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viernes, 6 de octubre de 2017

El libro electrónico pisa la moqueta del LIBER

Tengo que reconocer que en la edición de este año en el LIBER, que en el momento de redactar estas líneas vive su última jornada, (6 de octubre), se han propuesto seriamentes modernizarse, y han abierto sus puertas, permitiendo que ocupen espacios propios, al libro electrónico y a la autoedición.

No queda ahí la cosa, sino que tal y como podemos leer en prensa, en las mesas redondas se han tocado, o se están tocando, temas tan interesantes como Nuevas Tecnologías y el fomento de la lectura, Nuevos proyectos digitales para niños, o Videojuegos y literatura. Eso sí, me temo que no podemos seguir adelante con nuestras vidas si no hay también una mesa dedicada a Piratería y edición.

La presencia del libro electrónico en LIBER se concreta, lo explican muy bien en este artículo de Ritmo21, como os decía, en un espacio propio, que ha sido denominado Zona Digital, (lo criticaría, pero no se me ocurre un nombre mejor ahora mismo). Este espacio lo han compartido, y comparten aún durante el día de hoy, por un lado las empresas que dan servicio a las editoriales, como empresas de software de gestión de metadatos, o distribuidores, y por otro, empresas al servicio del usuario final, el lector, como servicios de streaming de audiolibros, tiendas de e-books o redes sociales para lectores. El espacio ha acogido también diversas charlas de temas relacionados con la venta de libros electrónicos.

Sé que hay gente que es muy escéptica a la hora de valorar este tipo de eventos. Por supuesto, hay vida al margen de ellos, pero es en estos foros donde se da la posibilidad del cierre de acuerdos importantes, porque siempre será mejor estar, que no estar.

Eso sí, algunos periodistas se empeñan en seguir resaltando las fricciones que ha causado la irrupción del libro digital, y ninguna de sus virtudes. Pero insisto, se ha pisado moqueta y eso es importante. Estar, donde hay que estar, con el resto de los libros.

jueves, 15 de octubre de 2015

Mercado digital europeo

Este año, por diversos motivos que ahora no vienen a cuento, no he podido asistir a Liber. Tras leer las crónicas de Manuel Gil y Bernat Ruiz, me quedo con la sensación de que no me he perdido demasiado, pero lo cierto es que me hubiera gustado ver amigos y colegas (o amigos-colegas) y haber escuchado alguna que otra charla que prometía ser interesante. Una de ellas es una mesa redonda sobre el impacto del mercado único digital europeo en el modelo de negocio del sector editorial, de la que hacen una previa en la web cultural Dosdoce.com

Puede sonar contradictorio, por innecesario, que en un escenario digital en el que todo parece estar a nuestro alcance, la Unión Europea se plantee tomar una serie de medidas para potenciar un mercado digital europeo. Al fin y al cabo, a golpe de click podemos comprar casi cualquier cosa de cualquier parte del planeta, ¿o no? Sí y no, o sí pero con limitaciones, ya que hay una serie de aspectos que no nos lo pone tan fácil o que hace que nuestros derechos como consumidores no sean respetados de la misma manera que en el mercado físico, ya regulado en ese sentido desde hace tiempo.

Obviamente, este proyecto de la Comisión Europea tiene en su punto de mira todo el ámbito del mercado digital e incluye todo tipo de bienes y servicios, pero dejadme que arrime el ascua a mi sardina y me centre en la parte que le toca al libro electrónico. Desde mi punto de vista, los aspectos específicos que habría que considerar en cuanto a los libros digitales son los siguientes (la lista no pretende ser exhaustiva y el orden es absolutamente arbitrario):

  • Copyright. En un ámbito más general, no solo en el digital, sería interesante unificar la legislación en cuanto a los derechos de autor en todos los países europeos, de forma que todos los editores nos ubiquemos en un mismo marco legal.
  • DRM. Aunque parece que los sistemas de protección de los libros electrónicos van derivando hacia versiones menos rígidas y más amables para los usuarios-lectores, en mi opinión es imprescindible renunciar de forma global a cualquier método que limite el uso de los ebooks por quienes los compran.
  • Formatos. El uso generalizado de un formato estándar y abierto para los libros digitales es el camino a seguir en este mercado común. Considero fundamental que cualquier ebook comprado en cualquier tienda digital pueda ser leído en cualquier aplicación y dispositivo.
  • Impuestos. No me voy a repetir ahora con la necesidad de igualar el IVA de los libros digitales a los impresos, pero además, este impuesto debería ser el mismo en todos los países y así nos evitaríamos fugas de impuestos y competencias no del todo leales.
  • Bloqueo geográfico. En un mercado global como el digital cada vez tiene menos sentido la limitación geográfica en los contratos de cesión de derechos de autor, que tanto editores como autores y agentes literarios deberíamos trabajar para eliminar definitivamente.
Al margen de estas peculiaridades, me gustaría añadir un factor que no por más generalista es menos importante: el acceso a internet de calidad y a precio razonable. Si queremos un mercado digital funcional y exitoso necesitamos que el público en general pueda acceder a él de forma lo más fácil posible.

Todo esto sería un gran empuje para la Unión Europea, sus empresas digitales y sus ciudadanos, pero además, volviendo a nuestro sector, creo que podría proporcionar una posición de ventaja a los editores frente a las plataformas digitales con un ecosistema cerrado al unificar formatos, impuestos, condiciones, etc.

jueves, 16 de octubre de 2014

El siguiente paso


La semana pasada comentaba de pasada aquí mismo la última edición de Liber y, a través de lo que ya se había escrito sobre ella, la decepción generalizada con la feria y su trayectoria en los últimos años.

En mi caso, uno de los motivos de esta decepción es el escaso, o nulo, avance en el ámbito digital. Las grandes y medianas editoriales se han puesto la careta de “nosotros también somos digitales” pero no hacen el menor esfuerzo, no ya por innovar sino simplemente por realmente creer en el formato y apostar por él. Por ejemplo, hace un par de días me desayunaba con la noticia de que Planeta se está planteando vender conjuntamente las versiones digitales y en papel de sus libros, lo que, en mi opinión, no se sostiene por ninguna parte. No solo transmite el mensaje de que el libro electrónico no tiene valor por sí mismo sino que resulta innecesario para una buena cantidad de lectores que ya leen en un formato o el otro. El mensaje que yo capto es que Planeta no tiene ningún interés en su negocio digital, como, por otro lado, ya ha demostrado en otras ocasiones, pero el resto de grandes editoriales y grupos tampoco van muy por delante.

Me tenéis que perdonar porque una vez más no tengo respuesta, pero me pregunto cuál es el siguiente paso que tenemos que dar para normalizar el formato digital en nuestro país. A estas alturas casi todo el mundo ha oído hablar de los ebooks y muchos lectores han tenido alguna experiencia digital, sin embargo los que nos dedicamos a esto seguimos hablando de los mismos temas y teniendo las mismas discusiones, dando la impresión de que apenas nos hemos movido en los últimos tres o cuatro años.

Encuentros, charlas, congresos, son todos muy bienvenidos y necesarios, como también nuevas iniciativas e ideas, es imprescindible que busquemos y consigamos dar ese paso hacia delante que nos saque de este eterno nuevo-pero-no-todavía paradigma, como se comentaba en los momentos finales de la charla #ebookspain de hoy mismo en Twitter.

jueves, 9 de octubre de 2014

¿Para qué sirve la FGEE?


La entrada de hoy iba a versar sobre mis impresiones de la recién finalizada feria Liber pero revisando lo que otros han escrito sobre ella (como por ejemplo Manuel Gil, en su blog Antinomias Libro), mucho mejor que lo que yo podría hacerlo y contando prácticamente lo mismo que ya tenía pensado decir, me ha surgido la pregunta que títula esta breve reflexión y para la que no tengo respuesta: ¿para qué sirve la FGEE?

Nosotros no pertenecemos a ningún gremio oficial de editores (sí, en cambio, a una pequeña, como nosotros, asociación de editores independientes de la que ya he hablado en alguna ocasión, APEI, y cuyo objetivo es la colaboración entre nosotros para así ser un poco menos pequeños), porque el gasto que nos supone afiliarnos es difícilmente rentabilizable para una editorial de nuestro tamaño y recursos, pero también porque hemos creído que estas grandes organizaciones difícilmente van a representarnos, menos aún en nuestros comienzos como editores digitales, momento en que la federación estaba en su punto álgido antidigital.

Con el tiempo, siguiendo ya más de cerca su trayectoria, nos hemos reafirmado en nuestra decisión, a la que nos consta se han sumado más editoriales (o nosotros nos sumamos a ellas), y cada vez notamos más y más quejas, como la de Manuel Gil en el post que antes mencionábamos sobre Liber, o la de Bernat Ruiz en su blog verba volant, scripta manent en una entrada a cuenta de Editrain que termina exactamente con la misma pregunta con la que yo empezaba esta: ¿para qué sirven?

Si alguien tiene respuesta, te esperamos en los comentarios.

jueves, 17 de octubre de 2013

El optimismo de Fráncfort

Octubre es mes de ferias en el mundo del libro y tras la no muy reconfortante visita a Liber (sobre la que escribí hace un par de semanas), la semana pasada tuve la oportunidad de asistir a la Feria Internacional del Libro de Fráncfort, que me sorprendió con un ambiente mucho más optimista, dinámico y motivador, no solo en comparación con la cita madrileña, sino con años anteriores.

Como bien relata Javier Celaya en su interesante análisis sobre su propia asistencia, este año se ha visto más que nunca en la feria la presencia de la edición digital y el desarrollo tecnológico que la acompaña, con numerosos stands diseminados por los pabellones. No es la primera vez que acuden, es cierto, pero mi impresión ha sido que en esta ocasión la integración con el resto de expositores ha sido más homogénea, más normal. Ya no se les mira como invasores exteriores sino como compañeros de viaje. El discurso de los editores también ha cambiado mucho, que de la amenaza inicial con la que veían al ebook y las grandes plataformas de venta han pasado a la mucho más inteligente postura de aprovechar sus ventajas, incluso se ha dejado de hablar de la piratería para poner el tema de los precios en el centro del debate.

Parece que ya vamos en el buen camino y también que, una vez más, el cambio viene de fuera y aún tardará en alcanzarnos. Se me cae el alma a los pies cuando comparo con el ambiente y el posicionamiento oficial de Liber: negación de lo digital, sin apenas hueco en la feria, y la piratería como eje del discurso. Hasta en la zafia publicación de datos de visitantes nos dejan mal, nadie se creyó los de Liber mientras que en Fráncfurt no tienen reparos en decir que este año han descendido. Nos queda mucho que aprender.

jueves, 3 de octubre de 2013

Liber 2013, impresiones y quejas


Recién regreso de una breve pero intensa visita a la edición actual del Liber, que este año se celebra en Madrid (por si alguno no lo sabe, la feria va alternando sedes anualmente entre Barcelona y Madrid). Hace ya unos cuantos años que acudo a esta feria y tengo que decir que cada vez voy reduciendo mi estancia, mis citas y mi interés. El Liber Digital ha desaparecido y el corner digital no es más que un espacio de promoción de las empresas expositoras, perdiendo todo el potencial que una vez tuvo de convertirse en el punto de encuentro de los profesionales de la edición digital, donde compartir experiencias y seguir aprendiendo.

Leo y escucho comentar que las pequeñas editoriales ya no van a Liber, o cada vez menos, y es fácil ver por qué. Hace unos años la feria era una de las pocas oportunidades de encontrarse con clientes, proveedores y colegas de puntos geográficos distintos; ahora, afortunadamente, las comunicaciones han mejorado y facilitado la conexión global. Por lo que me cuentan, el precio de alquiler de los espacios tampoco están al alcance de cualquiera y es difícilmente compensable con los beneficios que reporta (el networking es importante, no hay duda, pero igual se puede hacer en otro medio a un coste mucho más razonable).

Y ya para terminar, aún a riesgo de parecer un poco llorica, aprovecho para descargar aquí unas cuantas quejas (o aspectos a mejorar) en lo que a logística se refiere: 
  • El recinto deja mucho qué desear en cuanto a comunicación, señalización y servicios (la restauración, que nunca ha sido el fuerte de las localizaciones feriales, bordeaba lo impresentable). 
  • Este año, por primera vez, se venderán libros durante el fin de semana y se permitirá el acceso en esos días al público general, pero a todo el que he preguntado en Madrid ajeno al sector no tenía ni idea de este hecho (soy consciente de que esto no es un dato objetivo, no llevé a cabo una encuesta rigurosa, pero me extrañó que ni siquiera una sola persona supiera de qué le estaba hablando).
  • Aunque haya cambiado la organización sería de agradecer que se diera continuidad a la web oficial de la feria, en lugar de crear una nueva. No me consta que se hayan generado confusiones por este motivo pero ciertamente la imagen que se da de provisionalidad no es la mejor.
En definitiva, y aunque no tiene ninguna trascendencia, me extrañaría mucho que asistiese a Liber 2014.