves, 27 de julio de 2017

Verano, lectura y vacaciones

Derechos de la imagen: mac.rj via Visualhunt / CC BY
En cualquiera de sus combinaciones estas tres palabras consiguen ponerme inmediatamente de buen humor y apuesto a que a vosotros también. Incluso si alguna de ellas falla, ¿verdad? Que podáis disfrutar de unas vacaciones, lamentablemente no podemos garantizarlo, pero el verano está efectivamente aquí (vale, esto no es mérito nuestro) y en lo que definitivamente podemos contribuir es en el apartado de las lecturas.

No solo tenemos un catálogo de lo más completito para amenizar este tiempo de descanso o de ritmo más lento, incluyendo la última aventura de nuestro querido cabo Holmes, sino que además ya os propusimos en una entrada anterior una estupenda selección de lecturas recomendadas por nuestros blogueros literarios de cabecera y otros amigos de la editorial.

Pero como no solo de libros viven los lectores —y como ya sabéis somos firmes defensores de que lo importante es leer independientemente del contenido o el continente— aquí os dejamos ahora una breve selección de lecturas ligeras relacionadas con la literatura y las vacaciones, para disfrutar a la sombra o al sol:

Sea cual sea el formato, género y destino elegido, ¡qué tengáis un feliz verano y muy buenas lecturas!

viernes, 7 de julio de 2017

La trampa de los números (y los titulares)

La semana pasada me topé con este artículo en El Periódico sobre los resultados de un estudio de la Generalitat de Catalunya sobre los hábitos de lectura de los catalanes en 2016 a través de un buen número de entrevistas. Las conclusiones son de lo más interesante, como que el porcentaje de catalanes mayores de catorce años que lee en algún momento y en cualquier tipo de soporte crece cada año y ya alcanza más del 95%, con un casi 68% que lee libros, y ¡el 90% lee al menos una vez a la semana! Aquí se incluyen libros, periódicos, revistas, cómics y webs, blogs y foros de internet pero, como ya hemos dicho en otras ocasiones, para nosotros leer es leer es leer, independientemente del formato y el tipo de contenido.

Es verdad que esa cifra, la de los lectores frecuentes, desciende este año casi tres puntos con respecto al anterior, aunque la bajada se centra en la lectura de periódicos y cómics, mientras que sí crece en libros, casi seis puntos, y en internet.

 
A pesar de estas buenas noticias, en general, para todos los que nos dedicamos a esto de los libros, con una subida también en el número de lectores que leen libros por placer, el artículo decide destacar en su titular que el 85% de los libros electrónicos que se descargan son piratas. Así, literalmente. Obviamente, la primera reacción es llevarse las manos a la cabeza; es un porcentaje bastante alto pero, quizá también por eso, digamos que resulta sospechoso (llamadme desconfiada). Y, curiosamente, solo hay que ir al informe original del estudio, publicado por la Generalitat, para darse cuenta de que las sospechas resultan ser ciertas. En la página 93 de dicho informe se especifica que el 65% de los lectores digitales solo consume libros GRATUITOS y casi el 25% tanto de pago como GRATUITOS, mientras que prácticamente el 10% solo descarga libros electrónicos de pago. Nótense las mayúsculas: el informe, y por tanto la pregunta que se hizo a los entrevistados, era si leían contenido de pago o GRATUITO, no de descarga ilegal (o "pirateado").


Solo en Amazon hay más de sesenta mil libros gratis, y el número de páginas web que ofrecen contenido gratuito y absolutamente legal es prácticamente incontable. ¿De verdad que a estas alturas de la película todavía hay que seguir criminalizando al lector digital y por tanto al formato electrónico? Y, ¿es necesario hacerlo de forma tan burda?

  

jueves, 8 de junio de 2017

La lectura nos hace más...

Foto vía Visual hunt
En un día cualquiera, no es difícil encontrarse algún artículo o entrada en redes sociales sobre las infinitas bondades de la lectura: que si nos hace más listos, más empáticos o incluso mejores personas. Estoy de acuerdo con todas estas afirmaciones, pero hoy me encuentro con un escrito en Letras libres que parte una premisa completamente opuesta, y que me consta también es cierta al menos en determinadas personas: leer nos hace (a algunos) más arrogantes.

Llegados a este punto, me pregunto si ir al cine o al parque o dedicarse al macramé también puede tener el mismo rango de efectos secundarios, desde lo mejor a lo peor, aunque en el fondo creo que la actitud de cada uno con respecto a sus aficiones y las de los demás tiene más que ver con nuestro carácter o forma de ser que con la afición en sí misma. Pero esa es otra cuestión.

Sí tengo la sensación de que cuando nos convertimos en evangelizadores de la lectura —y como lectora y, sobre todo, editora, mal iría si no lo fuera— de alguna manera estamos diciendo que si lees eres mejor que si no lo haces. Pero, al menos en mi caso, lo que pretendo es que todo el mundo disfrute tanto como yo lo hago con un libro, que nadie se prive de aprender, viajar, vivir aventuras, suspense o incluso miedo, de una forma tan placentera como a través de la lectura. Mi mensaje, y el de muchos, es “no te pierdas la pasada que es leer” y no “leyendo serás más guay”. Al fin y al cabo, esto puede ser una competición que no se acaba nunca: ¿es mejor leer ficción o ensayo o biografía? ¿Clásicos o novedades? ¿Juvenil, novela negra, ciencia ficción...?

Pero, en todo caso, si alguna vez has tenido la tentación de mirar por encima del hombro a alguien que no lee, te recomiendo el artículo de Letras Libres, para recuperar un poco de humildad (lectora).

viernes, 12 de mayo de 2017

Información manipulada (o manipulativa)

Foto vía Visual Hunt
Desde hace un par de semanas, cuando se publicaron los resultados de ventas de la asociación de editores ingleses para el año pasado, me he ido encontrando con artículos en la prensa inglesa, que terminan llegando también a los medios españoles, sobre una rimbombante subida del libro de papel frente a la estrepitosa caída del libro electrónico. Para empezar, me vuelvo a poner de los nervios con esa pelea absurda y totalmente estéril entre formatos, como si el crecimiento de uno solo pudiera significar el hundimiento del otro o viceversa. Yo, particularmente, estoy esperando leer un titular que diga que cada vez se venden más libros, punto, y otro mejor aún, que cada vez se lee más, punto y final.

Pero es casi tan enervante la manipulación grosera de los datos para defender esa guerra y su supuesto ganador actual, el libro impreso, y casi de risa los motivos esgrimidos para justificarlo.

Sobre lo primero, podéis leer el artículo de Javier Celaya, en el que desgrana los resultados del estudio, que no son exactamente como los titulares los pintan; una muestra más de cómo algunos prefieren ignorar y maquillar la realidad a ver si desaparece eso que, por lo que parece, les da miedo.

Y sobre lo segundo, The Guardian afirma que el Kindle no es guay y El País que los lectores acusan la fatiga visual, os recomiendo un artículo en epubsecrets.com que, con mucho humor, desmonta las teorías del periódico inglés.

No sé cuántas veces habrá que decirlo, o quién tendría que hacerlo: ¿podemos ponernos todos de acuerdo de una vez en que lo que importa es la lectura y no el formato y dejarnos de peleas estúpidas?

jueves, 9 de marzo de 2017

El teléfono móvil gana al libro… en el cuarto de baño

Créditos de la imagen: Theen ... via VisualHunt / CC BY-NC-SA
Hace un par de semanas leí el titular de un artículo en Librópatas que me dejó francamente sorprendida, que afirmaba que solo un 7% de españoles leía en el cuarto de baño. Recuerdo haber pensado, ingenua de mí, qué podrían hacer el 93% restante, cuando, en mi opinión, una de las mejores situaciones y localizaciones para ejercitar y disfrutar de la lectura es precisamente en esos momentos de intimidad que transcurren en la estancia mencionada. La respuesta me llegó al leer el artículo en profundidad, y volví a recordarlo al encontrarme de nuevo con el estudio* al que hace referencia, elaborado por Renova, unos días más tarde, gracias a la estupenda recopilación de noticias que hace Julián Marquina en su boletín semanal acerca del mundo de las bibliotecas y la lectura: el 92% de los españoles utiliza el teléfono inteligente en el baño.

Después de tanto tiempo escuchando que cada vez se lee menos y que las nuevas tecnologías están matando las opciones de ocio tradicionales, como la lectura, este estudio parece demostrar que, al menos en el baño, el teléfono móvil sí se ha "comido" al libro. Sin embargo, aunque los contenidos, por lo que parece principalmente provenientes de redes sociales, el formato y el soporte sean otros, al fin y al cabo lo que se hace es leer. Y a mí, de todas formas, siempre me queda la esperanza de que parte de esos “usuarios” utilicen su teléfono para leer libros electrónicos. Una amiga me ha contado que ella lo hace…

*No voy a tocar en esta entrada uno de los aspectos que analiza el estudio, el hecho de que una buena parte de los encuestados se hacen autofotos cuando están, precisamente, en el baño, asunto que merece un artículo por sí mismo pero que yo no me siento preparada para tratar. Ahí os dejo un temazo.

jueves, 12 de enero de 2017

Lo que aún se puede mejorar en los libros electrónicos

Si cuando digo que me he aficionado a las listas… En fin, esta entrada viene a cuento de un par de artículos que he leído en las últimas semanas. En uno de ellos [en inglés], el autor se define como lector digital decepcionado por una serie de malas prácticas en los libros electrónicos. En el otro, más reciente, se enumeran las desventajas de los ebooks, algo que, textualmente, “se abrió paso como una espléndida invención sin pensar en los riesgos que entraña”. Aunque hay varias cosas en las que no estoy de acuerdo, básicamente en el segundo artículo, sí que es cierto que no todo son ventajas en la lectura electrónica y que aún tenemos varios aspectos que mejorar. Sin olvidar que no se trata de conseguir la perfección —imposible, por otro lado— ni de superar al libro de papel —esto no es una competición—, sino de conseguir una experiencia de lectura, sea en el formato que sea, lo mejor posible.
  • Encontrabilidad. Ya había escrito sobre esto hace algún tiempo y creo que seguimos sin dar con una manera razonable de superar la sobreoferta, entre novedades editoriales, fondo que nunca se agota y autopublicados. Y no, no me valen los tan manidos algoritmos, que pueden saber mucho de tendencias, gustos masivos, etcétera, pero no de lo que me gusta específicamente a mí como lectora ni de cuán buenas son nuestras novelas a pesar de que seamos una microeditorial.
  • Precio. Me resulta inconcebible que aún haya editoriales que vendan las ediciones digitales a un precio mayor que las de bolsillo, o que un libro electrónico de ficción pura y dura cueste 15€ o más, pero ocurre, y con frecuencia
  • DRM, y todo lo que conlleva: limitación de dispositivos, limitación de la lectura, imposibilidad (o elevada dificultad) de préstamo, limitación en la propiedad del libro. Hemos hablado de esto aquí en numerosas ocasiones y, si sois habituales del blog o conocidos de la editorial, ya estaréis al tanto de nuestra opinión. Nosotros, como cada vez más editoriales, publicamos sin ningún tipo de DRM.
  • Extra: Privacidad. Esta es, en mi opinión, una práctica que cada día estará más presente en nuestra vida como consumidores, promovida por las grandes plataformas y más allá del ámbito digital. En la librería de la esquina también saben qué libros compramos, nuestros géneros favoritos y nuestros hábitos de compra, y no por eso nos hemos quejado nunca. El truco, creo, es poder elegir qué información queremos compartir y cuál no.
Lo mejor de esta lista es que estos problemas ya se han solucionado y se evitan en ciertas editoriales/librerías/plataformas, luego no es imposible eliminarlos. Pero mientras no lo hagamos todos los que nos dedicamos a esto, el libro digital seguirá llevando la etiqueta de “malo”, aunque algunos seamos “buenos”.

jueves, 24 de noviembre de 2016

En defensa de la cultura como profesión

Tengo que admitir que, a menudo, los discursos en defensa de la cultura (como negocio), normalmente por miembros del propio sector, me dan cierta pereza. Probablemente esté influenciada por ciertos prejuicios, pero he escuchado ya demasiados que básicamente se fundamentan en la queja y el lloro por lo mal que están las cosas para sus respectivos negocios (editoriales, librerías, cines, teatros…) y piden ayuda institucional en forma de ventajas fiscales y, la palabra mágica en nuestro país, subvenciones. Ojo, que no estoy diciendo que esto no pueda tener su utilidad, pero dudo, y mucho, que sean parte relevante de la solución. Por ejemplo, si una editorial no es rentable, da igual cuántas subvenciones reciba que seguirá sin serlo, aunque sin duda se prolongará su vida artificialmente mientras estas continúen. (En el caso contrario, me consta que hay determinadas obras de gran valor que nunca verían la luz si no fuera por contar con alguna ayuda, a la edición o a la traducción, porque su potencial comercial no lo permitiría.) En el caso concreto del libro electrónico, ya me habréis oído (o leído) pedir su equiparación con el impreso a nivel de IVA, pero en mi caso porque me parece no solo una injusticia que sea tratado de forma diferente tributariamente sino porque además creo que esa diferenciación contribuye a la impresión de que el ebook es un libro de segunda (si acaso es un libro); sin embargo nunca se me ocurrirá decir que por culpa de ese 21% la edición digital no arranca o mi editorial no sobrevive.

Es por eso que cuando leí esta entrada en el blog Viajero a Ítaca, me sentí totalmente identificada con el mensaje: defender la cultura como profesión digna y económicamente rentable. Creo que el caso de los creadores (escritores, artistas, intérpretes) es el peor, pero es común que los profesionales de la cultura en general, sea en el ámbito que sea, se consideren seres peculiares que trabajan por amor al arte y tiene derecho a cobrar algo por su trabajo pero no tanto a vivir de ello (exceptuando los grandes genios en cada disciplina, claro). Y es una vida dura, porque por muy vocacional que sea, es agotador luchar por el siguiente contrato, vender el siguiente cuadro, dar a conocer la siguiente novela…

Yo, como el viajero, también sueño con ayuda institucional, pero esa que promueve la lectura, las visitas a museos, al cine, al teatro… y dignifica a todos los que se dedican o quieren dedicarse a que todos seamos un poco más ricos, un poco más cultos. 

jueves, 6 de octubre de 2016

Lectura, encuestas, estadísticas y titulares

Uno de los temas que más preocupa, o debería preocupar, a todos los que nos dedicamos a esto de los libros, seamos editores, autores, libreros o bibliotecarios, es el de los índices de lectura. Lo habitual, cuando hablamos de cuánto se lee, es afirmar que se lee muy poco e, incluso, que se lee muy mal. Por cierto, me resulta curioso ese concepto, el de leer mal, porque me da la impresión de que quien lo afirma normalmente quiere decir que no se lee lo que él (o ella) juzga como contenido de calidad, y eso es algo que me parece de una soberbia digna de ser tratada.

De hecho, yo soy de la opinión de que hoy en día se lee más que nunca, aunque no sea en el formato tradicional: libros, periódicos, revistas. En cambio, nuestros jóvenes, y los que no lo somos tanto, pasamos además una buena cantidad de tiempo diario leyendo entradas de blogs, artículos en redes sociales y toda clase de mensajes recibidos a través de los nuevos canales que la tecnología nos proporciona. Eso no es literatura, por supuesto, pero definitivamente es leer, ¿o no?

En el último barómetro del CIS, el de septiembre, encontramos datos sobre la lectura y los españoles y lo que más se ha destacado en los titulares es el más del 36% de españoles que no lee nunca, o el 42,3% al que no le gusta leer. Este último titular ya es de nota, no solo por utilizar un porcentaje tan preciso, incluyendo decimales, sino porque da a entender que de cada diez españoles, cuatro odian la lectura, cuando en realidad, son cuatro de cada diez de los que afirman no leer nunca o casi nunca; es decir, es el 42,3% del 36,1%, que, si mis modestas matemáticas no me fallan, viene a ser un 15% del total. Vaya cambio en el titular, digo yo. Por cierto, el subtítulo en el primer artículo es que más de la mitad de los encuestados no han comprado ningún libro en el último año, y yo me pregunto, no por primera vez, si no será que a algunos les importa más ese hecho que lo mucho o poco que se lea. Ah, y otro inciso: ninguno de los dos titulares lo especifica pero los resultados que se mencionan son acerca de la lectura de libros en exclusiva.



Como parte del mundo editorial, considero mi responsabilidad fomentar la lectura y creo que es parte esencial de nuestro trabajo promulgar las infinitas bondades de esta maravillosa actividad, y esta es mi particular visión, para que cada uno lea cuando, como y lo que quiera. Y, por supuesto, me inquieta cuando estas encuestas muestran índices con, cómo decirlo, grandes márgenes de mejora. Sin embargo, aun pecando de ingenuidad, creo que los mensajes positivos llegan mucho más lejos que los negativos y llevarnos las manos a la cabeza, resaltando lo poco que leemos los españoles y lo menos aún que nos interesa (aunque no sea matemáticamente cierto), no va a mejorar nada. Al fin y al cabo, casi un tercio de los participantes en la encuesta (el 28,6%, para ser exactos) afirma leer todos o casi todos los días, y ese no me parece un mal dato sobre el que trabajar.

Ya para terminar, me han llamado la atención un par de resultados de este barómetro. Por un lado, el índice de lectura en los transportes públicos, que apenas es del 2,4%. ¿En serio? ¿Y todos esos lectores que veo en el autobús o en el metro cada día? ¿Es que solo van en mi vagón? Y por otro, la propia concepción que tienen los encuestados del nivel de lectura en España: casi el 70% piensa que en nuestro país se lee poco. El mensaje negativo cala, o eso parece.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Lucha inútil


Una de las serpientes de este verano ha sido sin duda la explosión del juego Pokémon Go, con su dosis prácticamente diaria de anécdotas con jugadores patrios y foráneos haciendo las cosas más ridículas y/o peligrosas para capturar el bichillo de turno. Mientras leía este tipo de noticias no podía dejar de notar e incluso sorprenderme por el tono de superioridad o el intento, no muy sutil, de ridiculizar a los protagonistas de las historias. Vale, algunas eran algo (o muy) absurdas pero me parece que lo que subyace en muchas de estas críticas es en verdad desconocimiento o incluso incapacidad para comprender esta nueva realidad.

Por eso cuando, por las mismas fechas, leí este artículo en la estupenda Revista Ñ del periódico Clarín, vi reflejadas en él mis propias sensaciones y reflexiones. No consigo entender la cantidad de energía que se derrocha en criticar actitudes y actividades sociales totalmente extendidas a día de hoy, como participar en redes sociales, consultar el teléfono de forma constante o jugar a Pokémon Go, en pro de unos tiempos, y una (supuesta) mayor altura intelectual y cultural, que ya son pasados y que, me temo, no van a volver. ¿No sería mejor aceptar la realidad y tratar de aprovechar las innumerables ventajas que nos ofrecen las nuevas tecnologías en lugar de esta lucha contínua y, con bastante probabilidad, infructuosa? Yo diría que sí.

Y ya que estamos hablando de esto, ¿no os suenan este tipo de posturas antitecnológicas también en el ámbito de los libros? No sé cuántas veces he oído, leído, visto la típica imagen del vagón de tren con todos sus pasajeros atentos a las pantallas de sus respectivos dispositivos y la queja correspondiente de que ya nadie lee en el transporte público. Señores y señoras, no solo se puede sino que hay mucha gente que de hecho lee en sus móviles; en lugar de quejarnos de que los aparatitos han colonizado el ocio, llevemos la lectura hasta ellos, por ejemplo. ¿O es que la lectura en sí no es tan importante como la lectura en papel? A ver si va a resultar un problema de negocio y no de cultura.

Precisamente al hilo del inicio de este post, y mientras le daba los últimos toques antes de publicarlo, me he topado con este artículo. Más prohibiciones como respuesta a lo que no se entiende (motivos de seguridad aparte).

jueves, 25 de agosto de 2016

El debate eterno

Volvemos a recuperar el ritmo en el blog cuando el verano ha traspasado ya su ecuador y el mes clásico de las vacaciones, agosto, se va acabando, pero a pesar de la escasez de noticias y novedades típica de estas fechas el eterno debate del libro de papel frente al digital sigue sin agotarse (sí se agota, en cambio, mi interés por seguir leyendo/oyendo/escribiendo sobre lo mismo).

Esta misma semana compartíamos en Facebook el enésimo artículo sobre si es mejor leer en un formato o en otro (nuestra opinión: lo mejor es leer), sin ir más lejos, pero la pieza que más me ha hecho pensar sobre el tema es esta publicada en el diario Bez, escrita por Txetxu Barandiarán, a quien admiramos y seguimos en su excelente blog Cambiando de tercio.

Me ha gustado que en el artículo se desmitifica ese gran cambio que, según el autor, anunciaban los gurús de lo digital, aunque creo que difiero en el punto de vista. En mi opinión, ese cambio ha sucedido, en el ámbito de los libros al igual que en muchos otros, lo que no ha ocurrido es la debacle augurada por una parte del sector. Coincido también en que el futuro de lo digital es aún incierto y múltiple, lo que no me parece ni bueno ni malo. Seguimos en el proceso de cambio y todavía no es fácil prever cómo seguirá evolucionando. No creo, sin embargo, que el creador (escritor) piense en papel o en digital sino que puede que su obra sea creada como un texto adaptable al formato papel o al electrónico indistintamente o que incluya recursos multimedia más propios del medio digital. Y tampoco comulgo con la idea de que el libro digital termine dejando paso a la gamificación; es sin duda una posibilidad que con certeza será aprovechada, del mismo modo que artistas de la imagen pueden utilizar el vídeo o quedarse en la fotografía para desarrollar su trabajo.

Es esta última afirmación, la del juego como destino último probable de la evolución del ebook, la que incluso me enfurece, lo admito, pues una vez más me parece que se pretende defender un formato, el papel, simplemente ninguneando al otro, el digital.

viernes, 15 de julio de 2016

Los niños, el verano y la lectura

Estamos en esa época del año en la que los hijos, si los tenemos, han terminado el cole (o el instituto) y tienen todo el día y todo el verano por delante para descansar, jugar y disfrutar del tiempo libre (qué tiempos aquellos, por cierto). En estos días he tenido dos conversaciones sobre este tema con dos familias con posturas diferentes acerca de cómo ven las vacaciones de sus hijos:

Familia 1: El verano es para que los niños descansen de horarios rígidos y deberes, jueguen en la calle e incluso se aburran, y como ya tienen el hábito de todo el año, leen cada día lo que ellos eligen y no hace falta que hagan otro tipo de tarea escolar.

Familia 2: Después de unos primeros días de total laxitud hay que pelear con ellos para que hagan un rato de deberes y lectura y así no pierdan el hábito para cuando empiece de nuevo el curso.

Las dos opciones son perfectamente válidas, y habrá infinitas otras igual de correctas, que nadie interprete que esto es o pretende ser un juicio de valor, simplemente las expongo porque me han hecho pensar acerca de cómo acercar la lectura a los niños, y viceversa, especialmente en una época del año en la que estos tienen más tiempo de ocio y menos obligaciones. Cada uno tendrá su propia estrategia y me consta que todas pueden tener éxito o fracasar dependiendo de múltiples factores, pero también que algunas funcionan mejor que otras. Lo que es seguro es que yo, en concreto, no tengo la solución infalible pero os dejo un par de tuits al respecto que he encontrado esta semana y que dan algunas claves, por si pueden servir de ayuda:



(Traducción libre: Tres formas de impedir que los niños lean: 1. Hacerles leer “clásicos”. 2. Ignorar sus elecciones. 3. Usar el término “educativo”).

Y con esto y nuestros mejores deseos para estos meses de estío, el equipo de sinerrata se despide hasta septiembre, ¡feliz verano y felices lecturas!

jueves, 19 de mayo de 2016

Titulares que me gustaría leer sobre el libro electrónico

Desde que el ebook empezó a ser una realidad en el mundo editorial, y en el de los lectores, aunque por aquel entonces en muchos de los medios y blogs especializados, y no tan especializados, todo esto de lo digital era en el mejor de los casos un futuro lejano y en el peor, mera ciencia ficción, me desayuno, como, meriendo y ceno con todo tipo de artículos tremendistas que, o bien anuncian el fin de todo lo escrito y escribible, o denuncian el daño irreparable que el ebook hace a todos los que vivimos y amamos al libro y todo lo que lo rodea. Vale, igual estoy exagerando un poco, pero estoy algo cansada (y algo es un eufemismo) de tanto drama y tanta acusación muchas veces con dudoso fundamento.

Se me ha ocurrido entonces hacer una relación no exhaustiva ni ordenada de los titulares que me gustaría leer sobre el libro electrónico, en lugar de los que me sigo encontrando día sí y día también:

  • El libro de papel y el digital seguirán vivitos y coleando.
  • Las ventas de libros, sumando todos los formatos, siguen aumentando otro año más.
  • Los préstamos en las bibliotecas, ya sean en formato impreso o en digital, siguen en aumento.
  • Los editores se focalizan en encontrar nuevos y buenos textos y publicarlos en todos los formatos.
  • La lectura, sea en el formato que sea, nos hace más libres, más imaginativos y más inteligentes.
  • Los lectores afirman que cuando tienen mayor libertad de elegir el formato y modo de lectura, leen más.
  • El libro digital consigue llevar la literatura y el aprendizaje a todas las escuelas, universidades y lectores del globo.
Y que conste que esto que escribo no es estrictamente un alegato a favor del libro digital ni mucho menos en contra del de papel, sino un modesto pataleo ante esa guerra artificiosa, inútil y en mi opinión hasta dañina entre ambos formatos.

jueves, 21 de abril de 2016

Celebremos juntos el Día del Libro

En sinerrata llevamos toda la semana esperando a que llegue el sábado y la que creemos es la mejor fiesta del año: el Día Internacional del Libro. No se me ocurre un día más bonito que el dedicado a celebrar la lectura, las miles de historias que nos hacen soñar, viajar, aprender, y a sus autores.

Que la lectura sea algo tan maravilloso no lo decimos solo nosotros, sus bondades están más que demostradas científicamente y refutadas por multitud de aficionados, entre los que nos encontramos, como también por personalidades conocidas en todos los ámbitos. Así, qué mejor forma de celebrar este día que leyendo e invitando a hacerlo.

Si, además, tenéis la suerte de estar en Barcelona u otras localidades catalanas, podréis disfrutar de esta fiesta grande en la calle, ocupada por puestos de libros y rosas en los que los lectores podrán encontrarse, quizá, con su autor favorito. Como ya hizo el año pasado, nuestros amigos de SeeBook también tendrán su punto de encuentro con, entre otros, nuestros libros.

Este sábado nos encontramos entonces para celebrar juntos el Día del Libro, ¡leyendo!

jueves, 11 de febrero de 2016

El precio de los libros o la mercantilización de la lectura

Ayer me encontraba con este breve en la web sobre libros y lectores electrónicos Todo eReaders, en el que se comenta y opina sobre unas declaraciones de Jeff Bezos, el mandamás de Amazon, acerca del precio de los libros. Dice Bezos que los libros en general y los ebooks en particular son caros y que si los editores quieren competir con otras formas de entretenimiento, como los juegos o las redes sociales o la televisión, tienen que poner precios más bajos. (He estado buscando la entrevista original a Bezos para poder valorar mejor sus afirmaciones y os dejo aquí este artículo en la web Venture Beat donde se mencionan, por si os interesa [en inglés]).

Es, en mi opinión, innegable que hay algo de cierto en esa aseveración. Hoy en día, la lectura compite con variadas formas de entretenimiento y los editores, entre otros actores, debemos pelear con todas nuestras armas para que siga siendo una de ellas. Y el precio es una herramienta nada desdeñable para conseguirlo. Pero, ¿es la única? O, yendo un poco más allá en mi reflexión, ¿es realmente el precio de los libros lo que relega la lectura a un segundo plano por detrás del Candy Crash, Facebook o Netflix, como se afirma en la entrada de Todo eReaders? Sinceramente, yo opino que no.

Para empezar, siempre ha habido y sigue habiendo opciones gratuitas para leer; estoy hablando de las bibliotecas, por supuesto, que ya ofrecen libros electrónicos. En el caso particular de los ebooks, también se pueden conseguir gratis o muy baratos, gracias, por ejemplo, a las ofertas de algunos puntos de venta. Además, tenemos a nuestra disposición varios servicios de lectura digital por suscripción, al estilo Netflix y a precios similares, como Nubico, 24symbols, skoobe, readify o scribd. Y no me vale el argumento de que para leer en digital hace falta comprarse un dispositivo que también es caro, porque se puede usar para ello el mismo aparato en el que se está jugando.

Lo que yo creo es que leer, por regla general, supone una actitud quizá más activa que estar sentado delante de una pantalla, es decir, que puede requerir de un mayor esfuerzo (escribo esta frase con muchísima precaución porque ni me refiero ni quiero entrar en el debate “intelectual”, menos aún cuando la participación en las redes sociales implica, entre otras cosas, leer), y que estamos fracasando garrafalmente en la promoción de la lectura, como sociedad. Hay muchas cosas que hacer a este respecto, entre otras trabajar para que el acceso a la lectura sea lo más fácil posible, lo que incluye por supuesto precios asequibles, pero no solo. Identificar el descenso en los índices de lectura con precios altos creo que nos impide ver el problema en toda su dimensión y además solo favorece a los agentes que pretenden simplemente mercantilizarla.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Contraargumentos para convencer a los reticentes al libro digital

Antes de empezar con esta entrada, quiero aclarar que no pretendo otra cosa que responder a algunos de los argumentos que he podido escuchar en contra de los libros digitales, en las típicas discusiones que los enfrentan con los libros de papel. Lo que desde luego NO es esta entrada es una afirmación de que los ebooks son mejores que los libros impreso o que hay que elegir el formato digital en detrimento del papel. Como siempre digo, lo importante es leer; el qué, el cómo y el cuándo dependen de la persona, el momento, el género y otras cosas más. Pero vamos a por los alegatos:
  • Leer en una pantalla no es nada placentero. Y estoy en parte de acuerdo, como tampoco es lo más agradable leer en folios sueltos o si tuviéramos que hacerlo en un rollo de papiro que ir desplegando y girando. Pero leer en formato digital no es, al menos exclusivamente, leer en el ordenador y cuando pruebas un lector electrónico —los hay de todas las marcas, colores y precios— la experiencia cambia totalmente (conozco mucha gente que lee en tableta o incluso en el móvil y cantan las bondades de estos dispositivos, pero yo sigo prefiriendo la tinta electrónica).
  •  Hay que acordarse de recargar la batería. Muy cierto, pero también hay que hacerlo con el teléfono móvil y no recuerdo haber oído a nadie esgrimir ese argumento para no usarlo. En mi humilde opinión, el resto de ventajas del aparatito (diccionario, capacidad de almacenamiento, portabilidad…) compensan el tener que enchufarlo de vez en cuando.
  • Es difícil concentrarse en la lectura y se distrae uno/a con facilidad. Esto puede ocurrir si leemos en una tableta, desde luego (los lectores de tinta electrónica no suelen servir para nada más que para leer), pero también es posible que suceda leyendo un libro de papel con el teléfono al lado (sobre todo si no se han desactivado las notificaciones). Si lo que leemos nos atrapa, no habrá nada que nos pueda distraer, independientemente de cómo lo estemos leyendo.
  • No se puede presumir de los libros que tenemos. No, definitivamente no se puede. Sin embargo, ¿no es una maravilla poder llevar contigo un buen trozo de tu biblioteca a un viaje, la cola del banco o el transporte público, sin tener que cargar más que con un pequeño dispositivo? Aunque nadie más pueda ver lo que hay en ella.
Esta no es, al menos para mí, una cuestión de competencia. No se trata de elegir uno de los dos formatos y defenderlo hasta la muerte, olvidando al otro, sino de escoger el que mejor se ajusta a tu estilo de lector y necesidades, lo que puede cambiar con la hora o el día. Lo que sí tengo claro es que todos los argumentos, en una dirección y en otra, son rebatibles y a menudo subjetivos, y que la radicalidad, como en casi todo, no hace ningún favor a esto que nos ocupa, que es básicamente la lectura.

jueves, 22 de octubre de 2015

Libros enriquecidos


Hoy tenía otro tema para esta entrada, pero un artículo que he leído esta misma mañana del siempre interesante Manuel Gil, me ha hecho recordar que hace tiempo que quería compartir aquí mis particulares opiniones sobre los llamados libros enriquecidos.

Ya desde el principio de la revolución digital en el mundo del libro, muchos de sus defensores incluían entre sus argumentos la posibilidad de enriquecer los ebooks. Esto es, básicamente, añadir a los libros contenido multimedia, como vídeo y audio, además de aprovechar las enormes posibilidades del nuevo formato para crear vínculos y enlaces que permitan la interacción por parte del lector, saltos en el texto, finales alternativos, añadir materiales extra y mil cosas más. No hace falta imaginar demasiado para darse cuenta de las ventajas que esto supone para casi cualquier tipo de libro, pero en concreto para el libro de texto y divulgativo, campo en el que ya hay varios ejemplos espectaculares, o para el libro infantil.

Transcurridos unos cuantos años, el libro digital es ya el presente y sin embargo es cierto que los libros enriquecidos no han llegado aún a explotar, al menos desde el punto de vista de la cantidad de títulos presentes en el mercado, aunque las prediciones anteriores parecían indicar lo contrario. En este tiempo han aparecido también algunos artículos en los que se revisan los posibles motivos de este hecho, que en mi opinión se pueden resumir en un par de puntos:
  • El coste de producción. Que la tecnología permita añadir estos enriquecimientos a los libros electrónicos no quiere decir que sea barato. De hecho, en muchos casos es todo lo contrario, si tenemos en cuenta los gastos de producir los materiales multimedia, por ejemplo, o que los costes de composición/maquetación aumentan. En unas condiciones en las que las ventas de libros en general han disminuido y los editores están pasando por una situación económica más apretada, no siempre es fácil afrontar proyectos que requieren una mayor financiación.
  • El precio de los libros electrónicos y aplicaciones. Rentabilizar la inversión (del punto anterior) manteniendo los precios que el mercado admite, que en la edición digital son sensiblemente menores, puede resultar complicado.
  • Géneros y temáticas. Hay cierto tipo de libro que se beneficia claramente de estas características especiales, como comentaba unos párrafos más arriba, pero sin embargo otros, como la ficción pura y dura, no tanto. Admito que este argumento es puramente personal, pero a mí, como lectora, no me resulta del todo confortable cuando hay algo que me rompe el ritmo de lectura, si tengo que ir siguiendo enlaces, yendo y viniendo por el texto o viendo vídeos.
A pesar de todo ello, también opino que los editores (y por supuesto también me incluyo) hemos incorporado la edición digital a nuestros hábitos de papel y muchas veces nos olvidamos de todas estas posibilidades.

jueves, 3 de septiembre de 2015

El placer de editar, la ilusión de publicar

Recién empezado el nuevo curso, estamos ya manos a la obra con la edición del que será nuestro lanzamiento de otoño: el nuevo caso del sargento hechizado, Carmelo Domínguez, ese peculiar sargento de la Guardia Civil que con su especial mirada nos lleva a un pueblo serrano en la España de los años cincuenta y sus crímenes y misterios, surgido de la pluma de Fernando Roye.

Como editora, publicar un nuevo libro me hace una ilusión indescriptible; una mezcla de emoción, nervios e impaciencia por mostrar a los lectores esa historia que ya ha pasado a formar parte de tu memoria, de tu sensibilidad lectora, y que crees, confías, atrapará de la misma forma a los demás.

Pero toda publicación empieza con un enamoramiento, el que surge la primera vez que lees un manuscrito. El origen de la chispa inicial puede ser el personaje principal o algún secundario, una trama redonda y cautivadora, los diálogos, llenos de ingenio y sabiduría, una ambientación evocadora, la habilidad del autor en la conjunción de las letras, o una combinación de varios de estos elementos. En ciertas novelas hay algo que de repente nos hacer ver las líneas como un camino sin retorno hacia ese nuevo mundo que nos presenta, y ese momento es para mí, simplemente delicioso.

Si la primera lectura es el flechazo, el proceso de edición es, sin duda, la más bonita historia de amor correspondido. Durante ese tiempo de pulido y preparación del original, con sus varias y consecutivas fases, el editor bucea en todas las costuras del texto y establece una nueva relación con él y con su autor. Y en una editorial modesta como sinerrata, en la que prácticamente todo se hace en casa y por un número reducido de personas, este trabajo es todavía más intenso. Y en consecuencia, en mi opinión, más satisfactorio. Durante esta etapa nos conocemos el uno al otro (editor-manuscrito-autor-editor) y nuestra relación se desarrolla y afianza. A estas alturas no hace falta que diga cuánto me gusta esta parte de mi trabajo, ¿verdad?

Pues en eso estamos ahora, en el disfrute de conocernos y mejorarnos, dando forma a lo que, no tardando mucho, os presentaremos con toda la ilusión del mundo. La ilusión de que también vosotros os enamoréis perdidamente.

jueves, 27 de agosto de 2015

Lecturas (pendientes) de verano


Como ya os contaba en una entrada anterior, para mí el verano está directamente relacionado con la lectura, no solo por ser un periodo de vacaciones y, consecuentemente, con más tiempo que dedicar a esta actividad, sino también porque los días más largos y calurosos invitan a encontrar otros y muy placenteros lugares de lectura, como la playa, la piscina, o un simple pinar.

En esa misma entrada a la que hacía referencia, compartíamos con vosotros la lista de títulos que colaboradores y autores de la editorial recomendábamos o pretendíamos (en mi caso) leer durante esta temporada estival, y yo misma ya aventuraba que muy posiblemente fueran más de los que finalmente pudiera disfrutar.

Acabadas las vacaciones, puedo confirmar mi predicción de entonces: regreso con varios libros sin leer aunque también es cierto que otros que no estaban se colaron improvisadamente en la lista. Como seguramente también os pase a muchos de vosotros, las librerías desconocidas (o no) en el lugar de veraneo ejercen una especial atracción en mí y a la vez me proveen de material local o simplemente imprevisto. Pero aún queda verano por delante y pretendo aprovechar cada segundo restante para mantener ese espíritu vacacional y seguir avanzando en mis pendientes página a página. 

¿Y vosotros? ¿Habéis cumplido vuestros propósitos lectores? ¿Habéis descubierto alguna joya inesperada?

martes, 21 de julio de 2015

Nos vamos de vacaciones


Con este calor no hay quien se concentre en la oficina así que, aunque seguiremos activos en las redes y continuaremos trabajando en las novedades de otoño, ponemos el cartel de “cerrado por vacaciones” en el blog hasta finales de agosto. Además, aprovecharemos estos días de ritmo pausado y más tiempo de ocio para dar buena cuenta de la lista de lecturas de la que os hablábamos en la entrada anterior, claro.

De parte de todo el equipo de sinerrata, os deseamos unas muy felices vacaciones y muchas, variadas y entretenidas lecturas, y os esperamos a la vuelta con más novela negra en español y el reecuentro con nuestros (y, esperamos, también vuestros) personajes favoritos.