Andaba yo pensando en la mejor forma de cerrar el año en el blog y, más que un repaso del año que acaba, prefería echar la mirada al que está por empezar, así que se me ocurrió hacer una de esas listitas de las que tanto me quejo en mis entradas pero a las que parece que les estoy cogiendo el gusto últimamente: lo que querría ver en 2017 con respecto a la edición digital. Entonces he recordado que el año pasado ya escribí algo parecido (a principios de 2016, de hecho) y cuando lo he revisado he descubierto con horror que la gran mayoría de mis deseos siguen estando por cumplir. Me resisto a recopilarlos de nuevo, los podéis encontrar en esta entrada, y simplemente os deseo un muy feliz y, sí, libresco, año nuevo (mientras me pregunto si 2016 nos salió rana, por este y otros motivos que no vienen al caso en este blog, o yo me pasé de ambiciosa).
jueves, 29 de diciembre de 2016
lunes, 26 de diciembre de 2016
Se acaba el año: mejores libros, recomendaciones y lo que surja
Empezamos por un clásico: la elección por parte de un medio como La Vanguardia de los que sus críticos consideran los mejores libros de este año 2016, en ficción u no ficción, en catalán y castellano. Se está hablando mucho, por ejemplo, de "Patria", de Fernando Aramburu. Encontramos en este artículo, también, un libro de relatos que ha recibido bastante apoyo por parte de los bloggers literarios: "Manual para mujeres de la limpieza", de Lucía Berlin.
Una propuesta totalmente diferente en el blog Devoradora de Libros: Lecturas temáticas, el invierno en la literatura. Títulos como "La reina de las nieves" o "Una chica en invierno".
En Verne, el suplemento sobre Internet y curiosidades de El País, ha optado por hacer una recopilación de las portadas más bonitas de 2016, según el criterio de 8 libreros. Obviamente una portada atrayente no garantiza un contenido a la altura, pero ayuda a forjar nuestra primera impresión sobre un libro. Hay de todo, a mí personalmente alguna no me gusta, pero otras me parecen auténticas obras de arte.
Centrándonos en uno de los géneros que más interesan por aquí, la novela negra, merece la pena echar un vistazo a la selección de las mejores novelas negras de 2016 que ha confeccionado en su blog el especialista Juan Carlos Galindo con la ayuda de diversos bloggers, escritores y organizadores de festivales. Nieves Abarca insiste bastante en que leamos "Los ángeles de hielo", de Toni Hill.
Centrándonos en uno de los géneros que más interesan por aquí, la novela negra, merece la pena echar un vistazo a la selección de las mejores novelas negras de 2016 que ha confeccionado en su blog el especialista Juan Carlos Galindo con la ayuda de diversos bloggers, escritores y organizadores de festivales. Nieves Abarca insiste bastante en que leamos "Los ángeles de hielo", de Toni Hill.
Estamos a la espera de que la revista Calibre .38 publique su lista de las mejores novelas negras del año, y mientras tanto nos quedamos con la lista, más personal, que hace su director, Ricardo Bosque. Una de sus recomendaciones es "Lo que nos queda de la muerte", de Jordi Ledesma. Pero leed, leed el artículo completo.
No nos resistimos, y completamos este repaso con una curiosidad propia de estas fechas: 10 libros sobre relaciones familiares para sobrevivir estas navidades.
Y reservamos un segundo hueco en este post para un artículo que nos ha comentado que está preparando Anna María Iglesia, con recomendaciones de libreros, pero con libertad de fecha de publicación. Prometemos completar el trabajo.
jueves, 15 de diciembre de 2016
Ocho cosas que he aprendido como editora en una microeditorial
En estas fechas, a apenas 15 días para que se acabe el año, es muy habitual encontrarse con lo que yo llamo típicos listados navideños: listas-resumen de lo sucedido/publicado/estrenado… en el año a punto de finalizar. Aunque yo voy a extenderme algunos, bastantes, meses más, pues comenzamos nuestra andadura allá por 2012, estos días me ha dado por reflexionar acerca de lo que he aprendido y los retos que me he encontrado en este tiempo al frente de una editorial minúscula como sinerrata.
Antes de empezar a detallaros mi particular listado, quiero dejar claro que, como decía, es particular y se basa únicamente en mi experiencia personal. En ningún momento pretendo generalizar ni extender esta lista a otras editoriales, sean del tamaño que sean, ni implicar que otros editores vayan a encontrarse con las mismas, o siquiera parecidas, circunstancias. Otra aclaración: el orden es aleatorio.
- El significado de la palabra multitarea adquiere una nueva dimensión. Sobre todo si, como en muchas microeditoriales, el editor es también lector de manuscritos, corrector, coordinador editorial, responsable de marketing, contable, asesor fiscal, responsable de derechos, de relación con autores…
- El valor de tu tiempo se devalúa de forma inversamente proporcional a la cantidad que empleas en tu trabajo. En una editorial, más en una modesta, modestísima, como sinerrata, los números por regla general no salen con facilidad, por lo que el recurso más barato (tu propio tiempo y trabajo) es el que más usas. Y, además, siempre eres el último en cobrar: primero van los autores, colaboradores, suministros varios, impuestos…
- Los autores son nuestro bien más preciado. Para mí es como los productos de base en un buen restaurante, da igual que las luces del cartel sean las más luminosas, hagan anuncios en todas las guías del ocio y agencias de viaje y el cocinero jefe tenga más fama que Arguiñano, si los tomates no son buenos ningún cliente querrá repetir gazpacho.
- Cuanto mejor es la relación con el autor, y en sinerrata nos enorgullecemos de considerarlos parte activa de la familia, mejores son los resultados. El proceso de edición en sí mismo es más fácil y más eficiente, y el libro publicado, consecuencia de un trabajo en equipo coordinado y feliz, mantiene esas buenas vibraciones.
- Cuanto más se implica un autor en la publicación y, sobre todo, en la promoción de su libro, mejor funciona. No se trata de echar balones fuera ni de reducir gastos o esfuerzos de marketing por parte de la editorial, sino de una realidad: los lectores quieren conocer al autor de esa novela que les hizo o puede hacer soñar, no a su editor.
- Los manuscritos nunca paran de llegar, independientemente de si son de géneros que nunca hemos publicado, si tenemos abierta o no la recepción de originales o si hemos solicitado una temática en específico. Esto no es una queja, o no del todo, simplemente no deja de sorprenderme a pesar de los años pasados.
- Cuanto más pequeña es la editorial más alto hay que gritar y menos apoyo se recibe. Excepto contadas excepciones, te ignoran los medios, el gremio, los distribuidores, las plataformas, las tiendas. Los únicos que en este tiempo no nos han ignorado, y de hecho nos han ayudado siempre sin reservas, son los blogueros literarios, a los que estoy profundamente agradecida.
- Esto es un maratón, no un esprint. O, mejor dicho, un ultramaratón. Si hay alguien ahí que pretenda hacerse rico publicando libros, le recomiendo humilde y sinceramente que explore otras opciones. Las grandes editoriales se financian con los bestsellers, las pequeñas o muy pequeñas, con una resistencia fuera de todo criterio sensato. Y mucha, mucha ilusión.
jueves, 1 de diciembre de 2016
Un libro electrónico es un libro, estúpido
Cuenta el redactor de la noticia que España se va a ver abocada a equiparar los impuestos indirectos de las publicaciones impresas y de las digitales. Ahora está por ver si algún lumbreras decide que la forma de hacerlo es subiendo el IVA "al papel", que ya estamos aquí todos curados de espanto. De hecho, cada país de la UE podrá seguir fijando el IVA que quiera, ya que lo que se regula es la eliminación de esta absurda diferencia.
Está claro que para la editoriales, y los grupos de prensa también, que trabajan en formatos digitales, este tema ha supuesto un perjuicio económico, pero en el caso del mundo del libro, por decirlo de un modo rimbombante, ha supuesto un ninguneo a la calidad del trabajo de mucha gente. Hablo de trabajo bien hecho, en el caso de editoriales como sinerrata, que funcionan en todos los aspectos, menos en el del formato elegido, de forma convencional: apostando por la obra de un autor y defendiéndola contra viento y marea. Y añadiría yo, sin dejar nunca atrás a un libro anteriormente publicado, ya que en nuestro caso "no se agotan las ediciones", y un libro no se tiene que "apartar para dejar paso a otro".
Mucha gente ha jugado en este tema al despiste, intentando que se confunda publicar en digital con autopublicación, sin que tengan necesariamente que ser dos cosas que van de la mano. (Puede haber mucha calidad en la autopublicación, pero no hay filtros, y hay de todo). De algún modo muchos consideran un libro digital una especie de obra de tercera categoría, mientras que en los casos del cine y de la música ya todo el mundo ha asumido el vertiginoso paso de unos formatos a otros.
Para los amantes de las batallas cuando no debería haberlas, los que agitan contentos las estadísticas cuando al parecer dicen que el libro electrónico no crece todo lo rápido que debería, (su cuota de mercado, claro), decirles únicamente que lo que importa es la literatura, lo que importa es el contenido, y eso es lo que algunos amamos, venga en el soporte que venga. Leemos lo que nos cae en las manos, en digital o en papel según las circunstancias, porque lo que nos pierde no son los bits de información ni la celulosa: son los libros.
Está claro que para la editoriales, y los grupos de prensa también, que trabajan en formatos digitales, este tema ha supuesto un perjuicio económico, pero en el caso del mundo del libro, por decirlo de un modo rimbombante, ha supuesto un ninguneo a la calidad del trabajo de mucha gente. Hablo de trabajo bien hecho, en el caso de editoriales como sinerrata, que funcionan en todos los aspectos, menos en el del formato elegido, de forma convencional: apostando por la obra de un autor y defendiéndola contra viento y marea. Y añadiría yo, sin dejar nunca atrás a un libro anteriormente publicado, ya que en nuestro caso "no se agotan las ediciones", y un libro no se tiene que "apartar para dejar paso a otro".
Mucha gente ha jugado en este tema al despiste, intentando que se confunda publicar en digital con autopublicación, sin que tengan necesariamente que ser dos cosas que van de la mano. (Puede haber mucha calidad en la autopublicación, pero no hay filtros, y hay de todo). De algún modo muchos consideran un libro digital una especie de obra de tercera categoría, mientras que en los casos del cine y de la música ya todo el mundo ha asumido el vertiginoso paso de unos formatos a otros.
Para los amantes de las batallas cuando no debería haberlas, los que agitan contentos las estadísticas cuando al parecer dicen que el libro electrónico no crece todo lo rápido que debería, (su cuota de mercado, claro), decirles únicamente que lo que importa es la literatura, lo que importa es el contenido, y eso es lo que algunos amamos, venga en el soporte que venga. Leemos lo que nos cae en las manos, en digital o en papel según las circunstancias, porque lo que nos pierde no son los bits de información ni la celulosa: son los libros.
jueves, 24 de noviembre de 2016
En defensa de la cultura como profesión
Tengo que admitir que, a menudo, los discursos en defensa de la cultura (como negocio), normalmente por miembros del propio sector, me dan cierta pereza. Probablemente esté influenciada por ciertos prejuicios, pero he escuchado ya demasiados que básicamente se fundamentan en la queja y el lloro por lo mal que están las cosas para sus respectivos negocios (editoriales, librerías, cines, teatros…) y piden ayuda institucional en forma de ventajas fiscales y, la palabra mágica en nuestro país, subvenciones. Ojo, que no estoy diciendo que esto no pueda tener su utilidad, pero dudo, y mucho, que sean parte relevante de la solución. Por ejemplo, si una editorial no es rentable, da igual cuántas subvenciones reciba que seguirá sin serlo, aunque sin duda se prolongará su vida artificialmente mientras estas continúen. (En el caso contrario, me consta que hay determinadas obras de gran valor que nunca verían la luz si no fuera por contar con alguna ayuda, a la edición o a la traducción, porque su potencial comercial no lo permitiría.) En el caso concreto del libro electrónico, ya me habréis oído (o leído) pedir su equiparación con el impreso a nivel de IVA, pero en mi caso porque me parece no solo una injusticia que sea tratado de forma diferente tributariamente sino porque además creo que esa diferenciación contribuye a la impresión de que el ebook es un libro de segunda (si acaso es un libro); sin embargo nunca se me ocurrirá decir que por culpa de ese 21% la edición digital no arranca o mi editorial no sobrevive.
Es por eso que cuando leí esta entrada en el blog Viajero a Ítaca, me sentí totalmente identificada con el mensaje: defender la cultura como profesión digna y económicamente rentable. Creo que el caso de los creadores (escritores, artistas, intérpretes) es el peor, pero es común que los profesionales de la cultura en general, sea en el ámbito que sea, se consideren seres peculiares que trabajan por amor al arte y tiene derecho a cobrar algo por su trabajo pero no tanto a vivir de ello (exceptuando los grandes genios en cada disciplina, claro). Y es una vida dura, porque por muy vocacional que sea, es agotador luchar por el siguiente contrato, vender el siguiente cuadro, dar a conocer la siguiente novela…
Yo, como el viajero, también sueño con ayuda institucional, pero esa que promueve la lectura, las visitas a museos, al cine, al teatro… y dignifica a todos los que se dedican o quieren dedicarse a que todos seamos un poco más ricos, un poco más cultos.
viernes, 18 de noviembre de 2016
Libros y televisión: el problema no es Milá
Yendo al grano: yo creo que el problema es la absoluta y total ausencia de los libros en la televisión, de programas sobre libros, sean buenos o malos. Tengo que reconocer, lo primero, que no he visto el primer programa, ni pienso ver los siguientes de ConvénZeme, la propuesta televisiva sobre libros que presenta la periodista Mercedes Milá, en un canal que a día hoy no sé siquiera si tengo sintonizado.
Es curioso, a mí no me molesta en absoluto la existencia de los realities, pero parece ser lo único que emiten los últimos canales que han venido a poblar la TDT. Hay muchos canales, pero no hay posibilidad de elegir, todo es parecido. Y no, no hay programas sobre libros. Probablemente si tuvieramos una oferta decente al respecto no nos preocuparía si uno de estos programas lo presenta Milá, o Sánchez Dragó; eligiríamos el que más nos gusta.
A día de hoy, que yo sepa, tenemos Página 2, con un formato que a mí me gusta bastante. Y tenemos ConvénZeme, que al parecer no convence. Y es que en las redes sociales todos se han lanzado a criticar el nacimiento de este programa, (en las redes sociales y columnistas como Alberto Olmos), cuando la crítica debería ser el poco caso que desde la televisión se le hace a los libros, salvo que narren las vivencias del algún famoso de turno. Debería ser que, casi, casi, sea la única opción.
Se me ocurre que en algunos de los, creo que son tres, canales infantiles en abierto, se podría ubicar un programa con recomendaciones de literatura infantil o juvenil. Y sobre el resto de canales casi que no sugiero nada, no sea que nos sorprendan con la creación del "Chiriguito de lectores" ;-)
P.D.: si alguien se anima a ver el primer programa de ConvénZeme, aquí lo tiene completo
P.D. 2: Bueno, he mentido en el primer párrafo. Acabo de ver el programa, tal vez espoleado por la corta duración del mismo. A mí el formato de las recomendaciones me parece atractivo, me gusta que también descarte pero claro, para mí son muchas más valiosas las opiniones de cualquier contacto en redes, o de cualquier amigo, que las de las personas seleccionadas por Milá; coyunturalmente ninguno de ellos me ha parecido interesantes, y menos sus recomendaciones ni las de la presentadora, y al final voy a acabar dando la razón a Olmos. Aún así, bienvenido el programa, ocupa un hueco, está dirigido a un tipo de lector. Ahora nos faltan el resto de las opciones.
viernes, 11 de noviembre de 2016
Qué sería de nosotros sin librerías
Como seguramente ya sabréis, hoy 11 de noviembre se celebra el Día de las Librerías y desde sinerrata queremos honrar a esos espacios y a las personas que los habitan y gestionan, los libreros, por la labor que hacen todos los días del año.
En mi caso, tengo que agradecerles que me desvelaran, junto a la nutrida biblioteca de mis padres, todo un mundo cargado de historias, viajes, personajes y nuevos mundos en forma de libros. Además, hay una serie de beneficios que, incluso en este mundo interconectado, solo puedo encontrar en ellas:
- Mi librero me conoce. A mí, mis gustos y mi biblioteca; no soy capaz de recordar una sola vez en la que me recomendara un libro que no me gustara.
- La librería es también un punto de encuentro. Mi librería de cabecera, como la gran mayoría, organiza presentaciones y otras actividades donde encontrarse con otros lectores y escritores.
- Son la puerta a nuevos descubrimientos. Son incontables las veces que he salido de la librería con un libro que no conocía hasta encontrármelo en sus estanterías o mesas, y que seguramente no habría descubierto de no ser allí.
- Promueven nuevos retos. ¿No os habéis encontrado leyendo algo que no es precisamente vuestro género o temática favoritos solo porque vuestro librero os lo ha recomendado u os ha llamado la atención en la librería? Yo sí, a menudo.
¡Feliz #díadelaslibrerías 2016!
Ah, y ya sabéis que algunos de nuestros libros en formato digital también se pueden encontrar en estas librerías gracias a las tarjetas de descarga de SeeBook.
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