Una de mis lecturas de esta mañana ha sido un artículo de Paula Corroto, en Diario Turing, el magazine sobre tecnología de El Diario, hablando sobre el panorama de ventas de tabletas y e-readers en los Estados Unidos; un país en el que siempre hay que fijarse porque lo que ocurre allí indefectiblemente acaba por trasladarse a España.
Realmente no da ningún dato que chirríe, ya que ya desde el propio titular constata lo que todos vemos a diario: las tabletas se venden muchísimo, pero a la gente que le apasiona leer le gusta hacerlo en e-reader; cuando no lo hace en papel, claro.
Un dato que me tranquiliza es que, aunque sea moderadamente, el número de hogares que tiene un lector electrónico sigue aumentando en USA, ya que realmente a veces temo por el futuro de este tipo de dispositivos.
Realmente los gadgets juegan su propio juego de las sillas: los ordenadores portátiles desplazan a los de sobremesa, empiezan a verse tabletas lo suficientemente potentes, y con teclados como periférico que pueden llegar a desplazar a los portátiles, las tabletas, (de nuevo), han arrinconado en parte a los e-readers, porque aunque sean peores para leer sirven para más cosas, y los smartphones son una especie de plaga bíblica que podrían llegar a desplazar, por ejemplo, a las tabletas de gama media-baja.
En todo este maremagnum, los e-readers buscan su hueco.
jueves, 30 de enero de 2014
jueves, 23 de enero de 2014
El crecimiento (o no) de los lectores digitales
No es la primera vez que hago esta afirmación, e imagino que no será la última, pero estoy un poco cansada de esta guerra entre papel y digital en el mundo del libro. Día sí y día también nos encontramos con un nuevo estudio/encuesta/análisis/opinión sobre si el libro de papel está a punto de extinguirse o el digital está predestinado a morir antes casi de haber nacido. No me cabe ninguna duda de que detrás de cada afirmación, más o menos justificada, en un sentido o en otro, suele haber algún tipo de interés, por cierto.
La semana pasada se hizo público uno de estos estudios, el último del Pew Research Center, sobre hábitos y posesión de dispositivos electrónicos de lectura en Estados Unidos, cuyas conclusiones refuerzan mi opinión de que la guerra de formatos no es tal sino que ambos pueden y muy probablemente vayan a cohabitar pacíficamente durante un buen tiempo.
Dice el estudio que la mitad de los norteamericanos tienen ahora al menos una tableta o un lector electrónico y que la posesión de ambos tipos de dispositivos sigue experimentando un aumento (es decir, por ahora el dispositivo electrónico exclusivo para lectura no se está muriendo, como también se ha augurado en algún momento). También afirma que el número de estadounidenses que lee en formato digital sigue creciendo, aunque no de la forma exponencial que algunas voces proclamaban, pero la lectura de libros impresos también, sin que pueda evidenciarse por los datos recolectados para este estudio que uno de los formatos esté sustituyendo al otro.
No solo me parecen unas conclusiones razonables, sino que además se ajustan a mi propia experiencia y a lo que veo a mi alrededor (que ya sé que no tienen ninguna validez a nivel estadísitico): los lectores habituales puede que tengamos una tableta pero para leer utilizamos un dispositivo de tinta electrónica, que proporciona una mejor experiencia de lectura, y aunque leamos en formato digital, en mayor o menor medida, seguimos comprando y leyendo libros de papel, y lo seguiremos haciendo.
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jueves, 16 de enero de 2014
La función del editor
Uno de los blogs sobre edición que sigo, y que os recomiendo vivamente si os interesa el tema (imagino que sí, ya que estáis leyendo esto), es el que escribe Txetxu Barandiarán, Cambiando de tercio. Los textos que allí encuentro me han enseñado bastantes cosas pero, sobre todo, me han hecho reflexionar a menudo sobre este medio, a veces incluso durante bastante tiempo.
Es el caso de una entrada del mes pasado, ¿Más autores que lectores?, en el que Barandiarán hace una estupenda síntesis del auge de la autopublicación, en gran parte gracias a la edición digital y de los mediadores nuevos y antiguos que sacan provecho de esta, y se pregunta si este boom en la creación de contenidos (no solo en forma de libros) no estará superando la demanda por parte de los lectores.
Es una pregunta que yo misma me he hecho numerosas veces, particularmente cuando hago recuento de los manuscritos espontáneos que llegan al buzón de la editorial. Siempre he pensado que la función del editor era precisamente ser un mediador entre autor y lector, pero cada vez estoy más convencida de que la definición correcta de esta función es ser un buscador de lectores.
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jueves, 19 de diciembre de 2013
jueves, 12 de diciembre de 2013
Depósito Legal Digital
A mí la principal duda que me surge es qué incluye exactamente la propia definición de publicación electrónica: “La Ley 23/2011, de 29 de julio, utiliza la expresión publicaciones ‘sin soporte físico tangible’ contraponiéndolas a aquellas ‘con soporte tangible’. Este real decreto utiliza la expresión ‘en línea’ para referirse a las publicaciones sin soporte físico tangible, empleando así el término más común en el mundo de las publicaciones electrónicas”. Según esta descripción, los libros digitales son contenido “en línea”, sin embargo la propia denominación me resulta cuanto menos confusa, más cuando leo en el blog de la Biblioteca Nacional: “Por otra parte, hay un aspecto muy nuevo en este real Decreto: el sujeto depositante, el obligado al depósito legal, no tiene que depositar nada. Serán los centros conservadores (los designados como tales por las Comunidades Autónomas y la Biblioteca Nacional de España) los responsables de rastrear los sitios web y archivarlos. Los responsables de esos contenidos en línea sólo deberán dejarse rastrear”. ¿Están regulados por este decreto los libros electrónicos? Si es así, ¿cómo accederán a estos contenidos?
Además de estas se me ocurren otras preguntas, que enviaré al buzón de sugerencias, aprovechando la oportunidad. Seguro que a vosotros también, como las que nos deja Manuel Gil en su entrada de ayer, de recomendada lectura.
jueves, 5 de diciembre de 2013
Adiós a Intangible
Las (muy) pequeñas editoriales digitales nos enfrentamos a variados retos que muchas veces hacen peligrar nuestra supervivencia pero quizás lo más difícil sea darnos a conocer en un medio muy competido, entre las grandes editoriales con mucha más oferta y poderío, y los autores autopublicados, con mucha más flexibilidad en cuanto a precios puesto que tienen menos estructura que compensar. Si a esto añadimos recursos limitados (económicos y humanos), industria en continuo cambio, discusión sobre precios… podemos decir que no lo tenemos demasiado fácil.
Intangible ha sido pionera en esto del libro digital, un espejo en el que muchos nos hemos mirado y con quienes hemos aprendido y crecido. Nos da mucha pena decir adiós pero alabamos su valentía al empezar y también al reconocer que su trayecto ha llegado a un fin. ¡Mucha suerte, amigos!
Intangible ha sido pionera en esto del libro digital, un espejo en el que muchos nos hemos mirado y con quienes hemos aprendido y crecido. Nos da mucha pena decir adiós pero alabamos su valentía al empezar y también al reconocer que su trayecto ha llegado a un fin. ¡Mucha suerte, amigos!
jueves, 28 de noviembre de 2013
Fragmento de "Allí donde el viento espera"
"Lo observé cebar el mate para él y prepararme el café atendiendo sus movimientos confiados, característicos de quien realiza una tarea que ha efectuado con anterioridad infinidad de veces. Toda su concentración estaba ahora puesta en ese pequeño y significativo acto. Sentí envidia; yo también quería ser capaz de neutralizar todo pensamiento que no tuviese relación al acto inmediato que me ocupara a cada instante, tener esa especie de posibilidad a la nada, a ese cajón vacío con el que cuentan los hombres cuando dicen, aseguran, no estar pensando en nada pues están ocupados en hacer otra cosa; como cebar un mate, por ejemplo. Entonces mis problemas estarían resueltos: bastaría con mantenerme ocupada de la mañana a la noche hasta el agotamiento. Pero eso no funcionaba para mí, como no funciona para la gran mayoría de las mujeres que conocí a lo largo de mi vida. Mi atención se encuentra generalmente disociada y es capaz de convivir a un mismo tiempo, distribuida entre la tierra, el cielo y el infierno, el pasado, el presente y el futuro.
El presente, el instante mismo en que un hecho ocurre, el hecho en sí, se escabulle entre los pronósticos meteorológicos del día siguiente y las preocupaciones por el hijo de la prima de la nieta de mi vecina que se encuentra con problemas de drogadicción. Otras veces, cuando no tengo nada por lo que amargarme, me pregunto por qué he vivido siempre a destiempo. Siempre ha sido así y lo seguirá siendo. Pero en esos tiempos, entonces, ese día en que Ezequiel cebaba el mate y preparaba el café, mis pensamientos volvían siempre sobre lo mismo: lo que hubiese podido ser y nunca fui. En ese maremoto de ideas postergaba el cambio, la necesidad de hacer algo al respecto. En el presente, ese presente que es ahora pasado, era la vida que no era; era la insulsa realidad llena de miserias y preguntas que evitaba y escondía, día tras día, bajo mil excusas."
Maia Losch es autora de la novela Allí donde el viento espera, publicada recientemente por editorial Sinerrata. Escribe en Errante y errata y se encuentra en facebook y en Twitter.
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