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jueves, 28 de septiembre de 2017

Negando lo evidente

©Ros
Confieso que no siempre entiendo las viñetas de Ros y esta, aunque la entiendo, no consigo ponerla en contexto. ¿Es una crítica o una alabanza? La conclusión a la que he llegado es que es tan buena que puede ser las dos cosas, dependiendo de los ojos que la miran. Para mí es claramente una alabanza, pero puedo entender cómo para otra persona sea una crítica: el libro electrónico, una vez más, como hermano pobre del papel, como símbolo de una pérdida (ese precioso edificio y todo el contenido de la biblioteca nacional, aunque el contenido no desaparece solo cambia de formato y en consecuencia ocupa un espacio, y un volumen, distinto).

Si este fuera el caso, el de la crítica, se me ocurre argumentar que el edificio no se pierde, si se necesita menos espacio para almacenamiento tendremos más para realizar otras actividades relacionadas con el libro la lectura, y, sin embargo, a cambio conseguimos que todo el saber, la literatura y entretenimiento que antes se encontraba entre esos muros ahora esté disponible para cualquier persona en cualquier parte del mundo y no solo para los que tuvieran la suerte de vivir en sus proximidades.

Tengo la sospecha de que muy probablemente se trate de una crítica, quizás porque me he malacostumbrado a que a los libros digitales les lluevan de esas por todas partes, principalmente desde el propio mundo editorial. Y precisamente por eso, me sentí muy identificada con algunos párrafos de este artículo de The Digital Reader de hace unos días. Dice Nate Hoffelder, su autor: 

“The major publishers are dead because they bet against digital, which is the future.
The thing about the major publishers is that they thought they could make the market go where they wanted”.

O, en una traducción libre: “Las grandes editoriales están muertas porque apostaron en contra del formato digital, que es el futuro. El problema de las grandes editoriales es que pensaron que podrían hacer que su mercado fuese en la dirección que ellas querían”.

Lo que más me preocupa (y a veces me enfada) es que para justificar esta decisión de no apostar por el libro electrónico, se maquillan los datos de ventas, y los de las descargas ilegales, y se publicitan ampliamente para convencernos de que el libro impreso no solo sobrevivirá, cosa que por otra parte nunca he dudado, sino que está creciendo en ventas y terminará acabando con el formato digital, que cada vez vende menos. Además, los libros electrónicos no solo nos hacen cada vez más tontos, sino que están acabando con los ingresos de editoriales y autores...

No es la primera vez que hablamos de esto aquí y puede que no sea la última. No llego a ser tan drástica como Hoffelder y realmente no creo que las grandes editoriales, o cualquiera que no apueste por la edición digital, estén muertas, pero sí estoy convencida de que están perdiendo un tiempo valiosísimo en mantener el statu quo, peleando con un monstruo que no va a desaparecer y que, si se pararan a pensarlo, no es en absoluto su enemigo. Pero, como decía mi abuela, no hay peor sordo que el que no quiere oír.

jueves, 6 de octubre de 2016

Lectura, encuestas, estadísticas y titulares

Uno de los temas que más preocupa, o debería preocupar, a todos los que nos dedicamos a esto de los libros, seamos editores, autores, libreros o bibliotecarios, es el de los índices de lectura. Lo habitual, cuando hablamos de cuánto se lee, es afirmar que se lee muy poco e, incluso, que se lee muy mal. Por cierto, me resulta curioso ese concepto, el de leer mal, porque me da la impresión de que quien lo afirma normalmente quiere decir que no se lee lo que él (o ella) juzga como contenido de calidad, y eso es algo que me parece de una soberbia digna de ser tratada.

De hecho, yo soy de la opinión de que hoy en día se lee más que nunca, aunque no sea en el formato tradicional: libros, periódicos, revistas. En cambio, nuestros jóvenes, y los que no lo somos tanto, pasamos además una buena cantidad de tiempo diario leyendo entradas de blogs, artículos en redes sociales y toda clase de mensajes recibidos a través de los nuevos canales que la tecnología nos proporciona. Eso no es literatura, por supuesto, pero definitivamente es leer, ¿o no?

En el último barómetro del CIS, el de septiembre, encontramos datos sobre la lectura y los españoles y lo que más se ha destacado en los titulares es el más del 36% de españoles que no lee nunca, o el 42,3% al que no le gusta leer. Este último titular ya es de nota, no solo por utilizar un porcentaje tan preciso, incluyendo decimales, sino porque da a entender que de cada diez españoles, cuatro odian la lectura, cuando en realidad, son cuatro de cada diez de los que afirman no leer nunca o casi nunca; es decir, es el 42,3% del 36,1%, que, si mis modestas matemáticas no me fallan, viene a ser un 15% del total. Vaya cambio en el titular, digo yo. Por cierto, el subtítulo en el primer artículo es que más de la mitad de los encuestados no han comprado ningún libro en el último año, y yo me pregunto, no por primera vez, si no será que a algunos les importa más ese hecho que lo mucho o poco que se lea. Ah, y otro inciso: ninguno de los dos titulares lo especifica pero los resultados que se mencionan son acerca de la lectura de libros en exclusiva.



Como parte del mundo editorial, considero mi responsabilidad fomentar la lectura y creo que es parte esencial de nuestro trabajo promulgar las infinitas bondades de esta maravillosa actividad, y esta es mi particular visión, para que cada uno lea cuando, como y lo que quiera. Y, por supuesto, me inquieta cuando estas encuestas muestran índices con, cómo decirlo, grandes márgenes de mejora. Sin embargo, aun pecando de ingenuidad, creo que los mensajes positivos llegan mucho más lejos que los negativos y llevarnos las manos a la cabeza, resaltando lo poco que leemos los españoles y lo menos aún que nos interesa (aunque no sea matemáticamente cierto), no va a mejorar nada. Al fin y al cabo, casi un tercio de los participantes en la encuesta (el 28,6%, para ser exactos) afirma leer todos o casi todos los días, y ese no me parece un mal dato sobre el que trabajar.

Ya para terminar, me han llamado la atención un par de resultados de este barómetro. Por un lado, el índice de lectura en los transportes públicos, que apenas es del 2,4%. ¿En serio? ¿Y todos esos lectores que veo en el autobús o en el metro cada día? ¿Es que solo van en mi vagón? Y por otro, la propia concepción que tienen los encuestados del nivel de lectura en España: casi el 70% piensa que en nuestro país se lee poco. El mensaje negativo cala, o eso parece.

jueves, 25 de agosto de 2016

El debate eterno

Volvemos a recuperar el ritmo en el blog cuando el verano ha traspasado ya su ecuador y el mes clásico de las vacaciones, agosto, se va acabando, pero a pesar de la escasez de noticias y novedades típica de estas fechas el eterno debate del libro de papel frente al digital sigue sin agotarse (sí se agota, en cambio, mi interés por seguir leyendo/oyendo/escribiendo sobre lo mismo).

Esta misma semana compartíamos en Facebook el enésimo artículo sobre si es mejor leer en un formato o en otro (nuestra opinión: lo mejor es leer), sin ir más lejos, pero la pieza que más me ha hecho pensar sobre el tema es esta publicada en el diario Bez, escrita por Txetxu Barandiarán, a quien admiramos y seguimos en su excelente blog Cambiando de tercio.

Me ha gustado que en el artículo se desmitifica ese gran cambio que, según el autor, anunciaban los gurús de lo digital, aunque creo que difiero en el punto de vista. En mi opinión, ese cambio ha sucedido, en el ámbito de los libros al igual que en muchos otros, lo que no ha ocurrido es la debacle augurada por una parte del sector. Coincido también en que el futuro de lo digital es aún incierto y múltiple, lo que no me parece ni bueno ni malo. Seguimos en el proceso de cambio y todavía no es fácil prever cómo seguirá evolucionando. No creo, sin embargo, que el creador (escritor) piense en papel o en digital sino que puede que su obra sea creada como un texto adaptable al formato papel o al electrónico indistintamente o que incluya recursos multimedia más propios del medio digital. Y tampoco comulgo con la idea de que el libro digital termine dejando paso a la gamificación; es sin duda una posibilidad que con certeza será aprovechada, del mismo modo que artistas de la imagen pueden utilizar el vídeo o quedarse en la fotografía para desarrollar su trabajo.

Es esta última afirmación, la del juego como destino último probable de la evolución del ebook, la que incluso me enfurece, lo admito, pues una vez más me parece que se pretende defender un formato, el papel, simplemente ninguneando al otro, el digital.

jueves, 19 de mayo de 2016

Titulares que me gustaría leer sobre el libro electrónico

Desde que el ebook empezó a ser una realidad en el mundo editorial, y en el de los lectores, aunque por aquel entonces en muchos de los medios y blogs especializados, y no tan especializados, todo esto de lo digital era en el mejor de los casos un futuro lejano y en el peor, mera ciencia ficción, me desayuno, como, meriendo y ceno con todo tipo de artículos tremendistas que, o bien anuncian el fin de todo lo escrito y escribible, o denuncian el daño irreparable que el ebook hace a todos los que vivimos y amamos al libro y todo lo que lo rodea. Vale, igual estoy exagerando un poco, pero estoy algo cansada (y algo es un eufemismo) de tanto drama y tanta acusación muchas veces con dudoso fundamento.

Se me ha ocurrido entonces hacer una relación no exhaustiva ni ordenada de los titulares que me gustaría leer sobre el libro electrónico, en lugar de los que me sigo encontrando día sí y día también:

  • El libro de papel y el digital seguirán vivitos y coleando.
  • Las ventas de libros, sumando todos los formatos, siguen aumentando otro año más.
  • Los préstamos en las bibliotecas, ya sean en formato impreso o en digital, siguen en aumento.
  • Los editores se focalizan en encontrar nuevos y buenos textos y publicarlos en todos los formatos.
  • La lectura, sea en el formato que sea, nos hace más libres, más imaginativos y más inteligentes.
  • Los lectores afirman que cuando tienen mayor libertad de elegir el formato y modo de lectura, leen más.
  • El libro digital consigue llevar la literatura y el aprendizaje a todas las escuelas, universidades y lectores del globo.
Y que conste que esto que escribo no es estrictamente un alegato a favor del libro digital ni mucho menos en contra del de papel, sino un modesto pataleo ante esa guerra artificiosa, inútil y en mi opinión hasta dañina entre ambos formatos.

jueves, 28 de enero de 2016

Diversidad en el sector editorial

Este es un tema, el de la diversidad en general, que surge periódica y recurrentemente en los medios de comunicación en relación a todo tipo de sectores; señal inequívoca, en mi opinión, de que sigue sin solucionarse a pesar de todos los avances que nos han traído hasta el siglo XXI. Precisamente en estos días podemos encontrar la noticia de actores y directores afroamericanos boicoteando los Óscars por su nula representación en los mismos, por segundo año consecutivo. O, en cuestión de género, en la que no están mucho mejor, tenemos relativamente recientes las declaraciones de algunas actrices protestando por un trato diferenciado. En cualquier caso, como decía al principio de mi parrafada, esta situación se repite allá donde miremos, independientemente del sector y, tristemente, también del factor de desigualdad (color de piel, género, orientación sexual, discapacidad).

Pero entrando un poco más en la industria que nos ocupa, la editorial, esta semana he encontrado esta interesante infografía sobre la diversidad en el ramo editorial en Norteamérica en 2015 [artículo original en inglés]:
No he podido encontrar nada parecido en nuestro país pero me atrevería a decir que la situación no es muy distinta. En mi experiencia, el mundo editorial está habitado por una alta proporción de mujeres en todo tipo de puestos intermedios: editoras, redactoras, correctoras, traductoras, vendedoras, promotoras. A pesar de ello, y de que también son más las mujeres que leen que los hombres (en España, de los que se declaran lectores, el 66,5% son mujeres frente al 57,6% de hombres, según la encuesta de hábitos culturales 2014-2015), y razonablemente son también más las mujeres que reseñan que los hombres, los puestos directivos está mayoritariamente ocupados por hombres. Ay, qué habremos hecho para no saber dirigirnos a nosotras mismas, me pregunto.

Como último comentario, tampoco he sido capaz de encontrar estadísiticas sobre la proporción de escritores por género (masculino o fémenino, quiero decir), pero también en mi experiencia (y ya sé que esto no es un dato científico) diría que la proporción puede estar más o menos igualada, pero desde que empezaron a otorgarse los premios Nobel de Literatura en 1901 solo ha habido 14 galardonadas. Y no parece que este sea el único premio que deja fuera a las autoras, como el polémico caso bien reciente del Salón del Cómic de Angoulême.

jueves, 14 de enero de 2016

Mis deseos para 2016

Creo que este es el primer año que hago este ejercicio; por regla general no soy muy aficionada a las listas, a los repasos de fin de ciclo y, menos aún, básicamente porque rara vez las cumplo, a las resoluciones de año nuevo. Pero en esta ocasión, inspirada por otros artículos de este estilo, análisis sobre 2015 y expectativas para 2016, durante estos primeros días de enero he ido recopilando mentalmente, casi sin darme cuenta, una serie de deseos que me gustaría mucho se pudieran hacer realidad en este nuevo periodo que empieza (el orden es irrelevante):
  1. Más y mejores librerías online, que no te pidan hasta el color de los ojos para poder comprar, ni te “guarden” los libros que adquieres, sino que te envíen directamente el archivo, que para eso lo has pagado, no usen DRM y respeten tu privacidad. En definitiva, más Lektus.
  2. Continuando el deseo anterior, un mercado digital más variado, en cuestión de oferta pero también en cuanto a posibilidades de comercialización, que no se limiten a los dos o tres gigantes que lo dominan todo sino que permitan un horizonte más plural y bibliodiverso.
  3. La eliminación definitiva y generalizada del DRM, al menos del llamado “duro”, que solo penaliza al lector que compra sus ebooks.
  4. Un formato único y abierto para el libro electrónico, que se pueda leer en cualquier tipo de dispositivo, que todos los distribuidores y librerías acepten y exijan y que facilite no solo la lectura sino también el almacenamiento y gestión de nuestras bibliotecas personales.
  5. Un sistema de acceso a las bibliotecas por parte de las editoriales digitales. Ahora dependemos de acuerdos puntuales con algunas redes de bibliotecas o de que el distribuidor que utilizamos gane el concurso público de turno para proveerlas de contenido. Las bibliotecas, y sus usuarios, deberían tener acceso a todo lo que se publique en formato electrónico, como ocurre en el papel, y las editoriales digitales debemos y queremos estar ahí.
  6. Una apuesta por parte de las librerías de calle por el formato digital y un medio, sea en forma de tarjeta de descarga, como las de SeeBook, o en cualquier otra, para que también en ellas se comercialicen los libros electrónicos.
  7. Una normalización del formato digital, que así pierda su estigma de formato de segunda, y con estándares de calidad al mismo nivel que el papel. Los lectores cada vez leen más libros electrónicos así que me aventuro a decir que esto está.
  8. Y por último pero no menos importante: una oportunidad para los autores noveles, los que publican con nosotros, por su cuenta, con otras editoriales o aún esperan su ocasión. Por experiencia sabemos que hay mucho talento ahí fuera y lo mucho que cuesta captar la atención de los lectores dentro de la abundante oferta y las limitaciones del mercado.

jueves, 22 de octubre de 2015

Libros enriquecidos


Hoy tenía otro tema para esta entrada, pero un artículo que he leído esta misma mañana del siempre interesante Manuel Gil, me ha hecho recordar que hace tiempo que quería compartir aquí mis particulares opiniones sobre los llamados libros enriquecidos.

Ya desde el principio de la revolución digital en el mundo del libro, muchos de sus defensores incluían entre sus argumentos la posibilidad de enriquecer los ebooks. Esto es, básicamente, añadir a los libros contenido multimedia, como vídeo y audio, además de aprovechar las enormes posibilidades del nuevo formato para crear vínculos y enlaces que permitan la interacción por parte del lector, saltos en el texto, finales alternativos, añadir materiales extra y mil cosas más. No hace falta imaginar demasiado para darse cuenta de las ventajas que esto supone para casi cualquier tipo de libro, pero en concreto para el libro de texto y divulgativo, campo en el que ya hay varios ejemplos espectaculares, o para el libro infantil.

Transcurridos unos cuantos años, el libro digital es ya el presente y sin embargo es cierto que los libros enriquecidos no han llegado aún a explotar, al menos desde el punto de vista de la cantidad de títulos presentes en el mercado, aunque las prediciones anteriores parecían indicar lo contrario. En este tiempo han aparecido también algunos artículos en los que se revisan los posibles motivos de este hecho, que en mi opinión se pueden resumir en un par de puntos:
  • El coste de producción. Que la tecnología permita añadir estos enriquecimientos a los libros electrónicos no quiere decir que sea barato. De hecho, en muchos casos es todo lo contrario, si tenemos en cuenta los gastos de producir los materiales multimedia, por ejemplo, o que los costes de composición/maquetación aumentan. En unas condiciones en las que las ventas de libros en general han disminuido y los editores están pasando por una situación económica más apretada, no siempre es fácil afrontar proyectos que requieren una mayor financiación.
  • El precio de los libros electrónicos y aplicaciones. Rentabilizar la inversión (del punto anterior) manteniendo los precios que el mercado admite, que en la edición digital son sensiblemente menores, puede resultar complicado.
  • Géneros y temáticas. Hay cierto tipo de libro que se beneficia claramente de estas características especiales, como comentaba unos párrafos más arriba, pero sin embargo otros, como la ficción pura y dura, no tanto. Admito que este argumento es puramente personal, pero a mí, como lectora, no me resulta del todo confortable cuando hay algo que me rompe el ritmo de lectura, si tengo que ir siguiendo enlaces, yendo y viniendo por el texto o viendo vídeos.
A pesar de todo ello, también opino que los editores (y por supuesto también me incluyo) hemos incorporado la edición digital a nuestros hábitos de papel y muchas veces nos olvidamos de todas estas posibilidades.

jueves, 15 de octubre de 2015

Mercado digital europeo

Este año, por diversos motivos que ahora no vienen a cuento, no he podido asistir a Liber. Tras leer las crónicas de Manuel Gil y Bernat Ruiz, me quedo con la sensación de que no me he perdido demasiado, pero lo cierto es que me hubiera gustado ver amigos y colegas (o amigos-colegas) y haber escuchado alguna que otra charla que prometía ser interesante. Una de ellas es una mesa redonda sobre el impacto del mercado único digital europeo en el modelo de negocio del sector editorial, de la que hacen una previa en la web cultural Dosdoce.com. 

Puede sonar contradictorio, por innecesario, que en un escenario digital en el que todo parece estar a nuestro alcance, la Unión Europea se plantee tomar una serie de medidas para potenciar un mercado digital europeo. Al fin y al cabo, a golpe de click podemos comprar casi cualquier cosa de cualquier parte del planeta, ¿o no? Sí y no, o sí pero con limitaciones, ya que hay una serie de aspectos que no nos lo pone tan fácil o que hace que nuestros derechos como consumidores no sean respetados de la misma manera que en el mercado físico, ya regulado en ese sentido desde hace tiempo.

Obviamente, este proyecto de la Comisión Europea tiene en su punto de mira todo el ámbito del mercado digital e incluye todo tipo de bienes y servicios, pero dejadme que arrime el ascua a mi sardina y me centre en la parte que le toca al libro electrónico. Desde mi punto de vista, los aspectos específicos que habría que considerar en cuanto a los libros digitales son los siguientes (la lista no pretende ser exhaustiva y el orden es absolutamente arbitrario):

  • Copyright. En un ámbito más general, no solo en el digital, sería interesante unificar la legislación en cuanto a los derechos de autor en todos los países europeos, de forma que todos los editores nos ubiquemos en un mismo marco legal.
  • DRM. Aunque parece que los sistemas de protección de los libros electrónicos van derivando hacia versiones menos rígidas y más amables para los usuarios-lectores, en mi opinión es imprescindible renunciar de forma global a cualquier método que limite el uso de los ebooks por quienes los compran.
  • Formatos. El uso generalizado de un formato estándar y abierto para los libros digitales es el camino a seguir en este mercado común. Considero fundamental que cualquier ebook comprado en cualquier tienda digital pueda ser leído en cualquier aplicación y dispositivo.
  • Impuestos. No me voy a repetir ahora con la necesidad de igualar el IVA de los libros digitales a los impresos, pero además, este impuesto debería ser el mismo en todos los países y así nos evitaríamos fugas de impuestos y competencias no del todo leales.
  • Bloqueo geográfico. En un mercado global como el digital cada vez tiene menos sentido la limitación geográfica en los contratos de cesión de derechos de autor, que tanto editores como autores y agentes literarios deberíamos trabajar para eliminar definitivamente.
Al margen de estas peculiaridades, me gustaría añadir un factor que no por más generalista es menos importante: el acceso a internet de calidad y a precio razonable. Si queremos un mercado digital funcional y exitoso necesitamos que el público en general pueda acceder a él de forma lo más fácil posible.

Todo esto sería un gran empuje para la Unión Europea, sus empresas digitales y sus ciudadanos, pero además, volviendo a nuestro sector, creo que podría proporcionar una posición de ventaja a los editores frente a las plataformas digitales con un ecosistema cerrado al unificar formatos, impuestos, condiciones, etc.

jueves, 1 de octubre de 2015

La distribución digital para una pequeña editorial

Parece que fue ayer, sobre todo porque muchos debates siguen estando abiertos y se repiten periódicamente, cuando empezamos a hablar sobre la edición digital y los cambios que introducía en la cadena del libro, hace ya unos cuantos años, y uno de los elementos que sufrieron los primeros ataques fueron las distribuidoras.

Es muy cierto que el trabajo de las distribuidoras tradicionales está vinculado principalmente al transporte de los libros desde la editorial a las librerías y vuelta, con las devoluciones, y ese transporte simplemente no existe en el caso de la edición digital, donde lo que tenemos es un envío electrónico de archivos a las distintas plataformas y puntos de venta online.

Tampoco ayudó la llegada de Libranda, un monstruo (lo siento, es la primera palabra que me ha venido a la mente) creado por los principales grupos editoriales con un mensaje, no tan subliminal, monopolista y un tanto prepotente. [Muy interesante a este respecto el artículo que publicó José Antonio Millán en su blog ante la noticia de su desembarco, especialmente los comentarios (artículo que recupero gracias a la entrada de Mariana Eguaras también mencionada un poco más abajo en este texto)]. En este punto, muchos (incluida yo misma) vimos la distribución digital como un mero calco de su equivalente para el libro impreso, que poco aportaba en un mundo digital y sin embargo pretendía quedarse con una parte del pastel. A modo informativo, en esta entrada de Mariana Eguaras en su excelente blog, se muestra el reparto de porcentajes del libro digital (en contraposición al impreso) y lo que suelen cargar las distribuidoras.

Ha pasado ya algún tiempo y las distribuidoras digitales siguen sin ser un elemento imprescindible en este nuevo (o ya no tanto) paradigma. Hay una buena cantidad de autores que se encargan ellos mismos de la distribución, como parte de la autopublicación, como también hacen algunas pequeñas e incluso medianas editoriales. Nosotros, sin ir más lejos, empezamos trabajando directamente con casi todas las librerías digitales. Sin embargo, una vez que los procesos y ciclos digitales se han asentado y cada agente ha ido encontrando su sitio, las distribuidoras digitales, o al menos algunas, están sabiendo aportar valor a la cadena y convertirse en un elemento fundamental para las editoriales que, como sinerrata, no tienen un catálogo muy extenso ni grandes recursos.

En este mundo digital donde cada vez hay más libros y más dificultades para conseguir visibilidad (como ya comentábamos aquí hace algún tiempo), es verdaderamente importante la relación con el punto de venta y conseguir entrar en sus promociones y eventos destacados, y eso, para pequeños editores como nosotros, prácticamente solo es posible gracias un intermediario fuerte que no solo lleve nuestros libros allí donde tienen que estar, sino que además los presente, los promocione y los defienda. En realidad, prácticamente lo mismo que hacen las buenas distribuidoras de papel pero que ha tardado un poco más en llegar al mundo digital.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Autores, editores y editoriales: combinaciones varias

Esta semana me he encontrado con dos artículos muy interesantes que valoran la relación entre autores, editores y editoriales, aunque cada uno con una perspectiva bien distinta. Sobre la relación entre autores y editores ya había escrito aquí mismo en alguna ocasión, pero me ha parecido que en la confluencia de estos dos escritos se explicaban bien las nuevas formas de publicación y su evolución.

El primer texto del que os hablada es este de José Antonio Millán, en el que comenta otro interesantísimo artículo sobre las posibles formas en las que los autores primerizos encuentran editor (en el sentido de publicador) y los distintos profesionales que pueden intermediar en ese proceso, desde agentes literarios hasta críticos o incluso otros autores. Este es un viaje que muchos autores emprenden, y que no tantos consiguen seguir hasta el destino, y que normalmente comienza con un manuscrito que se envía directamente a la editorial o a alguno de esos intermediarios (por cierto, que también en este blog publicamos unas sencillas recomendaciones para presentar una propuesta editorial). Me ha parecido especialmente interesante cómo los datos que se comentan, sobre el número de agentes, la cantidad de originales, el total de publicaciones y otros, reflejan claramente el cuello de botella, desesperante para los autores y difícil de gestionar para las pequeñas editoriales, que se produce en este recorrido tradicional.

Y esto me lleva hasta el siguiente artículo, en esta ocasión de Bernat Ruiz y titulado Hacia la edición con editores y sin editoriales. Como consecuencia de ese difícil tránsito hacia las editoriales que sufren muchos escritores y por otros motivos que Bernat Ruiz expone en su entrada, además de por la mayor facilidad de acceso gracias al libro electrónico y otras tecnologías, cada vez hay más autores que optan por prescindir de una casa editorial. Cualquiera que sea el motivo, la autopublicación es una opción tan válida como cualquier otra e incluso puede ser más ventajosa para el autor, pero otra cosa es la autoedición. De hecho, si hay algo que se le reprocha de forma recurrente a muchos libros autoeditados es la ausencia de una edición profesional. Afortunadamente en este aspecto también creo que estamos evolucionando, y me da la impresión, como a Bernat, de que cada vez más los escritores que se autopublican solicitan la ayuda de profesionales de la edición para conseguir mayor calidad en sus libros.

Sea cual sea la combinación elegida, autores y editores hacemos un buen equipo y, aunque puedan cambiar las formas en las que nos relacionemos, creo que aún nos queda por delante mucho recorrido.

jueves, 4 de junio de 2015

Sobreabundancia frente a bibliodiversidad


El hecho de que en España se publica demasiado es algo que ya hace tiempo que escuchamos, y con lo que creo que todos estaremos de acuerdo. Tradicionalmente, las grandes editoriales adoptaron la estrategia de inundar las librerías con su novedades y así copar cualquier rincón visible de las mesas y los escaparates, desterrando los títulos de la competencia. La víctima directa de esta táctica es la bibliodiversidad y las perdedoras las pequeñas editoriales, que no pueden (ni quieren, añadiría yo) competir al peso y cuyos pocos títulos nuevos difícilmente obtienen alguna visibilidad.

Es cierto que con estos años de crisis y de caída sostenida en las ventas de libros, el cinturón de los recortes también ha llegado a las editoriales y, empezando por las grandes, se ha empezado a reducir el número de novedades que se publican. Sin embargo, con la llegada de la edición digital, los escaparates digitales están ahora más llenos que nunca gracias a una nueva hornada de pequeñas editoriales y autores autopublicados, lo que ha generado también un nuevo set de retos resumidos en un también nuevo término: la encontrabilidad.

Pero mi intención con esta entrada no es reflexionar sobre este término, del que ya hemos hablado aquí mismo en otras ocasiones, sino de cómo el libro digital ha hecho maravillas por la bibliodiversidad, facilitando el acceso a autores y editores a la publicación, aunque a la vez la afecta por la sobreabundancia de nuevos títulos que llegan a las librerías online y que amenazan con no dejarnos ver el bosque.

Todo esto surge gracias a un artículo sobre una de las ponencias en la conferencia de este año del IDPF Digital Book, sobre la curación de contenidos [en inglés]. Según el artículo, esta curación, o selección, es verdaderamente importante para las editoriales, porque permite que nuestros libros sean visibles en un grupo más limitado de títulos, pero también para los lectores, que de otra manera se ven abrumados por una oferta cada vez más ingente. Y hasta aquí coincido plenamente, pero me preocupa especialmente quién y cómo se encarga de esta selección, para que se pueda proteger la bibliodiversidad. Y es que si nos regimos por los criterios de siempre, el poder de las grandes maquinarias de producción y promoción, corremos el riesgo de encontrarnos de nuevo en el primer párrafo.

Afortunadamente, esta revolución digital ha traído también mucho más protagonismo para los propios lectores, que hacen y comparten su propia selección a través de blogs y redes sociales. Y ellos sí que son bibliodiversos.

jueves, 19 de marzo de 2015

La editorial como marca

En un muy recomendable artículo en The scholarly kitchen (en inglés) leía hace poco que el mundo de la edición es un negocio de intermediarios. Esta afirmación, con la que estoy de acuerdo, se basa en el hecho de que los libros que las editoriales publican en la mayoría de los casos llegan a su consumidor final, el lector, a través de al menos otro elemento de la red, como la librería.

Con la irrupción de la edición digital y la venta online, este paisaje se ha visto ligeramente alterado y cada vez hay más editoriales que venden directamente al lector, aunque raramente de forma exclusiva. Aunque es cierto que en esta nueva realidad algunos intermediarios están sufriendo cambios importantes, como los distribuidores, estos siguen y seguirán existiendo.

En la misma línea, la semana pasada hablaba con los amigos de Entreescritores.com en su blog sobre la distribución online, y ya afirmaba que en sinerrata seguimos creyendo en el papel fundamental del librero y por eso no contemplamos por ahora la opción de la venta directa. Esto no quiere decir que desdeñemos el contacto directo con los lectores, justo cuando los editores lo tenemos más fácil que nunca para conocer y comunicarnos con ellos; todo lo contrario, es una de nuestras responsabilidades conseguir llevar los libros que publicamos hasta todos ellos, pero estamos convencidos de que es la librería, de calle u online, el lugar natural para encontrarlos. Es cierto que al hacerlo de este modo las editoriales pierden buena parte de control sobre el proceso y que los libros corren el grandísimo riesgo de diluirse en una oferta cada vez más extensa y variada, y es ahí donde cobra especial importancia nuestra labor de comunicación y esa relación especial y cada vez más cercana con los lectores.

Como decía en el artículo que mencionaba en el párrafo anterior, la verdadera marca de una editorial es su catálogo y es fundamental, y esta es nuestra prioridad, ser capaz de darle consistencia, calidad y credibilidad, y mostrarlo de la mejor forma posible a los lectores.

jueves, 12 de marzo de 2015

¿No todos los libros son libros?


La semana pasada, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que el IVA reducido del que se benefician en varios países, como España, los libros impresos no puede aplicarse a los libros digitales puesto que estos no son un producto sino un servicio (aquí podéis leer la sentencia [en inglés]). Contrariamente a lo que he podido leer en algún blog, el motivo que esgrime el tribunal para establecer esta distinción no se fundamenta en que los ebooks, debido a los sistemas de protección y/o comercialización de las plataformas, no proporcionan a los consumidores los mismos derechos que los libros de papel, sino porque consideran que todo lo que se distribuye y entrega a través de internet o una red electrónica es un servicio.

Lo que más me ha llamado la atención es que refuerzan la decisión utilizando el argumento del soporte, claramente físico para el papel e intangible para el digital, lo que igual tuvo sentido en algún momento del pasado pero hoy en día me resulta completamente absurdo. Es verdad, el libro electrónico es un archivo y no un objeto pero, ¿es un libro menos libro porque lo guardo en mi ordenador o mi lector electrónico en vez de en la estantería? ¿Cuándo leo un libro digital la experiencia cultural es menor que cuando es un libro de papel? Es decir, lo que este tribunal ha sentenciado (o esa es mi interpretación) es que lo que hace de un libro un producto cultural y por tanto merecedor de un impuesto reducido (y un menor coste para los consumidores) es el papel en el que está impreso.

Podemos hablar largo y tendido sobre qué formato nos gusta más, cuál nos proporciona mejor experiencia de lectura o nos resulta más conveniente, pero lo que para mí no tiene discusión es que el valor cultural del libro no está en el soporte sino en el contenido, igualmente accesible se lea donde, como y cuando se lea. Y se haya comprado donde, como y cuando se quiera.

Por cierto, que en sinerrata también pensamos que la mayoría de sistemas de protección de los libros digitales coartan los derechos de los lectores y por eso no los usamos en los libros que publicamos.

jueves, 26 de febrero de 2015

Bibliotecas de vanguardia

En un momento en el que la industria editorial parece seguir cayendo en esta crisis perpetua del sector, a la que en los últimos años se ha añadido una crisis general, y en el que el tan manido cambio de paradigma nos ha sumido en un mar turbulento del que aún no conocemos las consecuencias (ni siquiera tenemos claro, por lo que parece, lo que está pasando a día de hoy), contemplo con gran optimismo cómo las bibliotecas en nuestro país, en otros ya lo hicieron hace tiempo, van introduciendo en sus fondos el libro digital. Para mí es la constatación de que realmente apuestan por la lectura, en absoluto, sin entrar en esa guerra de formatos tan absurda como contraproducente.

Desde hace ya algún tiempo, hay una premisa que se repite sin cesar en el mundillo de la edición: hay que poner al lector en la primera línea del proceso editorial. Es una afirmación con la que estoy muy de acuerdo: ellos son los que mandan, los que deciden qué leer, cuándo y cómo, y editores y autores tenemos que escucharlos y complacerlos. Pues bien, son las bibliotecas las que están cerca de ellos y las que verdaderamente están sabiendo conectar, conocer sus preferencias y ofrecerles lo que quieren. Lectura, en el formato que sea, entre otras cosas.

Si bien es cierto que las cifras de compras a editoriales y préstamos de libros electrónicos son aún modestas (aunque, cómo no, en esto también hay diferentes interpretaciones), no puedo más que quitarme el sombrero ante estas instituciones que quizás están siendo el elemento del mundo del libro que mejor se está adaptando a los cambios, avanzando, manteniéndose al día y desarrollando nuevas actividades para seguir atrayendo a los lectores en un mundo digital y cada vez más diverso en cuanto a opciones de ocio. Y siempre, siempre, promoviendo la lectura.

Permitidme que añada que sinerrata también también está presente en la red de bibliotecas del País Vasco e incluso participando en estos mismo momentos en el club de lectura de la biblioteca La Bòbila, en L'Hospitalet.

jueves, 19 de febrero de 2015

El ebook está acabado, las librerías tradicionales cierran, ¡hala, todos para casa!

Desconozco si lo que voy a comentar es algo propio de la cultura hispana, o si pasa en cualquier país del mundo, pero es algo que yo no acabo de entender. Por desgracia, para los que estamos interesados en "el asunto este de los libros", cada vez que abrimos el navegador nos encontramos con alguna mala noticia relativa a nuestro sector: si no son las ventas de libros electrónicos que se estancan, es esa librería mítica de toda la vida que acaba de echar el cierre.

La parte que yo no entiendo es que, si todo el mundo se dedica a lo mismo, a crear obras literarias y hacérselas llegar a la gente, por qué tengo la impresión de que unos actores esgrimen este tipo de noticias contra otros. Algunos de los que dicen amar el libro en papel al parecer se alegran si el libro electrónico no avanza con brío, y los "guruses" del cambio de paradigma parecen esperar agazapados a que cierre algún templo de la venta de libros en papel.

A mí esto me da cierta pena, porque a mí por encima de todo lo que me apasiona es leer, (y de forma secundaria escribir, y arrimar el hombro para que las editoriales vendan). Algunos adoramos los libros en papel con los que hemos crecido, y a la vez sabemos ver las ventajas que en algunos ámbitos tiene el ebook.

He hablado de sensaciones. Pero también podemos hablar de datos que por si solos, fuera de contexto o incompletos, no valen nada. A veces, cuando se habla del estancamiento en las ventas de ebooks, ni siquiera dejan claro si hablan de contenidos, o de dispositivos. Si hablamos de los lectores de tinta electrónica, lo extraño sería que un dispositivo que, bien cuidado, tiene una vida útil muy larga, cuyo comprador potencial es un gran-lector, y que no puede competir de tú a tú con dispositivos multimedia, siguiera aumentando sus ventas de forma exponencial.

Y si hablamos de contenidos, de su venta, sí que tenemos un problema, está claro, pero el listado de sus causas se me antoja largo, variado, y complejo. Aunque yo haría dos incisos: decir que se editan menos libros electrónicos, y fijarse únicamente en el dato del ISBN, empieza a ser peligrosamente inexacto, ya que gran parte de la autopublicación prescinde de esta herramienta. El segundo inciso es que podemos hablar de poca venta de contenidos, pero el que diga que el libro electrónico está acabado, que monte en el metro y mire a su alrededor.

La otra cara de la moneda. El libro en papel, estoy convencido, tiene por delante una vida muy larga. Las librerías deberían ser una apuesta de cualquier amante de la lectura, y precisamente hay gente que publica en digital, pero no está dando la espalda a las librerías, todo lo contrario. Algunos se apresuraron a decir que el libro de toda la vida iba a pasar a la historia, cuando la realidad es que, en su sencillez, es un objeto maravilloso, que nos acompañará mucho tiempo aún.

Algunos pensamos, aunque me empieza a preocupar que seamos pocos, que lo que hay que hacer es publicar buenos libros, y después hacérselos llegar a cada lector en el formato que demande, ya sea papel o digital. Y que probablemente cada historia acabe funcionando mejor en un soporte u otro, y que algunas de ellas darán el salto al audiolibro, a una aplicación enriquecida con otros contenidos, o a una nueva edición en papel más cuidada. ¿Por qué nos gusta poner puertas al campo? Y lo que es peor, ¿por qué a veces me da la impresión de que nos alegramos si alguien se cae y no se puede levantar?

jueves, 11 de diciembre de 2014

Presenta tu manuscrito: consejos simples para escritores


No es ningún secreto que las editoriales recibimos una gran cantidad de propuestas editoriales por parte de los autores. Nosotros, sin ir más lejos, debido a nuestro pequeño tamaño y escasez de recursos, tenemos problemas para la adecuada gestión de todo lo que nos llega, lo que incluye entre otras cosas el registro de los originales, su lectura y evaluación, y la comunicación con los propios autores. Por este motivo, por ahora tenemos cerrada la admisión de manuscritos, pero lo cierto es que a pesar de ello diariamente seguimos recibiendo nuevas propuestas, por las que igualmente estamos agradecidos.

El escritor Javier Pellicer tiene una fantástica guía en varios artículos sobre cómo publicar una novela, de muy recomendable lectura para todos aquellos que buscan su camino a la publicación, en la que aporta valiosos consejos sobre cómo presentar la obra ante una editorial y que, en mi opinión, compila bastante bien los pasos a seguir para preparar y enviar una buena propuesta. Pero quería también aportar mi particular visión sobre el tema y dejaros aquí una lista nada sofisticada sobre lo que creo puede facilitar que en una editorial se interesen por tu manuscrito.

Previamente:
  • Haz un listado de editoriales que puedan estar interesadas en tu trabajo por su género o temática.
  • Busca información más detallada sobre cada editorial y échale un vistazo a su catálogo para comprobar que tu obra encaja en él.
  • Comprueba si piden activamente originales y sigue las instrucciones que especifiquen para enviarlos, si es el caso.
En tu mensaje:
  • Sé sincero y creíble. Por ejemplo, no alabes el trabajo de la editorial si no conoces lo que publica.
  • Si la editorial no está aceptando nuevas propuestas pero aún así quieres enviar la tuya, manda solo una presentación, lo más completa posible (ver más sobre esto en el siguiente punto), y espera a que te lo soliciten para enviar el manuscrito.
  • Una presentación no tiene por qué ser algo complicado o muy extensa, pero al menos debería contener el género de la novela, la sinopsis, y algo de información sobre ti (no hace falta que sea un currículum ni una lista de publicaciones, puedes simplemente contar tu relación con la escritura o con este trabajo concreto).
Y para terminar:
  • Siempre, siempre, siempre escribe una presentación, por simple que sea, con una propuesta concreta. Por muy bueno que sea tu trabajo si solamente dices algo así como pásate por mi blog y mira mis escritos, o échale un vistazo a mis libros publicados en Amazon, es muy posible que el editor nunca lo haga. De lo que se trata es de que alguien con tiempo limitado y muchas otras ofertas se interese por tu manuscrito, pónselo fácil. Peor aún es enviar un mensaje en blanco con un adjunto; si no te presentas puedes pasar por spam.
Como decía, es solo una lista simple con los aspectos que creo fundamentales para captar la atención de la editorial. Espero que pueda ser de utilidad.

jueves, 16 de octubre de 2014

El siguiente paso


La semana pasada comentaba de pasada aquí mismo la última edición de Liber y, a través de lo que ya se había escrito sobre ella, la decepción generalizada con la feria y su trayectoria en los últimos años.

En mi caso, uno de los motivos de esta decepción es el escaso, o nulo, avance en el ámbito digital. Las grandes y medianas editoriales se han puesto la careta de “nosotros también somos digitales” pero no hacen el menor esfuerzo, no ya por innovar sino simplemente por realmente creer en el formato y apostar por él. Por ejemplo, hace un par de días me desayunaba con la noticia de que Planeta se está planteando vender conjuntamente las versiones digitales y en papel de sus libros, lo que, en mi opinión, no se sostiene por ninguna parte. No solo transmite el mensaje de que el libro electrónico no tiene valor por sí mismo sino que resulta innecesario para una buena cantidad de lectores que ya leen en un formato o el otro. El mensaje que yo capto es que Planeta no tiene ningún interés en su negocio digital, como, por otro lado, ya ha demostrado en otras ocasiones, pero el resto de grandes editoriales y grupos tampoco van muy por delante.

Me tenéis que perdonar porque una vez más no tengo respuesta, pero me pregunto cuál es el siguiente paso que tenemos que dar para normalizar el formato digital en nuestro país. A estas alturas casi todo el mundo ha oído hablar de los ebooks y muchos lectores han tenido alguna experiencia digital, sin embargo los que nos dedicamos a esto seguimos hablando de los mismos temas y teniendo las mismas discusiones, dando la impresión de que apenas nos hemos movido en los últimos tres o cuatro años.

Encuentros, charlas, congresos, son todos muy bienvenidos y necesarios, como también nuevas iniciativas e ideas, es imprescindible que busquemos y consigamos dar ese paso hacia delante que nos saque de este eterno nuevo-pero-no-todavía paradigma, como se comentaba en los momentos finales de la charla #ebookspain de hoy mismo en Twitter.

jueves, 9 de octubre de 2014

¿Para qué sirve la FGEE?


La entrada de hoy iba a versar sobre mis impresiones de la recién finalizada feria Liber pero revisando lo que otros han escrito sobre ella (como por ejemplo Manuel Gil, en su blog Antinomias Libro), mucho mejor que lo que yo podría hacerlo y contando prácticamente lo mismo que ya tenía pensado decir, me ha surgido la pregunta que títula esta breve reflexión y para la que no tengo respuesta: ¿para qué sirve la FGEE?

Nosotros no pertenecemos a ningún gremio oficial de editores (sí, en cambio, a una pequeña, como nosotros, asociación de editores independientes de la que ya he hablado en alguna ocasión, APEI, y cuyo objetivo es la colaboración entre nosotros para así ser un poco menos pequeños), porque el gasto que nos supone afiliarnos es difícilmente rentabilizable para una editorial de nuestro tamaño y recursos, pero también porque hemos creído que estas grandes organizaciones difícilmente van a representarnos, menos aún en nuestros comienzos como editores digitales, momento en que la federación estaba en su punto álgido antidigital.

Con el tiempo, siguiendo ya más de cerca su trayectoria, nos hemos reafirmado en nuestra decisión, a la que nos consta se han sumado más editoriales (o nosotros nos sumamos a ellas), y cada vez notamos más y más quejas, como la de Manuel Gil en el post que antes mencionábamos sobre Liber, o la de Bernat Ruiz en su blog verba volant, scripta manent en una entrada a cuenta de Editrain que termina exactamente con la misma pregunta con la que yo empezaba esta: ¿para qué sirven?

Si alguien tiene respuesta, te esperamos en los comentarios.

jueves, 17 de julio de 2014

Malos tiempos para la industria editorial


O eso leemos esta semana en los múltiples y variados artículos sobre el informe de la Federación de Gremios de Editores de España, según el cual las ventas de libros durante 2013 han descendido un 9,7%, mucho más que en nuestros vecinos europeos y, lo que es peor, acumulando una caída en los últimos diez años del 19%. El único que se salva, aparentemente, es el libro electrónico, que aumenta sus ventas un 8,1%, aunque su contribución a la facturación total sigue siendo prácticamente testimonial, apenas un 3,7%.

No voy a negar que las cifras son malas, que hay que ser muy iluso para no preocuparse por la situación estando dentro del sector y aspirando a poder seguir haciéndolo, pero me niego a contagiarme del discurso victimista de aquellos que, en teoría, nos representan. Este es un descenso en las ventas que también refleja la crisis generalizada que estamos viviendo en nuestro país, en la que comprar libros no es una prioridad para muchas familias que ahora tienen otras necesidades. Y sabiendo esto desde hace tiempo, quizá habría habido que plantearse reducir la producción y buscar sistemas de distribución más efectivos que permitieran bajar costes y precios. Pero no, llevamos años de publicación desmedida, inundando librerías con novedades que a veces ni salen de las cajas (tan solo en 2013 ha habido un descenso considerable del número de títulos publicados). En cuanto a los libros digitales, la piratería nos afecta, sin duda, pero ya basta de utilizarla como excusa-comodín. Que los lectores se hayan acostumbrado a conseguir el contenido gratis es en buena parte culpa de esta industria, que no supo ver la oportunidad sino solo la amenaza y así llegó tarde, mal y caro a la realidad digital. Y ahora se esconde detrás de su propio fracaso, pidiendo medidas legales, que difícilmente servirán y seguirán convirtiendo a nuestros lectores en enemigos, en lugar de buscar soluciones que se acerque a lo que estos piden.

Llegados a este punto, en el que ya estamos y que no es ni mucho menos propicio, creo que es necesario hacer un verdadero giro dentro del sector: innovar, mejorar, cambiar y, sobre todo, hacerlo como conjunto. Colaboraremos entre los distintos agentes y trabajemos juntos, como bien propone Aharon Quiconces en su blog razonamiento de un editor. Hay que pensar en otras estrategías y alianzas, como esta que nos cuenta Mariana Eguaras entre librerías y bibliotecas.

Como cuentan que el mismo Einstein llegó a decir: "Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados". Llevamos diez años de malos resultados, cambiemos la forma de hacer las cosas para que estos puedan ser distintos.

jueves, 24 de abril de 2014

¿Que me encuentren o que me descubran?

Ampliamente se ha discutido ya, a veces con regocijo otras como un lamento, cómo la edición digital ha “democratizado” el acceso a la publicación. La autopublicación está más extendida que nunca y cada vez hay más pequeñas editoriales, como sinerrata, que empiezan proyectos que quizá no hubieran podido existir de otra forma.

A día de hoy, además, los grandes editores ya se han lanzado a las procelosas aguas del ebook, pese a esos tímidos y confusos comienzos, haciendo que la oferta de títulos en este formato en cualquiera de las grandes librerías online sea enorme, cuando no abrumadora.

Y es aquí cuando esa “democratización” se vuelve en nuestra contra, al menos en la de los pequeños, de medios más limitados, porque el hecho de poder publicar es en realidad fútil si no conseguimos llegar hasta el lector.

También hemos hablado en otras ocasiones de la “encontrabilidad”, esa palabra medio inventada que resulta ser nuestro factor limitante a la hora de dar a conocer nuestros libros, algo que las grandes plataformas de venta de ebooks intentan solucionar mediante algoritmos de recomendación, listas de más vendidos y promociones.

El sábado pasado, sin ir más lejos, lo pudimos comprobar de primera mano, cuando uno de nuestros títulos, Allí donde el viento espera, fue Kindle Flash y llegó a ocupar el segundo puesto en los más vendidos del día. No voy a negar que el precio rebajado fuera una parte importante del éxito de ventas, pero estoy convencida de que lo que marcó la diferencia fue que, gracias a las herramientas de Amazon, los lectores nos encontraron.

Sin embargo, yo hoy me cuestiono el dilema* que da título a este post: ¿queremos que nos encuentren o que nos descubran? Es decir, ¿quiero que los lectores compren los libros que publico gracias a estrategias de promoción o que se tropiecen con ellos, se deleiten con su lectura y se los presenten a otros? Indudablemente, lo segundo, pero lo primero también ayuda.

*Reflexión que surge de la lectura de un breve pero excelente post de Seth Godin, Search vs. discovery [en inglés].