jueves, 9 de noviembre de 2017

¿Es la autopublicación una amenaza para las editoriales?

Créditos de la imagen: Alejandro Escamilla vía Unsplash
Una de las consecuencias de la llegada de la edición digital, y de la evolución de la tecnología y las redes, es que hoy en día autopublicar es más fácil, económico y tiene más posibilidades de éxito que nunca. Se puede encontrar ahí fuera un sinfín de herramientas, en muchos casos totalmente gratuitas, para editar, maquetar, componer, convertir, diseñar y publicar, de forma que cualquier autor con un poco de interés puede tener su libro (o libros) a la venta en las principales librerías en línea, no solo a nivel local sino también internacionalmente. Y lo mismo ocurre en el aspecto de la promoción: las redes sociales y el marketing digital han simplificado (y amplificado) las posibilidades de los escritores para encontrar su público. Ojo, que no estoy diciendo que no requiera ningún esfuerzo, de hecho es mucho trabajo, sino que prácticamente está al alcance de cualquiera.

Cuando el fenómeno de la autopublicación empezó a ser relevante, hace ya algunos años, surgieron las primeras voces de alarma. Se decía, por un lado, que la calidad de la edición y del contenido era sensiblemente inferior a la de los libros que llegaban al mercado a través de las editoriales tradiciones, ya que no pasaban ningún filtro editorial ni se beneficiaban de un proceso de edición profesional. Y, por otro, que como consecuencia las editoriales dejarían de ser necesarias.

Pasados unos años, la autopublicación sigue creciendo, como no podía ser de otra forma, la calidad ha mejorado significativamente (gracias entre otras cosas a que muchos escritores se toman la edición más en serio y contratan servicios externos) y las editoriales siguen existiendo. De hecho, una vez comprobado que puede ser un buen negocio, las empresas de servicios editoriales y coedición han proliferado, algunas camufladas de editoriales tradicionales, y hasta los grandes grupos se han apuntado al carro.

En mi caso, siempre he pensado que autopublicar era tan digno como hacerlo dentro del catálogo de una editorial, y una estupenda opción para aquellos autores que quieren controlar todo el proceso en la vida de su obra, desde el diseño de la cubierta hasta los puntos de venta y la relación con los lectores, pasando por el cobro de regalías. También tengo claro que no solo seguirá formando parte del mercado editorial sino que cada vez copará más parte del mismo.

Contestando a la pregunta que titula esta entrada, en mi opinión la amenaza viene como consecuencia de un mercado más competido, en oferta y en precio. Los lectores de hoy en día tienen a su alcance millones de títulos y llegan a ellos por medios diferentes a los de hace unos años, como los blogs y las redes sociales, medios que todos compartimos.

En cualquier caso, no lo veo como una amenaza, sino como un elemento más en nuestro variado y cambiante horizonte editorial.

jueves, 2 de noviembre de 2017

La industria editorial no para de girar

Créditos de la imagen: mag3737 vía Visual Hunt / CC BY-NC-SA
Tenía este artículo reservado para poder comentarlo en algún momento aquí en el blog, en buena parte por su impactante titular, La industria editorial ha dado un giro de 360º en 10 años (y no es un error), que además en realidad no se corresponde exactamente con su contenido.

Según el autor del artículo, la industria editorial ha girado sobre su eje tras la aparición del libro electrónico y los vaticinios de la muerte del papel, hasta llegar de nuevo al punto de partida. Eso sería como decir que a día de hoy el libro digital se ha esfumado y todo lo que se vende y lee es libro impreso, aunque en verdad lo que se afirma concretamente en el desarrollo es que las ventas en formato digital se reducen, las de papel aumentan y las editoriales apuestan por las ediciones impresas de calidad.

No voy a entrar a discutir las cifras que se mencionan, que, por cierto, no se especifica de dónde salen exactamente; de cómo se suelen cocinar e interpretar este tipo de datos para que parezca que los ebooks se mueren ya hablamos en este blog hace unos meses. Pero sí quiero hacer mi propia lectura, que no coincide mucho con el titular mencionado: las editoriales quieren mantener su negocio de papel (esto no es una crítica, que conste, es perfectamente legítimo; es lo que conocen, lo que saben hacer bien tras muchos años de experiencia y para lo que tienen todo un sistema montado con muchos eslabones que no quieren, ni tampoco tienen por qué, desaparecer) y se han dado cuenta de que para competir con el formato digital tienen que hacer ediciones impresas que resalten el valor del libro-objeto.

Perfectamente razonable, en mi opinión. ¿Quiere eso decir que van a hacer ediciones cuidadísimas de todos los títulos que se publiquen? Me extrañaría. ¿Roban las ediciones de lujo mercado al ebook? Probablemente, pero tanto como para matarlo, lo dudo sinceramente.

¿Está girando la industria editorial? Indiscutiblemente, como buena industria que se precie y que quiera seguir existiendo, para adaptarse a las nuevas tecnologías, los nuevos hábitos de consumo y los nuevos consumidores. ¿Es un giro de 360º? Me remito al principio de esta entrada. Y para muestra otro botón en forma de nuevo formato: el audiolibro. Si hace un par de años nos hacíamos eco en este medio de los argumentos en contra de los audiolibros (y dejábamos claro que nosotros no estábamos de acuerdo con ellos), en los últimos meses estamos viendo un bombardeo de noticias acerca de cómo cada vez más lectores y editoriales apuestan por ellos.

jueves, 26 de octubre de 2017

Lectura por suscripción

Créditos de la imagen: Jonas Tana vía Visual Hunt / CC BY-NC-ND
Desde la aparición de 24symbols, el Spotify de los libros, allá por 2011, los servicios de lectura por suscripción se han extendido por nuestro horizonte cual mancha de aceite. Más tarde llegaron Nubico, la plataforma montada por Telefónica y Círculo de Lectores, y desde allende los mares, Scribd, que también ofrece audiolibros, y Amazon Unlimited. En estos días, también, ultima su aterrizaje en España Storytel, el Netflix de los audiolibros (nótesen las comparaciones con otros servicios de suscripción, ya sea para música o vídeo).

Todos tienen parecido esquema de funcionamiento: el cliente paga una cuota mensual (alguno tiene además una opción gratuita con características reducidas y/o publicidad añadida) y obtiene acceso a una completa biblioteca de lecturas (o audiolecturas) de forma ilimitada. Para el proveedor del servicio tiene beneficios obvios: un cliente cautivo que consuma lo que consuma paga religiosamente cada mes. Y para el consumidor también es ventajoso, en mi opinión: por el precio de un par de artículos (o menos) tiene acceso a un abultado catálogo de productos.

En el caso de los productos digitales, en mi opinión, este tipo de servicios tiene aún más sentido, ya que en muchos casos (afortunadamente no en todos, tengo la esperanza de que cada vez sean menos) la compra no nos garantiza la propiedad sino una especie de alquiler de duración extendida. Y así, por qué no simple y verdaderamente alquilarlo, a un precio y en unas condiciones más ventajosas. Pero no solo están floreciendo las opciones de suscripción para libros digitales o audiolibros, sino también para libros de papel. En este caso el modelo es distinto y se basa no en una amplia biblioteca sino en la sorpresa y la oferta personalizada.

Pero, aparentemente, detrás de todo esto hay toda una batería de justificaciones psicológicas que nos impulsa como consumidores a aceptar los servicios de suscripción como ventajosos, y de la que las empresas se aprovechan, claro, como nos cuentan en este artículo de Xataka, la página de ciencia y tecnología.

Es posible que me esté engañando a mí misma, que me esté viendo atrapada por la abrumadora oferta que seguro no voy a poder aprovechar, el pago invisible e indoloro y las dificultades para darme de baja de estos servicios, como se afirma en el mencionado artículo, pero lo que me parece evidente es que como lectora y compradora normalmente me voy a inclinar por aquello que me permita leer más y gastar menos.

jueves, 19 de octubre de 2017

El cabo Holmes en Getafe Negro 2017

Como seguramente ya sabréis, en estos días se está celebrando el festival de novela policíaca Getafe Negro. Esta es la décima edición de una cita ya consolidada como referente en el género negro y que este año está contando con la presencia de más de un centenar de autores bien conocidos, como John Banville, Almudena Grandes, Eduardo Mendoza, Marta Sanz, Ian Manook, Víctor del Árbol, Carlos Zanón, Manuel Gutiérrez Aragón, Juan Madrid, Luca D’Andrea, Antonio Mercero, Enrique Urbizu, Bruno Arpaia, Julián Ibáñez… y Carlos Laredo.

Sí, el autor de la casa participará hoy 19 de octubre a las 20:00 en la mesa redonda “La Guardia Civil como personaje literario”, moderada por Lorenzo Silva, y donde naturalmente hará acto de presencia nuestro querido cabo Holmes.

En esta edición, el festival pone el foco en el continente europeo, su posible crisis actual y su futuro, siempre desde la perspectiva de la literatura de género negro, y permite a sus visitantes disfrutar de un buen número de charlas, mesas redondas, presentaciones y demás actividades. Y como novela negra y gastronomía están muy bien relacionadas, este año Getafe Negro también se degusta.

Si podéis acudir a la cita y encontraros en persona con Carlos y su cabo Holmes, nos encantará que nos lo contéis en los comentarios.

viernes, 6 de octubre de 2017

El libro electrónico pisa la moqueta del LIBER

Tengo que reconocer que en la edición de este año en el LIBER, que en el momento de redactar estas líneas vive su última jornada, (6 de octubre), se han propuesto seriamentes modernizarse, y han abierto sus puertas, permitiendo que ocupen espacios propios, al libro electrónico y a la autoedición.

No queda ahí la cosa, sino que tal y como podemos leer en prensa, en las mesas redondas se han tocado, o se están tocando, temas tan interesantes como Nuevas Tecnologías y el fomento de la lectura, Nuevos proyectos digitales para niños, o Videojuegos y literatura. Eso sí, me temo que no podemos seguir adelante con nuestras vidas si no hay también una mesa dedicada a Piratería y edición.

La presencia del libro electrónico en LIBER se concreta, lo explican muy bien en este artículo de Ritmo21, como os decía, en un espacio propio, que ha sido denominado Zona Digital, (lo criticaría, pero no se me ocurre un nombre mejor ahora mismo). Este espacio lo han compartido, y comparten aún durante el día de hoy, por un lado las empresas que dan servicio a las editoriales, como empresas de software de gestión de metadatos, o distribuidores, y por otro, empresas al servicio del usuario final, el lector, como servicios de streaming de audiolibros, tiendas de e-books o redes sociales para lectores. El espacio ha acogido también diversas charlas de temas relacionados con la venta de libros electrónicos.

Sé que hay gente que es muy escéptica a la hora de valorar este tipo de eventos. Por supuesto, hay vida al margen de ellos, pero es en estos foros donde se da la posibilidad del cierre de acuerdos importantes, porque siempre será mejor estar, que no estar.

Eso sí, algunos periodistas se empeñan en seguir resaltando las fricciones que ha causado la irrupción del libro digital, y ninguna de sus virtudes. Pero insisto, se ha pisado moqueta y eso es importante. Estar, donde hay que estar, con el resto de los libros.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Negando lo evidente

©Ros
Confieso que no siempre entiendo las viñetas de Ros y esta, aunque la entiendo, no consigo ponerla en contexto. ¿Es una crítica o una alabanza? La conclusión a la que he llegado es que es tan buena que puede ser las dos cosas, dependiendo de los ojos que la miran. Para mí es claramente una alabanza, pero puedo entender cómo para otra persona sea una crítica: el libro electrónico, una vez más, como hermano pobre del papel, como símbolo de una pérdida (ese precioso edificio y todo el contenido de la biblioteca nacional, aunque el contenido no desaparece solo cambia de formato y en consecuencia ocupa un espacio, y un volumen, distinto).

Si este fuera el caso, el de la crítica, se me ocurre argumentar que el edificio no se pierde, si se necesita menos espacio para almacenamiento tendremos más para realizar otras actividades relacionadas con el libro la lectura, y, sin embargo, a cambio conseguimos que todo el saber, la literatura y entretenimiento que antes se encontraba entre esos muros ahora esté disponible para cualquier persona en cualquier parte del mundo y no solo para los que tuvieran la suerte de vivir en sus proximidades.

Tengo la sospecha de que muy probablemente se trate de una crítica, quizás porque me he malacostumbrado a que a los libros digitales les lluevan de esas por todas partes, principalmente desde el propio mundo editorial. Y precisamente por eso, me sentí muy identificada con algunos párrafos de este artículo de The Digital Reader de hace unos días. Dice Nate Hoffelder, su autor: 

“The major publishers are dead because they bet against digital, which is the future.
The thing about the major publishers is that they thought they could make the market go where they wanted”.

O, en una traducción libre: “Las grandes editoriales están muertas porque apostaron en contra del formato digital, que es el futuro. El problema de las grandes editoriales es que pensaron que podrían hacer que su mercado fuese en la dirección que ellas querían”.

Lo que más me preocupa (y a veces me enfada) es que para justificar esta decisión de no apostar por el libro electrónico, se maquillan los datos de ventas, y los de las descargas ilegales, y se publicitan ampliamente para convencernos de que el libro impreso no solo sobrevivirá, cosa que por otra parte nunca he dudado, sino que está creciendo en ventas y terminará acabando con el formato digital, que cada vez vende menos. Además, los libros electrónicos no solo nos hacen cada vez más tontos, sino que están acabando con los ingresos de editoriales y autores...

No es la primera vez que hablamos de esto aquí y puede que no sea la última. No llego a ser tan drástica como Hoffelder y realmente no creo que las grandes editoriales, o cualquiera que no apueste por la edición digital, estén muertas, pero sí estoy convencida de que están perdiendo un tiempo valiosísimo en mantener el statu quo, peleando con un monstruo que no va a desaparecer y que, si se pararan a pensarlo, no es en absoluto su enemigo. Pero, como decía mi abuela, no hay peor sordo que el que no quiere oír.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Librerías que abren, librerías que cierran

Si os interesa, y suponemos que sí, el tema de las librerías, visto desde todos los ángulos, os recomiendo encarecidamente seguir a una persona que ya hemos citado aquí, Txetxu Barandiarán, consultor en el sector del libro, que habla muy a menudo, yo diría que es el principal tema de su blog, Cambiando de tercio, de librerías.

Precisamente en las últimas semanas, además de informarnos de algunas nuevas aperturas, y por desgracia de algún cierre, ha escrito dos buenos artículos, curiosamente relacionados con eso, con aperturas y cierres.

En un lado de la moneda os recomendamos leer Puesta en marcha de una librería. La cuenta de la vieja… en una servilleta. Creo que el título lo dice todo. Si alguno de vosotros está interesado en abrir una librería aquí tiene unas cifras, orientativas, claro está, sobre lo que tendría que facturar anualmente para soportar los gastos y de paso poder ganarse las lentejas de forma digna.

El reverso de esta moneda podría ser el artículo ¿Por qué cierran las librerías? Algunas causas, reflexiones y propuestas. Escrito con el cierre de la mítica librería de Bogotá La madriguera del conejo como punto de partida, de nuevo el título es muy claro respecto a lo que ofrece el contenido.

Tras hacer una lectura sosegada, algún apunte de mi propia cosecha:
  • Yo sí creo que las librerías tienen que actuar como polo cultural. Personalmente, viviendo en una ciudad pequeña, únicamente me encuentro librerías-papelerías, con los principales bestsellers del momento expuestos. Negocios muy dignos, pero poco diferenciables de otros, destinados a dispensar un producto, que ahora se puede obtener por otras vías.
  • Me pasó algo curioso, y esto no tiene nada que ver con sinerrata, es una experiencia personal. Publicamos un libro un grupo de diez bloggers, y lo hicimos de la única forma que teníamos a nuestro alcance: en digital, y en venta en papel con impresión bajo demanda. Un amigo difundió el libro en redes sociales, y la propietaria de una mítica librería, obviaré decir cuál, nos puso a caldo por destruir las librerías, según ella. No teníamos medios para meternos en las librerías, no es fácil. Podría haber mucha más variedad de libros en ellas, si la puerta de entrada no fuera, en la mayoría de los casos, la distribución tradicional, de la que, por cierto, también reniegan algunas editoriales.
  • En el caso, ahora sí, de sinerrata, nunca me cansaré de los esfuerzos que Amalia López, su editora, está haciendo para que tengamos presencia en las librerías, a pesar de que somos una editorial digital. Ya os hemos hablado en varias ocasiones de las tarjetas de descarga de varios de nuestros títulos, y de las librerías en las que se las puede encontrar.
Información relacionada:

jueves, 7 de septiembre de 2017

Fomentar la lectura y otras dinámicas familiares

Hace ya unos días que me encuentro una y otra vez en redes sociales con la curiosa nota de una madre italiana a sus hijos, pidiendo que busquen la contraseña de la wifi en Anna Karenina (ojo, en el libro, no en la película).
Confieso que la primera que la vi me pareció tremendamente simpática e ingeniosa, no tanto por el reto en sí que plantea, sino por el humor que destila la redacción de la misma (incluyendo la postdata) y por mezclar dos actividades de ocio según algunos contrapuestas: internet y lectura.

No le había vuelto a dar más importancia ni valor hasta que hace un par días me topé con este artículo en la revista Verne, en el que cuestionan la nota como método de fomento de la lectura y se hacen eco de la supuesta controversia que ha generado en Twitter.

Partiendo de que la nota en sí misma ya está totalmente fuera de contexto, y de que no tengo (tenemos) ni idea de cuál fue el planteamiento original de esa madre, ni la reacción de sus hijos, ni cuánto tiempo llevan con esa dinámica, ni siquiera si los hijos son lectores asiduos o solo cogen un libro para encontrar la susodicha contraseña, intentar convertir lo que parece simplemente un juego (relacionado con la literatura, eso sí) con un método para fomentar la lectura, creo que es algo aventurado.

Está claro que la mejor forma, que no la única o en solitario, de que nuestros hijos lean es dando ejemplo claro y sostenido y, por otro lado, soy consciente de que hoy en día cualquier tema en redes sociales puede ser objeto de alabanza, burla o crítica extrema, pero, qué ha pasado con esa teoría tan extendida últimamente de las bondades de la gamificación con respecto a la educación en general y el fomento de la lectura en particular.

La llamada gamificación, o uso del juego como estimulo para una actividad o aprendizaje concreto, se está aplicando ya en colegios y bibliotecas. Si hasta la última campaña gubernamental de fomento de la lectura pretende utilizarla (de aquella manera, pero esto es otra cuestión que merece una entrada por sí misma). Y sin embargo ante algo tan aparentemente inocente como un juego relacionado con la lectura dentro del ámbito familiar, se pone en cuestión todo un método educativo que simplemente desconocemos si se está aplicando tal cual o no.


Repito, estoy convencida de que si los padres leen de forma habitual y los niños crecen en un ambiente con libros y en el que la lectura es parte de las actividades diarias, es muy probable que ellos también lean. Sin embargo, conozco algunos muy buenos lectores, uno de ellos incluso librero, que nunca vieron un libro en su casa y se aficionaron a esta sana actividad bien pasada la adolescencia. Y, aunque creo no conocer a nadie en esas circunstancias, estoy segura de que lo contrario también ocurre. Está claro que la madre de esa nota lee, a los clásicos ni más ni menos, así que una vez superado el primer punto del fomento lector, ¿es realmente tan malo añadir un poco de juego al cuento?

jueves, 27 de julio de 2017

Verano, lectura y vacaciones

Derechos de la imagen: mac.rj via Visualhunt / CC BY
En cualquiera de sus combinaciones estas tres palabras consiguen ponerme inmediatamente de buen humor y apuesto a que a vosotros también. Incluso si alguna de ellas falla, ¿verdad? Que podáis disfrutar de unas vacaciones, lamentablemente no podemos garantizarlo, pero el verano está efectivamente aquí (vale, esto no es mérito nuestro) y en lo que definitivamente podemos contribuir es en el apartado de las lecturas.

No solo tenemos un catálogo de lo más completito para amenizar este tiempo de descanso o de ritmo más lento, incluyendo la última aventura de nuestro querido cabo Holmes, sino que además ya os propusimos en una entrada anterior una estupenda selección de lecturas recomendadas por nuestros blogueros literarios de cabecera y otros amigos de la editorial.

Pero como no solo de libros viven los lectores —y como ya sabéis somos firmes defensores de que lo importante es leer independientemente del contenido o el continente— aquí os dejamos ahora una breve selección de lecturas ligeras relacionadas con la literatura y las vacaciones, para disfrutar a la sombra o al sol:

Sea cual sea el formato, género y destino elegido, ¡qué tengáis un feliz verano y muy buenas lecturas!

jueves, 20 de julio de 2017

Así triunfa un libro gracias a los blogs

Que nadie se espere, atraído tal vez por el titular, el tipo de contenido que tanto abunda hoy en día en Internet, con supuestas recetas de marketing para el éxito. En sinerrata tenemos impreso en el ADN el ser digitales, y también la colaboración con bloggers y magazines digitales, pero entendemos que esto es un trabajo similar al que hace la gota de agua golpeando la piedra: nunca dejar atrás ni un solo libro aunque se haga más hincapié en las novedades, y colabora con los blogs de forma honesta y sostenida en el tiempo.

Pero sí es verdad que puede ser interesante detenerse de vez en cuando para observar el trabajo de los demás, y es gratificante observar que, aunque no haya fórmulas mágicas para obtener resultados, sí que hay ejemplos claros de libros que gracias a una campaña de difusión con la ayuda de bloggers literarios, consiguieron tener una relevancia muy difícil de obtener hoy en día.

Me voy a detener en dos ejemplos. Uno cercano, aunque ya no en el tiempo. Y otro un poco más reciente y, en este caso, a nivel internacional.

Tuve la suerte de conocer personalmente a Neus Arqués hace años, aunque paradójicamente fue en un encuentro de trabajo que nada tenía que ver con la literatura, sino con nuestras respectivas ocupaciones en aquel momento. Yo había leído y reseñado su libro, así que en cierto modo formé parte de esta experiencia.

Hablo de algo que ocurrió hace ya la friolera de 12 años. En esta entrevista, si queréisprofundizar en ello, Arqués le cuenta a Javier Celaya los pormenores de una pequeña campaña de difusión que ella denominó 10 blogers – 10 libros, que puso en marcha con la intención de incentivar la conversación en torno al tema central de su libro, Un hombre de pago.

La premisa me parece de vital importancia, ya que las redes sociales ahora, y los blogs desde siempre, lo que han buscado es promover la conversación. Y por mucho que algunos lleven años "matando a los blogs", yo ahora pienso más que nunca que hay que volver a ellos, donde la conversación es más "respirable" que en el guirigay en el que algunos están convirtiendo las redes sociales.

Sin tener a mi disposición ni una sola cifra al respecto yo calificaría la campaña de Neus como exitosa.

Tampoco son necesarias las cifras para hablar de la saga Divergente, ya que no creo que nadie ponga en duda que hablamos de una trilogía, (y algún librito más), de éxito. Si alguien no sabe de qué estoy hablando la bastará con que le indique que hablo de los típicos libros de genero young adult orientados a la ciencia-ficción o las distopías, que han estado muy de moda los últimos años gracias al tirón de sagas como "Los juegos del hambre"; una moda que, como todas, ya ha amainado.

En el propio epílogo de los libros de la saga, la autora de los mismos, Verónica Roth, cuenta que en la difusión del libro, (ojo, en este caso junto a otras herramientas de marketing, sin duda), jugaron un importante papel los bloggers que se aficionaban a la saga.

Como curiosidad contaros que el nudo central de los libros en un mundo, circunscrito de inicio a una ciudad que a la postre resulta ser Chicago, que socialmente se organiza en cinco facciones: Abnegación, Osadía, Verdad, Erudición y Cordialidad. Pues bien, los bloggers que hablaban sobre el libro hicieron lo mismo, repartirse entre abnegados, osados, veraces, eruditos y cordiales, e incluso tenían sus propios líderes de facción.

Si lo pensamos, la premisa es la misma que en "Un hombre de pago": fomentar la conversación.


En ello estamos.

viernes, 7 de julio de 2017

La trampa de los números (y los titulares)

La semana pasada me topé con este artículo en El Periódico sobre los resultados de un estudio de la Generalitat de Catalunya sobre los hábitos de lectura de los catalanes en 2016 a través de un buen número de entrevistas. Las conclusiones son de lo más interesante, como que el porcentaje de catalanes mayores de catorce años que lee en algún momento y en cualquier tipo de soporte crece cada año y ya alcanza más del 95%, con un casi 68% que lee libros, y ¡el 90% lee al menos una vez a la semana! Aquí se incluyen libros, periódicos, revistas, cómics y webs, blogs y foros de internet pero, como ya hemos dicho en otras ocasiones, para nosotros leer es leer es leer, independientemente del formato y el tipo de contenido.

Es verdad que esa cifra, la de los lectores frecuentes, desciende este año casi tres puntos con respecto al anterior, aunque la bajada se centra en la lectura de periódicos y cómics, mientras que sí crece en libros, casi seis puntos, y en internet.

 
A pesar de estas buenas noticias, en general, para todos los que nos dedicamos a esto de los libros, con una subida también en el número de lectores que leen libros por placer, el artículo decide destacar en su titular que el 85% de los libros electrónicos que se descargan son piratas. Así, literalmente. Obviamente, la primera reacción es llevarse las manos a la cabeza; es un porcentaje bastante alto pero, quizá también por eso, digamos que resulta sospechoso (llamadme desconfiada). Y, curiosamente, solo hay que ir al informe original del estudio, publicado por la Generalitat, para darse cuenta de que las sospechas resultan ser ciertas. En la página 93 de dicho informe se especifica que el 65% de los lectores digitales solo consume libros GRATUITOS y casi el 25% tanto de pago como GRATUITOS, mientras que prácticamente el 10% solo descarga libros electrónicos de pago. Nótense las mayúsculas: el informe, y por tanto la pregunta que se hizo a los entrevistados, era si leían contenido de pago o GRATUITO, no de descarga ilegal (o "pirateado").


Solo en Amazon hay más de sesenta mil libros gratis, y el número de páginas web que ofrecen contenido gratuito y absolutamente legal es prácticamente incontable. ¿De verdad que a estas alturas de la película todavía hay que seguir criminalizando al lector digital y por tanto al formato electrónico? Y, ¿es necesario hacerlo de forma tan burda?

  

viernes, 30 de junio de 2017

La mejor lista del mundo de lecturas para el verano

A ver, no es que nos hayamos levantado soberbios, simplemente decimos que es la mejor porque es la nuestra, la que hacemos con las sugerencias que nos habéis dejado vosotros, los que nos seguís a diario, en nuestra página de Facebook.

La verdad es que llega el verano, y aunque donde estoy yo ahora mismo está lloviendo, seguro que se avecinan muchas tardes de sol, playita o campita, y lectura. Ya los medios están sacando sus sugerencias, como esta de El País, que está muy bien, ya que en realidad es una lista de lista, por temas, por géneros, con un total de 87 lecturas propuestas.


¡Empezamos! Ya aviso que hay de todo, clásicos, contemporáneos, más o menos actuales, no había ninguna norma que seguir para proponer títulos:
  • Patricia Millán, del blog Relatos en construcción nos hace varias propuestas: Por un lado nos propone La vegetariana, una novela de la escritora coreana Han Kang. También nos sugiere adentrarnos en el, ya, clásico de Kerouac En el camino, y conocer la obra del ilustrador Jimmy Liao.
  • Daniel Martínez, sabiamente a mi juicio, propone recordar a Juan Goytisolo, leyendo Coto vedado y En los reinos de taifa.
  • Alena Collar nos propone leer El cuaderno gris, de Josep Pla y La reina de las nieves, de Martín Gaite. Poco que añadir, autores de peso.
  • Dei Gaztelurrutia sugiere un único título: Almas de segunda mano, de Christopher Moore.
  • Verónica García-Peña nos dice que ha sido todo un descubrimiento La sonámbula y más relatos inquietantes, de Marie Luise Kaschnitz.
  • Antonio Báez propone otro clásico: Matar a un ruiseñor, de Harper Lee.
  • También Jesús Ruíz apuesta por una obra con solera: Manhattan Transfer de John Dos Passos.
  • Guadalupe Santos nos propone revisitar, o conocer La vieja sirena, de José Luis Sampedro.
  • Enrique Sanvicente nos recomienda leer, si no lo hemos hecho ya, El guardián entre el centeno, de Salinger.
  • Cristina Useros apuesta por El señor presidente, de Miguel Angel Asturias, como lectura veraniega.
  • Elvira Olmo nos recomienda la trilogía de Esteban Navarro "El buen padre","Los ojos del escritor" y "Los fresones rojos", y también Patria de Aramburu.
  • Paz Monserrat  nos sugiere la lectura de Las pequeñas virtudes, de Natalia Ginzburg.
  • Rosa G. Panera, por último, pero no menos importante, comparte con nosotros varias lecturas: Intemperie, de Jesús Carrasco, Bilbao, New York, Bilbao, de Kirmen Uribe, Suite francesa, de Irene Nemirovsky. Y para los niños de diez en adelante propone poemas para niños de Gloria Fuertes.
Y esto es todo. O no, ya que esperamos que nos dejéis un montón de sugerencias más en los comentarios.

jueves, 22 de junio de 2017

A vueltas con el IVA (de los libros electrónicos)

Derechos de la imagen: fdecomite vía Visual hunt / CC BY
No es la primera vez que hablamos de esto y probablemente no será la última, el asunto de la equiparación del IVA que se aplica a los libros de papel, reducido del 4%, al IVA de los libros digitales, el normal del 21%, más que un asunto fiscal parece un culebrón analógico.

Si a finales del año pasado, en esta entrada de Javi de Ríos, nos congratulábamos con lo que parecía el fin de un sinsentido (que los libros electrónicos tributen a un tipo más alto, basándose en una diferencia de formato, no de contenido, que es exactamente igual de cultural que el del libro impreso), solo unos meses más tarde el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, en un alarde de modernidad y de estar a la altura de los tiempos que corren, sentenció que los ebooks, porque se comercializan sin un soporte físico sino de forma electrónica, se consideran servicios y por tanto no pueden beneficiarse de un IVA reducido. Ahí queda eso, una lógica aplastante, ¿verdad?

Afortunadamente, en mi opinión, los eurodiputados (o al menos algunos) tienen una mente más abierta y, sobre todo, más al día, y votaron por mayoría este mismo mes en la Eurocámara una propuesta para igualar, a la baja, el IVA de los dos formatos. Pero con este historial, cuando leí la noticia me guardé mucho de cantar victoria aún y, efectivamente, apenas esta semana conocemos que los titulares de economía y finanzas de la Unión Europea no han sido capaces de llegar a un acuerdo para esta equiparación, por vaya usted a saber qué motivos.

Cualquiera diría que estamos hablando de perdonar la deuda de los bancos o de amnistiar fiscalmente a defraudadores millonarios, temas controvertidos y sin duda generadores de conflictos morales entre los que nos gobiernan y regulan. Pero no, simplemente es una cuestión de tratar fiscalmente con el mismo criterio a un mismo contenido que se comercializa en formatos diferentes. O eso me parece a mí, claro

jueves, 15 de junio de 2017

"Matar al heredero" ya disponible en papel

La verdad es que esta noticia bien merece un artículo, ya que estábamos deseando darla desde hace varias semanas, en las que nos hemos peleado a brazo partido con Amazon y con la tecnología para que hacerla realidad.

Y si bien el libro estaba disponible en pre-compra para el formato papel, ahora sí que podemos aseguraros que gracias al milagro de la impresión bajo demanda, tendréis el último caso del cabo Holmes, de nuestro autor Carlos Laredo, en vuestro domicilio en el plazo de unos pocos días si deseáis leerlo en papel.

Os recordamos varias cosilla. En primer lugar que Matar al Heredero es ya el quinto caso protagonizado por el entrañable cabo gallego que publicamos.

Seguimos siendo, por supuesto, una editorial digital, así que el libro está disponible, también en Amazon, para Kindle, y en otras tiendas online de ebooks. Tenéis toda la información en la ficha del libro en nuestra web.

También, seguimos con los recordatorios, nuestros libros pueden leerse en diversas plataformas de lectura de ebooks con tarifa plana, como por ejemplo, Nubico.

Y para que tengáis toda la información, aquí tenéis los enlaces a todos nuestros libros en papel.

jueves, 8 de junio de 2017

La lectura nos hace más...

Foto vía Visual hunt
En un día cualquiera, no es difícil encontrarse algún artículo o entrada en redes sociales sobre las infinitas bondades de la lectura: que si nos hace más listos, más empáticos o incluso mejores personas. Estoy de acuerdo con todas estas afirmaciones, pero hoy me encuentro con un escrito en Letras libres que parte una premisa completamente opuesta, y que me consta también es cierta al menos en determinadas personas: leer nos hace (a algunos) más arrogantes.

Llegados a este punto, me pregunto si ir al cine o al parque o dedicarse al macramé también puede tener el mismo rango de efectos secundarios, desde lo mejor a lo peor, aunque en el fondo creo que la actitud de cada uno con respecto a sus aficiones y las de los demás tiene más que ver con nuestro carácter o forma de ser que con la afición en sí misma. Pero esa es otra cuestión.

Sí tengo la sensación de que cuando nos convertimos en evangelizadores de la lectura —y como lectora y, sobre todo, editora, mal iría si no lo fuera— de alguna manera estamos diciendo que si lees eres mejor que si no lo haces. Pero, al menos en mi caso, lo que pretendo es que todo el mundo disfrute tanto como yo lo hago con un libro, que nadie se prive de aprender, viajar, vivir aventuras, suspense o incluso miedo, de una forma tan placentera como a través de la lectura. Mi mensaje, y el de muchos, es “no te pierdas la pasada que es leer” y no “leyendo serás más guay”. Al fin y al cabo, esto puede ser una competición que no se acaba nunca: ¿es mejor leer ficción o ensayo o biografía? ¿Clásicos o novedades? ¿Juvenil, novela negra, ciencia ficción...?

Pero, en todo caso, si alguna vez has tenido la tentación de mirar por encima del hombro a alguien que no lee, te recomiendo el artículo de Letras Libres, para recuperar un poco de humildad (lectora).

viernes, 2 de junio de 2017

Así va el libro digital en España y América Latina según Bookwire

Si hace un par de semanas os contaba cuál era la foto fija del e-book en España y América Latina, según Libranda, parece casi obligatorio dedicar también unas líneas a los datos que nos proporcionan desde otra distribuidora, Bookwire. Hablamos de la tercera entrega del “Informe Bookwire sobre la evolución de los libros electrónicos en América Latina y España”, que ha sido elaborado con la colaboración de la gente de Dosdoce, cuya opinión al respeto os recomendamos leer. Según nos dicen Bookwire es la principal plataforma de distribución de libros electrónicos y audiolibros de la región.

Una de las conclusiones que sacamos en claro en el anterior artículo fue que la venta de libros digitales en castellano ha subido durante 2016 ligeramente, respecto a 2015, concretamente un 5,4%, (un 6,7% si le sumamos también los servicios de suscripción, y la cifra subiría hasta el 11% si nos fijamos solo en España). 

Estos son los datos de Libranda.

Por otro lado comentamos la existencia de otros estudios que nos hablan de que el libro electrónico está estancando en el ámbito anglosajón. Tanto en un caso como el otro conviene recordad, insistía en ello en los comentarios Mariana Eguaras, que sabe mucho de esto, que no se tiene en cuenta el peso del libro autopublicado.

Vamos con los datos que nos dan Bookwire y Dosdoce:
  • Nos reiteran que en los países de habla inglesa el "tema" está estancado, pero son más optimistas al hablar de España y América Latina. Sus palabras concretas son: impresionante crecimiento digital.
  • Hablan de la importancia de la incorporación de los catálogos digitales de las editoriales independientes.
  • Realmente si manejaban cifras impresionantes. Nos hablan de un crecimiento de las ventas de libros digitales en España de un 41% y en América Latina de una apabullante subida del 110%, (siempre 2016 respecto a 2015).
  • Otro dato interesante: el 51% de las ventas digitales de las editoriales españolas son fuera del país.
  • Las ventas de e-books podrían alcanzar el 8% de las ventas totales de libros, (faltarían datos para afirmarlo, nos dicen). De Libranda tenemos una cifra del 4% pero no equiparable ya que en teoría han incluído la autopublicación que en Bookwire no han sumado, y hablan de facturación, no de ventas.
El que quiera profundizar en los datos que siga los enlaces propuestos, ya que además podrá completar la información con cifras sobre los servicios de suscripción, evolución de los precios, o importancia de la venta en las grandes librerías online, (sí, las de siempre).

Hoy he preferido quedarme solo con las cifras de ventas para evitar un artículo farragoso. Dos conclusiones, la segunda con pregunta incorporada. Los datos parecen buenos, pero son muy diferentes a los que nos daba Libranda, ¿a qué puede ser debido?

viernes, 26 de mayo de 2017

Los “piratas” también cambian de hábitos

Créditos de la imagen priittammets vía VisualHunt.com / CC BY
Aunque es una información que ha pasado prácticamente inadvertida, o al menos yo no he visto mucha discusión sobre el tema, el mes pasado se presentaron los resultados del Observatorio de la Piratería correspondientes al 2016 (no puedo evitar comentarlo: vaya tela con el nombre).

Estos datos normalmente me los tomo con mucha cautela, porque tanto por cómo se calculan como por las conclusiones que la industria saca de ellos, en mi opinión son tremendistas, exagerados, poco realistas y, lo más importante, poco productivos. Se obtienen, muestran y publicitan con el objetivo de criminalizar y obtener beneficios laterales (cánones y acciones del estilo) que poco sirven para resolver una situación que sí existe, nos preocupa y que de alguna forma tendremos que afrontar: la descarga de contenido de forma no legal. Pero, a lo que iba, resulta que, aunque aún de forma no demasiado significativa, la cantidad de contenido descargado y no comprado ha descendido el año pasado con respecto a 2015 en prácticamente todos los sectores. Concretamente en el del libro un cuatro y poco por ciento.

A mí me parece buena noticia, no solo por el descenso de la mal llamada piratería en sí misma, sino porque podría indicar que por fin estamos empezando a hacer alguna cosa bien, y no solo nos dedicamos a clamar al viento, pedir medidas punitivas y compensaciones económicas, que hasta ahora no habían parecido servir de mucho. ¿Es posible que el aumento del contenido disponible y la mayor oferta y consumo en plataformas de “tarifa plana”, entre otros motivos, tenga algo que ver con ello?

Yo me atrevo a decir que sí, más después de echarle un vistazo a un estudio muy interesante sobre el tipo de persona que descarga contenido ilegal, que aunque no se ha realizado en nuestro país creo que puede ser en cierto modo extrapolable. Según este estudio, los mal llamados piratas son sobre todo hombres, de mediana edad y con ingresos medios-altos. Según ellos mismos declaran en la encuesta si descargan ilegalmente en lugar de comprar es mayoritariamente porque les resulta más fácil, en segundo lugar porque el contenido legal es demasiado caro y en tercero porque no está disponible de forma legal. Y ahí, creo yo, está la clave: pongámoslo fácil, olvidémonos del DRM y trabas de este estilo, de tiendas que piden hasta el NIF para hacer una venta, de universos cerrados y precios astronómicos. Si es más fácil comprar que descargar podemos ganar la batalla.

viernes, 19 de mayo de 2017

Así va el libro digital en España y América Latina según Libranda

Antes de empezar con lo prometido, un pequeño preámbulo, yo creo que positivo, y es tan solo comentar que por fin tenemos casi todos claro lo que es Libranda, ni más ni menos que una, la más importante en español, distribuidora de libros digitales, que entre sus cometidos tiene, como ahora, proporcionarnos lecturas sobre lo que está ocurriendo en el sector. Me acuerdo lo que comentaba, hace ya más de seis años, sobre esta plataforma cuando nació:
Para empezar ni siquiera deberíamos estar hablando de Libranda. Quiero decir, Libranda es tan sólo una distribuidora, hasta ahora nunca nos hemos preguntado quién se encargaba de distribuir los libros de nuestras editoriales y autores favoritos. Lo que habría que valorar son las otras dos patas de este taburete. Por una lado, habría que valorar qué políticas de precios están siguiendo todas y cada una de las editoriales integradas en Libranda y por qué todas optan por usar un DRM nefasto para la experiencia de compra, y por otro lado, habría que valorar, una a una, qué servicio nos están dando las diversas librerías online que se van asociando a Libranda para vender su catálogo.
Y vamos con el tema de hoy. Han presentado muy recientemente un estudio sobre la evolución del mercado del libro digital en español durante el año 2016, como ya hicieron sobre lo acaecido en 2015, así que cada vez tenemos más datos para opinar sobre ellos. Lo ideal sería sumergirse en el informe original, pero nos podemos quedar con el resumen que hacen en El Diario.es, bastante completo y expuesto de forma muy sencilla. Algunos datos interesantes, muy brevemente:
  • La venta de libros digitales ha subido durante el año 2016 un 5,4% (un 4,8% si hablamos de pasta). Siempre he pensado que en el caso del libro esto no iba a ser una revolución, sino una evolución. Yo personalmente me conformo con que esto siga así, y solo pido que suba también la venta de libros sumando todos los formatos, porque al final hablamos de libros.
  • Las tarifas planas crecen un 94%. Ya os hemos hablado aquí muchas veces de este tipo de plataformas, así que no me voy a liar a dar nombres. Me parece un crecimiento muy interesante, sobre todo teniendo en cuenta que a diferencia del contenido audiovisual, poca gente lee lo suficiente como para que el precio sea "un chollo". Pero a nada que compres tres o cuatro libros al mes te puede empezar a interesar. Curiosamente no logro entender como en el diario El Mundo titulan, hoy en día, En busca del netflix de los libros, cuando existe, desde hace tiempo, y hay muchas opciones.
  • Las grandes plataformas internacionales se quedan con casi el 80% del mercado. En España estábamos ocupados protestando y el sector se empezó a mover tarde. Hay pequeñas plataformas tan interesantes como Lektu, editoriales que venden sus propios libros, o las empresas españolas "de toda la vida", pero la fuerza de Google, Amazon y algún otro actor fuerte, como Kobo, dejan pocos resquicios.
  • Terrible caída de las compras en bibliotecas para préstamo digital. En este caso se debe a la dejadez del Ministerio de Cultura; daría para una reflexión aparte.
  • Los precios de venta ya no son excusa. Para mí un precio medio de 6,4 euros es más que razonable, y se parece a lo que pedía hace años. Es una media, habrá libros demasiado caros, de editoriales que publican digital a regañadientes o de libros que lo merezcan por la razón que sea, pero eso también significa que hay infinidad de ebooks más baratos.
Y en esencia esto es todo. ¿Opiniones?

P.D.: Algunos datos más, en este caso de un artículo en El Periódico. Parece ser que el crecimiento del libro digital donde sí se ha estancado es en Estados Unidos y en Gran Bretaña, aunque como explica Ernest Alós habría que tomarse las cifras con calma, debido al crecimiento del libro autopublicado, donde los e-books tiene un gran peso.

Otro aporte de este artículo es desmontar un mito: a día de hoy el precio medio del e-book es menor en España que en Estados Unidos. Y abundando en lo que decía antes, estoy seguro que el precio medio del libro digital en España bajaría mucho si el estudio incluyera de forma exhaustiva la autopublicación.

viernes, 12 de mayo de 2017

Información manipulada (o manipulativa)

Foto vía Visual Hunt
Desde hace un par de semanas, cuando se publicaron los resultados de ventas de la asociación de editores ingleses para el año pasado, me he ido encontrando con artículos en la prensa inglesa, que terminan llegando también a los medios españoles, sobre una rimbombante subida del libro de papel frente a la estrepitosa caída del libro electrónico. Para empezar, me vuelvo a poner de los nervios con esa pelea absurda y totalmente estéril entre formatos, como si el crecimiento de uno solo pudiera significar el hundimiento del otro o viceversa. Yo, particularmente, estoy esperando leer un titular que diga que cada vez se venden más libros, punto, y otro mejor aún, que cada vez se lee más, punto y final.

Pero es casi tan enervante la manipulación grosera de los datos para defender esa guerra y su supuesto ganador actual, el libro impreso, y casi de risa los motivos esgrimidos para justificarlo.

Sobre lo primero, podéis leer el artículo de Javier Celaya, en el que desgrana los resultados del estudio, que no son exactamente como los titulares los pintan; una muestra más de cómo algunos prefieren ignorar y maquillar la realidad a ver si desaparece eso que, por lo que parece, les da miedo.

Y sobre lo segundo, The Guardian afirma que el Kindle no es guay y El País que los lectores acusan la fatiga visual, os recomiendo un artículo en epubsecrets.com que, con mucho humor, desmonta las teorías del periódico inglés.

No sé cuántas veces habrá que decirlo, o quién tendría que hacerlo: ¿podemos ponernos todos de acuerdo de una vez en que lo que importa es la lectura y no el formato y dejarnos de peleas estúpidas?

jueves, 4 de mayo de 2017

El cabo Holmes, el sargento Domínguez y la novela benemérita

Está claro que las dos sagas de novela policíaca que a día de hoy está publicando sinerrata podrían encuadrarse en este subgénero de la novela negra. A pesar de ser muy diferentes entre ellas, ambas tienen como protagonista a un miembro de la Guardia Civil.

Por un lado tenemos al cabo Holmes, protagonista ya, de cinco novelas, aunque me consta que su prolífico autor, Carlos Laredo, tiene ya alguna más redactada en los cajones de su escritorio. Hablamos de un personaje contemporáneo, que además de descubrirnos los rincones más bellos y agrestes de la costa gallega, tiene presentes temas de máxima actualidad, como la corrupción o el narcotráfico.

Por otro lado tenemos al personaje creado por Fernando Roye. El sargento Domínguez pertenece al mismo cuerpo policial, pero a una época muy diferente y resuelve sus casos en el sur de España. Fernando nos sitúa, y muy bien por lo que dicen las reseñas, en la España de posguerra, en los años cincuenta, en unas circunstancias, obviamente, muy diferentes.

¿Por qué saco a colación la etiqueta novela benemérita? A raíz de una reseña que hizo Cristina, del blog Abrir un Libro del libro Continuará, publicado por Editorial Alrevés, y dedicado a las sagas literarias en el género negro y policíaco español, nos comentó que aparecía citada la saga protagonizada por nuestro José Souto Holmes. Una auténtica gozada ver mencionado al personaje de Carlos Laredo junto a otros como los célebres Bevilacqua y Chamorro, de Lorenzo Silva.

La verdad es que la novela policíaca en castellano vive un momento dulce, le pese a quién le pese, ya sea protagonizada por guardias civiles, policías nacionales, mossos de esquadra o ertzainas.


jueves, 27 de abril de 2017

Sant Jordi, superventas, literatura y “los otros”

Créditos de la imagen: Ella es Tanya via Visualhunt.com / CC BY
Este domingo pasado, como ya sabéis, se celebró el Día Internacional del Libro, que tiene una de sus expresiones más bonitas en Cataluña, con Sant Jordi, una verdadera fiesta para lectores, escritores, libreros y editores. En este día, se regalan libros y rosas, que no me diréis que no es una combinación preciosa, y la ciudad se llena de puestos de unos y otras, con lectores comprando, bicheando libros y haciendo cola para conseguir la firma y dedicatoria de su autor favorito.

Es tradicional también en Sant Jordi la lista de los más vendidos del día siguiente y los subsiguientes artículos sobre la eterna pelea calidad-cantidad, es decir, lo mucho que venden los autores más mediáticos (presentadores de televisión, actores, protagonistas de las revistas del corazón, a los que en los últimos años se han unido blogueros y youtubers), en contraposición a las ventas más modestas de los escritores de verdad, de la verdadera literatura (y léase la cursiva con un cierto sarcasmo, por favor).

Yo encuentro otra polémica de la que nadie, o casi nadie, habla y que este año, tras otro paso más en la tendencia general de adquisiciones de los grandes grupos editoriales, es todavía más patente: la posición de clara debilidad que sufren las editoriales pequeñas en este tipo de eventos. Me ha llamado especialmente la atención, y me ha puesto los pelos de punta por las implicaciones que podría tener, este comunicado del editor de Orcinypress donde denuncia un trato desigual desde la organización de la feria que pudiera estar relacionado con no haber tramitado los permisos a través del Gremio de Libreros.

Las editoriales digitales y los autopublicados, por supuesto, no aparecemos ni de pasada en estos repasos superventeros. Las primeras, porque nuestra presencia en estos acontecimientos, tal como están organizados, es difícil*, cuando no está directamente prohibida. Los segundos, porque la industria editorial se empeña en ignorarlos de forma consciente y constante, a ver si así desaparecen y les dejan de hacer pupa en los resultados de ventas.

Me encanta Sant Jordi, sin ninguna duda, pero también me gustaría que pudiera ser un poco más de todos.

*Hay que mencionar que SeeBook, la empresa que comercializa tarjetas de descarga para que los libros electrónicos (por ejemplo, dos de nuestros títulos) puedan estar en librerías de calle, monta desde hace un par de años un estand en Sant Jordi con firmas de los autores que han publicado.