jueves, 15 de octubre de 2015

Mercado digital europeo

Este año, por diversos motivos que ahora no vienen a cuento, no he podido asistir a Liber. Tras leer las crónicas de Manuel Gil y Bernat Ruiz, me quedo con la sensación de que no me he perdido demasiado, pero lo cierto es que me hubiera gustado ver amigos y colegas (o amigos-colegas) y haber escuchado alguna que otra charla que prometía ser interesante. Una de ellas es una mesa redonda sobre el impacto del mercado único digital europeo en el modelo de negocio del sector editorial, de la que hacen una previa en la web cultural Dosdoce.com

Puede sonar contradictorio, por innecesario, que en un escenario digital en el que todo parece estar a nuestro alcance, la Unión Europea se plantee tomar una serie de medidas para potenciar un mercado digital europeo. Al fin y al cabo, a golpe de click podemos comprar casi cualquier cosa de cualquier parte del planeta, ¿o no? Sí y no, o sí pero con limitaciones, ya que hay una serie de aspectos que no nos lo pone tan fácil o que hace que nuestros derechos como consumidores no sean respetados de la misma manera que en el mercado físico, ya regulado en ese sentido desde hace tiempo.

Obviamente, este proyecto de la Comisión Europea tiene en su punto de mira todo el ámbito del mercado digital e incluye todo tipo de bienes y servicios, pero dejadme que arrime el ascua a mi sardina y me centre en la parte que le toca al libro electrónico. Desde mi punto de vista, los aspectos específicos que habría que considerar en cuanto a los libros digitales son los siguientes (la lista no pretende ser exhaustiva y el orden es absolutamente arbitrario):

  • Copyright. En un ámbito más general, no solo en el digital, sería interesante unificar la legislación en cuanto a los derechos de autor en todos los países europeos, de forma que todos los editores nos ubiquemos en un mismo marco legal.
  • DRM. Aunque parece que los sistemas de protección de los libros electrónicos van derivando hacia versiones menos rígidas y más amables para los usuarios-lectores, en mi opinión es imprescindible renunciar de forma global a cualquier método que limite el uso de los ebooks por quienes los compran.
  • Formatos. El uso generalizado de un formato estándar y abierto para los libros digitales es el camino a seguir en este mercado común. Considero fundamental que cualquier ebook comprado en cualquier tienda digital pueda ser leído en cualquier aplicación y dispositivo.
  • Impuestos. No me voy a repetir ahora con la necesidad de igualar el IVA de los libros digitales a los impresos, pero además, este impuesto debería ser el mismo en todos los países y así nos evitaríamos fugas de impuestos y competencias no del todo leales.
  • Bloqueo geográfico. En un mercado global como el digital cada vez tiene menos sentido la limitación geográfica en los contratos de cesión de derechos de autor, que tanto editores como autores y agentes literarios deberíamos trabajar para eliminar definitivamente.
Al margen de estas peculiaridades, me gustaría añadir un factor que no por más generalista es menos importante: el acceso a internet de calidad y a precio razonable. Si queremos un mercado digital funcional y exitoso necesitamos que el público en general pueda acceder a él de forma lo más fácil posible.

Todo esto sería un gran empuje para la Unión Europea, sus empresas digitales y sus ciudadanos, pero además, volviendo a nuestro sector, creo que podría proporcionar una posición de ventaja a los editores frente a las plataformas digitales con un ecosistema cerrado al unificar formatos, impuestos, condiciones, etc.

viernes, 9 de octubre de 2015

¿Y qué demonios es una editorial digital?

Si nos seguís en las redes sociales ya nos habréis oído hablar de la encuesta que ha puesto en marcha en su blog Razonamiento de un editor, Aharón Quincoces. Han pasado los días, y aunque nos comenta que la participación ha sido baja, acaba de publicar un análisis de los resultados.

La pregunta era la siguiente: ¿Qué es una editorial digital? Y la respuesta mayoritaria, con casi un 44% de los votos ha sido la que define a una editorial digital como aquella que maneja un flujo de trabajo digital.

He de decir que realmente esta es la respuesta adecuada, a tenor de lo que comenta Aharón sobre los resultados de la encuesta, y de la definición sobre nuestro trabajo en sinerrata que le he pedido a Amalia López, editora de esta santa casa:
Aunque reconozco que no tengo cien por cien clara la definición de editorial digital, creo que es un concepto muy amplio y también difuso, entre las opciones de la encuesta la que más se acerca a mi concepción particular es "la que tiene un flujo de trabajo digital". Y en ese flujo de trabajo incluyo la distribución, aunque el producto final, el libro, no sea digital, como en el caso de sinerrata con la impresión bajo demanda, aunque tampoco creo que sea imprescindible. Quiero decir, que también podemos pensar que la distribución sale del ámbito de la editorial en sí misma. En mi opinión, una editorial digital es aquella que tiene un proceso totalmente digital,  aunque a final de la línea de producción el resultado pueda ser tanto un libro impreso como uno electrónico (y siempre teniendo en cuenta que para cada uno de los formatos se pueden necesitar distintos caminos).
Obviamente estoy de acuerdo  con ambos editores, sobre todo teniendo en cuenta que ellos son los que conocen a fondo los entresijos del mundo editorial. Pero no me resisto a hacer una matizaciones poniéndome más en la piel del lector, del comprador de libros, a pesar de trabajar codo con codo con los profesionales de la edición.

Yo no me llevaría, por ejemplo, las manos a la cabeza, por ese 25% de personas que responden que una editorial digital es la que publica sólo e-books. ¿Por qué hacerlo? Es absolutamente normal que un lector intente definir más a una editorial por el producto que le hace llegar a sus manos, que por un flujo de trabajo interno que no tiene por qué conocer. No es "su trabajo" conocerlo, sino disfrutar de sus libros.

Por otro lado, ¿no tiene flecos que se escapan el hecho de decir que una editorial digital tiene un flujo de trabajo digital? ¿Qué empresa, de lo que sea, hoy en día, no ha ido transformando parte de su flujo de trabajo, sino todo, a digital? ¿No puede haber editoriales cuyo único "producto" sea el libro en papel pero su flujo de trabajo sea principalmente digital? Entonces, en cierto modo todas las editoriales son digitales, ¿o no?

Así que, de nuevo, aunque creo que están equivocados, entiendo a la perfección a ese 25% de respuestas. En definitiva, según el prisma me parecen válidas todas las respuestas de la encuesta, excepto aquellas editoriales gestionadas por androides que implantan historias digitales en nuestro cortex cerebral. Pero, !aich!, esa no estaba.

jueves, 1 de octubre de 2015

La distribución digital para una pequeña editorial

Parece que fue ayer, sobre todo porque muchos debates siguen estando abiertos y se repiten periódicamente, cuando empezamos a hablar sobre la edición digital y los cambios que introducía en la cadena del libro, hace ya unos cuantos años, y uno de los elementos que sufrieron los primeros ataques fueron las distribuidoras.

Es muy cierto que el trabajo de las distribuidoras tradicionales está vinculado principalmente al transporte de los libros desde la editorial a las librerías y vuelta, con las devoluciones, y ese transporte simplemente no existe en el caso de la edición digital, donde lo que tenemos es un envío electrónico de archivos a las distintas plataformas y puntos de venta online.

Tampoco ayudó la llegada de Libranda, un monstruo (lo siento, es la primera palabra que me ha venido a la mente) creado por los principales grupos editoriales con un mensaje, no tan subliminal, monopolista y un tanto prepotente. [Muy interesante a este respecto el artículo que publicó José Antonio Millán en su blog ante la noticia de su desembarco, especialmente los comentarios (artículo que recupero gracias a la entrada de Mariana Eguaras también mencionada un poco más abajo en este texto)]. En este punto, muchos (incluida yo misma) vimos la distribución digital como un mero calco de su equivalente para el libro impreso, que poco aportaba en un mundo digital y sin embargo pretendía quedarse con una parte del pastel. A modo informativo, en esta entrada de Mariana Eguaras en su excelente blog, se muestra el reparto de porcentajes del libro digital (en contraposición al impreso) y lo que suelen cargar las distribuidoras.

Ha pasado ya algún tiempo y las distribuidoras digitales siguen sin ser un elemento imprescindible en este nuevo (o ya no tanto) paradigma. Hay una buena cantidad de autores que se encargan ellos mismos de la distribución, como parte de la autopublicación, como también hacen algunas pequeñas e incluso medianas editoriales. Nosotros, sin ir más lejos, empezamos trabajando directamente con casi todas las librerías digitales. Sin embargo, una vez que los procesos y ciclos digitales se han asentado y cada agente ha ido encontrando su sitio, las distribuidoras digitales, o al menos algunas, están sabiendo aportar valor a la cadena y convertirse en un elemento fundamental para las editoriales que, como sinerrata, no tienen un catálogo muy extenso ni grandes recursos.

En este mundo digital donde cada vez hay más libros y más dificultades para conseguir visibilidad (como ya comentábamos aquí hace algún tiempo), es verdaderamente importante la relación con el punto de venta y conseguir entrar en sus promociones y eventos destacados, y eso, para pequeños editores como nosotros, prácticamente solo es posible gracias un intermediario fuerte que no solo lleve nuestros libros allí donde tienen que estar, sino que además los presente, los promocione y los defienda. En realidad, prácticamente lo mismo que hacen las buenas distribuidoras de papel pero que ha tardado un poco más en llegar al mundo digital.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Editoriales digitales: pequeñas, especializadas y muy interesantes

Es bonito ver, cuando tienes una idea clara, e intentas ponerla en práctica, que no estás solo. Desde sinerrata hemos dicho en multitud de ocasiones que no renegamos del papel, todo lo contrario: somos lectores de libros, independientemente de su formato, y como editorial también ofrecemos el libro en papel, aunque en nuestro caso es "un complemento".

Nosotros, inicialmente, publicamos narrativa contemporánea, aunque la colección de novela negra es la que crece a mejor ritmo. Hoy nos gustaría hablaros de tres editoriales que consideramos amigas, y que comparten con nosotros la condición de ser nativos digitales. Compartimos también una filosofía de respeto al lector, que implica, por ejemplo el evitar el uso de DRMs que supongan dar datos personales a terceras empresas, o la descarga de programas. En definitiva, no molestar a la persona que se ha comprado uno de nuestros libros. Entre ellas comparten, además, el hecho de ser especializadas en un tipo de literatura.

Empezamos presentando a 2709 books, que como ellos mismos nos cuentan comienza publicando narrativa africana para dar voz a un continente que cuenta con 55 países y casi 1000 millones de habitantes, pero del que tenemos una visión incompleta y bastante estereotipada.

Ellos, o mejor debería decir ella, ya que Marina M. Mangado es el alma mater de este proyecto, miman las obras, a los autores, y también a los traductores, que son uno de los puntales de la editorial.


La segunda editorial que os queremos presentar se llama Chidori Books. También les cedemos la palabra para que nos cuenten que nacen de la unión de dos grandes pasiones: los libros y Japón. Es por este motivo que nos hemos fijado como objetivo primordial aproximar el País del Sol Naciente a los lectores en lengua española, no solo a través de las más consagradas figuras literarias japonesas, sino también mediante autores desconocidos para el gran público occidental.

Detrás de esta editorial está Margarita Adobes, apostando por escritores japoneses, pero también por autores occidentales que nos ayuden a entender mejor la cultura nipona.

Por último, pero no menos importante, toca hablar, de Fata Libelli. De nuevo, al parecer la literatura digital está en manos femeninas, dos mujeres, Silvia Schettin y Susana Arroyo, que han puesto en marcha una editorial especializada en fantasía y ciencia-ficción.

Nos cuentan que se centran en la publicación de relatos y novelas cortas, sobre todo de autores extranjeros hasta ahora inéditos en español. Al parecer su principal objetivo es dominar el mundo, pero mientras tanto sus publicaciones se centrarán en la literatura fantástica contemporánea y ya podemos confirmar la presencia en nuestro naciente catálogo de autores como Peter Watts, China Miéville, Tim Pratt o Elizabeth Bear.

¿Y por qué somos todos digitales? Las razones que podemos entresacar de una y otra web, también las compartimos. En principio la intención es llegar a los lectores, independientemente del país en el que vivan, porque creemos que el libro electrónico tiene futuro, y como una clara apuesta por las nuevas formas de lectura, sin que esto suponga en ningún momento renunciar a lo que ya conocemos.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Autores, editores y editoriales: combinaciones varias

Esta semana me he encontrado con dos artículos muy interesantes que valoran la relación entre autores, editores y editoriales, aunque cada uno con una perspectiva bien distinta. Sobre la relación entre autores y editores ya había escrito aquí mismo en alguna ocasión, pero me ha parecido que en la confluencia de estos dos escritos se explicaban bien las nuevas formas de publicación y su evolución.

El primer texto del que os hablada es este de José Antonio Millán, en el que comenta otro interesantísimo artículo sobre las posibles formas en las que los autores primerizos encuentran editor (en el sentido de publicador) y los distintos profesionales que pueden intermediar en ese proceso, desde agentes literarios hasta críticos o incluso otros autores. Este es un viaje que muchos autores emprenden, y que no tantos consiguen seguir hasta el destino, y que normalmente comienza con un manuscrito que se envía directamente a la editorial o a alguno de esos intermediarios (por cierto, que también en este blog publicamos unas sencillas recomendaciones para presentar una propuesta editorial). Me ha parecido especialmente interesante cómo los datos que se comentan, sobre el número de agentes, la cantidad de originales, el total de publicaciones y otros, reflejan claramente el cuello de botella, desesperante para los autores y difícil de gestionar para las pequeñas editoriales, que se produce en este recorrido tradicional.

Y esto me lleva hasta el siguiente artículo, en esta ocasión de Bernat Ruiz y titulado Hacia la edición con editores y sin editoriales. Como consecuencia de ese difícil tránsito hacia las editoriales que sufren muchos escritores y por otros motivos que Bernat Ruiz expone en su entrada, además de por la mayor facilidad de acceso gracias al libro electrónico y otras tecnologías, cada vez hay más autores que optan por prescindir de una casa editorial. Cualquiera que sea el motivo, la autopublicación es una opción tan válida como cualquier otra e incluso puede ser más ventajosa para el autor, pero otra cosa es la autoedición. De hecho, si hay algo que se le reprocha de forma recurrente a muchos libros autoeditados es la ausencia de una edición profesional. Afortunadamente en este aspecto también creo que estamos evolucionando, y me da la impresión, como a Bernat, de que cada vez más los escritores que se autopublican solicitan la ayuda de profesionales de la edición para conseguir mayor calidad en sus libros.

Sea cual sea la combinación elegida, autores y editores hacemos un buen equipo y, aunque puedan cambiar las formas en las que nos relacionemos, creo que aún nos queda por delante mucho recorrido.

jueves, 10 de septiembre de 2015

¿Tienen futuro los audiobooks?

Hace casi dos años leíamos un demoledor artículo en El Diario.es, firmado por la periodista Paula Corroto, que titulaba de forma taxativa: Audiolibros, el negocio frustrado en España. Me remonto un poquito más en el tiempo: hace unos tres años, en una charla en Liburutekia, el escritor Juan Gómez Jurado nos hablaba de algunos proyectos llevados a cabo en Estados Unidos, para la promoción de este formato de lectura, que habían fracasado de forma estrepitosa.

Un tema interesante que se comenta en el artículo de Paula, es que según los grandes sellos, el futuro pasa más por los libros multimedia. Es decir estaríamos hablando de ebooks enriquecidos, o más bien de apps que al poder ofrecer sonido, vídeo, y prácticamente todo lo que podamos imaginar, podrían devorar perfectamente el formato del audiobook antes, siquiera, de que llegue a su adolescencia.

Yo no sé si el título que he elegido es la pregunta adecuada, o si tal vez deberíamos sustituirla por ¿son útiles los audiolibros para alguien?, y si la respuesta es afirmativa ponernos a trabajar para que tengan futuro. En este sentido yo solo me limitaré a señalar los esfuerzos de la ONCE, con su formato DAISY, que como bien explican en su web, es un paso hacia delante mejorando los audioebooks en MP3, añadiendo otro tipo de archivos para, por ejemplo, permitir la navegación.

También es cierto que en ocasiones un formato tarda en cuajar. Yo tengo absolutamente claro que el libro electrónico es el futuro, pero, y lo he repetido ya en infinidad de ocasiones, ni ha sido el vendaval que algunos esperaban, ni el libro en papel va a desaparecer, ni yo quiero que lo haga. Me apasiona disponer de cuantos más formatos mejor. En el caso del audiolibro, desde el año pasado empezaron a llegar mejores noticias: los grandes que empiezan a meter la patita en este formato, y las cifras que llegan desde Estados Unidos, que es donde hay que mirar, me temo, empiezan poco a poco a crecer.

Por nuestra parte contaros que nuestros amigos de Seebok está usando el audiolibro de una forma muy interesante: ofreciendo primeros capítulos de libros para, como ellos dicen, descubrir escuchando lo que vas a leer. Así lo han hecho, por ejemplo, con uno de nuestros libros: La decepción del cabo Holmes, de Carlos Laredo.

jueves, 3 de septiembre de 2015

El placer de editar, la ilusión de publicar

Recién empezado el nuevo curso, estamos ya manos a la obra con la edición del que será nuestro lanzamiento de otoño: el nuevo caso del sargento hechizado, Carmelo Domínguez, ese peculiar sargento de la Guardia Civil que con su especial mirada nos lleva a un pueblo serrano en la España de los años cincuenta y sus crímenes y misterios, surgido de la pluma de Fernando Roye.

Como editora, publicar un nuevo libro me hace una ilusión indescriptible; una mezcla de emoción, nervios e impaciencia por mostrar a los lectores esa historia que ya ha pasado a formar parte de tu memoria, de tu sensibilidad lectora, y que crees, confías, atrapará de la misma forma a los demás.

Pero toda publicación empieza con un enamoramiento, el que surge la primera vez que lees un manuscrito. El origen de la chispa inicial puede ser el personaje principal o algún secundario, una trama redonda y cautivadora, los diálogos, llenos de ingenio y sabiduría, una ambientación evocadora, la habilidad del autor en la conjunción de las letras, o una combinación de varios de estos elementos. En ciertas novelas hay algo que de repente nos hacer ver las líneas como un camino sin retorno hacia ese nuevo mundo que nos presenta, y ese momento es para mí, simplemente delicioso.

Si la primera lectura es el flechazo, el proceso de edición es, sin duda, la más bonita historia de amor correspondido. Durante ese tiempo de pulido y preparación del original, con sus varias y consecutivas fases, el editor bucea en todas las costuras del texto y establece una nueva relación con él y con su autor. Y en una editorial modesta como sinerrata, en la que prácticamente todo se hace en casa y por un número reducido de personas, este trabajo es todavía más intenso. Y en consecuencia, en mi opinión, más satisfactorio. Durante esta etapa nos conocemos el uno al otro (editor-manuscrito-autor-editor) y nuestra relación se desarrolla y afianza. A estas alturas no hace falta que diga cuánto me gusta esta parte de mi trabajo, ¿verdad?

Pues en eso estamos ahora, en el disfrute de conocernos y mejorarnos, dando forma a lo que, no tardando mucho, os presentaremos con toda la ilusión del mundo. La ilusión de que también vosotros os enamoréis perdidamente.