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jueves, 27 de julio de 2017

Verano, lectura y vacaciones

Derechos de la imagen: mac.rj via Visualhunt / CC BY
En cualquiera de sus combinaciones estas tres palabras consiguen ponerme inmediatamente de buen humor y apuesto a que a vosotros también. Incluso si alguna de ellas falla, ¿verdad? Que podáis disfrutar de unas vacaciones, lamentablemente no podemos garantizarlo, pero el verano está efectivamente aquí (vale, esto no es mérito nuestro) y en lo que definitivamente podemos contribuir es en el apartado de las lecturas.

No solo tenemos un catálogo de lo más completito para amenizar este tiempo de descanso o de ritmo más lento, incluyendo la última aventura de nuestro querido cabo Holmes, sino que además ya os propusimos en una entrada anterior una estupenda selección de lecturas recomendadas por nuestros blogueros literarios de cabecera y otros amigos de la editorial.

Pero como no solo de libros viven los lectores —y como ya sabéis somos firmes defensores de que lo importante es leer independientemente del contenido o el continente— aquí os dejamos ahora una breve selección de lecturas ligeras relacionadas con la literatura y las vacaciones, para disfrutar a la sombra o al sol:

Sea cual sea el formato, género y destino elegido, ¡qué tengáis un feliz verano y muy buenas lecturas!

viernes, 7 de julio de 2017

La trampa de los números (y los titulares)

La semana pasada me topé con este artículo en El Periódico sobre los resultados de un estudio de la Generalitat de Catalunya sobre los hábitos de lectura de los catalanes en 2016 a través de un buen número de entrevistas. Las conclusiones son de lo más interesante, como que el porcentaje de catalanes mayores de catorce años que lee en algún momento y en cualquier tipo de soporte crece cada año y ya alcanza más del 95%, con un casi 68% que lee libros, y ¡el 90% lee al menos una vez a la semana! Aquí se incluyen libros, periódicos, revistas, cómics y webs, blogs y foros de internet pero, como ya hemos dicho en otras ocasiones, para nosotros leer es leer es leer, independientemente del formato y el tipo de contenido.

Es verdad que esa cifra, la de los lectores frecuentes, desciende este año casi tres puntos con respecto al anterior, aunque la bajada se centra en la lectura de periódicos y cómics, mientras que sí crece en libros, casi seis puntos, y en internet.

 
A pesar de estas buenas noticias, en general, para todos los que nos dedicamos a esto de los libros, con una subida también en el número de lectores que leen libros por placer, el artículo decide destacar en su titular que el 85% de los libros electrónicos que se descargan son piratas. Así, literalmente. Obviamente, la primera reacción es llevarse las manos a la cabeza; es un porcentaje bastante alto pero, quizá también por eso, digamos que resulta sospechoso (llamadme desconfiada). Y, curiosamente, solo hay que ir al informe original del estudio, publicado por la Generalitat, para darse cuenta de que las sospechas resultan ser ciertas. En la página 93 de dicho informe se especifica que el 65% de los lectores digitales solo consume libros GRATUITOS y casi el 25% tanto de pago como GRATUITOS, mientras que prácticamente el 10% solo descarga libros electrónicos de pago. Nótense las mayúsculas: el informe, y por tanto la pregunta que se hizo a los entrevistados, era si leían contenido de pago o GRATUITO, no de descarga ilegal (o "pirateado").


Solo en Amazon hay más de sesenta mil libros gratis, y el número de páginas web que ofrecen contenido gratuito y absolutamente legal es prácticamente incontable. ¿De verdad que a estas alturas de la película todavía hay que seguir criminalizando al lector digital y por tanto al formato electrónico? Y, ¿es necesario hacerlo de forma tan burda?

  

jueves, 8 de junio de 2017

La lectura nos hace más...

Foto vía Visual hunt
En un día cualquiera, no es difícil encontrarse algún artículo o entrada en redes sociales sobre las infinitas bondades de la lectura: que si nos hace más listos, más empáticos o incluso mejores personas. Estoy de acuerdo con todas estas afirmaciones, pero hoy me encuentro con un escrito en Letras libres que parte una premisa completamente opuesta, y que me consta también es cierta al menos en determinadas personas: leer nos hace (a algunos) más arrogantes.

Llegados a este punto, me pregunto si ir al cine o al parque o dedicarse al macramé también puede tener el mismo rango de efectos secundarios, desde lo mejor a lo peor, aunque en el fondo creo que la actitud de cada uno con respecto a sus aficiones y las de los demás tiene más que ver con nuestro carácter o forma de ser que con la afición en sí misma. Pero esa es otra cuestión.

Sí tengo la sensación de que cuando nos convertimos en evangelizadores de la lectura —y como lectora y, sobre todo, editora, mal iría si no lo fuera— de alguna manera estamos diciendo que si lees eres mejor que si no lo haces. Pero, al menos en mi caso, lo que pretendo es que todo el mundo disfrute tanto como yo lo hago con un libro, que nadie se prive de aprender, viajar, vivir aventuras, suspense o incluso miedo, de una forma tan placentera como a través de la lectura. Mi mensaje, y el de muchos, es “no te pierdas la pasada que es leer” y no “leyendo serás más guay”. Al fin y al cabo, esto puede ser una competición que no se acaba nunca: ¿es mejor leer ficción o ensayo o biografía? ¿Clásicos o novedades? ¿Juvenil, novela negra, ciencia ficción...?

Pero, en todo caso, si alguna vez has tenido la tentación de mirar por encima del hombro a alguien que no lee, te recomiendo el artículo de Letras Libres, para recuperar un poco de humildad (lectora).

jueves, 23 de febrero de 2017

La supervivencia de las pequeñas editoriales

Estamos en pleno proceso de edición de un nuevo título y hace días que no me quito de la cabeza un artículo de Alberto Olmos que leí hace ya algún tiempo en Zenda. Afirma Olmos que las pequeñas editoriales están condenadas a la desaparición, proposición con la que no discrepo en términos absolutos aunque yo hablaría más de obsolescencia programada; al fin y al cabo, las que son verdaderamente pequeñas duran lo que dura su editor (publicador), o incluso menos. Hace especial hincapié Olmos en la dificultad añadida que sufren las editoriales que publican autores españoles noveles, algo en lo que también coincido hasta un punto, sobre todo en lo que se refiere a la crítica y a la percepción general de prestigo de la propia editorial.

No descubro la pólvora si digo que las editoriales pequeñas tienen muchos retos que afrontar, algunos de los cuales afectan directamente a su supervivencia, pero también creo que disfrutan de buenas oportunidades, que, bien aprovechadas, pueden realmente alargar su fecha de caducidad. Dejando aparte el tema de la búsqueda de la excelencia en el catálogo y de la calidad, uno de los factores más importantes para la supervivencia de una pequeña editorial es, en mi opinión, la cercanía al lector. No se trata solo de construir un catálogo con identidad y relevancia, sino que este sea relevante para los lectores. No todos los lectores, eso es imposible, sino tus lectores. Y eso solo se consigue si los conoces, si llegas a ellos, si los invitas a tu casa. No es cosa fácil, pero creo que cuanto más pequeño eres más posibilidades tienes de hacerlo, o al menos de intentarlo.

Me ha parecido especialmente inspiradora esta entrevista a Rogelio Riverón, director de Letras Cubanas, editorial con 40 años de experiencia. Empezando por el titular, que va en la línea de mis reflexiones anteriores, y terminando por la sinceridad de sus afirmaciones sobre lo que le satisface y no del funcionamiento de la propia editorial, con las que me identifico en buena medida. Precisamente son esos puntos, entre otros, con los que yo también me siento insatisfecha —la promoción que podemos hacer de nuestros títulos y autores, la preocupación por la calidad, el largo tiempo que llevan algunos proyectos— y que también considero clave para la supervivencia de las pequeñas editoriales.

jueves, 12 de enero de 2017

Lo que aún se puede mejorar en los libros electrónicos

Si cuando digo que me he aficionado a las listas… En fin, esta entrada viene a cuento de un par de artículos que he leído en las últimas semanas. En uno de ellos [en inglés], el autor se define como lector digital decepcionado por una serie de malas prácticas en los libros electrónicos. En el otro, más reciente, se enumeran las desventajas de los ebooks, algo que, textualmente, “se abrió paso como una espléndida invención sin pensar en los riesgos que entraña”. Aunque hay varias cosas en las que no estoy de acuerdo, básicamente en el segundo artículo, sí que es cierto que no todo son ventajas en la lectura electrónica y que aún tenemos varios aspectos que mejorar. Sin olvidar que no se trata de conseguir la perfección —imposible, por otro lado— ni de superar al libro de papel —esto no es una competición—, sino de conseguir una experiencia de lectura, sea en el formato que sea, lo mejor posible.
  • Encontrabilidad. Ya había escrito sobre esto hace algún tiempo y creo que seguimos sin dar con una manera razonable de superar la sobreoferta, entre novedades editoriales, fondo que nunca se agota y autopublicados. Y no, no me valen los tan manidos algoritmos, que pueden saber mucho de tendencias, gustos masivos, etcétera, pero no de lo que me gusta específicamente a mí como lectora ni de cuán buenas son nuestras novelas a pesar de que seamos una microeditorial.
  • Precio. Me resulta inconcebible que aún haya editoriales que vendan las ediciones digitales a un precio mayor que las de bolsillo, o que un libro electrónico de ficción pura y dura cueste 15€ o más, pero ocurre, y con frecuencia
  • DRM, y todo lo que conlleva: limitación de dispositivos, limitación de la lectura, imposibilidad (o elevada dificultad) de préstamo, limitación en la propiedad del libro. Hemos hablado de esto aquí en numerosas ocasiones y, si sois habituales del blog o conocidos de la editorial, ya estaréis al tanto de nuestra opinión. Nosotros, como cada vez más editoriales, publicamos sin ningún tipo de DRM.
  • Extra: Privacidad. Esta es, en mi opinión, una práctica que cada día estará más presente en nuestra vida como consumidores, promovida por las grandes plataformas y más allá del ámbito digital. En la librería de la esquina también saben qué libros compramos, nuestros géneros favoritos y nuestros hábitos de compra, y no por eso nos hemos quejado nunca. El truco, creo, es poder elegir qué información queremos compartir y cuál no.
Lo mejor de esta lista es que estos problemas ya se han solucionado y se evitan en ciertas editoriales/librerías/plataformas, luego no es imposible eliminarlos. Pero mientras no lo hagamos todos los que nos dedicamos a esto, el libro digital seguirá llevando la etiqueta de “malo”, aunque algunos seamos “buenos”.

jueves, 19 de mayo de 2016

Titulares que me gustaría leer sobre el libro electrónico

Desde que el ebook empezó a ser una realidad en el mundo editorial, y en el de los lectores, aunque por aquel entonces en muchos de los medios y blogs especializados, y no tan especializados, todo esto de lo digital era en el mejor de los casos un futuro lejano y en el peor, mera ciencia ficción, me desayuno, como, meriendo y ceno con todo tipo de artículos tremendistas que, o bien anuncian el fin de todo lo escrito y escribible, o denuncian el daño irreparable que el ebook hace a todos los que vivimos y amamos al libro y todo lo que lo rodea. Vale, igual estoy exagerando un poco, pero estoy algo cansada (y algo es un eufemismo) de tanto drama y tanta acusación muchas veces con dudoso fundamento.

Se me ha ocurrido entonces hacer una relación no exhaustiva ni ordenada de los titulares que me gustaría leer sobre el libro electrónico, en lugar de los que me sigo encontrando día sí y día también:

  • El libro de papel y el digital seguirán vivitos y coleando.
  • Las ventas de libros, sumando todos los formatos, siguen aumentando otro año más.
  • Los préstamos en las bibliotecas, ya sean en formato impreso o en digital, siguen en aumento.
  • Los editores se focalizan en encontrar nuevos y buenos textos y publicarlos en todos los formatos.
  • La lectura, sea en el formato que sea, nos hace más libres, más imaginativos y más inteligentes.
  • Los lectores afirman que cuando tienen mayor libertad de elegir el formato y modo de lectura, leen más.
  • El libro digital consigue llevar la literatura y el aprendizaje a todas las escuelas, universidades y lectores del globo.
Y que conste que esto que escribo no es estrictamente un alegato a favor del libro digital ni mucho menos en contra del de papel, sino un modesto pataleo ante esa guerra artificiosa, inútil y en mi opinión hasta dañina entre ambos formatos.

jueves, 21 de abril de 2016

Celebremos juntos el Día del Libro

En sinerrata llevamos toda la semana esperando a que llegue el sábado y la que creemos es la mejor fiesta del año: el Día Internacional del Libro. No se me ocurre un día más bonito que el dedicado a celebrar la lectura, las miles de historias que nos hacen soñar, viajar, aprender, y a sus autores.

Que la lectura sea algo tan maravilloso no lo decimos solo nosotros, sus bondades están más que demostradas científicamente y refutadas por multitud de aficionados, entre los que nos encontramos, como también por personalidades conocidas en todos los ámbitos. Así, qué mejor forma de celebrar este día que leyendo e invitando a hacerlo.

Si, además, tenéis la suerte de estar en Barcelona u otras localidades catalanas, podréis disfrutar de esta fiesta grande en la calle, ocupada por puestos de libros y rosas en los que los lectores podrán encontrarse, quizá, con su autor favorito. Como ya hizo el año pasado, nuestros amigos de SeeBook también tendrán su punto de encuentro con, entre otros, nuestros libros.

Este sábado nos encontramos entonces para celebrar juntos el Día del Libro, ¡leyendo!

jueves, 25 de febrero de 2016

¿Escribes novela negra? Te esperamos en sinerrata

En este tiempo que llevamos publicando hemos ido forjando un catálogo del que estamos extremadamente orgullosos, plagado de historias que de una forma u otra nos han tocado el alma, y esperamos que también a vosotros, los lectores. Hemos crecido con los autores, apostando por una edición de calidad en la que ellos también están involucrados, y hemos aprovechando al máximo nuestro carácter cien por cien digital para que nuestros libros estén disponibles en las principales librerías online aquí y al otro lado del Atlántico, en las plataformas de lectura por suscripción y hasta en formato papel a través de la impresión bajo demanda.

A estas alturas, y conscientes de lo mucho que nos queda y queremos hacer, nos gustaría invitar a nuevos autores a formar parte de esta casa.

De nuestras tres colecciones, sintemporánea, sinlímite y sinrastro, es esta última, dedicada a la novela negra, la que más está creciendo, empujada por los lectores y por talentosos escritores. Y queremos que crezca aún más, por lo que, después de más de un año con la recepción de nuevos originales cerrada, lanzamos este anuncio para pediros que, si tenéis un manuscrito de género negro inédito y queréis publicar con nosotros, nos enviéis vuestra propuesta editorial y estaremos encantados (y muy agradecidos) de poder leerla y evaluar su posible inclusión en el catálogo de sinerrata.

Podéis encontrar la información acerca de dónde y cómo enviarlo en nuestra web.

jueves, 11 de febrero de 2016

El precio de los libros o la mercantilización de la lectura

Ayer me encontraba con este breve en la web sobre libros y lectores electrónicos Todo eReaders, en el que se comenta y opina sobre unas declaraciones de Jeff Bezos, el mandamás de Amazon, acerca del precio de los libros. Dice Bezos que los libros en general y los ebooks en particular son caros y que si los editores quieren competir con otras formas de entretenimiento, como los juegos o las redes sociales o la televisión, tienen que poner precios más bajos. (He estado buscando la entrevista original a Bezos para poder valorar mejor sus afirmaciones y os dejo aquí este artículo en la web Venture Beat donde se mencionan, por si os interesa [en inglés]).

Es, en mi opinión, innegable que hay algo de cierto en esa aseveración. Hoy en día, la lectura compite con variadas formas de entretenimiento y los editores, entre otros actores, debemos pelear con todas nuestras armas para que siga siendo una de ellas. Y el precio es una herramienta nada desdeñable para conseguirlo. Pero, ¿es la única? O, yendo un poco más allá en mi reflexión, ¿es realmente el precio de los libros lo que relega la lectura a un segundo plano por detrás del Candy Crash, Facebook o Netflix, como se afirma en la entrada de Todo eReaders? Sinceramente, yo opino que no.

Para empezar, siempre ha habido y sigue habiendo opciones gratuitas para leer; estoy hablando de las bibliotecas, por supuesto, que ya ofrecen libros electrónicos. En el caso particular de los ebooks, también se pueden conseguir gratis o muy baratos, gracias, por ejemplo, a las ofertas de algunos puntos de venta. Además, tenemos a nuestra disposición varios servicios de lectura digital por suscripción, al estilo Netflix y a precios similares, como Nubico, 24symbols, skoobe, readify o scribd. Y no me vale el argumento de que para leer en digital hace falta comprarse un dispositivo que también es caro, porque se puede usar para ello el mismo aparato en el que se está jugando.

Lo que yo creo es que leer, por regla general, supone una actitud quizá más activa que estar sentado delante de una pantalla, es decir, que puede requerir de un mayor esfuerzo (escribo esta frase con muchísima precaución porque ni me refiero ni quiero entrar en el debate “intelectual”, menos aún cuando la participación en las redes sociales implica, entre otras cosas, leer), y que estamos fracasando garrafalmente en la promoción de la lectura, como sociedad. Hay muchas cosas que hacer a este respecto, entre otras trabajar para que el acceso a la lectura sea lo más fácil posible, lo que incluye por supuesto precios asequibles, pero no solo. Identificar el descenso en los índices de lectura con precios altos creo que nos impide ver el problema en toda su dimensión y además solo favorece a los agentes que pretenden simplemente mercantilizarla.

jueves, 28 de enero de 2016

Diversidad en el sector editorial

Este es un tema, el de la diversidad en general, que surge periódica y recurrentemente en los medios de comunicación en relación a todo tipo de sectores; señal inequívoca, en mi opinión, de que sigue sin solucionarse a pesar de todos los avances que nos han traído hasta el siglo XXI. Precisamente en estos días podemos encontrar la noticia de actores y directores afroamericanos boicoteando los Óscars por su nula representación en los mismos, por segundo año consecutivo. O, en cuestión de género, en la que no están mucho mejor, tenemos relativamente recientes las declaraciones de algunas actrices protestando por un trato diferenciado. En cualquier caso, como decía al principio de mi parrafada, esta situación se repite allá donde miremos, independientemente del sector y, tristemente, también del factor de desigualdad (color de piel, género, orientación sexual, discapacidad).

Pero entrando un poco más en la industria que nos ocupa, la editorial, esta semana he encontrado esta interesante infografía sobre la diversidad en el ramo editorial en Norteamérica en 2015 [artículo original en inglés]:
No he podido encontrar nada parecido en nuestro país pero me atrevería a decir que la situación no es muy distinta. En mi experiencia, el mundo editorial está habitado por una alta proporción de mujeres en todo tipo de puestos intermedios: editoras, redactoras, correctoras, traductoras, vendedoras, promotoras. A pesar de ello, y de que también son más las mujeres que leen que los hombres (en España, de los que se declaran lectores, el 66,5% son mujeres frente al 57,6% de hombres, según la encuesta de hábitos culturales 2014-2015), y razonablemente son también más las mujeres que reseñan que los hombres, los puestos directivos está mayoritariamente ocupados por hombres. Ay, qué habremos hecho para no saber dirigirnos a nosotras mismas, me pregunto.

Como último comentario, tampoco he sido capaz de encontrar estadísiticas sobre la proporción de escritores por género (masculino o fémenino, quiero decir), pero también en mi experiencia (y ya sé que esto no es un dato científico) diría que la proporción puede estar más o menos igualada, pero desde que empezaron a otorgarse los premios Nobel de Literatura en 1901 solo ha habido 14 galardonadas. Y no parece que este sea el único premio que deja fuera a las autoras, como el polémico caso bien reciente del Salón del Cómic de Angoulême.

jueves, 14 de enero de 2016

Mis deseos para 2016

Creo que este es el primer año que hago este ejercicio; por regla general no soy muy aficionada a las listas, a los repasos de fin de ciclo y, menos aún, básicamente porque rara vez las cumplo, a las resoluciones de año nuevo. Pero en esta ocasión, inspirada por otros artículos de este estilo, análisis sobre 2015 y expectativas para 2016, durante estos primeros días de enero he ido recopilando mentalmente, casi sin darme cuenta, una serie de deseos que me gustaría mucho se pudieran hacer realidad en este nuevo periodo que empieza (el orden es irrelevante):
  1. Más y mejores librerías online, que no te pidan hasta el color de los ojos para poder comprar, ni te “guarden” los libros que adquieres, sino que te envíen directamente el archivo, que para eso lo has pagado, no usen DRM y respeten tu privacidad. En definitiva, más Lektus.
  2. Continuando el deseo anterior, un mercado digital más variado, en cuestión de oferta pero también en cuanto a posibilidades de comercialización, que no se limiten a los dos o tres gigantes que lo dominan todo sino que permitan un horizonte más plural y bibliodiverso.
  3. La eliminación definitiva y generalizada del DRM, al menos del llamado “duro”, que solo penaliza al lector que compra sus ebooks.
  4. Un formato único y abierto para el libro electrónico, que se pueda leer en cualquier tipo de dispositivo, que todos los distribuidores y librerías acepten y exijan y que facilite no solo la lectura sino también el almacenamiento y gestión de nuestras bibliotecas personales.
  5. Un sistema de acceso a las bibliotecas por parte de las editoriales digitales. Ahora dependemos de acuerdos puntuales con algunas redes de bibliotecas o de que el distribuidor que utilizamos gane el concurso público de turno para proveerlas de contenido. Las bibliotecas, y sus usuarios, deberían tener acceso a todo lo que se publique en formato electrónico, como ocurre en el papel, y las editoriales digitales debemos y queremos estar ahí.
  6. Una apuesta por parte de las librerías de calle por el formato digital y un medio, sea en forma de tarjeta de descarga, como las de SeeBook, o en cualquier otra, para que también en ellas se comercialicen los libros electrónicos.
  7. Una normalización del formato digital, que así pierda su estigma de formato de segunda, y con estándares de calidad al mismo nivel que el papel. Los lectores cada vez leen más libros electrónicos así que me aventuro a decir que esto está.
  8. Y por último pero no menos importante: una oportunidad para los autores noveles, los que publican con nosotros, por su cuenta, con otras editoriales o aún esperan su ocasión. Por experiencia sabemos que hay mucho talento ahí fuera y lo mucho que cuesta captar la atención de los lectores dentro de la abundante oferta y las limitaciones del mercado.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Contraargumentos para convencer a los reticentes al libro digital

Antes de empezar con esta entrada, quiero aclarar que no pretendo otra cosa que responder a algunos de los argumentos que he podido escuchar en contra de los libros digitales, en las típicas discusiones que los enfrentan con los libros de papel. Lo que desde luego NO es esta entrada es una afirmación de que los ebooks son mejores que los libros impreso o que hay que elegir el formato digital en detrimento del papel. Como siempre digo, lo importante es leer; el qué, el cómo y el cuándo dependen de la persona, el momento, el género y otras cosas más. Pero vamos a por los alegatos:
  • Leer en una pantalla no es nada placentero. Y estoy en parte de acuerdo, como tampoco es lo más agradable leer en folios sueltos o si tuviéramos que hacerlo en un rollo de papiro que ir desplegando y girando. Pero leer en formato digital no es, al menos exclusivamente, leer en el ordenador y cuando pruebas un lector electrónico —los hay de todas las marcas, colores y precios— la experiencia cambia totalmente (conozco mucha gente que lee en tableta o incluso en el móvil y cantan las bondades de estos dispositivos, pero yo sigo prefiriendo la tinta electrónica).
  •  Hay que acordarse de recargar la batería. Muy cierto, pero también hay que hacerlo con el teléfono móvil y no recuerdo haber oído a nadie esgrimir ese argumento para no usarlo. En mi humilde opinión, el resto de ventajas del aparatito (diccionario, capacidad de almacenamiento, portabilidad…) compensan el tener que enchufarlo de vez en cuando.
  • Es difícil concentrarse en la lectura y se distrae uno/a con facilidad. Esto puede ocurrir si leemos en una tableta, desde luego (los lectores de tinta electrónica no suelen servir para nada más que para leer), pero también es posible que suceda leyendo un libro de papel con el teléfono al lado (sobre todo si no se han desactivado las notificaciones). Si lo que leemos nos atrapa, no habrá nada que nos pueda distraer, independientemente de cómo lo estemos leyendo.
  • No se puede presumir de los libros que tenemos. No, definitivamente no se puede. Sin embargo, ¿no es una maravilla poder llevar contigo un buen trozo de tu biblioteca a un viaje, la cola del banco o el transporte público, sin tener que cargar más que con un pequeño dispositivo? Aunque nadie más pueda ver lo que hay en ella.
Esta no es, al menos para mí, una cuestión de competencia. No se trata de elegir uno de los dos formatos y defenderlo hasta la muerte, olvidando al otro, sino de escoger el que mejor se ajusta a tu estilo de lector y necesidades, lo que puede cambiar con la hora o el día. Lo que sí tengo claro es que todos los argumentos, en una dirección y en otra, son rebatibles y a menudo subjetivos, y que la radicalidad, como en casi todo, no hace ningún favor a esto que nos ocupa, que es básicamente la lectura.

jueves, 22 de octubre de 2015

Libros enriquecidos


Hoy tenía otro tema para esta entrada, pero un artículo que he leído esta misma mañana del siempre interesante Manuel Gil, me ha hecho recordar que hace tiempo que quería compartir aquí mis particulares opiniones sobre los llamados libros enriquecidos.

Ya desde el principio de la revolución digital en el mundo del libro, muchos de sus defensores incluían entre sus argumentos la posibilidad de enriquecer los ebooks. Esto es, básicamente, añadir a los libros contenido multimedia, como vídeo y audio, además de aprovechar las enormes posibilidades del nuevo formato para crear vínculos y enlaces que permitan la interacción por parte del lector, saltos en el texto, finales alternativos, añadir materiales extra y mil cosas más. No hace falta imaginar demasiado para darse cuenta de las ventajas que esto supone para casi cualquier tipo de libro, pero en concreto para el libro de texto y divulgativo, campo en el que ya hay varios ejemplos espectaculares, o para el libro infantil.

Transcurridos unos cuantos años, el libro digital es ya el presente y sin embargo es cierto que los libros enriquecidos no han llegado aún a explotar, al menos desde el punto de vista de la cantidad de títulos presentes en el mercado, aunque las prediciones anteriores parecían indicar lo contrario. En este tiempo han aparecido también algunos artículos en los que se revisan los posibles motivos de este hecho, que en mi opinión se pueden resumir en un par de puntos:
  • El coste de producción. Que la tecnología permita añadir estos enriquecimientos a los libros electrónicos no quiere decir que sea barato. De hecho, en muchos casos es todo lo contrario, si tenemos en cuenta los gastos de producir los materiales multimedia, por ejemplo, o que los costes de composición/maquetación aumentan. En unas condiciones en las que las ventas de libros en general han disminuido y los editores están pasando por una situación económica más apretada, no siempre es fácil afrontar proyectos que requieren una mayor financiación.
  • El precio de los libros electrónicos y aplicaciones. Rentabilizar la inversión (del punto anterior) manteniendo los precios que el mercado admite, que en la edición digital son sensiblemente menores, puede resultar complicado.
  • Géneros y temáticas. Hay cierto tipo de libro que se beneficia claramente de estas características especiales, como comentaba unos párrafos más arriba, pero sin embargo otros, como la ficción pura y dura, no tanto. Admito que este argumento es puramente personal, pero a mí, como lectora, no me resulta del todo confortable cuando hay algo que me rompe el ritmo de lectura, si tengo que ir siguiendo enlaces, yendo y viniendo por el texto o viendo vídeos.
A pesar de todo ello, también opino que los editores (y por supuesto también me incluyo) hemos incorporado la edición digital a nuestros hábitos de papel y muchas veces nos olvidamos de todas estas posibilidades.

jueves, 25 de junio de 2015

El pago por página de Amazon

Una de las noticias bomba de la semana en el vecindario de la edición es la decisión de Amazon de empezar a pagar a los autores por páginas leídas en lugar de por descarga. El titular es ciertamente impactante, y he podido leer artículos y comentarios que directamente ponen el grito en el cielo en nombre de los autores y del efecto que tamaña decisión tendrá en la Literatura, así con mayúsculas. Que si los pobres no van a ver ni un duro por lo que escriben, que si a partir de ahora solo vamos a poder leer obras larguísimas plagadas cliffhangers, para que nos hagan seguir leyendo sí o sí. Reconozco que mi mente de editora ingenua se lleva las (imaginarias) manos a la cabeza cuando piensa en autores o editores escribiendo o publicando con la vista puesta en cómo van a ser remunerados, pero esa es otra discusión para otro momento.

Es importante puntualizar que esta nueva forma de remuneración afecta a los libros que se lean en el sistema de suscripción de Amazon, Kindle Unlimited, y esto, en mi opinión no es una distinción banal. Aunque obviamente a estas alturas aún no sabemos si Amazon querrá extender este nuevo tipo de pago a todos los libros vendidos/prestados/leídos a través de su plataforma (lo que, en principio, dudo), en mi opinión tiene sentido que no se pague igual por un libro que simplemente se ha ojeado (u hojeado) que por el que se ha leído de cabo a rabo, dentro de un modelo de negocio de suscripción. Entiendo que alguien que paga una cuota fija mensual por leer tanto como quiera, y con un tiempo limitado para dedicarle a la lectura, es probable que no persevere si empieza un libro y en seguida se da cuenta de que no le gusta (aunque, por supuesto, esto es una generalización, hábitos lectores hay tantos como los mismos lectores). De hecho, Amazon ni siquiera es el primero en aplicar un sistema de retribución semejante, 24symbols empezó su andadura pagando a los editores así y pasando luego a un modelo club, es decir, como una descarga completa cada vez que un lector (suscriptor) pasa del 10% del libro, como bien explica Bernat Ruiz en su serie sobre la empresa española de lectura por suscripción.

No quiero entrar en el debate de cuál de los dos modelos favorece más al autor o a las editoriales, creo que es demasiado complejo y con un buen número de factores a tener en cuenta que pueden desviar la balanza hacia uno u otro lado en cada caso particular, y me niego a valorarlo en función del número de páginas o el género de los libros. En cualquier caso, tengo claro que la introducción de nuevas formas de lectura conlleva una revisión de las formas de pago, de los lectores a las librerías o plataformas, y de estas a las editoriales y autores, y este de Amazon no es más, en mi opinión, que un paso más para ir ajustándose a los nuevos modelos.

Al igual que la edición digital significó un aumento en el porcentaje de las regalías de los autores, los modelos de suscripción requieren de su particular sistema de pagos, que aún tendrá que ajustarse y evolucionar.

jueves, 11 de junio de 2015

Librerías, lectores digitales y puntos en común


Esta semana he tenido la suerte de poder leer un par de estudios sobre los hábitos de los lectores: la encuesta a los usuarios de las librerías, realizada por el Laboratorio de ideas sobre el libro, y la radiografía del lector digital publicada por la plataforma de lectura en la nube Nubico. Digo suerte porque, tal como enfatiza Arantxa Mellado en este artículo en Actualidad Editorial, con el que coincido, en nuestro país estamos muy escasos de este tipo de estadísticas e informes.

En el primero, sobre los usuarios de las librerías, me llama la atención que lo que más valoran los encuestados sobre sus visitas a las librerías es la posibilidad de ver y tocar los libros. No quiero decir que me sorprenda, ni mucho menos, sino que me ha parecido relevante que sea necesario resaltar esa característica en una realidad en la que muchos libros, sean impresos o digitales, ya se compran en librerías online. También me ha parecido interesante que los usuarios de librerías pongan en último lugar en este apartado las actividades complementarias que se puedan desarrollar en estos establecimientos, dando todo el protagonismo a los libros, aunque creo que este aspecto no es del todo extrapolable porque la encuesta se ha realizado entre lo que parece son clientes habituales de las librerías y quizá sean los visitantes menos asiduos los que puedan estar más interesados en otro tipo de actividades secundarias. Que, en mi opinión, pueden servir también para atraer precisamente a esos clientes a las librerías.

Pero lo que realmente me ha sorprendido positivamente es que uno de cada cuatro clientes, presuntamente habituales, pide libros electrónicos a su librero. Y aquí voy a hacer una interpretación muy libre de los datos: creo que los lectores intensivos, esos que van frecuentemente a las librerías y confían en su librero de cabecera, leen en papel y en digital y quieren encontrar ambos formatos en su centro de referencia.

En cuanto al segundo, sobre los hábitos lectores de los suscriptores de Nubico, me ha encantado comprobar que, como ya habían adelantado algunos estudios anglosajones, los lectores digitales leen de forma habitual. Una hora diaria, según sus datos, más incluso durante el fin de semana.

Como lectora digital y visitante asidua de las librerías, aspiro a leer tanto como pueda, en el formato que mejor me convenga en cada momento, y poder comprar, también en el formato que sea, en mi librería preferida. Me gustaría que, en lugar de ese discurso de confrontación con el que ya sabéis no estoy en absoluto de acuerdo, nos esforzáramos por encontrar puntos en común: los libros y la lectura.

jueves, 4 de junio de 2015

Sobreabundancia frente a bibliodiversidad


El hecho de que en España se publica demasiado es algo que ya hace tiempo que escuchamos, y con lo que creo que todos estaremos de acuerdo. Tradicionalmente, las grandes editoriales adoptaron la estrategia de inundar las librerías con su novedades y así copar cualquier rincón visible de las mesas y los escaparates, desterrando los títulos de la competencia. La víctima directa de esta táctica es la bibliodiversidad y las perdedoras las pequeñas editoriales, que no pueden (ni quieren, añadiría yo) competir al peso y cuyos pocos títulos nuevos difícilmente obtienen alguna visibilidad.

Es cierto que con estos años de crisis y de caída sostenida en las ventas de libros, el cinturón de los recortes también ha llegado a las editoriales y, empezando por las grandes, se ha empezado a reducir el número de novedades que se publican. Sin embargo, con la llegada de la edición digital, los escaparates digitales están ahora más llenos que nunca gracias a una nueva hornada de pequeñas editoriales y autores autopublicados, lo que ha generado también un nuevo set de retos resumidos en un también nuevo término: la encontrabilidad.

Pero mi intención con esta entrada no es reflexionar sobre este término, del que ya hemos hablado aquí mismo en otras ocasiones, sino de cómo el libro digital ha hecho maravillas por la bibliodiversidad, facilitando el acceso a autores y editores a la publicación, aunque a la vez la afecta por la sobreabundancia de nuevos títulos que llegan a las librerías online y que amenazan con no dejarnos ver el bosque.

Todo esto surge gracias a un artículo sobre una de las ponencias en la conferencia de este año del IDPF Digital Book, sobre la curación de contenidos [en inglés]. Según el artículo, esta curación, o selección, es verdaderamente importante para las editoriales, porque permite que nuestros libros sean visibles en un grupo más limitado de títulos, pero también para los lectores, que de otra manera se ven abrumados por una oferta cada vez más ingente. Y hasta aquí coincido plenamente, pero me preocupa especialmente quién y cómo se encarga de esta selección, para que se pueda proteger la bibliodiversidad. Y es que si nos regimos por los criterios de siempre, el poder de las grandes maquinarias de producción y promoción, corremos el riesgo de encontrarnos de nuevo en el primer párrafo.

Afortunadamente, esta revolución digital ha traído también mucho más protagonismo para los propios lectores, que hacen y comparten su propia selección a través de blogs y redes sociales. Y ellos sí que son bibliodiversos.

jueves, 19 de marzo de 2015

La editorial como marca

En un muy recomendable artículo en The scholarly kitchen (en inglés) leía hace poco que el mundo de la edición es un negocio de intermediarios. Esta afirmación, con la que estoy de acuerdo, se basa en el hecho de que los libros que las editoriales publican en la mayoría de los casos llegan a su consumidor final, el lector, a través de al menos otro elemento de la red, como la librería.

Con la irrupción de la edición digital y la venta online, este paisaje se ha visto ligeramente alterado y cada vez hay más editoriales que venden directamente al lector, aunque raramente de forma exclusiva. Aunque es cierto que en esta nueva realidad algunos intermediarios están sufriendo cambios importantes, como los distribuidores, estos siguen y seguirán existiendo.

En la misma línea, la semana pasada hablaba con los amigos de Entreescritores.com en su blog sobre la distribución online, y ya afirmaba que en sinerrata seguimos creyendo en el papel fundamental del librero y por eso no contemplamos por ahora la opción de la venta directa. Esto no quiere decir que desdeñemos el contacto directo con los lectores, justo cuando los editores lo tenemos más fácil que nunca para conocer y comunicarnos con ellos; todo lo contrario, es una de nuestras responsabilidades conseguir llevar los libros que publicamos hasta todos ellos, pero estamos convencidos de que es la librería, de calle u online, el lugar natural para encontrarlos. Es cierto que al hacerlo de este modo las editoriales pierden buena parte de control sobre el proceso y que los libros corren el grandísimo riesgo de diluirse en una oferta cada vez más extensa y variada, y es ahí donde cobra especial importancia nuestra labor de comunicación y esa relación especial y cada vez más cercana con los lectores.

Como decía en el artículo que mencionaba en el párrafo anterior, la verdadera marca de una editorial es su catálogo y es fundamental, y esta es nuestra prioridad, ser capaz de darle consistencia, calidad y credibilidad, y mostrarlo de la mejor forma posible a los lectores.

jueves, 26 de febrero de 2015

Bibliotecas de vanguardia

En un momento en el que la industria editorial parece seguir cayendo en esta crisis perpetua del sector, a la que en los últimos años se ha añadido una crisis general, y en el que el tan manido cambio de paradigma nos ha sumido en un mar turbulento del que aún no conocemos las consecuencias (ni siquiera tenemos claro, por lo que parece, lo que está pasando a día de hoy), contemplo con gran optimismo cómo las bibliotecas en nuestro país, en otros ya lo hicieron hace tiempo, van introduciendo en sus fondos el libro digital. Para mí es la constatación de que realmente apuestan por la lectura, en absoluto, sin entrar en esa guerra de formatos tan absurda como contraproducente.

Desde hace ya algún tiempo, hay una premisa que se repite sin cesar en el mundillo de la edición: hay que poner al lector en la primera línea del proceso editorial. Es una afirmación con la que estoy muy de acuerdo: ellos son los que mandan, los que deciden qué leer, cuándo y cómo, y editores y autores tenemos que escucharlos y complacerlos. Pues bien, son las bibliotecas las que están cerca de ellos y las que verdaderamente están sabiendo conectar, conocer sus preferencias y ofrecerles lo que quieren. Lectura, en el formato que sea, entre otras cosas.

Si bien es cierto que las cifras de compras a editoriales y préstamos de libros electrónicos son aún modestas (aunque, cómo no, en esto también hay diferentes interpretaciones), no puedo más que quitarme el sombrero ante estas instituciones que quizás están siendo el elemento del mundo del libro que mejor se está adaptando a los cambios, avanzando, manteniéndose al día y desarrollando nuevas actividades para seguir atrayendo a los lectores en un mundo digital y cada vez más diverso en cuanto a opciones de ocio. Y siempre, siempre, promoviendo la lectura.

Permitidme que añada que sinerrata también también está presente en la red de bibliotecas del País Vasco e incluso participando en estos mismo momentos en el club de lectura de la biblioteca La Bòbila, en L'Hospitalet.

martes, 23 de diciembre de 2014

Nuestras lecturas recomendadas


Llegadas estas fechas, cualquier medio que se precie publica su particular lista de mejores títulos del año o sus recomendaciones de lectura para estos días de asueto. Nosotros no queríamos ser menos y hemos preguntado a los autores de sinerrata por sus libros favoritos de todos los tiempos, para que así tengáis todavía más opciones entre las que escoger ese (auto) regalo que seguro que no falla.

Carlos Laredo ha disfrutado especialmente estos cinco títulos, todos leídos, nos dice, después del verano:
El jilguero, de Donna Tartt.
La liebre con ojos de ambar, de Edmund de Waal.
Postguerra, de Tony Judt.
Dimanches d’août, de Patrick Modiano.
El hotel New Hamshire, de John Yrving.

Maia Losch nos ofrece sus recomendaciones en varios géneros:
Una historia de amor y oscuridad, de Amos Oz, dentro del género autobiográfico e histórico.
Cumbres borrascosas, de Emile Bronte, en representación de los clásicos.
Pregúntale al polvo, de John Fante, escrita por un ex-convicto.
La vida ante sí, de Romain Gary, una novela fabulosa.
Una habitación propia, de Virginia Wolf, un ensayo para mujeres que desean ser escritoras.
La conciencia de las palabras, de Elías Canetti, otro ensayo, sobre la escritura en general.
El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, un ensayo filosófico-histórico sobre el hombre y la guerra.

José Morand, además, acompaña la lista con sus comentarios:
Canadá, de Richard Ford. Magnífica novela realista, muy bien contada; con esa manera de incidir en los detalles aparentemente insignificantes, tan típica de Ford, magnificándolos hasta niveles casi paradójicos.
Niveles de vida, de Julian Barnes. Un texto diverso, mitad ensayo histórico, mitad autobiografía; en el que para hablar de lo mismo (la pérdida de los seres amados) el autor recurre a reflexiones alegóricas, acerca de la necesidad del ser humano de elevarse para poder observarse en la distancia.
Botchan, de Natsume Soseki. Un libro muy divertido sobre un profesor torpe y despistado, un poco necio; un personaje quijotesco con el que no me ha costado sentirme identificado; contado con una extraordinaria economía de recursos y con la sensibilidad sutilísima de Soseki.
Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Un libro que habría que leer veinte veces antes de morirse; a mi modo de ver, parangonable, únicamente, con El proceso de Kafka... Si en El proceso aprendemos que todos estamos irremediablemente perdidos, en Pedro Páramo aprendemos que todos somos irremediablemente mezquinos y ruines, y difundimos de manera necesaria el infierno a nuestro alrededor.
Cegador, de Mircea Cartarescu. Un texto ilegible; como un mal sueño de quinientas páginas, en el que lo onírico lo impregna todo... Leerlo es como penetrar en un bosque espeso en el que las leyes son otras, desconocidas, misteriosas, absolutamente ilógicas. 

Las sugerencias de Fernando Roye son igual de atractivas aunque, como toca, algo inclinadas hacia la novela negra:
Tom Ripley, de Patricia Highsmith.
Cabaret Pompeya, de Andreu Martín.
Nuestros antepasados, de Italo Calvino.
Los incógnitos, de Carlos Ardohain.
El sombrero del cura, de Emilio de Marchi.

Lucía Solaz nos ofrece un listado muy completo y justificado:
Sputnik, mi amor, de Haruki Murakami. Llevaba al menos un par de años esperando en mi estantería. Cuando un autor es tan famoso, a veces soy reacia a leer sus obras. A pensar de los temas que toca, como la soledad y la imposibilidad de conectar de un modo profundo con otros seres, me resultó más intrigante que depresiva y me llamó la atención el empleo del lenguaje.
El principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Publicado en 1943, más que un clásico infantil, se trata de un texto imprescindible para todas las edades. Es un placer volver a visitarlo y comprobar que siempre aporta algo nuevo y valioso.
Memorias de Idhún, de Laura Gallego. Le voy a regalar a mi sobrina de diez años el primer volumen de esta trilogía con la esperanza de que se enganche para siempre jamás a la lectura. Como dijo Albert Einstein, “Si quieres que un niño sea inteligente, léele cuentos de hadas. Si quieres que sea más inteligente, léele más cuentos de hadas”.
El caso de la mano perdida, de Fernando Roye. A pesar de no ser aficionada al género, de vez en cuando es saludable transitar otros pastos. He pasado un buen rato con una investigación que me llevó a sonreír por la dialéctica entre lo racional y lo irracional al modo del agente Ichabod Crane en el Sleepy Hollow de Tim Burton, además de revelarme un entorno tan desconocido como la vida en una casa cuartel a mediados del siglo veinte.
Tao Te King, atribuido a Lao Tse. El clásico chico que funda el taoísmo filosófico es breve, paradójico y lleno de sabiduría, un texto deliberadamente ambiguo que nunca falla a la hora de hacernos reflexionar.

Por si esto os parece poco, Javi de Ríos, articulista habitual de este blog, enlace especial con los medios y gestor de redes en la editorial, también ha querido aportar su granito de arena:
Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi.
Jim Botón y Lucas el Maquinista, de Michael Ende.
Cuentos escritos a máquina, de Gianni Rodari.
Relatos de lo inesperado, de Roald Dhal, (aunque incluyo más el autor que el libro).
1984 (también representando, en este caso, distopías como Fahrenheit 451 o Un mundo feliz).

Y ya para terminar, aquí van mis lecturas recomendas:
Mi familia y otros animales, de Gerard Durrell, porque ningún otro libro me ha hecho reír tanto, fuera la primera o la vigésima vez que lo leía.
La vieja sirena, de José Luís Sampedro, una de mis primeras lecturas “adultas”.
Cuando Hitler robó el conejo rosa, de Judith Kerr, el primer libro-libro que recuerdo haber leído y que nunca me ha abandonado.
Ébano, de Ryszard Kapuściński, un ensayo imprescindible para conocer algo de África y sus complejidades.
La trilogía del Baztán, de Dolores Redondo, por su combinación de mitología vasco-navarra y novela negra de calidad en español.

¿No os han entrado unas ganas tremendas de haceros con alguno de ellos (o varios, o todos) y poneros a leer inmediatamente? Porque a mí sí...

jueves, 16 de octubre de 2014

El siguiente paso


La semana pasada comentaba de pasada aquí mismo la última edición de Liber y, a través de lo que ya se había escrito sobre ella, la decepción generalizada con la feria y su trayectoria en los últimos años.

En mi caso, uno de los motivos de esta decepción es el escaso, o nulo, avance en el ámbito digital. Las grandes y medianas editoriales se han puesto la careta de “nosotros también somos digitales” pero no hacen el menor esfuerzo, no ya por innovar sino simplemente por realmente creer en el formato y apostar por él. Por ejemplo, hace un par de días me desayunaba con la noticia de que Planeta se está planteando vender conjuntamente las versiones digitales y en papel de sus libros, lo que, en mi opinión, no se sostiene por ninguna parte. No solo transmite el mensaje de que el libro electrónico no tiene valor por sí mismo sino que resulta innecesario para una buena cantidad de lectores que ya leen en un formato o el otro. El mensaje que yo capto es que Planeta no tiene ningún interés en su negocio digital, como, por otro lado, ya ha demostrado en otras ocasiones, pero el resto de grandes editoriales y grupos tampoco van muy por delante.

Me tenéis que perdonar porque una vez más no tengo respuesta, pero me pregunto cuál es el siguiente paso que tenemos que dar para normalizar el formato digital en nuestro país. A estas alturas casi todo el mundo ha oído hablar de los ebooks y muchos lectores han tenido alguna experiencia digital, sin embargo los que nos dedicamos a esto seguimos hablando de los mismos temas y teniendo las mismas discusiones, dando la impresión de que apenas nos hemos movido en los últimos tres o cuatro años.

Encuentros, charlas, congresos, son todos muy bienvenidos y necesarios, como también nuevas iniciativas e ideas, es imprescindible que busquemos y consigamos dar ese paso hacia delante que nos saque de este eterno nuevo-pero-no-todavía paradigma, como se comentaba en los momentos finales de la charla #ebookspain de hoy mismo en Twitter.