Mostrando entradas con la etiqueta recomendaciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta recomendaciones. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de julio de 2016

Las recomendaciones literarias para el verano en el horno

Están en el horno, quiero decir, que no me cabía el titular.

Tampoco es que la gente se haya echado a las calles en masivas manifestaciones, pancarta en mano, pero puede que algún lector de este blog haya echado de menos el post que, desde sinerrata, dedicamos por estas fechas a recomendaros algunas lecturas para la época estival.

Este año lo vamos a hacer de forma un poco diferente, las recomendaciones irán incluidas en nuestro boletín, donde además de enteraros los primeros de nuestras novedades editoriales, promociones y sorteos, esperamos poder ofreceros, como en esta ocasión, contenido de valor, complementario a lo publicado en este blog y en las redes sociales.


Para las recomendaciones literarias, además de con Amalia, editora de esta casa, y de un servidor, contamos con varios de nuestros autores, y estoy intentando liar a los siguientes bloggers: Rubén Soriano, de Mucha Más Literatura, José Luis Benavente, de 30 de diferencia, Patricia Millán, de Relatos en Construcción, Cristina, de Abrir un Libro, y Mónica Gutiérrez, de Serendipia.

La lista no es cerrada, por supuesto, si algún blogger quiere aportar sus recomendaciones, que lo diga en los comentarios.

viernes, 24 de junio de 2016

¿Los libros son para el verano?

O eso se suele decir, aunque también es cierto que hoy en día las opciones de ocio se han multiplicado y repartimos nuestro tiempo de ocio entre multitud de actividades de todo tipo. Al menos, tenemos precisamente algo más de tiempo, y no hay actividad más relajante que tumbarse con un buen libro entre manos, y dejar pasar las horas.

Mientras preparamos las recomendaciones literarias del equipo de la editorial, vamos a echar un vistazo a lo que otros están recomendando para la presente temporada estival.

  • En el diario Levante, probablemente con la intención de no asustar a nadie, han optado por recomendar 10 novelas cortas, o como dicen ellos, Diez libros cortos para leer en la piscina  en la playa. No han hecho demasiado caso a las listas de más vendidos en la actualidad, y optan por recomendar libros que para mí ya son auténticos clásicos, como Rebelión en la granja o La guerra de los mundos, o auténticas obras maestras que nadie va a discutir, como Pedro Páramo. Yo personalmente, de la lista, me apunto uno de los que tengo pendiente: El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald.
  • Una de las blogueras de Papel en Blanco, Sarah, nos hace 5 recomendaciones desde su prisma personal. Pasaros y me decís que opináis. Yo personalmente me voy a quedar con las dos recomendaciones de autores españoles. Por un lado El silencio de las sirenas, de Beatriz García Guirado, porque confío mucho en el criterio de quien lleva las riendas de la editorial Salto de Página. Y por otro La maniobra de la tortuga, de Benito Olmo. A Benito le tengo de contacto en redes sociales, y he ido siguiendo lo que iba contando sobre la gestación de su novela. Lo que en principio iba a ser un libro más, por las críticas que vengo leyendo, parece que se ha convertido en una apuesta muy segura por la literatura de calidad por la novela negra.
  • ¿Amantes de la cocina en la sala? ¿No podéis descansar ni en verano? Bueno, pues un par de recomendaciones que nos llegan desde la web de la revista Telva.
  • Lo de Trendencias no sé si es una recomendación o un augurio porque tienen una bola de cristal, pero han decidido titular Las novelas que todo el mundo va a querer leer este verano. De este listado yo entresacaría Donde los escorpiones, porque Lorenzo silva nunca me falla. Y me llama la atención El libro de los Baltimore, de Jöel Dicker. Ya veremos, que el tiempo no se estira.
  • Quizás he tenido buen tino con mis recientes elecciones, ya que me acerco a un blog amigo, El buho entre libros, y en su lista también están Dicker y Silva. Añado a la mía La novela de Rebeca, de Mikel Alvira.
Yo de momento dejo mi lista aquí. Iba a meter, un poco con calzador, libros infantiles y juveniles, pero creo que merece la pena dedicar a ello un poquito de tiempo otro día.

miércoles, 8 de julio de 2015

Lecturas de verano

A estas alturas del año, muchos de vosotros (o eso esperamos) estáis ya de vacaciones o soñando hasta despiertos con ellas. Os podemos asegurar que en nuestro caso es lo segundo, mientras vamos preparando la lista de lecturas para estos días de asueto y de, ¡por fin!, unas cuantas horas libres que dedicar a leer perezosamente... Lo que os decía, soñando hasta despiertos.

No sé si también os pasa, pero una de las partes que más me gusta de las vacaciones, o de un viaje, es el mero hecho de prepararlas. Mientras pienso en dónde voy a ir o lo que voy a hacer o simplemente en qué voy a emplear ese tiempo libre, ya empiezo a disfrutarlo. Y lo mismo me ocurre con la lista de lecturas; me resulta de lo más placentero ir revisando y recopilando los libros que no he podido leer durante el año por falta de tiempo, esos que me he ido apuntando para precisamente este momento y también los que me han saltado desde otras listas que en estas fechas encontramos en medios y blogs o que nos proporcionan amigos y colegas. Llegados a este punto, creo que os podéis imaginar que me resulta imposible leer ni la mitad de lo que me propongo, pero eso es también parte de la diversión.

Hemos preguntado a los autores y colaboradores de sinerrata por sus recomendaciones o propósitos de lectura de verano, esperando que os puedan servir de inspiración o incluso daros una o varias ideas.

Maia Losch, la autora de Allí donde el viento espera, nos recomienda a Patrick Modiano, a quien ha conocido recientemente, dice, gracias al premio Nobel de Literatura que recibió el año pasado. Maia está leyendo ahora mismo, y disfrutando, Expiación, de Ian McEwan, y, aunque confiesa que sus lecturas son más de invierno que de verano, pone en su lista a Amos Oz y El ruido de las cosas al caer, de Juan Gabriel Vásquez.

Carlos Laredo, el escritor detrás de la serie del cabo Holmes, nos cuenta que él cada verano relee a Proust, particularmente El mundo de Guermantes (la tercera parte de En busca del tiempo perdido). Este verano piensa leer también Hombres buenos de Arturo Pérez Reverte y recomienda Enterrado en vida, de Arnold Bennet, El marciano, de Andy Weir, La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker, y cualquier título del divertido P.G Wodehouse, como Omnibus Jeeves. Otra vuelta de tuerca.

En la lista de lecturas de verano de Fernando Roye, el autor de El caso de la mano perdida, están: El tango de la vieja guardia, de Arturo Pérez Reverte, para hacer un viaje en el pasado y visitar Argentina, la Riviera francesa y Sorrento; Carreteras secundarias, de Ignacio Martínez Pisón, para recuperar las playas de invierno; El señor Malaussène, de Daniel Pennac, para vivir e integrarse en el barrio de Belleville de París; La interpretación del asesinato, de Jed Rubenfeld, para conocer a Sigmund Freud y las calles de Nueva York en 1909; y, por último, cualquier álbum de Tintín, de Hergé, para volver a la infancia.

José Morand, el autor de Devuélveme mi noche rota, nos recomienda para este verano: 
Dogma, de Lars Iyer. Es la segunda parte de una trilogía iniciada con Magma. En ella se narran las chanzas, los absurdos dictámenes, los desvergonzados discernimientos de un par de colegas escritores y filósofos, uno ligeramente más exitoso que el otro; pero, ambos, igualmente aficionados a la bebida. Se trata de un par de inútiles; auténticos damnificados de la ineficacia de su propio esnobismo. En esta segunda parte, viajan al Sur. La novela reproduce situaciones hilarantes derivadas de poner a este par de sofisticadísimos esnobs en el contexto rudo y ceñudo del Sur de los Estados Unidos.
Los Living, de Martín Caparrós. Esta novela fue Premio Herralde en 2011. A mi modo de ver, siempre vale la pena leer a Caparrós. Tanto si el libro es de ficción como si no lo es. (Este año ha editado un libro de no-ficción igualmente recomendable, titulado El hambre). La novela que le dio el Premio Herralde está provista de un humor negro absolutamente imbatible. Trata de un proyecto artístico completamente disparatado. En el que las obras de arte son cadáveres embalsamados expuestos en lugares públicos. Aparte del tema artístico (el arte como cosa inerte, sin vida), la novela trata de contextualizar la compleja situación política de Argentina, con el fallecimiento de Perón como punto de partida. Sin embargo, lo que más merece la pena es el curiosísimo estilo de Martín Caparrós, y su uso de los signos ortográficos un poco a la manera de Sterne.
Ni puedo ni quiero, de Lydia Davis. Lydia Davis escribe cuentos sobre casi cualquier cosa. Es más, hace que casi cualquier cosa se convierta en una pequeña pieza narrativa. Reflexiones aparentemente banales. Anécdotas. Reinterpretaciones de lecturas ajenas. Cartas nunca enviadas a personajes imaginarios. Como Borges, en el caso de que Borges no estuviese permanentemente instalado en lo exquisito. Davis a veces es ingenua. Otras veces resulta incisiva. A mi modo de ver, una lectura fresca, en el buen sentido. Además, estuvo casada con Paul Auster y ha escrito una excelente novela (El final de la historia) como desquite de su relación fallida.
Sin embargo, nos dice también, lo que lo que se ha propuesto realmente para este verano es leerse de cabo a rabo Anna Karenina.

Lucía Solaz, la autora de Manuscrito en el tiempo, El retorno de los bardos, y Entre sombras, se plantea este verano “atacar” unos cuantos de los libros que tiene pendientes. Algunos, como Rayuela, de Julio Cortázar, llevan años en espera y de estos meses de estío no pasa, nos dice. Entre el resto se encuentran: Creative Schools, el último ensayo del magnífico Ken Robinson, Feeding your demons, de Tsultrim Allione, Crematorio, de Rafael Chirbes, Natural grace, de Rupert Sheldrake y Matthew Fox y El mago, de John Fowles. Y, desde luego, añade, como buena lectora está abierta a cualquier sorpresa literaria que la vida ponga en su camino.

Javi de Ríos, colaborador de la casa en materia de prensa, medios y blogs, nos ha enviado sus propuestas de lecturas para sus vacaciones:
Una cosa pendiente: Cristina, de Abrir un Libro, habla en redes sociales de un escritor de CF al que nunca he leído: Robert Heinlein; voy a intentar buscar algo de este autor.
Una relectura en papel: Por tercera vez voy a releer los microrrelatos de Manu Espada en Personajes secundarios.
Lecturas en digital: De pequeñas editoriales, independientes como sinerrata, y digitales, voy a leer Homo homini lupus, de Robert Shearman, publicado por Fata Libelli, y El todopoderoso Shikaku, de Naoko Tanigawa, publicado por Chidori Books.
Lecturas en papel: Son dos libros que nos han ido regalando en casa, bastante conocidos, que quiero, al menos catar, y casi seguro leer: Cabaret Biarritz, de José C. Vales, y Charlotte, de David Foenkinos.

Otra de las fantásticas colaboradoras de la editorial, Judit Rodríguez Carmona, nos recomienda un título y nos deja otro todavía pendiente:
Ya leído: Incendios, de Wajdi Mouawad (KRK a Escena). Breve y maravillosa obra de teatro, un género que siempre me ha gustado porque me permite, mejor que muchas novelas, aproximarme al máximo al escenario de la narración, traspasando las palabras; y sobre todo porque da al lector solo lo justo para pensar e interpretar la obra. Esta, Incendios, va si cabe un paso más allá. Ya no es solo el género y el mensaje, es también la forma de transmitirlo, el juego de voces y flashbacks que Mouawad hace para contar algo que, irónicamente, nos deja helados. Recomendada no, recomendadísima lectura para una de estas tórridas tardes de verano.
No leído. Stoner, de John Williams (Baile del Sol). Yo, como casi todos, me dejo guiar muchas veces por las sugerencias de mis amigos (y no tan amigos) lectores. Apenas he leído comentarios ni reseñas, y poco sé de su argumento más allá de lo que pone en su contra cubierta, pero no puedo pasar por alto un libro que me han recomendado tantas veces, así que Stoner será una de mis próximas lecturas. La verdad es que promete...

Y, ya para terminar esta entrada cargada de literatura y horas de agradable lectura veraniega, os contaré que en mi lista de vacaciones, entre otros muchos títulos, están los tres últimos casos del inspector Montalbano, creado por el inimitable Andrea Camilleri, El marciano, de Andy Weir (y no solo porque sea una recomendación de Carlos Laredo), La casa de las miniaturas, de Jessie Burton, algún libro de la serie de Harry Hole, de Jo Nesbø, y la relectura anual de Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell, que nunca falla en hacerme reír y en trasladarme a esos maravillosos y largos veranos de la infancia.

En cuanto a recomendaciones, dejadme que me despida diciendoos que cualquiera de nuestros libros será una excelente compañía para unos días de caluroso descanso.

miércoles, 22 de abril de 2015

¡Feliz día del libro!

Como ya sabéis, hoy, 23 de abril, es el Día del Libro y desde sinerrata queremos celebrarlo con todos vosotros. Esta es, además, una ocasión muy especial porque este año, por primera vez, nuestros libros van a participar de la fiesta de Sant Jordi en las calles de Barcelona. Podéis encontrarnos en la parada de SeeBook, en paseo de Gràcia número 93, que estará cargadita con los mejores libros, en formato digital y preparados para regalar. Además, de 19:00 a 20:00 de la tarde estará Fernando Roye allí mismo firmando su El caso de la mano perdida. ¡Si estáis en Barcelona os estamos esperando! 

Y si necesitáis alguna recomendación más para regalar(os), aparte de nuestros libros, claro, os dejamos el especial del día del libro de Página Dos, el programa literario, en el que nos mencionan.

martes, 23 de diciembre de 2014

Nuestras lecturas recomendadas


Llegadas estas fechas, cualquier medio que se precie publica su particular lista de mejores títulos del año o sus recomendaciones de lectura para estos días de asueto. Nosotros no queríamos ser menos y hemos preguntado a los autores de sinerrata por sus libros favoritos de todos los tiempos, para que así tengáis todavía más opciones entre las que escoger ese (auto) regalo que seguro que no falla.

Carlos Laredo ha disfrutado especialmente estos cinco títulos, todos leídos, nos dice, después del verano:
El jilguero, de Donna Tartt.
La liebre con ojos de ambar, de Edmund de Waal.
Postguerra, de Tony Judt.
Dimanches d’août, de Patrick Modiano.
El hotel New Hamshire, de John Yrving.

Maia Losch nos ofrece sus recomendaciones en varios géneros:
Una historia de amor y oscuridad, de Amos Oz, dentro del género autobiográfico e histórico.
Cumbres borrascosas, de Emile Bronte, en representación de los clásicos.
Pregúntale al polvo, de John Fante, escrita por un ex-convicto.
La vida ante sí, de Romain Gary, una novela fabulosa.
Una habitación propia, de Virginia Wolf, un ensayo para mujeres que desean ser escritoras.
La conciencia de las palabras, de Elías Canetti, otro ensayo, sobre la escritura en general.
El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, un ensayo filosófico-histórico sobre el hombre y la guerra.

José Morand, además, acompaña la lista con sus comentarios:
Canadá, de Richard Ford. Magnífica novela realista, muy bien contada; con esa manera de incidir en los detalles aparentemente insignificantes, tan típica de Ford, magnificándolos hasta niveles casi paradójicos.
Niveles de vida, de Julian Barnes. Un texto diverso, mitad ensayo histórico, mitad autobiografía; en el que para hablar de lo mismo (la pérdida de los seres amados) el autor recurre a reflexiones alegóricas, acerca de la necesidad del ser humano de elevarse para poder observarse en la distancia.
Botchan, de Natsume Soseki. Un libro muy divertido sobre un profesor torpe y despistado, un poco necio; un personaje quijotesco con el que no me ha costado sentirme identificado; contado con una extraordinaria economía de recursos y con la sensibilidad sutilísima de Soseki.
Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Un libro que habría que leer veinte veces antes de morirse; a mi modo de ver, parangonable, únicamente, con El proceso de Kafka... Si en El proceso aprendemos que todos estamos irremediablemente perdidos, en Pedro Páramo aprendemos que todos somos irremediablemente mezquinos y ruines, y difundimos de manera necesaria el infierno a nuestro alrededor.
Cegador, de Mircea Cartarescu. Un texto ilegible; como un mal sueño de quinientas páginas, en el que lo onírico lo impregna todo... Leerlo es como penetrar en un bosque espeso en el que las leyes son otras, desconocidas, misteriosas, absolutamente ilógicas. 

Las sugerencias de Fernando Roye son igual de atractivas aunque, como toca, algo inclinadas hacia la novela negra:
Tom Ripley, de Patricia Highsmith.
Cabaret Pompeya, de Andreu Martín.
Nuestros antepasados, de Italo Calvino.
Los incógnitos, de Carlos Ardohain.
El sombrero del cura, de Emilio de Marchi.

Lucía Solaz nos ofrece un listado muy completo y justificado:
Sputnik, mi amor, de Haruki Murakami. Llevaba al menos un par de años esperando en mi estantería. Cuando un autor es tan famoso, a veces soy reacia a leer sus obras. A pensar de los temas que toca, como la soledad y la imposibilidad de conectar de un modo profundo con otros seres, me resultó más intrigante que depresiva y me llamó la atención el empleo del lenguaje.
El principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Publicado en 1943, más que un clásico infantil, se trata de un texto imprescindible para todas las edades. Es un placer volver a visitarlo y comprobar que siempre aporta algo nuevo y valioso.
Memorias de Idhún, de Laura Gallego. Le voy a regalar a mi sobrina de diez años el primer volumen de esta trilogía con la esperanza de que se enganche para siempre jamás a la lectura. Como dijo Albert Einstein, “Si quieres que un niño sea inteligente, léele cuentos de hadas. Si quieres que sea más inteligente, léele más cuentos de hadas”.
El caso de la mano perdida, de Fernando Roye. A pesar de no ser aficionada al género, de vez en cuando es saludable transitar otros pastos. He pasado un buen rato con una investigación que me llevó a sonreír por la dialéctica entre lo racional y lo irracional al modo del agente Ichabod Crane en el Sleepy Hollow de Tim Burton, además de revelarme un entorno tan desconocido como la vida en una casa cuartel a mediados del siglo veinte.
Tao Te King, atribuido a Lao Tse. El clásico chico que funda el taoísmo filosófico es breve, paradójico y lleno de sabiduría, un texto deliberadamente ambiguo que nunca falla a la hora de hacernos reflexionar.

Por si esto os parece poco, Javi de Ríos, articulista habitual de este blog, enlace especial con los medios y gestor de redes en la editorial, también ha querido aportar su granito de arena:
Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi.
Jim Botón y Lucas el Maquinista, de Michael Ende.
Cuentos escritos a máquina, de Gianni Rodari.
Relatos de lo inesperado, de Roald Dhal, (aunque incluyo más el autor que el libro).
1984 (también representando, en este caso, distopías como Fahrenheit 451 o Un mundo feliz).

Y ya para terminar, aquí van mis lecturas recomendas:
Mi familia y otros animales, de Gerard Durrell, porque ningún otro libro me ha hecho reír tanto, fuera la primera o la vigésima vez que lo leía.
La vieja sirena, de José Luís Sampedro, una de mis primeras lecturas “adultas”.
Cuando Hitler robó el conejo rosa, de Judith Kerr, el primer libro-libro que recuerdo haber leído y que nunca me ha abandonado.
Ébano, de Ryszard Kapuściński, un ensayo imprescindible para conocer algo de África y sus complejidades.
La trilogía del Baztán, de Dolores Redondo, por su combinación de mitología vasco-navarra y novela negra de calidad en español.

¿No os han entrado unas ganas tremendas de haceros con alguno de ellos (o varios, o todos) y poneros a leer inmediatamente? Porque a mí sí...

jueves, 24 de abril de 2014

¿Que me encuentren o que me descubran?

Ampliamente se ha discutido ya, a veces con regocijo otras como un lamento, cómo la edición digital ha “democratizado” el acceso a la publicación. La autopublicación está más extendida que nunca y cada vez hay más pequeñas editoriales, como sinerrata, que empiezan proyectos que quizá no hubieran podido existir de otra forma.

A día de hoy, además, los grandes editores ya se han lanzado a las procelosas aguas del ebook, pese a esos tímidos y confusos comienzos, haciendo que la oferta de títulos en este formato en cualquiera de las grandes librerías online sea enorme, cuando no abrumadora.

Y es aquí cuando esa “democratización” se vuelve en nuestra contra, al menos en la de los pequeños, de medios más limitados, porque el hecho de poder publicar es en realidad fútil si no conseguimos llegar hasta el lector.

También hemos hablado en otras ocasiones de la “encontrabilidad”, esa palabra medio inventada que resulta ser nuestro factor limitante a la hora de dar a conocer nuestros libros, algo que las grandes plataformas de venta de ebooks intentan solucionar mediante algoritmos de recomendación, listas de más vendidos y promociones.

El sábado pasado, sin ir más lejos, lo pudimos comprobar de primera mano, cuando uno de nuestros títulos, Allí donde el viento espera, fue Kindle Flash y llegó a ocupar el segundo puesto en los más vendidos del día. No voy a negar que el precio rebajado fuera una parte importante del éxito de ventas, pero estoy convencida de que lo que marcó la diferencia fue que, gracias a las herramientas de Amazon, los lectores nos encontraron.

Sin embargo, yo hoy me cuestiono el dilema* que da título a este post: ¿queremos que nos encuentren o que nos descubran? Es decir, ¿quiero que los lectores compren los libros que publico gracias a estrategias de promoción o que se tropiecen con ellos, se deleiten con su lectura y se los presenten a otros? Indudablemente, lo segundo, pero lo primero también ayuda.

*Reflexión que surge de la lectura de un breve pero excelente post de Seth Godin, Search vs. discovery [en inglés].

jueves, 12 de septiembre de 2013

Redes sociales de lectores




La lectura es, por antonomasia, una actividad de disfrute individual. Esto tiene ventajas y también, hay que reconocerlo, inconvenientes. Por supuesto que depende muchas veces de la perspectiva desde la que se mire, pero esa es otra historia. En cualquier caso, todos nos hemos encontrado en un momento u otro con la necesidad de compartir lo leído, de decirle al mundo cuánto nos ha gustado y de intentar que otros logren sentir lo mismo que nosotros mientras lo leíamos. No hay más que pensar en nuestros libros favoritos… ¿cuántas veces los habremos recomendado?

De ahí que existan los clubs de lectura y, en la era Internet, los blogs y foros literarios. En definitiva, comunidades de lectura en mil y un formatos que lo único que pretenden es hacer de la lectura algo social, del mismo modo que lo es el cine o la música. Siguiendo esta praxis, se han ido poniendo de moda, desde hace unos años para acá y cada vez más, las redes sociales de lectores.

En la actualidad existen infinidad de ellas, algunas más completas que otras y con características propias, pero la mayoría permiten contactar con lectores de nuestras mismas afinidades, descubrir nuevos libros a partir de nuestras lecturas anteriores y, por supuesto, comentar y debatir sobre cuantos libros deseemos.

En sinerrata lo que más nos gusta de este tipo de redes sociales es el papel de prescriptor que se les otorga a los lectores. Y es que nosotros somos de la opinión que no hay nadie mejor que los propios lectores para dar a conocer no solo los nuestros, sino todos aquellos buenos libros que, afortunadamente, se pueden encontrar en cualquier librería, sea virtual o física. 

Es por eso que en esta vuelta al cole hemos querido ponernos las pilas y hacernos un hueco en las principales redes sociales de lectores, para dar así cabida a nuestros libros y propiciar que sean los lectores quienes puedan comentar libremente su experiencia con ellos. Si tenéis perfil en alguna de ellas os invitamos desde ya a visitarnos y, si os apetece, a haceros nuestros amigos. De momento, sinerrata está presente en:
Además de éstas, como decíamos antes, existen muchas más. Por si os interesa, aquí os mencionamos otras pocas: Bukear, Bookish, Bookshout, Lecturalia, Libro de Arena, Liibook, ReadGroups, Shelfari, Tu que lees y weRead.