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viernes, 24 de octubre de 2014

Y estos son los booktubers que reseñaron Entre Sombras

Supongo que los que seguís este blog os acordáis que a finales de agosto hicimos un llamamiento buscando booktubers que les apeteciera videoreseñar un libro en concreto: Entre sombras, de Lucía Solaz Frasquet.

La verdad es que hemos quedado bastante contentos con la experiencia, y esperamos que todos los youtubers especialistas en libros que han respondido al guante lanzado también. Vamos a dar la campaña por (casi) finalizada, aunque si sigue llegando alguna reseña más de las que están pendiente actualizaremos este artículo con ella.

Nuestra intención es ser sumamente transparentes, y vamos a enlazar en estas líneas todas las reseñas recibidas. Las buenas, que son la mayoría, y alguna no tan buena, pero que también ha sido difundida en nuestras redes sociales, ya que ese era nuestro compromiso. Antes de empezar con el listado, dos cosas: en primer lugar vamos a compartir uno de los vídeos, una reseña que nos ha parecido muy completa aunque todas nos han interesado; y en segundo lugar os voy dar un par de cifras.
  
19 personas mostraron interés en hacer la reseña. 2 se "perdieron por el camino" y no contactaron más cuando se les preguntó qué formato preferían. Hay otras 5 personas que ya tienen el libro pero aún no han hecho la reseña; si nos la hacen llegar la difundimos y las añadimos al listado. Eso nos deja 12 reseñas hechas, una solo por escrito, varias tanto en vídeo como en texto, y la mayoría solo en video. Vamos con ellas.
Y estas son todas las videoreseñas:
¡Muchísimas gracias a todos!

jueves, 11 de septiembre de 2014

La piratería (desde el punto de vista de un autor)


Cuando pagar por la cultura es asegurarse de que se continúa produciendo

Voy apenas a abordar un tema tan espinoso como complejo. Levanta ampollas y afecta a obras de distintos tipos (música, literatura, cine, programas informáticos, videojuegos, programas audiovisuales), pero aquí me voy a centrar sobre todo en mi (limitada) perspectiva y experiencia personal como escritora. No pretendo hablar por todos los artistas y profesionales ligados a las industrias mencionadas. Aunque no lo parezca, estoy tratando de ser breve.

Uno de los temas que mis alumnos de bachillerato tenían que considerar era la piratería. Ni ellos ni yo misma nos habíamos parado a considerar todas las implicaciones. La mayoría no creía que bajarse una canción o una película de Internet, algo tan habitual, supusiera un problema y reaccionaban de las formas más graciosas cuando empezaban a darse cuenta de por qué suponía un delito. Muchos de nosotros actuamos por mera ignorancia y hemos creado una cultura de no pagar por la cultura, inconscientes de las consecuencias fatales que eso acarrea.

El mes pasado me hicieron partícipe, a través de Facebook, de la lucha de una serie de autores cuyas obras (las mías incluidas) se estaban vendiendo a través de una página no autorizada. Una de las escritoras apuntaba además que el precio de venta que le habían puesto esos piratas a su novela era superior al precio por el que estaba disponible de forma legal en Amazon.


Según la UNESCO, la piratería consistía tradicionalmente en la reproducción y distribución no autorizadas, a escala comercial o con propósitos comerciales, de ejemplares físicos de obras protegidas. No obstante, el rápido desarrollo de Internet y la utilización masiva en línea, no autorizada, de contenidos protegidos, en la que con frecuencia no existe el elemento “comercial”, han suscitado un intenso debate. La cuestión acerca de si dicho uso es un acto de “piratería” y si se debe abordar de la misma manera que la piratería tradicional, constituye el eje del debate actual sobre el derecho de autor. Están surgiendo distintos puntos de vista, a menudo divergentes, y las respuestas a la cuestión difieren de un país a otro.

Hay quien se resiste con toda razón al término "piratería" porque resulta discutible que “te roben algo”. Si alguien me roba la cartera, me quedo sin ella, lo que no ocurre si alguien se descarga mis libros de forma ilegal. Tampoco quiere decir que haya perdido una venta, pues esa persona puede que jamás hubiera pagado por mi novela. Sinerrata, además, se separa de aquellas estrategias editoriales que pretenden combatir este fenómeno con sistemas de protección (de muy dudosa eficacia) que criminalizan al usuario con el empleo de DRM, por poner un ejemplo. 

En busca del mecenas perdido

El lector medio desconoce la cantidad de trabajo que se encuentra detrás de un libro. Yo tampoco lo sospechaba antes de empezar publicar. Para el escritor, se trata de meses de dedicación (dos-tres años largos por novela, en mi caso). A eso se le añade la labor del editor, correctores varios, portadista, maquetador… En este magnífico artículo, el escritor Javier Pellicer lo explica muy bien. Este es un trabajo que existe con independencia de que se trate de un libro en papel o en formato digital. Puedo asegurar que sinerrata, la editorial que ha publicado tres de mis novelas, se ha esforzado al máximo para proporcionar libros electrónicos cuidados en extremo y a un precio más que razonable.

¿Es una cuestión de precio? Mis novelas se venden a menos de cinco euros. Como lectora, diría que es un precio más que ajustado por las horas de entretenimiento que proporcionan. Me alegra mucho que el catálogo de sinerrata se ofrezca de forma gratuita a través de la plataforma 24symbols, de modo que quien desee leerlo no se encuentra en posesión de una excusa válida para delinquir. Como señalaba, muchos de nosotros actuamos por puro desconocimiento. No creo que el lector medio tenga conciencia de lo que supone descargar ilegalmente un libro en lugar de comprarlo, de la bofetada que le dan al autor y a los profesionales de la editorial que lo publica. “Tu producto me resulta atractivo, pero no lo respeto lo suficiente para estar dispuesto a pagar por él”.

Este tema me recuerda la vieja asunción de que el artista trabaja gratis. Hace unos años me invitaron a participar en un programa de la extinta televisión valenciana. Iban a tratar el miedo y, al parecer, la autoría del análisis cinematográfico de Freaks/La parada de los monstruos me acreditaba como experta. Como las fechas coincidían con mi estancia en Valencia por vacaciones, acepté. En ningún momento se mencionó compensación económica alguna por mi tiempo ni la preparación necesaria. Recuerdo que en aquel momento pensé con cierta indignación que seguro que Belén Esteban no realizaba apariciones televisivas gratuitas. Lo mismo volvió a ocurrir más adelante con mi participación en programas radiofónicos y espero haber aprendido la lección. Como la chica de la ilustración, yo tampoco necesito publicidad, muchas gracias.


Sospecho que el público en general piensa que los escritores ganamos dinero a espuertas. La triste realidad es que, ahora y siempre, son muy escasos los autores que pueden (sobre)vivir de la escritura. Los artistas acaudalados, en cualquier disciplina, son la excepción que confirma esta triste regla. Casi todos nos dedicamos a otras labores en paralelo porque, como todo hijo de vecino, tenemos facturas que pagar. En mi caso, tengo la suerte de que me encante la enseñanza, porque los derechos combinados de mis cinco libros a la venta en este momento me deben proporcionar algo así como cien euros al año.

Así pues, tras la odisea que supone publicar, la ingenuidad y el entusiasmo de muchos de nosotros se ven empañados por la cruda realidad. Asumimos, en algunos casos, la posibilidad de no llegar a vivir de nuestro trabajo. Eso significa que los que disfrutan con nuestras historias tendrán que esperar bastante más para leerlas porque apenas podemos dedicarles tiempo. También puede significar que algunas de estas historias no lleguen jamás a materializarse por simple agotamiento del autor, que tiene que hacer malabarismos y escribir robándole horas al sueño. Otros acabarán tirando la toalla. Cuando alguien da mucho más de lo que recibe durante demasiado tiempo, termina marchitándose en cuerpo y alma.

Digamos que, como la mayoría de los autores, yo escribo para que me lean, y no para ganar dinero (aunque no estaría de más combinar ambas opciones). Hace años que vengo poniendo a disposición del público muchos de mis escritos, incluyendo populares artículos sobre cultura gótica o mi tesis sobre Tim Burton, seiscientas páginas a las que dediqué más de tres años de mi vida. Todo está a aquí y, salvo alguna escasísima excepción, nunca he ganado ni un céntimo por tantas horas de dedicación. No acaba de importarme porque yo misma me beneficio de esas maravillosas instituciones llamadas bibliotecas y otros materiales gratuitos.

Prefiero que me lean y perder dinero a que no me lean en absoluto. Y digo “perder” en lugar de “no ganar” porque el mismo acto de escribir supone una inversión importante, más allá del tiempo y el esfuerzo, como puedan ser viajes o la adquisición de libros y otros materiales ligados a la investigación y publicación.

Si una persona descarga una de mis novelas de forma ilegal, desde luego que apenas me va a afectar a corto plazo, pero si vamos sumando una tras otra, al final va a resultar en que mi editorial, independiente y valiente, tendrá que cerrar sus puertas. Como tantas otras.

Mi postura frente a esta llamada piratería es, pues, ambivalente. Por una parte, lo que más me interesa es que mis libros se lean y se disfruten. No me tiro de los pelos cuando los descubro en otra página de descargas ilegales, aunque no me haga ninguna gracia tampoco.

Por otra parte, no deja de resultar triste que haya tantos lectores que no se paren a considerar que el autor y los profesionales que han trabajado tan duro para que ellos puedan gozar de un producto bien hecho merecen algo a cambio de sus desvelos. He visto incluso un blog que ofrece descargas ilegales declarando que con ello “pretenden fomentar la literatura”. ¿En serio? ¿Negándoles una justa recompensa a los que la hacen posible? Curiosa forma de agradecimiento.

Para bien o para mal, en estos momentos la cultura se apoya en una industria que precisa de mecenas. Cuando compramos un libro nos convertimos en ese "protector de las artes y las letras" que contribuye a que el autor y la editorial puedan continuar proporcionándonos esas historias que tanto nos deleitan.


Como este devastador vídeo pone de manifiesto, el arte hace que la vida valga la pena ser vivida.



jueves, 28 de agosto de 2014

Buscamos booktubers que quieran reseñar Entre sombras

En primer lugar, y ya que hablo para un público de lo más heterogéneo, o al menos así lo esperamos desde sinerrata, os aclaro qué es un booktuber, aunque seguro que la mayoría ya lo sabéis, y lo hago de la forma más sencilla posible: estamos hablando de una persona que hace reseñas de libros, pero generalmente en formato audiovisual, o sea, en vídeo. Lo normal es que vayan publicando estas reseñas en un blog, (lo llamaríamos videoblog si solo tiene vídeos), aunque lo único que necesita para difundir su labor es un canal en Youtube, por citar la plataforma de vídeo más conocidas. Después lo normal es difundir la reseña en cualquier red social. Como dicen que una imagen vale más que mil palabras, aquí tenéis un fantástico ejemplo de videoreseña: la que hizo la bloguera de Sumergidos entre libros de uno de los libros que Lucía Solaz ha publicado con nosotros, Manuscrito en el tiempo:



Cuentan en toyoutomeBlog que el perfil más común entre los booktubers es el de una mujer joven. No creo que haya que poner puertas al campo, y pienso que las estadísticas y los tópicos están para romperse, pero también me imagino que no van del todo desencaminados. En todo caso, desde sinerrata vamos a proponer un libro de corte juvenil, Entre sombras, también de Lucía, para que cualquier booktuber con ganas de leerlo y videoreseñarlo nos lo pida. Esto hemos pensado:
  • Nosotros hacemos llegar el libro en formato ePub o mobi, a cualquier booktuber que nos lo pida a este e-mail: prensa@sinerrata.com
  • Únicamente pedimos que nos enseñéis vuestro blog, tumblr o canal en Youtube.
  • Lo damos por supuesto, pero por si acaso lo decimos: libertad total para reseñar.
  • Tenéis hasta el día 15 de septiembre para leer el libro, y hasta el día 30 para publicar la reseña, (esto es orientativo, libertad total de nuevo).
  • Nos gustaría que en redes sociales, si puede ser, se usara el hashtag #entresombras, y en Twitter, si queréis, que mencionéis nuestro perfil: @sinerrata
  • Por nuestra parte podéis contar con la difusión de vuestras reseñas tanto en nuestro blog, como en todas las redes sociales en las que estamos presentes.

jueves, 18 de julio de 2013

Vidas paralelas

Si un árbol se cae en medio del bosque y nadie lo oye, ¿hace ruido?
El otro día me dio por reflexionar sobre este viejo dilema filosófico. En mi juventud, cuando lo escuché por primera vez, mi respuesta hubiera sido un sí. Me chocaba incluso que alguien lo pusiera en duda, pues un hecho es un hecho independientemente de si tiene o no testigos.

Ahora mi opinión es otra.

Una vez me sorprendió comprobar la cantidad de películas de las que no era siquiera consciente (y no estoy hablando de un oscuro producto de la industria cinematográfica coreana, sino de obras con directores y actores bien conocidos que por lo que sea no han llegado a mis oídos). Si no veo una película, aunque exista potencialmente “ahí fuera”, no tiene ningún impacto en mi vida y, por lo tanto, no existe (para mí). Lo mismo se podría decir de libros, obras de arte, acontecimientos, personas, etc.

El asunto del árbol enlaza con cuestiones fascinantes acerca de la naturaleza de la realidad. ¿Existe una realidad objetiva? ¿Es posible un universo material “ahí afuera” si no hay seres conscientes de él? Hay quien puede decirme, evitando las implicaciones más trascendentales, que la respuesta dependerá de cómo definamos el sonido: el árbol no hace ruido cuando lo entendemos como la sensación producida en el oído por el movimiento del aire; sí lo hace cuando consideramos el sonido la vibración mecánica transmitida por un medio elástico.