jueves, 19 de junio de 2014

Un cuento inédito sobre el cabo Holmes gratis con pago social

La profesionalidad de un joven guardia llamado José Souto, su perspicacia, minuciosidad y, también, su afición a las novelas policíacas pronto le granjearán éxitos en sus investigaciones y el sobrenombre por el que es conocido por compañeros y superiores, cabo Holmes.
Ya falta poco, muy poco, apenas unos días para que el segundo libro que Carlos Laredo publica con sinerrata vea la luz. Protagonizado, como el anterior por el cabo Holmes, esta segunda aventura del guardia civil gallego ya tiene título, La decepción del cabo Holmes, y la novela está ya en el horno a la espera de que podamos pulir algunos flecos. Estamos completamente seguros de que no va a decepcionar a ninguno de los lectores que ya disfrutaron del anterior libro de la saga, ni a quienes deseen acercarse ahora por vez primera a este personaje.

Para paliar la espera tenemos una sorpresa: un cuento sobre los primeros pasos de Holmes, que hemos decidido regalar a todos los aficionados a la novela negra, y a la buena literatura en general, que nos seguís. Tenéis que agradecer este obsequio especialmente a nuestro autor, Carlos, que inmediatamente se puso manos a la obra cuando le sugerimos la idea de complementar lo que podríamos llamar "el universo Holmes" con alguna historia corta.

Para haceros llegar el ebook, en formato PDF, hemos decidido probar una funcionalidad que nos ofrece una de nuestras tiendas online favoritas, Lektu: la modalidad de pago social. ¿En que consiste? Muy sencillo: el libro es gratuito pero para descargarlo hay que lanzar un tuit en Twitter o una publicación en Facebook. El proceso es muy sencillo y en un par de clics de ratón está todo hecho.

Descarga gratis El primer caso del cabo Holmes

Próximamente: La decepción del cabo Holmes

Y recordad que sigue disponible la primera novela: El rompecabezas del cabo Holmes

Actualización 3 de septiembre de 2014: El libro ya está disponible también en formatos ePub y mobi, para vuestra mayor comodidad.

jueves, 12 de junio de 2014

Cómo escribir (y otros no-consejos)

“Para romper las reglas, primero hay que dominarlas”.

Y dominar las reglas no es algo que se aprenda intuitiva o espontáneamente. Vamos, al menos yo no conozco ningún caso.

En una entrevista reciente me pidieron “un consejo para aquellos que luchan día a día para hacerse un hueco en la literatura”. Cada autor tendrá, desde luego, su propio criterio. Mi respuesta fue la siguiente:

“Conoce a fondo tus herramientas (gramática, sintaxis, ortografía, vocabulario). Lee mucho y luego olvídalo todo hasta lograr encontrar tu propia voz. Desarrolla una gran tolerancia a la frustración. Recuerda que la vida rara vez sigue una línea recta y que lo principal es continuar con ánimo y determinación en la persecución de nuestros sueños”.

Hace algunos años leí un artículo donde se hablaba sobre “el mito del genio”. Uno de los ejemplos que daban era Mozart, al que siempre se ha considerado un niño prodigio y un compositor “favorecido por los dioses”, casi como si él no hubiera tenido que poner nada de su parte. Lo cierto es que su padre, Leopold Mozart, un muy ambicioso profesor de música, proyectó en sus hijos sus sueños no resueltos. Se concentró primero en su hija mayor, Nannerl, que se convertiría en una excelente música, y unos años más tarde en el pequeño Wolfgang, a quien por ser varón se le abrían vías que le estaban negadas a su hermana. Dudo que ninguno de los dos tuviera mucha elección. En el artículo señalaban que, más que de genio infantil, en realidad estábamos hablando de muchísima disciplina y horas de práctica.
Es de esperar que Mozart y Nannerl tuvieran una inclinación natural hacia la música, pero es evidente que no hubieran alcanzado la excelencia sin incontables horas de estudio. Personalmente y salvando las distancias, siempre preferí las humanidades, mientras que aprobar las matemáticas en el bachillerato supuso poco menos que una proeza. La afición e inclinación natural nunca quiso decir que no tuviera que tirarme mis horas estudiando para el examen de historia. Y la hora de escribir, me ocurre lo mismo: en cada novela invierto una media de dos años de trabajo.

jueves, 5 de junio de 2014

Proyectos nuevos v.s. lo mismo de siempre


La entrada de hoy iba a versar sobre la Feria del Libro de Madrid, que se está celebrando ahora mismo y hasta el 15 de junio y en la que, un año más, siguen sin tener cabida los libros electrónicos. Ya en su edición anterior escribimos en este blog sobre lo absurdo que nos parecía excluir de forma explícita y rotunda a un simple formato, cuando de lo que se trata es de festejar la lectura y reunir a los lectores con los libros y los autores. Aún no he conseguido entender por qué un ebook no puede formar parte de eso, menos aún cuando desde hace ya algún tiempo, y cada vez con más protagonismo, forma parte indiscutible del universo lector.

Reflexionando sobre lo difícil que parece resultarles a algunas organizaciones innovar e introducir cambios, a pesar de que sería algo de lo más natural cuando se supone que su prioridad es la difusión de la cultura en general y la lectura en particular, me vino a la cabeza un proyecto que conozco y sigo desde hace algún tiempo y que es todo lo contrario a ese más de lo mismo. Estoy hablando de Casa Tía Julia, un refugio literario y de ideas, soñado, imaginado y en proceso de ser llevado a la práctica por Nuria Rita Sebastián, también conocida como Editora con carrito y directora de Revista Iguazú. Nuria lleva años trabajando por la cultura y la literatura y ahora da un paso más haciendo posible un espacio para fomentar la creatividad, la colaboración y el intercambio de ideas, con el enorme añadido social de la reactivación de las áreas rurales.

Quería hablar sobre las ferias del libro, sobre lo importante que es ese encuentro entre lectores y escritores y llevar los libros, en cualquier formato, a la calle, pero no lo es menos apoyar iniciativas como Casa Tía Julia, que con recursos limitados pero mucha más ilusión y vocación contribuyen a que el mundo de la cultura siga evolucionando.

jueves, 29 de mayo de 2014

Sobre la creación literaria VII


En Febrero del 2013 escribí aquí, en el blog de sinerrata, mi última entrada sobre la creación literaria. Lo que eso significa para mí o, al menos, cómo lo vivo yo. Hizo falta que pasara más de un año para que sintiera que tengo algo nuevo que aportar. De modo que ésta es también una confirmación —adicional— de que para aprender a escribir, primero que nada, hace falta paciencia. Paciencia y constancia. Las ideas van madurando a su propio ritmo y cada cual tiene el suyo. En mi caso, las ideas se van cociendo a fuego lento y, en muchos casos, es la misma originaria pero más armada o con un concepto agregado. En esta entrada retomo desde mi experiencia personal (nada más personal que la experiencia), el tema de la valentía.

En el libro Cómo se lee a un buen escritor (Prose, F., Madrid: Critica, 2007), la autora presenta a la escritura como un acto de valentía:
"El temor a escribir mal, o a revelar algo que uno preferiría mantener oculto, a perder el beneplácito de los demás, a quebrantar nuestros propios valores, o a descubrir algo de uno mismo en lo que, simplemente, no había reparado, son sólo algunos de los fantasmas que acechan al escritor lo suficiente como para preguntarse si no sería mejor encontrar algún empleo limpiando ventanas de rascacielos [...] El lector y el escritor en ciernes pueden contar con el ánimo que infunden todas las obras que han sido escritas sin la menor inquietud respecto a lo extrañas o arriesgadas que pudieran resultar, ni a lo que la madre del escritor en cuestión habría pensado si las hubiera leído".
Mi primera novela, Allí donde el viento espera —publicada por editorial sinerrata que tan valientemente se animó a apostar por mí, una total desconocida—, cuenta con una escena en la que la protagonista rememora la primera vez que se masturbó cuando tenía 9 años, sin saber qué era con exactitud lo que hacía. A los cuarenta y nueve y a los cincuenta años, Ana, así su nombre, se sigue masturbando. (Y no, no es una novela erótica.) Escribir estas escenas fue bastante perturbador, porque una se cree una mujer liberada y habla de sexo como quien lee el periódico, pero cada vez que pela una banana frente a un hombre se siente intimidada.

Todo venía bien hasta que mi padre me dijo que quería leer la novela, antes incluso de su corrección y publicación, cuando ni siquiera tenía editora. Mi primer impulso fue entregarle una copia escondiendo estas escenas o borrar esos párrafos directamente del manuscrito final. A los dieciséis una tiene las agallas de plantársele al padre en la cara y decirle "no sos quién para decirme qué debo hacer con mi puta vida, yo soy libre" —en el fondo es lo que se espera que hagamos—, pero cuando una crece, y encima es madre, comprende que la libertad a esa edad consiste en algo mucho más básico, como poder decir pelotudeces y que nos acepten de regreso en casa por la noche, o la madrugada del día siguiente o dos días más tarde, y nos proporcionen comida, abrigo y techo sin humillarnos por nuestros desaciertos.

Pero yo ya estoy grande y no tengo ya el valor de decirle a mi padre ciertas frases. De modo que mostrarle aquel texto no resultaba difícil solo por mis tabúes: era una situación para la que no estaba preparada. No había pensado en mi padre al escribirlas. Mi vergüenza se había relacionado en exclusividad con esos posibles lectores lejanos que, quizá, ni siquiera existían.
Fue entonces cuando me dije a mí misma que si no tenía el valor para escribir lo que yo creía importante, si no era capaz de contar lo que había venido a contar, mejor sería que optara por dedicarme a otra cosa. Quizá fue la necesidad de probarme a mí misma que soy capaz de hacerlo, el desafío que me impongo cinco veces a la semana aun cuando no siempre salgo airosa de estos retos, lo que me dio la fuerza. ¿Qué podía pasar?

Hoy, seis meses después de que la novela fuera publicada y habiendo tenido la suerte de recibir buenas reseñas, después incluso de haber llegado a más lectores de los que creí posibles, y aun cuando nadie ha hecho mención a estos párrafos, son estos los que más recuerdo. En conclusión, no sé si escribir es un acto de valentía. Pero se le parece bastante.

miércoles, 21 de mayo de 2014

El mapa musical de Devuélveme mi noche rota

Por mi parte debo un post a todos los lectores del blog de sinerrata, la segunda parte del artículo sobre la importancia de un Kindle Flash. Retomaré este tema pronto, pero hoy me ha apetecido más compartir con todos vosotros el mapa musical que muestra, geolocalizadas, todas las canciones que constituyen el hilo conductor del libro de José Morand: Devuélveme la noche rota. La fantástica idea de mostrar de forma visual este recorrido sonoro que propone el autor no es nuestra, sino de una de las personas que ha reseñado el libro: José A. Muñoz, en su fantástica web Viaje a Ítaca, así que lo justo es recomendaros que os paséis por allí a leer lo que nos cuenta sobre el libro de Morand.

A propósito, de aquí hasta finales de mayo, Devuélveme mi noche rota está en promoción a la mitad de su precio habitual. Podéis adquirirlo, si es de vuestro interés en cualquiera de las tiendas con las que trabajamos, por ejemplo en Amazon, o en Lektu, tanto en formatos mobi como ePub. ¡Contadnos que os parece!

miércoles, 14 de mayo de 2014

¿Quién reseña ebooks?

La semana pasada, y a raíz de este artículo en The future book [en inglés] , participamos en una breve pero muy interesante conversación en Twitter sobre por qué los ebooks no aparecen en las reseñas literarias de los grandes medios. Esto es una realidad, como el propio artículo indica; los profesionales de la crítica literaria se enfocan en los libros de tapa dura, en bastante menor medida reseñan libros de bolsillo, y al libro electrónico simplemente lo ignoran.

De hecho, ya nos hemos encontrado en más de una ocasión con que alguno de estos críticos, contactados desde nuestro departamento de prensa, indican más o menos amablemente que no aceptan ejemplares de prensa en formato digital. Ahí queda eso. Ya desde un punto de vista totalmente personal, me llama poderosamente la atención cómo alguien que se dedica a leer profesionalmente prefiere ir cargado de libros en vez de utilizar un lector electrónico. Como lectora de "intensidad", agradezco inmensamente poder viajar con la maleta llena de ropa y no de libros, como me ocurría hasta hace unos años, y lo mismo como editora.

Pero, volviendo al tema que nos ocupa, sigo sin saber el porqué de esa omisión intencionada de un formato en bloque y dudo si se trata de simple ignorancia, miedo a lo desconocido (¡a estas alturas!) o negación de la realidad. En mi opinión, la crítica literaria debería ser independiente del formato, pues ¿qué tiene que ver lo escrito, su calidad, su capacidad de entretenimiento, de enseñar, de abrirnos a otros mundos y otras perspectivas, con el soporte que lo contiene? Es cierto que tradicionalmente la gran mayoría de títulos se publicaban primero en tapa dura y transcurrido un tiempo en bolsillo, pero hoy en día es raro el libro que no sale a la vez en papel y digital y cada vez hay más que se lanzan primero o únicamente como ebook, como es nuestro caso. Qué ocurre con estos últimos, me pregunto. A ojos de los críticos literiarios, no existirán jamás o hasta que no lleguen al mágico mundo de las páginas impresas. Y luego se quejarán de que pierden público y que los blogs literarios les estan arrebatando “mercado”.

Como nota anecdótica, no quiero dejar de mencionar a encubierta, revista literaria especializada en libros digitales, aunque me resulta curioso que la abrumadora mayoría de reseñas que aparecen en ella son de títulos publicados por las grandes editoriales, los mismos que, en su versión de papel, por supuesto, ya aparecen en los medios tradicionales.

jueves, 8 de mayo de 2014

La importancia de un Kindle Flash para una editorial pequeña I

Si hay una tienda online a la que se le dedican a diario litros de tinta, aunque sea electrónica, esa es Amazon, sin duda. Con sus luces y sus sombras, tiene muchos detractores dentro del sector editorial, pero también muchos defensores, hay que ser consciente de ello, entre los lectores, y entre algunos escritores indie.

Yo considero que una editorial, y más siendo digital, opine lo que opine tiene que estar en Amazon, por una razón muy sencilla: parte, y no una parte desdeñable, de sus lectores potenciales están ahí, en el ecosistema de Amazon, leyendo con los dispositivos Kindle.

Una herramienta que Amazon pone a disposición de las editoriales para la promoción de los e-books es el Kindle Flash. Esta acción de marketing supone dos cosas: por un lado el libro baja de precio durante un día, (no solo en Amazon, ojo), y por otro, y mucho más importante, consigues durante 24 horas una enorme difusión ya que cada mañana los usuarios de la web que así lo quieren, reciben un newsletter con el e-book en oferta del día. Una vez se empiezan a efectuar las primeras compras, además del impulso inicial de la promoción tienes que sumar los efectos de la viralidad, ya que pronto entras en el top 100 de las ventas Kindle de Amazon, y empiezas a aparecer en un montón de páginas de la web, como por ejemplo en las fichas de otros libros, (los clientes que compraron este libro también compraron...), en el propio top 100, y en rankings temáticos, (top de novela negra, de libro juvenil...).

Para una editorial pequeña, como sinerrata, tener un libro en Kindle Flash, como os contábamos el otro día, supone "ser encontrados"; supone tener, aunque solo sea durante un día, el libro en un lugar preferente dentro del escaparate de la tienda más grande posible, como nos sucedió el pasado día 19 de abril, con el libro de Maia Losch, Allí donde el viento espera.

Como ya os relató Amalia, nuestra editora, el libro llegó a estar en el puesto número dos del top de ventas general de Amazon Kindle, cuando partíamos el día anterior, como podéis ver en el pantallazo que ilustra esta pequeña reflexión, de un puesto bastante más humilde.

En el siguiente post os contaré un poco cómo fue el día, e intentaremos reflexionar juntos sobre si este tipo de acciones merecen o no la pena a largo plazo, al hilo de un aporte que nos hace José Luis Benavente.