jueves, 7 de noviembre de 2013

Dedicatoria

Allí donde el viento espera está dedicada a mis abuelas: Sonia y Berta.

Mi abuela Berta, la madre de mi padre, murió cuando yo tenía 8 años. Se podría decir que pasamos juntas poco tiempo. Sin embargo, las vivencias de ese período fueron tan significantes que se volvieron definitorias en la formación de mi percepción de la vida.
Con Sonia, la madre de mi madre, la relación fue totalmente distinta. Sonia vivía ya en Israel cuando yo nací y me tocaba verla durante sus viajes a Uruguay, una vez al año o cada dos. Pero su personalidad era tan fuerte y dominante que esos días resultaban muy intensos. A Sonia le gustaba coser y lo hacía muy bien. Pero precisaba que yo colaborara: me pedía que subiera el escritorio y me tomaba las medidas. Y varias veces al día, me obligaba a probarme la prenda: una falda, una blusa o un vestido. Ajustaba los alfileres en la tela de manera precisa con sus dedos suaves y movimientos certeros. Se quejaba de que yo, que siempre sufrí de cosquillas, me movía demasiado.
Era capaz de despertarme temprano en la mañana -durante mis vacaciones de verano-, para realizar una prueba. Yo refunfuñaba pero accedía, porque si alguien se aparece en tu cuarto con una almohadilla repleta de alfileres en su muñeca, lo más conveniente parece ser no oponer resistencia. 

A los 25 años me vine a vivir a Israel y me encontré con una mujer agotada más por la soledad que por el paso del tiempo. Seguía siendo una persona de carácter dominante pero sus ojos me decían a gritos que estaba cansada de tener que ser fuerte.

Fueron mis abuelas, las mujeres mayores de la tribu, las que contaban en mi pueril imaginación con esa mágica sabiduría que a mí me estaba vedada. Eso leía yo en sus ojos y me infundía un gran respeto.
No soy muy amiga de las idolatrías y me cuesta sobremanera admirar a alguien, pues considero que hay ciertas máscaras de barro que se deshacen con facilidad a menor distancia, que muchas de las personas que admiramos por sus actos maravillosos frente a la humanidad olvidaron ocuparse de aquellos que tuvieron más cerca. No faltan casos. Con mis abuelas puedo hacer una excepción. No fueron famosas y sus nombres no aparecerán en ninguna revista especializada. Pero a ellas puedo admirarlas porque sus miradas eran piedras filosofales para mí, libros de historia extendiéndose a lo largo de silencios compartidos entre álbumes de fotos, movimientos generosos que se extendían por las venas de aquellas manos de uñas cortas que tanto trabajaron, sin paga alguna, con la única intención de invocar algo parecido a la felicidad en sus seres queridos; pagando a veces el precio de olvidar la propia, sin pedir nada a cambio; con la resignación amorosa de quien ha sufrido lo suficiente como para comprender que la vida no es una pregunta sino una respuesta.

Y por eso dediqué mi primera novela a mis abuelas: mis primeras mujeres.

12 comentarios:

  1. Sin duda, que si tus abuelas se preguntaron la vida, en vos tuvieron la respuesta. Honrar la memoria de esta manera, conmueve. Un abrazo

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  2. Fiorella,
    Es mi manera de devolver un poco de lo que me dieron. Un abrazo y un beso.

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  3. Yo ni conocí a ninguna y decía mi padre que era el vivo retrato de su madre... Aunque nunca me ha faltado el amor de la familia, siempre echaré de menos las caricias arrugadas de mis abuelas y sus sabios consejos
    Gracias por compartir las tuyas con nosotros.
    Eres digna rama de esos troncos, que además ya les has dado frutos.
    Abresos

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  4. Si todo esto ya encierra la dedicatoria , me imagino lo que nos espera con la lectura de tu novela, Alli donde el viento nos espera.

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    1. Diana,
      Espero no defraudarte. Un gran abrazo.

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  5. Mis dos abuelas también murieron con una distancia en años muy grande (sus edades también eran muy diferentes) pero bien que las recuerdo a las dos, así que entiendo que les hayas dedicado el libro a ellas y las razones para hacerlo.

    Besos, Maia.

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    1. Blue,
      Me cuesta imaginarme, cuando llegue el momento, tan generosa con mi tiempo como lo fueron ellas. Como son mi madre y mi suegra con mis hijos.

      Gracias por pasarte por aquí. Un beso.

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  6. Querida Maia,
    Muchas felicidades de todo corazon por este logro tan admirable!
    Me gusto mucho la dedicatoria. Tengo la imagen de tu abuela y podia sentir hasta el olor de la escena donde ella te despierta para las pruebas.
    Mi proxima lectura sera tu novela!
    Te mando todo mi carino y felicidades por realizar tus suenos!
    Besos
    Judith

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    1. Ju, ¡qué maravillosa sorpresa verte por aquí!
      Gracias de todo corazón por tus palabras. Y sí, estoy segura de que eres capaz de "ver" la escena.
      Un abrazo inmenso...




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    2. A vos, que siempre creíste en mí.

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